Universidad Veracruzana

Kaniwá: Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento

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La doctora Regina M. Benjamin, dice: «Prepárense».

«Prepárense» declaró la cirujano general de los Estados Unidos a los estadounidenses, muchos de los cuales, aterrorizados, hacen compras de pánico de fármacos anti-radiación y de contadores Geiger, por los temores de una precipitación nuclear («fall-out») o lluvia radioactiva sobre Estados Unidos.

Eso reporta en su edición matutina el diario inglés DailyMail.

En síntesis, la nota también informa que:

– Algunas personas que no pueden conseguir las píldoras con yoduro de potasio, lloran aterradas.
– Sitios que venden contadores Geiger reportan que ya no hay en existencia esos aparatos.
– Los mapas de radiación sobre territorio estadounidense revelan los valores mínimos normales.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) del gobierno estadounidense mantiene esta página titulada:

HHS Responde al desastre del terremoto/tsunami de 2011 (en inglés).



Explosiones en Fukushima generan temor y suspicacias

¿Están informando al mundo y a su población, las autoridades niponas, lo que realmente sucede en Fukushima? ¿Basta realmente con una zona de evacuación de 30 kilómetros alrededor de la planta? ¿Qué lecturas específicas de radiación se están tomando en el terreno y a distintas distancias del complejo nuclear? ¿Cuáles son las predicciones meteorológicas para las próximas horas en la zona, y qué efecto tendrán sobre los esfuerzos de rescate y de contención de la emergencia nuclear?

La oleada de datos que emerge de Internet, aún de fuentes especializadas como el MIT, o la propia AIEA, el gobierno japonés y algunos medios, denotan que no hay en este momento un criterio uniforme o una percepción unificada sobre lo que sucede en la planta nuclear japonesa.

De acuerdo con lo publicado por la prensa, ha habido una serie de explosiones en los diversos reactores de la planta, a las que llaman explosiones de hidrógeno, que es un elemento gaseoso que reacciona, al combinarse con el oxígeno de la atmósfera, de esa manera. ¿Cuánto daño han recibido, por esas explosiones, las vasijas de los reactores, adonde se encuentra almacenado el uranio o el plutonio que sirve de combustible?

Se habla de fugas de cesio radiactivo, de que un porcentaje que oscila entre 30% y 70% de las barras de control se han derretido, y que los técnicos japoneses, 50 de un grupo mayor que evacuó la planta en horas recientes, están empleando agua de mar y boro para mitigar un incendio dentro de alguno de los reactores. Además, hay reportes de que se siguen produciendo bocanadas de humo desde los edificios que albergan los reactores en Fukushima, y de que las autoridades mantienen una zona de evacuación de 30 kilómetros alrededor de la planta… Se habla de hasta 200,000 evacuados en esa parte de la isla, y que han comenzado a repartir dosis de yodo para que los habitantes puedan enfrentar los riesgos de cáncer de tiroides que produce la radiación. Se ha recomendado que la gente no salga de su casa, que no use aparatos de ventilación o acondicionamiento de aire, y que no consuma alimentos expuestos al aire de esa zona de 30 kilómetros.

Por otro lado, se oye a expertos decir que la elevación en las mediciones de radiación se debe a pequeñas cantidades de gases radioactivos que han escapado de la planta, pero que este accidente nada tiene que ver con Chernobyl.

En Twitter, varios grupos de mensajes pueden distinguirse: desde los que simplemente hacen eco de las versiones noticiosas sobre los hechos, o los que piden evacuar la ciudad de Tokyo, los que ven a la población en esa ciudad seguir sus actividad de la manera más «rutinaria» posible, sin reacciones de pánico. En este momento, grandes medios como The Guardian, o El País, ofrecen tanto notas que sugieren que el asunto es delicado pero no de una grave urgencia, como si el accidente en la planta nuclear no supusiera un peligro de largo alcance, entremezcladas con notas que hablan de un historial de encubrimientos de otros accidentes nucleares por parte de las autoridades japonesas.

Así que la conmoción que ha generado el terremoto de Sendai no sólo ha sido geológica o marina, social o económica, sino muy especialmente informativa.

En Telesur, alguien acaba de comentar que la palabra que mejor describe la realidad de Japón, y diríase también que la realidad del mundo en estos momentos, es «incertidumbre».



El mundo antes y después de Fukushima

El riesgo de que ocurra en las horas o días siguientes el peor escenario posible, tras el terremoto y tsunami en Japón: una fuga masiva de radiaciones, desde los reactores de la planta nuclear en Fukushima, demandará la atención de todos los medios de comunicación y las redes sociales, desplazando a segundo término asuntos como la estanflación económica global, o la ebullición social y política en el norte de África y el mundo árabe, así como otros muchos asuntos de interés nacional o regional.

Aquí, se está pasando del temor a la sospecha de que la información dada a conocer hasta este momento no refleja realmente lo que ocurre en Fukushima.

A nadie debe consolar el pensar que, de escaparse, las radiciones de Fukushima puedan ser llevadas por el viento mayormente hacia el Océano Pacífico. Sabemos, pues ciencias como la ecología y la oceanografía nos lo recuerdan a cada paso, que todo el orbe está interconectado y que, previsiblemente, la rotación de la Tierra arrastrará dichas radiaciones hacia zonas lejanas del sitio del desastre. Seguramente la costa del Pacífico del continente americano podría recibir fracciones de esa radiación, pero otras regiones del planeta aparentemente a salvo, podrían no librarse de recibir su parte del baño radiactivo.
Preocupa tanto la cantidad de radiación que se llegue a liberar, como la permanencia de dichas radiaciones en el medio ambiente y los posibles efectos sobre el agua, el aire, el suelo y en las especies marinas, tanto de plantas como de animales, así como su efecto en los seres humanos.
Aunque se ha calificado el accidente en la central nuclear japonesa como de Nivel 4, en una escala de 7 -adonde 7 es una tragedia como la de Chernobyl-, la humanidad entera tiene ahora motivos de sobra para estar más atenta y preocupada por lo que ocurre en el extremo del continente asiático.
Por otra parte, no deben perderse de vista los efectos geopolíticos que puede tener la inesperada y urgente demanda energética en Japón, lo que Gorka Larrabeiti llama «tsunami energético global».