Universidad Veracruzana

Kaniwá

Bibliotecas, Información y Conocimiento



Por qué es importante que un político lea

José Manuel Ruiz Regil

“Conceptos, hijo, conceptos.”
Mi padre.

Soy un lector tardío. Lo confieso. Pero he tratado de salvar ese escollo en mi formación porque estoy convencido de los enormes beneficios que reporta la lectura, no sólo como ejercicio de cultivo del criterio y de la imaginación, sino como estímulo neuronal y endócrino.

“La escritura y la lectura son los mayores inventos de la humanidad. Esta afirmación puede sorprender a algunas personas encandiladas por el esplendor y utilidad de determinados productos tecnológicos. Ninguno de estos productos hubiera sido alumbrado sin esos garabatos que representan conceptos. Hablar de lectura y escritura es contar la historia del pensamiento de la humanidad, 6.000 años de palabra escrita. El poder de la lectura es inagotable. Permite introducirnos en el mundo secreto de las personas. Los psicólogos han consumido muchos años en la búsqueda de un método para indagar el mundo interior de las personas. La escritura y la lectura son los vehículos más expeditos, las ventanas más abiertas. Pero la lectura no sólo sirve como artefacto para acceder a la mente, también sirve a otros propósitos. Diderot creía en los poderes terapéuticos de las novelas “picantes”, las damas de la corte japonesa del siglo XI escribían los textos que ellas querían leer; Colette leía en la cama para protegerse del bullicio social; Borges pedía que le leyeran para sentirse vivo; y Stevenson no quería aprender a leer para no privarse del placer que le producían las lecturas de su niñera…”.

“La lectura tiene un poder extraordinario y subversivo. Los grandes cambios de la historia se inspiran en los libros y la mente de los niños cambia de una manera dramática desde el momento que aprenden a leer. Alinson Lurie, una profesora de la Universidad de Cornell (Nueva York), en su libro No se lo cuentes a los mayores, analiza el poder subversivo de ciertas obras clásicas de la literatura infantil, como Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, o Winnie el osito. Las mejores obras son aquellas que perduran a lo largo de la historia y además sirven para todos los niños, más allá de los valores particulares que transmite cada cultura. ¿Por qué perduran estas obras? Porque tienen un trasfondo universal y subversivo: ponen del revés al mundo de los adultos, satirizan sus valores convencionales y se dirigen a la imaginación de los jóvenes lectores en su propio lenguaje…”.

“Casi nadie de los que rigen los destinos del planeta desconoce que la lectura es un motor con muchos caballos de potencia. No es de extrañar que hace muy pocos años, Bill y Hillary Clinton mostraran un interés por el tema, en una década que fue definida como la “década del cerebro”. Algunos psicólogos, neurólogos y educadores se encargaron de convencerles de una relación que casi nadie discute: la lectura mejora el funcionamiento del cerebro; o sea la lectura hace que los cerebros estén mejor amueblados conceptualmente…”.

“El cerebro humano pesa aproximadamente 1400 gramos y posee millones de neuronas. Cada neurona cortical establece unas 20.000 conexiones con otras células nerviosas (Levi, 2000). El cerebro humano, como producto de la evolución, es la estructura más compleja que se conoce. Dentro del cerebro, en una estructura denominada corteza cerebral, se localiza las funciones superiores del habla, el pensamiento y la imaginación. Esta estructura es la más humana del sistema nervioso y la que nos distingue del resto de los mamíferos. Fue el histólogo Santiago Ramón y Cajál, quien describió hace más de 100 años, la organización de la corteza cerebral humana. Hablaba, entonces de lo que él denominó “gimnasia mental”. Consideraba que el ejercicio mental multiplicaba las conexiones nerviosas, lo que implicaba integrar una mayor cantidad de información: “…por tanto, cuantas más conexiones nerviosas tengamos más información seremos capaces de procesar”. (Congreso mundial de lecto-escritura. Valencia 2000.)

Creo que no hace falta resaltar el valor de la lectura en la formación educativa de cualquier individuo. Pero por si así fuera, me permito elegir, de manera muy caprichosa –como suelo hacer las cosas- algunos beneficios de la lectura, recogidos del blog de la Dirección General de Bibliotecas de la Universidad Veracruzana, para tener algunos puntos de referencia y evitar caer en soberbias declaraciones catastróficas que fomentan la idea de que la lectura y el arte son actividades dedicadas al ocio improductivo y al entretenimiento comercial, o que son bienes de consumo que generan status o están de moda, y que no son necesarias a la hora de gobernar (Adela Micha dixit).

Desafortunadamente, nos hemos quedado en la superficie al criticar la poca recordación o el nulo conocimiento en nuestras autoridades de títulos y autores. Pero perdemos de vista de que, en último caso, no es la poca familiaridad con la industria editorial de estos líderes lo que afecta a la sociedad, sino su lejanía con las ideas; su flaco acervo de conceptos; su nula reflexión acerca del Estado, la libertad, la justicia, la política, la equidad, el bien común, el servicio, el desarrollo, la salud, el contrato, la riqueza, y tantos otros temas cotidianos en la agenda de un funcionario público, sobre todo.

El blog Kaniwá propone cien ideas. Yo rescataré veinte puntos, como pretexto para ejercitar la memoria libresca, a partir de mis propias limitaciones. Ofrezco una disculpa a los lectores, por lo parcialmente literario de mis referencias, y dejo el link para los que quieran completar su experiencia en línea.

https://www.uv.mx/blogs/kaniwa//20

1.- (1) La soberbia se alivia leyendo un gran libro.
¿Qué es un gran libro? Aquel que nos ayuda a dimensionar el tiempo y el espacio en su justa medida, y nos ubica dentro de una realidad limitada y concreta, pero que al mismo tiempo nos catapulta hacia una dimensión desconocida donde aparece el lector con ese combustible listo para dar su propia versión de los hechos. Algunos autores que nos han legado obras de ese tamaño son: Dante Alighieri con la Divina Comedia, donde rescata los mitos fundacionales de nuestra cosmogonía y explora, a partir de una estructura metafísica, el mundo individual y social de manera crítica; Fiodor Dostoievsky con Crímen y castigo, donde explora el conflicto entre ética y moral. Honorato de Balzac con La comedia humana, en la que hace un retrato fidedigno de las pasiones y los motivadores esenciales del individuo, así como de sus respuestas más inverosímiles, pero reales. O John Milton con El Paraíso perdido, o Marcel Proust con el detalle exhaustivo del instante de En busca del tiempo perdido.

2.- (2) La tristeza revela su inagotable riqueza a la luz de la lectura de un gran libro.
La tristeza de William Burroghs, el Aullido de Allen Ginsberg y los beatniks ha dado sentido a las generaciones de post-guerra, y nutrido un ánimo melancólico hasta nuestros días, que justifica el deterioro progresivo de los valores como una estética posmoderna. Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud, provee la más hermosa y aterradora descripción del castigo eterno; Oliver Twist de Charles Dickens, es una de las primeras novelas que reflexiona sobre el mal en la sociedad, y Los cantos de Maldoror de El Conde de Lautremont (Isidore Ducasse), donde se explora concientemente la búsqueda del mal esencial; ese mal de aurora que experimentaba el autor como una posesión ineludible, son lecturas que nos solidarizan con el dolor existencial y desarrollan la capacidad de empatía con el otro, a partir de la asunción del drama individual.
Otros ejemplos son Un hombre, de Oriana Fallacci, donde el registro del dolor se hace puntual y nos siembra la semilla de la indignación para siempre. Reportaje al pie de la horca, de Julius Fucik; Fuegos, de Marguerite Yourcenar, sublime poesía amorosa a partir del más profundo desencanto o los Aforismos de E.M. Ciorán, que le dejan a uno en la lengua ese sabor amargo que no se puede dejar de paladear.

