Universidad Veracruzana

Kaniwá: Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento

Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento



Alfabetización informacional, científica y ambiental

Aunque a nivel internacional es creciente el interés por la alfabetización en información -o más correctamente: alfabetización informacional (AI), es decir aquella alfabetización relacionada con la capacidad de cada individuo, para definir sus propias necesidades de información, el conocimiento de y la habilidad para utilizar las fuentes de información que permiten resolver dichas necesidades y el uso eficaz, ético y legal de la información así obtenida, para los fines individuales y colectivos que se plantea-; por más que en algunos círculos bibliotecarios y bibliotecológicos, la AI aún es una idea marginal, considerada como un matiz de las actividades académicas de las instituciones educativas, adonde las bibliotecas suelen estar enclavadas, la alfabetización informacional es un asunto pendiente de una profunda reflexión colectiva, reflexión que cobra cada día mayor urgencia e importancia.
Lo mismo se puede decir de las otras alfabetizaciones, que pueden verse como preparaciones indispensables para una ciudadanía plena, efectiva, en una sociedad cada vez más convulsa y compleja, arrastrada de manera incesante hacia diversas contradicciones: entre la tecnología y la naturaleza, el bien individual y el colectivo,  el mercado, la mercadotecnia y las variadas formas de realización humana. Hablamos de la alfabetización científica y la ambiental, que suponen o implican también una alfabetización para los medios de comunicación, para los derechos humanos y para la salud, en suma: todas las alfabetizaciones que suponen lo que podría considerarse en el fondo una alfabetización política.
Se piensa que la escuela y las experiencias educativas formales brindan, ya, dicha alfabetización. Sin embargo, observamos que en el lenguaje de los especialistas de la pedagogía, de la biblioteconomía, de las ciencias del ambiente, aún el de las ciencias de la salud, suele pasarse por alto el asunto de la alfabetización en sus disciplinas, tal vez porque se trata de algo -a primera vista- muy fundamental y básico, que se da por supuesto.
Pero es precisamente en la base de la idea de educación, adonde las nociones alfabetizadoras tienen un enorme potencial de transformación y de cambio. El fin de la alfabetización es la autonomía, la responsabilidad y el aprendizaje de por vida: un proyecto de vida conciente, creativo, único y por ello potencialmente alternativo.
Una persona autónoma y responsable debería ser capaz de regular sus procesos de autosostenimiento, autoaprendizaje, dirigir éticamente su labor creativa, su gestión tanto individual como grupal, en el marco del primer círculo de quienes le rodean, y también en el de las comunidades más extensas a las que está integrado.
El problema parece ser que hemos diseñado, alimentado y nutrido un sistema educativo, un sistema de medios masivos de comunicación y entornos laborales que promueven, o al menos parecen facilitar la desintegración y la atomización, aún la disolución, la dispersión de las individualidades.
Zapatero a tus zapatos -parece que es el leit motiv en muchas instancias educativas y aún científicas– y se hacen todos los esfuerzos para mantener intactas las murallas que mantienen estancos los cuerpos de conocimiento de las distintas especialidades, y a salvo los intereses -profesionales, en el mejor de los casos- de los miembros con la voz cantante.
Hacer algo distinto -se predice- lleva ya el signo del fracaso, en primer lugar, porque la eliminación de fronteras no conviene a esos cuerpos de intereses constituidos: la política. En segundo lugar, porque la inercia obliga a verlo todo desde la óptica de la propia disciplina y ¡qué difícil es adoptar un punto de vista diferente, ya no digamos contrario!
