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Kaniwá: Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento

Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento



Michael Moore expresa apoyo a WikiLeaks

El director de cine Michael Moore, se pregunta por qué la página web de Assange, que “ha realizado un servicio público tan importante” al revelar, por ejemplo, informaciones relativas a la actuación de Estados Unidos en guerra de Irak, está sufriendo “un ataque tan despiadado”, y responde diciendo que es “porque ha avergonzado a quienes han ocultado la verdad”.

Michael Moore recibió el Oscar al mejor documental largo por «Bowling for Columbine», en 2002 y fué nominado al  Oscar en la misma categoría por su documental «Sicko», adonde exhibe los entretelones del sistema de atención a la salud en Estados Unidos.

 

Dignamente deselal

Juan Villoro

El problema del ‘caso Wikileaks’ no es la calidad del secreto, sino que Estados Unidos no pueda guardarlo.

En 1971, Daniel Ellsberg entregó al New York Times 7.000 páginas con secretos del Gobierno de Lyndon B. Johnson. Ellsberg tenía acceso a material clasificado. Harto de las mentiras sobre la guerra de Vietnam, filtró la información que se conocería como los papeles del Pentágono.

El impacto de Ellsberg fue demoledor. El año 1971 marcó un hito en el derecho a la información. Ese año Julian Assange nació en Australia. Gente de su época, creció para perseguir datos escondidos y se convirtió en hacker con conciencia social. En el 2006 fundó Wikileaks, empresa dedicada a filtrar información en la red. Durante años, usó el seudónimo Mendax en alusión a una expresión de Horacio: «Splendide mendax» (Dignamente desleal). No se trata de un indiscreto descifrador de contraseñas privadas, sino de un vengador anónimo en busca de secretos de interés público.

La noticia del momento es que el extraño Mister Mendax tiene a su disposición 250.000 documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano, de los que ya dio a conocer 500. ¿Cómo calibrar su efecto en la sociedad de la información?

El periodista y escritor venezolano Ibsen Martínez me puso en la pista de la teoría del cisne negro desarrollada por el ensayista libanés Nassim Nicholas Taleb. ¿Qué es lo que singulariza a un acontecimiento? De acuerdo con Taleb, en términos históricos un cisne negro es un fenómeno que tiene impacto masivo, desafía las probabilidades y suscita explicaciones retrospectivas que tratan de verlo como predecible. La primera guerra mundial, internet y el 11 de septiembre son ejemplos de cisnes negros.

El caso de Wikileaks tiene este plumaje. Amazon expulsó a la compañía de sus servidores y la Casa Blanca nombró a un zar antifiltraciones. Russell Travers, experto en el combate al terrorismo, se transformará en fontanero digital para contener el goteo de información.

Mientras tanto, Mister Mendax permanece oculto, no solo por las posibles consecuencias del escándalo noticioso, sino porque tiene demandas de acoso sexual en Suecia. Antes de esfumarse, dijo que las acusaciones tenían motivación política. A Wikileaks no le faltan enemigos. Lo cierto es que el especialista en transgresión ha traspasado límites decisivos.

Hasta ahora, sus filtraciones sorprenden más por el tono que por el contenido. Los informantes del Gobierno de Estados Unidos se muestran paranoicos, intrigantes y despreciativos. Nada nuevo. Lo peculiar es el tono: en la intimidad, los espías son descarados.

De acuerdo con Ellsberg, Wikileaks pondrá en circulación una cantidad récord de información confidencial, pero el efecto no será devastador. Al respecto comentó: «No son papeles de decisión de alto nivel. Quienes toman las decisiones políticas a alto nivel no tienen tiempo de leer cables que solo son secretos».

Un rasgo típico del gobernante contemporáneo es que ignora toda voz que no garantice éxito mediático instantáneo. En contraste, los mandos medios requieren de información para abrirse espacio en el interior de la Administración. Tener datos sirve menos para usarlos que para amenazar con usarlos. En esa franja de poder se fraguaron los expedientes que ahora circulan.