3.- (7) La lectura nos dota de las palabras para expresar nuestros sentimientos, emociones y creencias.
La poesía da lenguaje, nos enseña a nombrar el mundo, a entender que las cosas, las emociones y los espacios suenan, y que nuestro pensamiento es musical. De esto nos han enseñado mucho los románticos, y los modernos, los vanguardistas y los postmodernos . Algunos autores son Apollinaire, Edgar Allan Poe, Rubén Darío, Enrique González Martínez, Pablo Neruda, y más en nuestros días Charles Bukovsky, Jaime Sabines, Octavio Paz, o Alberto Ruy Sánchez.

4.- (8) La lectura nos acerca cada vez más a la auto comprensión.
Hemos confundido la lectura de textos de autoayuda con la búsqueda de instructivos para la vida, con recetas infalibles para la felicidad o fórmulas para alcanzar el éxito. Pero todo esto tiene su gérmen en principios mucho más sencillos y bellos y menos comerciales o laicos. De ello ya hablaban Epicteto, Epicuro, Rabelais o Voltaire, siguiendo la premisa del Griego: “Conócete a ti mismo”.

5.- (9) La lectura es constructora de sociedades y de sueños.
La novela da estructura, el ensayo explora la posibilidad de una idea, el cuento es un fogonazo que le vuela la cabeza a la realidad, transformando entornos y valores; la poesía es revelación espiritual. Estar en contacto con estos géneros permite abordar los problemas desde dimensiones diferentes y con el lenguaje adecuado para cada una.
Thomas Hobbes, considerado el padre de la filosofía política plantea los gérmenes de la sociedad moderna en su Leviatán. Charles Louis de Montesquieu, exalta el espíritu de las leyes, Immanuel Kant, y David Hume plantean las diferencias entre ética y derecho. Aldous Huxley avizoró el determinismo materialista en el que nos encontramos, con Un Mundo feliz; Lewis Carol criticó a la sociedad victoriana con Alicia en el país de las maravillas, Gabriel García Márquez devela el tempo-vida latinoamericano; y Rayuela, de Julio Cortázar nos abre las puertas a la combinación. La realidad no es lineal.

6.- (13) La lectura brinda beneficios económicos: entender las cláusulas de los contratos ahorra dolores de cabeza y juicios.
Julio Cortázar, Jorge Ibarguengoitia, Augusto Monterroso, Juan José Arreola, Diane Ackerman, Elena Garro nos dan cátedra de letras chiquitas. Aprender a leer la realidad entre líneas es un seguro de vida. Y reírse o darle la vuelta a los usos y costumbres de un país Kafkiano por revelación es un gran alivio.

7.- (15) La lectura nos da una voz.
Los líderes de opinión no pueden ser tan soberbios como para creer que aquello que piensan inaugura el conocimiento en la historia. Es necesario reconocer el linaje que los ha traído hasta el presente y honrarlo, a través de la congruencia con las voces que se han alzado antes en pro de una idea o de una causa. De esta manera la voz del presente se engrandece con el corifeo de la historia, se confronta y se enriquece. “Al destino le agradan las variantes, las repeticiones y las simetrías…” –dice el poeta argentino Jorge Luis Borges en La trama, cuento breve donde refleja los actos de la muerte de César, por Bruto y, diecinueve siglos después, del Che, unidas prácticamente, por una misma frase: “¡Tú también, hijo mío!”, “¡Pero, Che!”, consignadas en su momento por Shakespeare, Quevedo y el mismo gaucho.
Así también en Ajedrez, cuando dice: “En el oriente se encendió esta guerra, cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito”. Y más adelante acaba: “Dios mueve al jugador, y éste la pieza. ¿Qué dios detrás de dios la trama empieza, de polvo y tiempo y sueños y agonías?”

8.- (16) La lectura es lo más cercano a la telepatía y a la mediumnidad.
Se dice de los textos sagrados que han sido escritos por inspiración divina, canalizados o revelados a ciertos individuos cuya disposición espiritual o electromagnética los perfila para recibir mensajes. De tal suerte que leerlos nos transporta a dimensiones celestiales. Las palabras son como naves espaciales que nos llevan a mundos con nuevos significados. A nuestro regreso podremos leer e interpretar la realidad con ojos más luminosos. La Biblia, el Corán, el Zohar, el Libro tibetano de los muertos y otros evangelios son testimonios de estas experiencias.

9.- (23) A veces, cuando leo, descubro lo que pienso.
El poeta mexicano José Emilio Pacheco compartió en alguna ocasión que si quería enterarse cuánto sabía de algo, lo escribía. El proceso de lectura y escritura es un acto de reconocimiento. A veces, a través de la narración, la descripción de un personaje, la atmósfera emocional de una historia, los cambios en las épocas vistos a través de la óptica de un autor determinado, nos revelan aspectos de nuestra propia historia (individual o colectiva) que ni soñábamos podíamos tener. Es por eso que tras la gozada lectura de un buen texto regresamos vivificados, empoderados, enaltecidos en espíritu y razón. Tal es el caso de mi experiencia con los textos de George Bataille, El erotismo; Umberto Eco, Opera aperta; Nietzche, Así hablaba Zaratustra; J.J. Benitez, la saga de El Caballo de Troya; Jorge Ibarguengoitia, Autopsias rápidas, Instrucciones para vivir en México; Carlos Monsiváis, Los rituales del caos, Escenas de pudor y liviandad, o Francisco Martín Moreno por hablar de alguien muy actual. (Arrebatos Carnales). No citaré a Enrique Krauze sólo porque me suene el nombre o porque la publicación electrónica de este texto pueda traerme más lectores, a través de esa etiqueta. (La verdad es que no he podido acabar uno solo de sus textos sin que se me resbale el codo de la mesa). Pero sí mencionaré a un autor irreverente que me ha ayudado a saldar algunos fallos educativos en historia: Paco Ignacio Taibo II.

10.- (25) Los malos gobiernos temen a los buenos lectores.
Nada es más odioso que la crítica fundamentada. Y en un país tan variopinto como México es muy difícil generar beneficios para una comunidad sin afectar los intereses de alguna otra. Pero tomar en cuenta los principios estratégicos que plantea Sung Tzu, en El arte de la guerra, o los preceptos que expresa Maquiavelo en El príncipe; así como comprender el funcionamiento de El Capital expuesto por Carl Marx, o ahondar en las estructuras del poder con la luz que da Max Weber sobre la sociedad, lo mismo que conocer el pensamiento de compatriotas insignes que nos precedieron como Justo Sierra, Vasconcelos o Torres Bodet, quienes impulsaron las políticas culturales como nunca más se ha visto en la historia de México, puede ayudarnos a dar una lectura más completa de la realidad y plantear un futuro más viable.