Precisamente la riqueza problemática en las «fronteras» disciplinarias, es lo que puede garantizar una serie de descubrimientos e integraciones, que el trabajo de investigación, disperso y atomizado por ahora, no se permite.
Las bibliotecas representan una matriz cultural, cognitiva e intelectual para los pueblos. Viendo la fortaleza -o las debilidades- del sistema bibliotecario en cualquier sociedad dada, podemos hacernos una idea bastante acertada de las inequidades y asimetrías que existen dentro de dicha sociedad.
Muchas injusticias sempiternas en nuestra sociedad tienen como fundamento, principalmente, la ignorancia del pueblo. Las que son producto de la violencia o el monopolio de las distintas fuerzas sociales -la religión, la educación, los medios, los cuerpos armados- tal vez sean más difíciles de desterrar. pero un pueblo medianamente informado debería ser capaz de redescubrir tarde o temprano el espíritu griego de la democracia.
No se trataría, entonces, nada más de una democracia representativa, que termina en el recuento numérico -ahora siempre sospechoso- de papeletas electorales, sino de una democracia participativa, de una verdadera representación y rendición de cuentas, en la que el funcionario público es conceptualizado realmente como un servidor público y en la que el gobierno es una continua autoevaluación del camino recorrido y del destino trazado.
Justo en la era de la información y del conocimiento, cuando la ubicuidad de la información y la movilidad de la conexión y el acceso a las redes de datos, van a propagarse como un polvorín en toda la sociedad -al menos, entre la que cuenta con recursos económicos para poder pagársela- que vemos, en Colombia, una interesante apuesta por las bibliotecas de libros -claro, dotadas con la más moderna tecnología para aprovechar también lo que ofrece la red Internet, que es mucho-: bibliotecas parques, centros culturales en el más amplio sentido de la palabra, enclavadas en aquellos lugares de las urbes colombianas adonde se hizo evidente la disrupción de la convivencia, el desgaste de las relaciones sociales y el agravamiento de todas las crisis la educativa, la económica, la de seguridad… Construyeron bibliotecas, allí adonde la juventud y la niñez, estaban en peligro: como obedeciendo el espíritu del verso de Hölderlin: «Allí donde se vive en peligro, crece lo que salva».
Bibliotecas, computadoras y libros, eso le están dando -sus legisladores- a los colombianos, que conocen y viven desde años atrás su propia versión de una guerra intestina. con un alto costo en vidas humanas.
¿No tendríamos que ver con más detenimiento experiencias como ésta, y aprender de ellas, ahora que en nuestro país andan sueltos los demonios de la inseguridad y la delincuencia? ¿Y si se dotara de inteligencia a las comunidades, construyendo bibliotecas-parque públicas y verdaderas bibliotecas escolares en los municipios y aún en las zonas apartadas, si se interconectaran plenamente, con texto, voz y video en la red, y se recrearan al menos virtualmente todas esas relaciones humanas que se han ido erosionando y deteriorando con la crisis?
¿La confianza así creada, no alentaría por lo menos el comercio, los intercambios de todo tipo entre regiones? ¿Los niños, olvidarían la llegada de los libros y las computadoras a esos espacios bien diseñados, atractivos, en nada semejantes a sus antiguas «bibliotecas públicas» oscuras, abandonadas, tristes, vacías? ¿Cuál sería el beneficio potencial para México si nos aseguraramos de crear las condiciones para formar, ya no digamos 8 millones de ninis bibliófilos, sino al menos 8 millones de ninis lectores?