De acuerdo con Taleb, no tiene sentido tratar de adivinar lo impredecible. El desafío consiste en estar mejor preparados para acontecimientos que se perciben como insólitos y solo se toman en cuenta cuando ya ocurrieron. La política actual se basa en el dominio de la norma (las estadísticas, los índices de popularidad, la tendencia estándar). Más importante sería estudiar las combinaciones que pueden anticipar la llegada de un cisne negro. Pero los hombres que ganan votos besando bebés no se interesan en lo que no ha ocurrido; actúan en la esfera de la representación; el rating es para ellos más político que los hechos.

El verdadero golpe de Wikileaks tiene que ver con la forma de gobernar en una telecracia. Hace unos años, diplomáticos de Estados Unidos describieron a México como un «Estado fallido». Se referían a nuestra triste realidad. Ahora afrontan algo más grave para una política de la imagen: una triste realidad virtual. El descrédito de no controlar la red será mayor que el efecto de documentos donde se informa de que Gadafi usa bótox.

Assange considera noble denunciar al poderoso que oculta algo. Ellsberg matiza el gesto: «En las democracias hay un amplio abanico de secretos que deben ser protegidos». En el caso de Wikileaks, el problema no es la calidad del secreto, sino que el Gobierno no pueda guardarlo. La importancia de un documento clasificado deriva de que no circule. Esconder la basura bajo la alfombra es más seguro que esconderla en una computadora. Estamos ante un cisne negro de la representación del poder. En tiempos digitales, el único expediente inexpugnable es el que no se ha escrito.

Reproducido de El Periodico.com



¿Alguien que lee este blog ha leído Millennium?

Y eso, a título de que según Mario vargas Llosa, es fantástica. Escribió en El País, hace más de un año: «acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página «¿Y ahora qué, qué va a pasar?».
Y seguramente a esta hora, este día, son miles si no millones los que, por todo el mundo, ante el caso de Julian Assange, también nos preguntamos ¿y ahora qué va a pasar?



España vive momentos excepcionales

Si Wikileaks es una noticia que está en boca de todos, no menos lo es España, cuyos controladores aéreos se fueron al paro tras buscar infructuosamente una solución negociada a sus demandas laborales, y ahora el gobierno de Zapatero ha decretado un estado prácticamente de excepción en el país, estado que quieren prolongar al menos durante quince días más.



El Tsunami de Wikileaks: la primera revolución informativa del siglo XXI

Un aire a Lisbeth Sallander, la heroína hacker del novelista sueco Stieg Larsson, acompaña a Julian Assange, periodista australiano de 39 años, fundador de Wikileaks y convertido en “enemigo público número uno” de los servicios de espionaje norteamericanos y de la Interpol.

Sin embargo, no es la leyenda temprana lo que convierte a Assange en un personaje enigmático sino su activismo atípico. “El valor es contagioso”, ha dicho, para justificar su desafío ante la mezcla explosiva de revelaciones de información confidencial con acceso a la tecnología que se ha convertido en un auténtico tsunami global contra los salones de la opacidad y de los adoradores de la “razón de Estado”.

Los Halcones en el Palacio de las Corrientes de Aire puede ser también un buen título para este episodio que mantiene electrizadas a las redacciones periodísticas de todo el mundo ante la divulgación de una parte de 250 mil cables diplomáticos, extraídos de las computadoras del Departamento de Estado norteamericano, por un soldado que, además, es admirador de Lady Gaga.

Assange y los periodistas que lo acompañan en esta aventura han dicho que los documentos hasta ahora conocidos no son los más delicados, sino apenas una muestra de lo que pueden divulgar si la cacería en su contra persiste. Lo menos que han logrado demostrar estas filtraciones gestionadas con “medios institucionales” –The New York Times, Der Spiegel, The Guardian, Le Monde, El País- es que sí se puede trabajar de manera coordinada y multinacional entre periodistas para desentrañar la materia prima de los documentos sacados de la secrecía.

La historia de Wikileaks es tan breve como intensa, al igual que las nuevas redes sociales conocidas como web 2.0. Creado en 2006, este sitio web dio este año una primera muestra de su capacidad de revelación cuando en abril divulgó un video grabado en 2007 donde se observa a soldados estadounidenses matando desde un helicóptero a civiles iraquíes. En octubre puso a disposición 400 mil reportes del Pentángono y de la OTAN sobre la intervención en Irak. Pero el auténtico tsunami inició el pasado 28 de noviembre.

La ola de documentos puestos a disposición de lectores de todo el mundo constituye un gran outing sobre el doble rasero de la diplomacia norteamericana y los intereses en juego.