11.- (36) Leer es una escuela, un templo, un hospital: me educo, me elevo, me repongo.
Entender la realidad, compararla con otras realidades, hacer acopio de herramientas para transformarla o trascenderla, y en el camino descubrir lo que uno es para reponerse e imponerse ante el destino, todo ello acompañado por la fuerza de la palabra. El filósofo Alemán Wittgenstein declara que “El límite de tu lenguaje es el límite de tu mundo”. ¿Hasta dónde llegan tus fronteras? Allá, donde ya no es posible nombrar las cosas con el leguaje común, está la poesía.

12.- (38) Leer cultiva la humildad.
Una de las características principales que subyace en la escritura es la capacidad de asombro de un autor. Para ello es necesario abismarse en la realidad con la inocencia de un niño, con la humildad de un santo, pero con los ojos llenos de sabiduría. Ese es el legado de Michel de Montaigne, quien sin mayor pretensión que la de expresar sus pensamientos sobre diversos temas, creó el género que hoy nos permite comunicar las ideas más extravagantes y dialogar con la historia, a través de los conceptos y las experiencias individuales: el ensayo.
Viajar, andar y ver, contar, volverse camino, decir la distancia, construir destino; conectar con la naturaleza de la roca, vivificar la neblina, abrazar el limo, dejarse modelar por la fuerza milenaria del fango, todas ellas experiencias reales a las que nos han llevado sensibilidades altas como la del poeta alemán Friedrick Hölderlin, el norteamericano Walt Whitman, el brujo Carlos Castaneda, Efraín Bartolomé y su poesía sagrada o el irreverente Osho, con su espiritualismo cínico. Todos ellos, a pesar de las poéticas disímiles y las anacronías, coinciden en la máxima lección de humildad que recoge la historia de las culturas: para vivir es necesario aprender a morir.

13.- (51) Leer evita costosas reparaciones y composturas.
Los mexicanos tenemos fama de ser impulsivos e improvisadores; de ir construyendo sobre la marcha y de echarle mucho “feeling” a las cosas. Pero para eso es necesario tener mucho callo, la experiencia suficiente y la osadía que no sólo venga de la ignorancia, sino del conocimiento profundo de las cosas que se vuelve método, por heterodoxo que sea. Pero mientras esto sucede nos exponemos a muchas fallas, errores, pérdida de tiempo y desperdicio de recursos. Eso es lo que nos ha puesto en desventaja frente a otras culturas que tienden a estudiar los tiempos y movimientos para lograr el máximo rendimiento del esfuerzo y los materiales.
Sentimos que algo nos quitan cuando no nos vamos por la libre, que si el trabajo no lleva nuestro sello personal no es lo mismo. Pero es importante aprender a leer en el sentido de decodificar los signos de la realidad, no sólo las palabras; comprender lo que se tiene enfrente y dar la mejor respuesta. Podemos aprender de la experiencia de otros. Podemos ser humildes y aceptar que no solo a nuestro modo salen las cosas; o que no es sólo nuestra comprensión de las cosas la única vía para el entendimiento y la negociación. Equivocarnos puede llevarnos a cometer errores costos y que incluso pueden afectar a las generaciones futuras. “Leer con el diccionario no basta. No es el significado de las palabras lo que embaraza o propicia nuestras posibilidades de comprensión. Es la sociedad de las palabras lo que tiene sentido y lo que decide el significado de cada una de ellas. Leemos con toda nuestra historia, nuestra experiencia, nuestra información, nuestras lagunas, nuestra manías a cuestas; cargamos de sentido y de significado el texto -eso es comprender-; con los prejuicios, los deseos y el humor del día. Sin comprensión no hay lectura (Revista Algarabía Núm. 62 “Leemos fuera del diccionario” Felipe Garrido P.p. 46).
Heredamos de los griegos el concepto de Tekné (técnica), ampliamente expuesto por Aristóteles en el libro del mismo título.

14.- (91) Leer nos da un sentido de anticipación.
No soy experto en novela de detectives pero algo me dice que el hábito de seguir la pista desarrolla la habilidad de descubrir al asesino. Y no sólo de eso, de anticiparse a las situaciones. Una suerte de ajedrez macro en el que se desarrolla por hábito la necesaria empatía como para adivinarle el pensamiento al contrincante, a la manera de un enroque de Sherlok Holmes y Moriarty, su némesis. ¿No aportaría valor esta habilidad a un líder nacional? Un sinfín de historias, métodos, procedimientos y conclusiones ya sea dentro de la ficción o en la vida real, contribuyen al bagaje de referencias que hacen, en un momento dado, la diferencia a la hora de tomar decisiones y hacer estrategias. A veces la ficción es más real que la vida misma, y tiene mucho que enseñar.

15.- (58) Leer las palabras ayuda a leer los síntomas, los rasgos, el clima, los rostros, las estrellas.
Leer entre líneas, bajo líneas, sobre líneas, alrededor de las líneas; aspirar las atmósferas creadas con familias de palabras; habitar los espacios que diseñan las frases, sentarse en el mullido sillón de la evidencia; reconocer los rostros de la verdad y la mentira y sus reflejos, y reconocerse parte de ellos; compartir la misma naturaleza de los objetos; aceptar que estamos hechos de lo mismo que están hechos los sueños (Shakespeare). Mogador para Ruy-Sánchez, Las ciudades invisibles para Italo Calvino, Itaca para Ulises, Shambala o Avalón para los místicos.

16.- (62) Leer es el máximo placer casto.
Quien ha experimentado el orgasmo intelectual sabrá de lo que hablo. Pocos placeres con ropa son tan disfrutables como el momento en que se resuelve el acertijo; cuando, sin que realmente podamos explicarlo, sabemos que ya entendimos algo, que rompimos el himen de la ignorancia y traspasamos el umbral de la iniciación cognoscitiva. A veces es tan solo un aroma, como cuando nos encontramos frente a un aforismo, una sentencia, un Koan o una gregería. A través de los siglos nos sigue pegando en la cabeza como un badajo de campana el pensamiento sintético de Diógenes, Sócrates, Juvenal, Pascal, Lao Tsé, Bertrand Russel, Walter Benjamin, Macedonio Fernández o Ramón Gómez de la Serna. Y si, como en este último caso, agregamos humor a la revelación, el placer es extático.

17.- (63) Leer a otros es encarnar las palabras.
La ignorancia nos hace suponer –o comportarnos como si supusiéramos- que el mundo se inventó cuando llegamos él. La lectura nos entera de que no es así; de que antes que nosotros hubo muchísimas otras personas afines o adversos, y que es gracias a ellos que nosotros pudimos llegar. Por ello es importante reconocer e insertarse en el árbol genealógico de la vocación, del oficio o del pensamiento que nos nutre. Conectarse a él como a una fuente de luz de donde mana el discurso de los siglos, ese que nuestro propósito ha de continuar. Michael de Montaigne, decía en su infinita humildad: “No cito a otros sino para explicarme mejor a mí mismo”. Es, exactamente, en la confrontación del discurso, en el péndulo de la dialéctica que se encuentra el camino. Pensar es un oficio, y hay que aprender a hacerlo, recomienda el filósofo mexicano Oscar de la Borbolla.
No basta desbocar a la loca de la casa, hay que saberla dirigir. Y aún más, aspirar a lo que expresó George Sand en su metáfora: “El pensamiento es el corcel; la razón es el jinete”.