Valor e importancia de los recursos de información

Las universidades públicas mantienen una oferta importante, interesante, de recursos de información que se contratan, desarrollan y mantienen con recursos públicos.
La vida académica de las universidades debería girar en torno a los problemas sociales, económicos y culturales que demandan solución imperiosa, aprovechando, para encontrar dichas soluciones, los recursos de información más adecuados existentes en el orbe.
No obstante, hay que advertirlo, parece existir una cultura de la autosatisfacción de la demanda de información entre muchos docentes, investigadores y estudiantes. ¿Cuáles son las consecuencias de dicha cultura? ¿Qué ocurre cuando académicos y bibliotecarios trabajan separados, sin una estrecha comunicación y sin conocer bien a bien, lo que piensan unos de otros, y especialmente sin que se conozcan las necesidades y las propuestas de todos?
Sin duda, la red de redes -Internet- ha facilitado que cualquier persona pueda obtener vasta información en pocos instantes y, en función de cuán hábil es la persona para hacer las consultas y cuán flexible es para enriquecer sus estrategias de búsqueda, la información puede ser desde pobre y poco confiable desde el punto de vista académico, hasta muy valiosa.
Para sortear el problema de la calidad de la información, que es fundamental en cualquier proceso de generación, construcción y organización del conocimiento, las bibliotecas universitarias mantienen convenios de servicio con proveedores de información ampliamente reconocidos en el mercado de información y editorial a nivel internacional. La experiencia compartida entre instituciones de educación superior, y la demanda de información por parte de sus cuerpos académicos, conforma el acervo o los repositorios con que éstas proveen de información a sus docentes, investigadores y estudiantes.
A partir de la experiencia que hemos acumulado en los servicios bibliotecarios, podemos postular dos hipótesis: la primera es que los docentes, investigadores y estudiantes están autosatisfaciendo sus necesidades de la mejor manera que pueden, muchas veces pasando por alto la existencia de los servicios bibliotecarios; la segunda es que los bibliotecarios han estado extendiendo una oferta más que generosa de recursos de información de excelente calidad, de la que poco están informados por diversas razones los universitarios y acaba por ser subutilizada.

La cultura del autoservicio de información, en la que de manera individual cada integrante de la comunidad universitaria se autoprovee de los recursos de información que están a su alcance, o conforme a sus habilidades, debe ser elevada a una cultura de la compartición de información, a la comparación y discusión sobre las fuentes de información impresas y electrónicas que utilizamos, en busca de las más adecuadas y pertinentes,  a una cultura de la búsqueda de la excelencia en términos de la actualidad, autoridad y completitud de la información que manejamos, información que forma parte -o debería formar parte- de nuestros planes y programas de estudio, de nuestros programas académicos y nuestros proyectos institucionales.
La información ha tenido siempre y mantendrá siempre esa condición de ser un elemento de importancia estrátegica para la acción. Por lo anterior, es importante que los universitarios den a conocer cuáles son sus necesidades de información a los académicos y a los bibliotecarios, y si no están muy seguros de cuáles son esas necesidades de información, es posible que organizados en comités, uno por cada facultad e instituto, y trabajando con bibliotecarios interesados en el asunto,  se elaboren mapas de necesidades de información, para que las adquisiciones de recursos y servicios de información correspondan, de la mejor manera, con dichos mapas y resuelvan en la mayor medida posible dichas necesidades de información. Un punto de partida seguro, para establecer dichos mapas de necesidades de información, puede ser la consideración meticulosa de los planes y programas de estudio, comparando dichos planes y programas con los existentes en otras partes del mundo, con la bibliografía actualizada que generan las diversas casas editoriales nacionales y extranjeras y considerando tanto como sea posible el estado del arte del conocimiento en cada disciplina. Estas consideraciones, por tanto, demandan la socialización de nuestros conocimientos y la determinación del alcance de nuestros saberes en los diversos terrenos de las ciencias y las humanidades. De esa manera, reconociendo lo que sabemos y admitiendo lo que no sabemos, podemos crear un paisaje informativo -nuestro paisaje informativo- más definido, uno que nos permita conocer cuáles son los terrenos con los que estamos familiarizados y aquellos sobre los que requerimos bibliografía nueva, o acceso a bases de datos, que nos sirvan como una «cartografía del saber».
En nuestra búsqueda de la excelencia informativa, además, debemos tener en cuenta las diversas modalidades y soportes de la información. Actualmente existen excelentes fuentes de información de acceso público, pero muchas fuentes de información de primera magnitud son productos que comercializan casas especializadas en ciertas áreas. Otras fuentes de información pueden encontrarse en formatos sonoros, ópticos, magnéticos, etcétera.
Por otro lado, debemos considerar la propia información que producen los claustros, laboratorios y gabinetes de investigación en nuestras universidades. Al ser esta investigación financiada con recursos públicos, existe en principio un compromiso ético de compartir y difundir tanto como sea posible dicha información. Debemos cerrar el ciclo de la información-conocimiento que va desde la lectura hasta la publicación, y lograr que más universitarios estén enterados e interesados en lo que produce como nueva información la propia universidad. La diversidad, la libertad y la claridad conceptual que alcancemos, como consecuencia de un proceso semejante, será determinante para conformar nuestro bagaje cultural como universitarios, pero sobre todo como seres humanos inmersos en una sociedad agobiada por la incertidumbre, pero capaces de encontrar soluciones.
En un país en crisis, como el nuestro, la crisis más grave en un siglo, los universitarios debemos y podemos hacer un esfuerzo adicional para comenzar a poner en orden el vasto campo de nuestros intereses universitarios y trabajar para enriquecer, fortalecer o ampliar aquellas áreas en que ésto sea necesario.