Efectos en México

La liberación de varios documentos del Departamento de Estado relacionados con México constituyen una auténtica bomba para un gobierno federal ineficaz en su guerra contra los cárteles de la droga.

Los cables de Wikileaks confirmaron muchos puntos que han sido documentados en revistas críticas como Proceso y también hizo revelaciones que, como advirtió Porfirio Muñoz Ledo, nos colocan en la antesala de la intervención militar directa de Estados Unidos. Veamos:

a)    La injerencia del Departamento de Estado en la batalla contra el narco. Calderón pidió ayuda a Washington. Y la capital imperial califica de “torpes, descoordinadas, anticuadas, burocráticas y parroquiales” a las fuerzas armadas mexicanas, con una salvedad: la Armada. Los marinos mexicanos se han capacitado en Estados Unidos y este país está detrás de los grandes operativos recientes de la Secretaría de la Marina.

b)    Reveló que el titular de Defensa, Guillermo Galván, le planteó a Dennis Blair, el máximo responsable del espionaje norteamericano, la posibilidad de decretar el estado de excepción en México, basándose en lo estipulado por el artículo 29 constitucional.

c)    Documenta que las disputas entre PGR, Sedena, SSP y sus máximos titulares por el mando de una estrategia ausente en esta “guerra” es claramente monitoreado por Estados Unidos. Ante la descoordinación, la violencia se ha incrementado.

d)    Uno de los datos más inquietantes es el recuento de 10 agentes de la DEA y 51 “contactos” o soplones al servicio del FBI que han sido ejecutados por los cárteles de la droga. Si el asesinato en 1984 del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, generó la famosa Operación Leyenda que llevó a una intervención agresiva de Estados Unidos en México, imaginemos lo que estas “ejecuciones” pueden provocar ante la percepción creciente de un “Estado fallido”.

 

La Censura en Internet

Lo más sintomático frente al tsunami es la pretensión de censurar un modelo informativo e informático que, por definición, es horizontal, autogestivo (quien quiera puede encontrar suficientes pistas para auténticos reportajes e investigaciones de más calado) y fuera de los modelos de control tradicionales.

La gestión del escándalo ha sido torpe y ha arrasado el prestigio de algunos sitios que decidieron cerrar el acceso a las cuentas de Wikileaks, como han sido los casos del servicio Pay Pal y de Amazon. ¿Con qué autoridad Estados Unidos o sus organizaciones civiles afines pueden condenar a China o a Cuba por censurar sitios como Google si ellos han alentado lo mismo con Wikileaks.

Frente a estos hechos, Assange ha señalado: “nuestra principal defensa no es la ley, sino la tecnología”. Y en este punto está lo más atrayente del tsunami informativo: ¿cómo frenar o censurar un modelo basado justamente en su capacidad de reinvención?

 

Revolución Informativa

¿Qué va a suceder frente a la situación y las previsibles filtraciones nuevas? ¿Sobrevivirá Wikileaks a la cacería que se ha armado en contra de su fundador? Más allá del thriller que se ha orquestado en contra de Assange, lo importante del tsunami es lo siguiente:

a)    Termina la era de los escándalos al estilo Watergate y comienzan los del Wikigate. Es decir, las grandes revelaciones ya no requerirán de una “garganta profunda” sino del acceso a la tecnología y a la información.

b)    Se replantea el “secreto de Estado” en un mundo globalizado, interconectado. Eso no lo ha entendido el gobierno de Felipe Calderón y sus voceros oficiosos. La guerra contra el narco no es un asunto solamente mexicano, se ha transformado en un expediente de interés global, gracias a Wikileaks.

c)    El ejercicio periodístico no se afecta ni se suplanta, como se quejan los ortodoxos o los bribones. Por el contrario, el periodismo se potencia gracias a los documentos que Wikileaks pone a disposición como un gran materia prima para investigar, explicar, contrastar, analizar. Es el periodismo analítico lo que se reclama ahora en un mundo atribulado por secretos, maniqueísmo imperial, guerras de odio.

En esencia, estamos ante la primera gran revolución informativa del siglo XXI. Sus consecuencias son impredecibles, pero las lecciones y los escenarios que de esto surgirá ya están en nuestro horizonte.

Reproducido del Blog de Jenaro Villamil