18.- (73) Un gobierno que no alienta lectores, alienta fracasos.
Un gobierno que no está dispuesto a escuchar la réplica de sus gobernados, se priva de la gran riqueza de saber si va por buen camino o si está fracasando en sus intentos. Su mayor reto es establecer las políticas públicas que permitan que los ciudadanos se desarrollen de la forma más idependiente para hacer crecer al Estado. Un ejercicio de poder en que se mutila a los ciudadanos de las herramientas para discernir y ejecutar con autonomía, es suicida a largo plazo.

19.- (77). Leer debe reducir la pobreza, la marginación, la exclusión y la injusticia.
Podría sonar bastante utópico si se considera el valor económico que la lectura per se genera. Y un absurdo. Pero mucho han mitigado el saber y la fe el rigor de la miseria. Las religiones orientales (de las cuales el cristianismo malentendió el concepto de negación) reducen perceptualmente en el individuo el concepto de pobreza a cambio de una plenitud filosófica que sustenta su presente. Ese sería un uso colateral de la ideología para compensar las carencias de la colectividad, si la intervención del Benemérito de las Américas no hubiera puesto al clero en su lugar y al estado en su momento. Y aunque en la práctica hay un deslinde operativo, la creencia popular todavía lo percibe junto.
Aunque enriquece la experiencia –y de hecho la convierte en otra cosa- no hace falta viajar, carecer, sufrir o vivir en la opulencia para suponer el medio ambiente en que se mueve un indígena de la sierra gorda o un magnate que sube a un jet privado para ir a una junta de consejo. La lectura acerca algunos referentes, pero, sobretodo, genera sensaciones propias. Es más fácil la discriminación cuando se siente al otro ajeno. Beber de su realidad mitiga la marginación. Autoras como Doris Lessing, Tony Morrison, Mario Benedetti o Viktor Frankl serían cabos de hilo que podríamos enhebrar para hacer la madeja de la solidaridad.

20.- (95). Leer es arriesgarse, exponerse, aventurarse.
Inaugurar rutas de pensamiento, criticar, transgredir la costumbre, vencer el miedo al ridículo son algunos de los salvoconductos que algunas lecturas exigen. Quien logra cruzar las fronteras del pensamiento lineal, de la abominable repetición, de la institucionalidad y transita por el carril de la experimentación, el hallazgo involuntario, el sinsentido y la improvisación, es probable que cuente con más herramientas para la vida que, sumadas a las certezas de lo inevitable, harán de su experiencia un viaje lleno de sorpresas y satisfacción. La lectura de textos como El caballero inexistente, de Italo Calvino, Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, Diario de un genio de Salvador Dalí, Varia invención de Juan José Arreola, Historia de cronopios y de famas, de Julio Cortázar, La historia interminable de Michel Ende, Centuria de Giorgio Manganelli… la lista es tan larga como el directorio telefónico, y la experiencia tan grande como la vida nos permita leer, discutir, pensar y escribir.

Y en esa medida construir un proyecto personal que tenga resonancias comunitarias para influir como líder de opinión en otros grupos donde se pueda derramar el deseo de saber, de ser y de existir como una sociedad que se enorgullece de sus integrantes y no hace del árbol caído, leña para su hogar.
Estoy seguro que a más de alguno se le ocurrirán más títulos y otro tanto de autores. He escrito con lo que tengo a la mano; con la intención, no de lucir mis carencias o apantallarlos con el altar de mis favoritos, sino con la urgencia de no perder la oportunidad de señalar que lo que importa son las ideas, de las que todos los demás somos meros obreros.

 

Un libro nuevo…

«Un nuevo libro es siempre un motivo de alegría, una verdad que nos sale al paso, un amigo que nos espera, la eternidad que se nos adelanta, una ráfaga divina que viene a posarse en nuestra frente. Tendemos involuntariamente las manos hacia toda obra que nos es desconocida, como involuntariamente tendemos siempre el alma en busca inquieta de la gran verdad. Nos parece que cada libro es una respuesta a nuestras ansias, un paso más adelante hacia el cumplimiento final de nuestros incógnitos destinos. Como que al tender las manos a él vamos a empujar un poco más la puerta que nos separa del misterioso mundo donde se cumplen entre tinieblas las maravillosas revoluciones de lo eterno». – José Martí

Tomado de: Guerra Díaz, Ramón. José Martí, la lectura y la modernidad. Cultura Cuba. Blog en Monografías.com

 

Fomentar la lectura…¡y la escritura!

Manuel Pérez Rocha

Las instituciones y autoridades educativas muestran poco interés por fomentar la escritura, al menos en comparación con el que manifiestan por el fomento de la lectura, no obstante que ambas son dos caras de una misma moneda. Casi de manera permanente, apoyadas también por intereses privados, algunos mercantiles, se desarrollan campañas y concursos de promoción de la lectura, pero no de la escritura. Del mismo modo, tanto la prueba Enlace aplicada por la SEP, como la prueba Pisa de la OCDE, abarcan la lectura, pero no la escritura. Como se sabe, en la práctica estas pruebas estandarizadas y punitivas reorientan los esfuerzos educativos de maestros y escuelas, y en consecuencia el aprendizaje de los estudiantes. Este descuido de las autoridades por la escritura se traduce, por supuesto, en los estudiantes, en un pobre desarrollo de las habilidades para escribir, pero también en una gran limitación para el desarrollo de la lectura, puesto que la lectura completa es la decodificación, análisis y juicio de un escrito; es imposible leer bien si no se ha tenido la experiencia de haber escrito y enfrentado los múltiples retos implicados en la producción de un texto.

La escritura es la revolución cultural más importante en la historia de la humanidad. Sin la escritura no existirían ni la ciencia ni la cultura ni la tecnología moderna. Como ningún otro medio, la escritura permite concatenar ideas una tras otra, generándose así textos, argumentaciones y discursos sólidos y coherentes, lo cual hace posible un conocimiento integrado y profundo de los fenómenos y las cosas. La escritura es una maravillosa y fecunda tecnología de la palabra, esto se tiene presente. Pero no se valora el que la escritura es también una tecnología del pensamiento e incluso una tecnología de la conciencia. Se reconoce a la escritura como un medio valiosísimo y eficacísimo para almacenar y transmitir información (en el espacio y en el tiempo), pero se olvida que enriquece de manera considerable la reflexión y la introspección. La escritura nos ayuda incluso a aclarar, entender y valorar nuestras propias experiencias, emociones y sentimientos.

Walter Ong (Oralidad y escritura, FCE) lo explica con claridad: Mediante la separación del conocedor y lo conocido, la escritura posibilita una introspección cada vez más articulada, lo cual abre la psique como nunca antes, no sólo frente al mundo objetivo externo (bastante distinto de ella misma), sino también ante el yo interior, al cual se contrapone el mundo objetivo. El yo interior, el yo consciente, y su evolución a lo largo de la historia los conocemos gracias a la escritura, en especial a través de la literatura y los textos filosóficos humanistas, desde la Grecia clásica hasta nuestros días. Solamente con el conocimiento de esas otras manifestaciones del yo consciente, las generaciones anteriores han podido cumplir la sapientísima consigna conócete a ti mismo, y gracias a esta misma tecnología del pensamiento y la conciencia estamos nosotros en posibilidad de atenderla; la escritura es pues herramienta poderosa para la construcción de una identidad. Sin la escritura sería imposible la civilización actual. Además de ser un valioso soporte para conocernos a nosotros mismos, la escritura, en tanto medio de expresión, tiene otros múltiples beneficios: nos permite ser más útiles, compartir con los demás nuestras preocupaciones, nuestros sentimientos, nuestras emociones, así como nuestros conocimientos e ideas, y ponerlos a prueba. La escritura es un medio privilegiado de realización personal, pues en gran medida nos hacemos humanos al expresar y hacer común con nuestros semejantes nuestra vida interior.