La sociedad nutre en todos los aspectos a la Universidad, por lo que nuestra deuda mayor es con ella, pues ella nos dota de toda nuestra razón de ser y de todo nuestro sentido.



Muchos estudiantes no van a estar felices con ésto

Sin embargo, en virtud de una educación más integral, que incluya el respeto al derecho de autor y la sana costumbre de dar el crédito, de no abusar del texto preparado con dificultad por otros, en fin, de poner en práctica las capacidades propias de las personas alfabetizadas informacionalmente, Approbo es una herramienta gratuita, cuyo registro no toma más de 3 minutos y que le permitirá a cualquier profesor interesado -ésto es lo importante- en saber de dónde y en qué proporción, un estudiante presenta como propio un texto que, previsiblemente ha sido armado a base del típico «copiar-pegar» o «copy-paste» de fuentes indistintas de Internet.

Approbo tiene una utilidad variada. Permite comparar el texto elaborado por el estudiante con la fuente más probablemente relacionada, independientemente del idioma. Permite saber el porcentaje de la «transcripción» o «copia» que hizo el estudiante, y permite conocer el documento fuente de donde se obtuvo presumiblemente el texto. Esta triple funcionalidad es todo un regalo navideño para los docentes universitarios que «no tienen tiempo» -¿y quién lo tiene?- para hacer revisiones exhaustivas de los trabajos académicos encomendados.

Para los investigadores, también resulta muy interesante conocer las fuentes probables de algún documento, y con estas dos vertientes de servicio, Approbo es un acierto total que seguramente verá crecer su base de usuarios de un modo impresionante en el tiempo venidero.

Felicidades a Citilab por esta aportación para hacer del mundo académico un lugar más transparente y para reducir el plagio.

P.D.: Una alternativa al empleo de Approbo es diseñar las actividades de investigación y búsqueda de información de tal manera que copiar y pegar no sea la estrategia más adecuada para cumplir con las mismas. La elaboración de productos como cuadros, tablas comparativas, mapas conceptuales y otro tipo de documentos, como ensayos, entrevistas, crónicas, etc., pueden ayudar a reducir el plagio, e incentivar más a los alumnos a buscar información y a procesarla de manera analítica y crítica.

Otra actividad posible para desatar procesos de autoaprendizaje e investigación autónoma, que por años ha estado al alcance de los profesores, pero para la cual deben tomar por aliados y cómplices a los bibliotecarios, son las «búsquedas del tesoro».



¿Qué valor tiene, para la sociedad, la labor de los bibliotecarios?

Cuando se aborda el estudio científico –usualmente, desde la sociología- de las profesiones, la primera dificultad con que se tropieza es con la definición misma de lo que es una profesión.
Según algunos autores: “una profesión esta basada en el estudio, entrenamiento o experiencia especializados, cuyo propósito es ofrecer servicios cualificados o de asesoramiento a otros, o proporcionar servicios técnicos, o de gestión a organizaciones, a cambio de una recompensa o un salario.”
Otros autores proponen una definición y una caracterización más exhaustiva de lo que una profesión es. Así, se ha llegado a proponer el siguiente conjunto de rasgos, que distinguen a cualquier profesión:
* Una profesión implica una habilidad basada en el conocimiento teórico.