La escritura ha tenido y seguirá teniendo efectos amplios no sólo en la dimensión cultural de la vida social e individual, también son indiscutibles sus enormes implicaciones en los ámbitos económico y político. En este último, la práctica regular de la escritura es apoyo importante de las elites dominantes y su ausencia es decisiva en las condiciones de marginación y sumisión de amplios sectores de la población, pues la escritura determina, enriquece y potencia las formas de pensamiento y expresión, tanto escrita como oral, de quienes leen y escriben sistemáticamente, y también regula, pero de manera subordinada, equívoca e inconsciente, la de quienes no lo hacen.

No sólo las carencias materiales de la mayoría han sido el impedimento para que se beneficien de la escritura, ha habido una política expresa de exclusión por parte de las clases dominantes. Por tanto el asunto trasciende la problemática escolar o educativa, e incluso la cultural, pues incide en la manera como hoy se concibe a los seres humanos, a la sociedad y a su organización política. Si bien hoy nadie rechaza la alfabetización universal (como objetivo social y éticamente obligado, lo cual implica que todo mundo aprenda a leer y escribir), para la mayoría se fijan metas muy pobres en cuanto a la escritura: desarrollar la capacidad de escribir el nombre propio, copiar textos, llenar formularios; otros niveles de escritura se reservan para los talentos o para profesionistas cuyas tareas implican escribir con determinado nivel de desarrollo. También muchos académicos, escritores e intelectuales han contribuido a hacer de la escritura un instrumento de clase. Se suman con entusiasmo a las campañas de promoción de la lectura, quieren que se vendan sus libros, que los lean, quieren tener influencia y prestigio, pero con arrogancia desdeñan la posibilidad de que la escritura sea práctica general.

En una sociedad democrática, la alfabetización universal debe entenderse no simplemente como el logro de la capacidad de leer y escribir de manera elemental, sino como la incorporación de la lectura y la escritura en la vida cotidiana de todos, como instrumento de trabajo, de expresión y medio de enriquecimiento personal.

Reproducido de: La Jornada, 17 de noviembre de 2011



Carta dirigida al 60% de los aspirantes a maestros reprobados

Por Carlos Alazraki

Estimados maestros: Ya estoy empezando a entender el porqué de las cosas que nos están pasando en nuestro querido México. Ahora sí estoy entendiendo el porqué de los atrasos de nuestros niños. Ya entendí el porqué países más fregados que nosotros están mucho mejor que nosotros en materia educativa. Ya entendí el porqué de tanta delincuencia juvenil. Ya entendí por qué tenemos a tantos salvajes manejando por esta ciudad. Ya entendí el porqué de tantos policías corruptos. Entendí por qué tanta drogadicción entre nuestros jóvenes. Es más, hasta por qué somos tan bultos en las Olimpiadas. ¡Claro!, ahora sí está más claro el porqué de lo mucho de lo que nos está pasando, ¡¡¡¡¡¡Se los debemos a ustedes!!!!!! ¿Cómo es posible que de 71,000 aspirantes a una plaza en el servicio docente, 2 de cada 3 candidatos reprobaran? ¿Cómo es posible que de 53,406 aspirantes que salieron graduados de las escuelas Normales, solamente 3 de cada 10 solicitantes aprobaron su examen para una plaza? Y para el colmo de los colmos: ¿Cómo es posible que de los 17,648 maestros activos —sin plaza— solamente 7,150 aprobaron? Y que además —como premio— ninguno de los 17,648 maestros activos… ¡¡¡¡¡¡haya perdido su trabajo!!!!!! O sea maestros, burros o no, seguirán dándole clases a nuestros hijos… Este es el panorama… Maestros reprobados, dándole clases a nuestros hijos… ¡Qué horror! Y luego nos preguntamos el porqué estamos como estamos… Ahí está la respuesta: Nuestros niños no están preparados… Nuestros niños entran muy mal preparados a las secundarias. Todo gracias a ustedes. Pero esto no les importa, ¿verdad? ¡Por supuesto que no! Es mucho mejor marchar por las calles del país que educarlos bien. Es mejor bloquear carreteras, no permitir que la gente abra sus comercios y ponerse en huelga sin importar el tiempo que los niños se queden sin escuela, que prepararlos mejor. Tienen razón… Es mejor bloquear carreteras para exigir un aumento de sueldo que no merecen. Es mejor. Es mejor tener una lideresa vitalicia que se la pase grillando todos los días, que abrir a la democracia a su sindicato. Es mejor que los 2 sindicatos de maestros sigan peleándose entre sí que analizar de cómo mejorar el nivel de la educación. Maestros reprobados: Tengo pavor por el futuro de México, si es que ustedes van a seguir dando clases. Tengo pavor que un país tan maravilloso como el nuestro, sea desplazado por países más disciplinados y conscientes que nosotros. Tengo pavor que —como en las Olimpiadas— México sume fracaso tras fracaso en la competencia mundial. Y todo porque no hay una buena educación. Ni física ni mental. Es aberrante que ustedes, bola de fracasados, pretendan enseñarles a nuestros hijos como triunfar. México no los merece. Sean conscientes de lo que ustedes significan para nuestros hijos y prepárense mejor. Con todos los recursos que tenemos, con toda la información disponible de que disponemos, no es normal que hayan reprobado. Pero en fin… No es culpa suya nada más… Es culpa de un sistema que ya se agotó hace 20 años y que el poder no sabe cómo cambiar. En fin, qué le vamos hacer… Este es otro triste capítulo de la odiada obra: “Por eso Estamos como Estamos”… carlos@alazraki.com.mx

Tomado de: La Crónica de Hoy.



¿Los logros de Calderón?

Por René Drucker Colín

En su Informe, Calderón señaló que sus logros en lo que va del sexenio se han visto opacados por la preocupación ante la inseguridad. Quizás ése haya sido su mayor y quizás casi único logro. En la televisión aparece todos los días señalando los diversos avances que gracias a su gestión han favorecido a la mayoría de los mexicanos. Entre ellos está la cobertura universal en salud, cuya realidad está lejísimos de lo que Calderón manifiesta, y los logros en educación superior, que igualmente son declaraciones desprovistas de sustento. Es sobre esto último que quisiera argumentar. Para mí está claro que Calderón y su gabinete simplemente no entienden bien lo que es la educación superior, pues impulsar ese rubro no es sólo crear 96 universidades, como presume. Las universidades están íntimamente ligadas a la investigación científica y la tecnología. Universidad que no tenga y produzca ciencia no es universidad; sólo es una escuelita que regurgita lo que ya se sabe. Y si su profesorado no tiene buen conocimiento, hasta puede regurgitar mal y educar mal a los jóvenes, quienes, por tanto, saldrán con deficiencias. Las buenas universidades en el mundo lo son porque la mayoría de sus profesores son también investigadores, o sea científicos que están en la frontera del conocimiento. Esto es muy importante, porque desde siempre, pero hoy más que nunca, el conocimiento es un valor intangible que aprovechado al máximo es el factor de mayor impacto para el desarrollo económico de las naciones. De hecho, la generación, el uso y/o aplicación del conocimiento van íntimamente ligados a una política educativa hacia las instituciones de educación superior, donde se asegure que en ellas se coloque al mayor número posible de científicos y en paralelo se promuevan y faciliten las estrategias para que interactúen de manera efectiva con empresas de cualquier tamaño para generar innovación. Hoy día, el primer paso para asegurar un futuro prometedor para la economía mexicana es el desarrollo sostenido de la innovación, y esto último forzosamente pasa por universidades y/o centros de investigación, donde se produce la ciencia básica que genera los nuevos conocimientos que derivarán en nuevos productos o procesos.

Para mostrar la falsedad de los logros que dice Calderón tener en su feneciente sexenio vale la pena reproducir algunos datos recientemente publicados (2011) por el SCImago Research Group, que muestra algunos indicadores bibliométricos obtenidos al analizar el lapso 2005 a 2009, casi justo dentro de su periodo.

Este análisis genera una clasificación de universidades con base en cuatro aspectos: 1) producción científica, 2) colaboración internacional, 3) calidad científica promedio y 4) publicaciones en primer cuartil (o sea publicaciones en el primer 25 por ciento de las revistas más prestigiosas del mundo). El análisis es muy interesante y por falta de espacio me referiré sólo a los aspectos uno y tres. En este documento se analiza un total de mil 354 universidades, incluyendo públicas y privadas. De ésas, sólo 399 producen más de 100 artículos científicos, y 955 (206 mexicanas) menos de 100. De esas 955, 172 (57 mexicanas) producen un solo artículo al año. ¿Dónde quedarán las 96 de Calderón? Otro dato interesante es para aquellos que piensan que las universidades privadas son mejores que las públicas. Aquí se muestra que de las 20 más productivas de México, 18 son públicas. Las dos privadas son el Tec de Monterrey, lugar séptimo, y la Universidad de las Américas, lugar 20. El dato más grave, a mi juicio, se refiere a la clasificación general iberoamericana. En la producción científica de las primeras 20 universidades hay ocho españolas, siete brasileñas, dos portuguesas, una mexicana (la UNAM), una argentina y una chilena. La número uno es la Universidad de Sao Paulo, con 40 mil 192 publicaciones científicas, y la dos es la UNAM, con 17 mil 622. Lo increíble es que la Universidad de Campiñas, en Brasil, una universidad relativamente pequeña, está en tercero, con 14 mil 994 publicaciones, arriba de la de Barcelona, que está en cuarto lugar, con 14 mil 630. Todo esto en 2010. Pero para el periodo comprendido entre 2005 y 2009, España produjo alrededor de 204 mil publicaciones y Brasil 163 mil. México produjo poco más de 60 mil. Dentro de todo esto, México y Brasil comparten un mismo problema. En Brasil, el sistema universitario genera 92 por ciento del total de la producción científica. En México, menos de 10 por ciento del sistema universitario (la gran mayoría público) produce 85 por ciento de la comunicación científica. España, por otro lado, produce 75 por ciento de su aportación científica a través de universidades y 25 por ciento de otros sectores. Un punto final tiene que ver con la calidad de la ciencia medida a través de este análisis en particular. Con este proceso elaborado por ellos, un factor de 0.8 señala que una institución es citada por otros 20 por ciento por debajo de la media mundial, y un valor de 1.3 indica que la institución es citada 30 por ciento más que la media mundial. Con este análisis, la Universidad de Sao Paulo y la de Campiñas, así como la UNAM comparten el factor 0.8, mientras la de Barcelona, por ejemplo, tiene un factor de 1.4.

Se podrían señalar muchos datos más, por demás interesantes, por lo pronto, con éstos se le podría señalar a Calderón y sus fabricantes de datos para el Informe, que sus logros en educación superior no lo son; más bien ha fracasado, pues lo que debería haber desarrollado es una política de crecimiento y apoyo a todas las universidades públicas para que tuvieran la capacidad de crecer con ciencia en todas ellas, para que preparen a más y a mejores egresados que puedan enfrentar mejor los retos del país, dentro de los cuales está tener mayor capacidad para innovar, con el fin de crecer económicamente. Por lo pronto, tache al Informe, pues, gracias a la más baja inversión en ciencia y tecnología en la historia reciente del país, nos vamos quedando rezagados frente al nuevo gigante iberoamericano, que es Brasil.

Tomado de: La Jornada.



100 (y más) beneficios de la lectura

Hace algún tiempo, reuní en un breve documento lo que considero son -entre muchos otros, seguramente- Cien beneficios de la lectura. Se trató realmente de un apunte, sin mayores pretensiones, que cargué en Scribd.com y compartí con todo aquél que tuviera interés en consultarlo, sin pensar mucho en sus efectos, ni acordarme durante largos meses de él.

Pasado el tiempo, observé cómo este documento fue efectivamente consultado, reproducido, citado o comentado por muchos otros lectores y usuarios de la red, a los que agradezco sinceramente la retroalimentación positiva que han hecho de él. Debo admitir, en honor a la verdad, que la gran mayoría de los beneficios mencionados en ese texto, por supuesto, son beneficios acerca de los cuales leí o escuché, o que ví reflejados distintas personas. Algunos, muy pocos, por supuesto, los he llegado apreciar también en mí. Por ello, creo que cada persona, o mejor dicho: cada lector, podría mencionar al menos un beneficio concreto o específico que ha recibido de la lectura, con lo que el número de beneficios no sería de un centenar, y tal vez tampoco de unos pocos miles, sino de tantos beneficios, como personas han aprovechado la lectura, beneficios que ésta ha dado y sigue dando a la humanidad.

Pensando un poco más sobre este asunto, me parece experimentar una breve oleada de optimismo, porque tal vez ese ideal educativo de acceso universal a la cultura, principalmente -pero no exclusivamente- a través de la lectura, permitirá algún día a todos los hombres y mujeres, ancianos y niños, aprovechar al máximo la cultura escrita (y también ¿por qué no? la cultura audiovisual) de toda la humanidad; entonces, tal vez, se podrían lograr acuerdos globales para resolver las graves injusticias, desigualdades y problemas que nos aquejan como especie (y que, de paso, ponen en riesgo de desaparecer a millones de otras especies, e inclusive a la biósfera en su totalidad).

Sólo espero que eso no ocurra demasiado tarde.

Pienso, ahora, en la situación de los estudiantes chilenos, algunos que han sido encarcelados y otros que están en una huelga de hambre, de varios días o semanas, exigiendo una educación pública gratuita de calidad para su país, y pienso en la forma en que ese gobierno -como muchos otros, en todas las regiones del planeta- parece no entender que si no hay una verdadera representación de los intereses públicos y una búsqueda activa del bien público en las acciones que encauzan, entonces esos países padecerán convulsiones, desorden, violencia y criminalidad, pues habrán orillando a su propia juventud a un camino de destrucción de un orden que, con razón, considerarán excluyente e injusto.

Se ha dicho que la pobreza sale muy cara. Agregaría, también, que es sumamente peligrosa.

He seguido con atención las alocuciones públicas y a la prensa, de los líderes del movimiento estudiantil chileno, así como las expresiones de los gobernantes y de algunos representantes de la sociedad chilena, y considero que es de la mayor trascendencia ver cómo se resolverán las demandas de esos estudiantes en los días próximos, y del curso que tomen las cosas en ese país latinoamericano, pues si el gobierno -válgase la redundancia- gobierna a favor de su pueblo, se producirá un cambio social, cultural y político que, seguramente, entusiasmará a los estudiantes jóvenes y a las familias de otros países -incluido México-, para que impulsen cambios de ese mismo tipo, en pos de mayor democracia, justicia y equidad, y de que se garanticen y se ejerzan realmente los derechos humanos fundamentales.