* La habilidad requiere entrenamiento extensivo e intensivo, así como educación.

* El profesional debe demostrar competencia al aplicársele una prueba.

* La profesión es organizada y es representada por asociaciones de carácter distintivo.

* La integridad de la profesión es mantenida por la adherencia a un código de conducta o de ética.

* El servicio profesional es altruista.

* El profesional asume responsabilidad por los asuntos de los demás.

* El servicio profesional es indispensable para el bien público.

* Los profesionales tienen una licencia para ejercer su actividad, de modo que su trabajo es sancionado por la comunidad.
* Los profesionales son personas independientes que sirven a clientes particulares.

* Tienen una relación fiduciaria con sus clientes.

* Hacen su mejor esfuerzo para servir a sus clientes de manera imparcial, sin tener en cuenta una relación especial

* Son recompensados con el pago de honorarios o con una remuneración fija.

Es una aspiración que cualificación del quehacer del bibliotecario corresponda a la de una profesión. Sin embargo, el reconocimiento social, el status y el prestigio conferido a la misma, está lejos de ser el que merece. Socialmente, el trabajo bibliotecario parece subvalorado y ubica a quienes lo ejercen en el nivel de practicantes de un oficio o de una semi-profesión cuando no se les asocia, equivocadamente, como almacenistas o custodios de recursos documentales.

Parece existir una brecha –y se trata de una brecha preocupante- entre lo que la sociedad espera de los bibliotecarios en ejercicio, y lo que recibe efectivamente de este gremio en términos de servicios. Al mismo tiempo, los bibliotecarios se debaten cotidianamente con un estereotipo negativo (que se alimenta con la atribución de rasgos de carácter como: introversión, mutismo, conservadurismo, etc.), estereotipo que habrá de modificarse si la profesión pretende ocupar posiciones influyentes y de liderazgo, de cara a la sociedad de la información y el conocimiento.

Estas y algunas otras cuestiones relacionadas, se desarrollarán en el marco del 4º. Congreso del Colegio Nacional de Bibliotecarios, que tendrá lugar los días 1º y 2º de Octubre de 2009, en las instalaciones de la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información de Xalapa. Se invita a la comunidad universitaria y al público en general interesado en estos asuntos a que nos honre con su presencia en este evento. Para mayor información, visite la página del evento en: http://www.cnb.org.mx/congresos



Reflexiones sobre las XL Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía (Acapulco, Gro.)

Enmedio de una de las peores crisis económicas de la historia del país, y en la víspera de la publicación del plan económico del gobierno federal para el año 2010, un plan que pone la mira sobre la recaudación de más impuestos, inclusive a actividades cuyo desarrollo es vital para el crecimiento del país, como son las telecomunicaciones y el servicio de internet, se reunieron en Acapulco, Guerrero, bibliotecarios profesionales y estudiantes de las carreras de bibliotecología de todo el país, a discutir en foros un conjunto de ponencias, bajo el tema «Usuarios: Oferta y demanda informativa de las bibliotecas», en la XL Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía, que organiza la Asociación Mexicana de Bibliotecarios A.C.
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¿Qué normas o estilos para citas bibliográficas usamos?

En la elaboración de documentos académicos, investigadores, docentes y estudiantes, debemos incluir por lo regular un apartado de bibliografía o referencias bibliográficas. Esto es la base documental de la que depende la veracidad, confiabilidad, autoridad, actualidad y calidad de nuestro trabajo como investigadores, docentes y estudiantes.

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Hasta el 2 de febrero de 2009 se podrá comentar el borrador completo de DAR

Aunque este blog ha sido concebido como un medio de comunicación con los usuarios de las bibliotecas universitarias en primer lugar, es decir estudiantes, docentes e investigadores, también se pretende que, cuando sea oportuno, permita difundir información de interés para los bibliotecarios.