Hoy existe en nuestro país un grave rezago educativo que se aúna a la falta de empleos, la desaceleración económica, la injerencia extranjera, el abandono del campo, la sobreexplotación de nuestros recursos naturales, la salida de capitales, el endeudamiento, los desastres naturales, el clima de violencia y el imperio de los negocios asociados a la delincuencia organizada.

Con alrededor de 70 mil muertes violentas en lo que va del sexenio, urge que la sociedad mexicana LEA, se informe, analice, aprenda, critique y delibere ampliamente sobre ¿cómo llegamos hasta aquí? ¿cuáles son las verdaderas fallas dentro del sistema educativo, económico, de representación política, que nos condujeron a esta situación? ¿qué sucede con los medios de comunicación de masas, como la radio y la televisión, que han conseguido o propiciado que grandes sectores de la población crean que pueden mantenerse alejados de las bibliotecas, los libros y la lectura, sin consecuencias nefastas, como las que vemos a diario? ¿qué vamos a hacer para corregir este rumbo de autodestrucción? ¿qué sucederá con países como el nuestro ante la turbulencia geopolítica y geoeconómica que ya mostró su ominoso perfil en 2008, y ahora revela un rostro aún más terrible?

Ojalá cada día más personas descubran que la lectura se ha vuelto  una condición indispensable para la sobrevivencia.



Discurso Asunción de la Presidenta FECh 2011

Camila Vallejo Dowling

Mi nombre es Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling, y quisiera antes que todo, poder expresarle a los presentes el orgullo y el desafío que significa para mí encabezar la Federación de Estudiantes más importante de Chile, es una gran responsabilidad que significa hacerse cargo de 104 años de historia, 104 años de aventuras y desventuras, 104 años de lucha en el seno del movimiento estudiantil.

Y es un orgullo y un gran desafío porque vengo de aquellos lugares que no reciben condecoraciones, de los cuales poco y nada se dice, porque poco y nada se sabe, lugares que a veces incluso se les llega a olvidar.

Mis estudios secundarios los cursé en un pequeño colegio cuyo nombre significa tierra florida; extraña paradoja, ya que en sus patios se respiraba más tierra que flores y en sus salas de madera se acumula el polvo de generaciones de alumnos no emblemáticos, que nunca llegaran a ocupar los puestos de poder más importantes de nuestro país.

Mi carrera, una de las más pequeñas de esta Universidad, casi no se encuentra en el consciente colectivo, se pierde entre los pasillos de la FAU y se confunde con otras disciplinas. La Geografía en esta Universidad casi no tiene tiempo ni espacio, otra paradoja.

Sin embargo, lo más terrible es darse cuenta que de pronto esto no pasa solo en Geografía, sino que también en Administración Pública, que es carrera de ocho a seis, porque después de las seis de la tarde no hay Universidad para ellos, una carrera que debiese ser fundamental para fortalecer el sistema público. Y también ocurre en Educación y de pronto, nos damos cuenta que no son solo unas pocas carreras, sino que es toda una rama del saber, es toda un área del conocimiento la que ha caído en la pobreza universitaria como consecuencia de las lógicas del mercado implementadas ya a lo largo de estos últimos treinta años.

Y de lo pequeño y olvidado de mi lugar de origen, se suma además, mi corto tiempo de vida, con 22 años, vengo a ser la segunda mujer presidenta de la FECH en más de cien años de historia. Y usted rector tendrá el privilegio de ser el segundo en la historia de la Universidad que es acompañado por una mujer en la presidencia de nuestra federación de estudiantes.

Ahora bien, puede que en este momento me toque a mí ejercer el cargo de Presidenta, sin embargo, debo decir que yo sola jamás habría logrado todo esto y que mis manos son tan solo un par más dentro de tantas otras, y en donde todas juntas son las que levantan este proyecto colectivo que se llama Estudiantes de Izquierda, el cual ya se encamina a su tercer período consecutivo al mando de nuestra Federación.

Si me permiten contarles un poco acerca de Estudiantes de Izquierda, debo decirles que como colectivo político estamos presentes en amplios espacios de nuestra Universidad, que en nuestro interior se expresa la máxima diversidad estudiantil, que entendemos que la izquierda debe construirse con participación y democracia y que esta elección en donde hemos aumentado en casi 400 votos respecto de la elección anterior, nos demuestra que como movimiento estamos vinculados orgánicamente con las bases estudiantiles de nuestra Universidad.

vallejo-en-la-testeraComo Estudiantes de Izquierda sentimos la responsabilidad ética de hacer política, porque la administración del poder por los poderosos de siempre nos obliga a entrometernos en sus asuntos, porque estos asuntos son también nuestros asuntos y porque no podemos dejar que unos pocos privilegiados sean quienes eternamente definan las medidas y contornos que debe tener nuestra patria, ajustándola siempre a sus pequeños intereses.

Creemos que la clave del éxito para el movimiento estudiantil está en volver a situar a la Federación en una posición de vanguardia a nivel nacional, en volver a entretejer redes sociales con los pobladores, los trabajadores, las organizaciones sociales y gremiales, los jóvenes que se quedaron fuera de la Universidad pateando piedras, en otras palabras, hablamos de volver nuestra mirada al conjunto de los problemas sociales que hoy rodean a la Universidad y con los cuales estamos íntimamente vinculados y comprometidos.

Debemos romper con aquella burbuja universitaria que instala el individualismo, la competencia y el exitismo personal como patrón de conducta para los estudiantes por sobre ideas y conceptos fundamentales como lo son la solidaridad, la comunidad y la colaboración entre nosotros.

Somos contrarios a la visión de que la Universidad es solo venir, sacarse buenas notas, y abandonar cuanto antes sus aulas para salir pronto a ganar dinero en el mercado laboral, tenemos los ojos lo suficientemente abiertos como para darnos cuenta que afuera hay un mundo entero por conquistar, que este mundo requiere de nuestra entrega, de nuestro esfuerzo y de nuestro sacrificio y que para quienes ya hemos abierto los ojos a las inequidades sociales que asoman por todos los rincones de nuestra ciudad, se nos vuelve imposible volver a cerrar la puerta y hacer como que nada hemos visto o como que nada ha pasado. Nuestro compromiso por la transformación social es irrenunciable.

Porque necesitamos hoy, más que nunca, una profunda discusión respecto del país que queremos construir y a partir de aquello cuál es el tipo de Universidad que se pondrá al centro de dicha construcción.

Porque no creemos en la Universidad como un espacio neutro dentro de la sociedad, la universidad es un agente vivo en su construcción y en el desarrollo del proyecto país que como ciudadanos levantamos día a día. Nuestra responsabilidad está en generar organización al interior de aquella, lo cual nos permita transformar la universidad, para así poder transformar la sociedad.

Nuestro concepto de Universidad nos habla de un espacio abierto, participativo y democrático, con una comunidad universitaria activa, dialogante, una comunidad que se involucra en el diseño y conducción de su casa de estudios.

Nuestra visión es la de una Universidad que se ubique ya no en los primeros rankings de la competencia o el marketing universitario, de los cuales hoy en día mucho se habla, sino que se ubique en el primer lugar de aporte al desarrollo social del país, el primer lugar en el fomento de la equidad en cuanto a la composición social de sus estudiantes, que ocupe el primer lugar en el desarrollo de la ciencia y tecnología al servicio de los intereses de Chile y su pueblo.

Creemos en una Universidad permanentemente vinculada con los problemas que nuestro pueblo le presenta, activa en la búsqueda de soluciones y en la entrega de aportes por medio del conocimiento.

Sin embargo, nuestra realidad actual dista mucho de estos conceptos brevemente aquí esbozados, hoy la Universidad es cada vez más un proyecto sin otro norte que no sea el que le señala el mercado, a la educación superior se le ha puesto precio y nuestras Universidades son medidas por criterios industriales de producción como si fueran una empresa más dentro del esquema productivo de la nación, una empresa especial con muchas comodidades en su proceso productivo, pero empresa al fin y al cabo.

En este esquema, un rol fundamental lo jugó el desfinanciamiento sistemático que vivió la Universidad Pública al momento de implementarse las políticas neoliberales. El autofinanciamiento, establecido como doctrina, fue un golpe seco que dio en la esencia misma de lo que constituía el quehacer universitario hasta ese momento, condicionando y sometiendo a la Universidad a lógicas y esquemas mercantiles que le eran desconocidos. La Universidad Pública tuvo que verse obligada a competir en situaciones desfavorables en lo que se llamó “el nuevo mercado de la educación superior”, se le puso precio, tuvo que venderse a sí misma para poder captar mayores recursos y continuar así con su proyecto educativo, perdió su brillo y su color, perdió su esencia transformadora y quedó botada en un rincón, ya incapaz de reconocerse a sí misma.

Estamos hablando que se operó un cambio estratégico en el desarrollo de la Universidad, el cual ha sido irremontable hasta este momento. Con ello hubo sectores importantes del quehacer universitario que producto de su no rentabilidad económica fueron cayendo rápidamente en la desgracia y el abandono, las Universidades Públicas se volcaron a sí mismas, viviendo casi un chauvinismo institucional, donde cada una se preocupaba de su propia sobrevivencia, perdiéndose la visión de conjunto que poseía nuestro antiguo sistema de educación superior pública.

Este procedimiento operado en plena dictadura, siguió su curso con los gobiernos de la Concertación, la cual no operó mayores cambios, más bien, se dedicó a administrar con comodidad el modelo heredado y en algunas líneas, incluso, lo profundizó. No obstante lo anterior, pasaron los años y el control del gobierno volvió a las manos de quienes tiempo atrás habían gobernado con trajes de civiles detrás de los uniformes de soldado.

Según nuestra mirada, esto representa un peligro fatal para la Universidad Pública hoy en día, creemos que el gobierno de los empresarios busca poner el broche de oro a la privatización total de la educación superior, sellando definitivamente la obra que iniciaron desde las sombras en los años ochenta. La designación de Harald Beyer y Álvaro Saieh en nuestro Consejo Universitario, dos grandes defensores del modelo de mercado y el actual presupuesto nacional en el área de la educación superior son dos grandes indicativos de aquello. Son medidas que nos muestran nítidamente que el gobierno se apresta a poner en marcha una agenda privatizadora a gran escala y que, por lo tanto, el año 2011 será estratégico en su implementación.

Esta será una batalla importante que enfrentará nuestro sector el próximo año, para dar respuesta a este desafío debemos desplegar un movimiento que escape a tan solo los estudiantes, necesitaremos de los académicos, los trabajadores, las autoridades universitarias, todos juntos en las calles exigiendo que el Estado cumpla con sus Universidades, que el Estado cumpla con la educación superior pública de nuestro país.

Pero el problema no pasa tan solo por exigirle al Estado lo que a nuestras Universidades le debe, sino que también debemos mirarnos con visión autocritica y preguntarnos qué es lo que como Universidad le estamos entregando a nuestro pueblo. Necesitamos un nuevo trato del Estado para con la educación superior pública de nuestro país y, a la vez, necesitamos un nuevo compromiso de las Universidades Públicas para con el pueblo de Chile y sus intereses, esta Universidad tiene que ser la Universidad de todos los chilenos y no solo la de unos pocos.

A nadie le es indiferente que en nuestra casa de estudios se perpetúen desigualdades fundamentales que determinan, por ejemplo, que el 20% más rico de la población tenga más del 50% de las matrículas, en cualquier sociedad que se precie de ser justa y democrática esta desigualdad fundamental es inaceptable.

¿Seguiremos educando solo a las elites socioeconómicas? o ¿nos aseguraremos de implementar un sistema de acceso que permita que todos los jóvenes con talentos y habilidades, independiente de su origen y capacidad de pago, puedan permanecer en la Universidad?.

¿Seguiremos dejando que solo aquellas disciplinas que son rentables en el mercado alcancen niveles de desarrollo armónicos y de excelencia? o ¿aseguraremos de manera efectiva que todas las áreas del conocimiento tengan un trato justo y así puedan contribuir a consolidar la sociedad que anhelamos, ya no solo en términos económicos, sino que en términos culturales, intelectuales, cívicos, valóricos, es decir, con seres humanos íntegros?.

Por más que quieran hacernos creer lo contrario, para nosotros la Universidad no puede ser un negocio ni mucho menos la educación puede ser una mercancía.

La pelea será dura, pero está el futuro de la Universidad en juego y en esta batalla nosotros no bajaremos los brazos.

No quiero terminar mis palabras sin antes aludir a un hecho que para mí reviste gran notoriedad, algo señalaba más arriba pero quisiera ahora poder extenderme un poco más en aquello, me refiero a mi condición de mujer.

Como mujer puedo ver y vivenciar en carne propia las actuales formas de opresión de la que somos víctimas en la actual configuración machista de la sociedad. En Chile nos decimos un país desarrollado y nos llenamos de orgullo por nuestro reciente ingreso a la OCDE, no obstante, detrás de la cortina del progreso económico y del optimismo del jaguar latinoamericano se esconde una historia de opresión y sexismo que aún perdura hasta nuestros días. Las mujeres seguimos sufriendo hoy en día todo tipo de discriminaciones, a la hora de buscar trabajo, en los planes de cobertura para nuestra salud, en la escala de sueldos, incluso a la hora de participar en política.

Tan solo ayer leía unas ideas que quisiera poder trasladarles en este momento ya que me parecen esclarecedoras respecto de lo que les quiero decir, abro comillas “respecto de las mujeres, cuando buscan trabajo, además de calificación se le pide presencia y no basta con que sean amables y generosas, sino que deben además ser graciosas, simpáticas y coquetas, pero no mucho. Se les exige estar presentables y cuando juzgan que se ha pasado un milímetro, se les critica por presuntuosas. Se les elogia por ser madres y se les excluye por tener hijos.

De la mujer se sospecha cuando es joven porque desestabiliza a la manada y se le rechaza cuando los años pasan porque ha perdido competitividad. Es excomulgada por fea y también cuando es bella. En el primer caso se dice que es repulsiva, en el segundo provocadora. Cuando no es lo uno ni lo otro la tildan de mediocre” cierre de comillas.

Estas son las condiciones en las cuales las mujeres nos desarrollamos actualmente, estas son las condiciones que desde mi Presidencia también buscaré transformar.

Muchas gracias.

Tomado de: Observatorio Género y Equidad.