Por tal motivo esta contribución hace notar la existencia del borrador completo de las nuevas reglas de catalogación denominadas Descripción y Acceso de Recursos, que es el fruto de varios años de consideraciones por un conjunto internacional de bibliotecarios interesados en la necesaria adecuación y actualización de los estándares para la descripción de recursos de información, para ponerlos a tono con los cambios, mejoras y potencialidades de las nuevas tecnologías de información.

El borrador -que puede leerse en inglés- comprende 10 secciones integradas por 37 capítulos e incluye además Apéndices de la A la M, relativos a aspectos particulares sobre el tratamiento de la información de los registros que se elaborarán bajo la nueva normativa.

El portal RDA Online ofrece una tabla de contenido y un capítulo 0 del borrador, el cual contiene la introducción a la nueva normatividad.

En la primera sección del documento (capítulos 1 al 4), se abordan los lineamientos generales para el registro de los atributos de las manifestaciones e ítems.

La segunda sección de las 10 que integran el documento se refiere al registro de atributos para obras y expresiones; al asunto se dedican tres capítulos. El registro de atributos de personas, familias y entidades corporativas es materia de los capítulos 8 al 11 de la tercera sección.

La cuarta sección está dedicada al registro de atributos de conceptos, objetos, eventos y lugares, temas a los que están dedicados los capítulos 12 al 16.

La quinta sección, cuyo único capítulo es el 17, se refiere al registro de las relaciones primarias o principales entre obras, expresiones, manifestaciones e ítems.

El registro de las relaciones de personas, familias y entidades corporativas asociadas a un recurso de información es materia de los capítulos 18 al 22, de la sexta sección.

Las relaciones de asuntos o materias, se abordan en el capítulo 23, único de la séptima sección.

La sección octava está dedicada al registro de otras relaciones entre obras, expresiones manifestaciones e items (capítulos 24 al 28).

La sección novena da cuenta del registro de relaciones entre personas, familias y entidades corporativas, en los capítulos del 29 al 30.

La décima y última sección, da cuenta de los lineamientos para el registro de las relaciones entre conceptos, objetos, eventos y lugares.

En los apéndices se da cuenta de aspectos específicos de los nuevos lineamientos, como los referentes al uso de mayúsculas (Apéndice A), abreviaturas (Apéndice B), uso de artículos (Apéndice C), etcétera.

Este borrador incluye, por último, un Glosario.

Puesto que se trata de un trabajo de alcance internacional la versión definitiva de este documento será consultable en español, pero las entidades que lo consideren necesario pueden partir de la versión en inglés para emitir comentarios para la mejora de estas normas; el plazo para emitir dichas observaciones vence el 2 de febrero de 2009.



¿Conoce la Ley General de Bibliotecas de 1988 y sus resultados?

Siendo presidente Miguel de la Madrid Hurtado, en 1988, se decretó la Ley General de Bibliotecas que establece con detalle una definición de lo que es una biblioteca pública, establece la creación de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y la integración y desarrollo de un Sistema Nacional de Bibliotecas, cuya coordinación y desarrollo quedaría a cargo de la SEP.

Uno de los propósitos de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas es la integración de los recursos bibliográficos del país, y la coordinación de servicios y operaciones de todas las bibliotecas del sistema educativo nacional. Los trabajos que en el ámbito bibliotecario debe realizar la Secretaría de Educación Pública y las secretarías de educación estatal son tan diversos que mueve a pensar cuánto se habrá avanzado, dando cumplimiento real a esa ley, en los 20 años que han pasado desde su promulgación.

Ahora contamos con una nueva ley, que complementa a aquella: la Ley de Fomento al Libro y la Lectura… ¿pasarán otros 20 años para que se vea algún resultado?

¿Usted, lector, qué opina?

(Audio de este post en formato MP3)