Universidad Veracruzana

Kaniwá

Bibliotecas, Información y Conocimiento



Realidades del servicio bibliotecario

Jennifer Benson publicó recientemente la siguiente nota titulada: Stop al cierre de bibliotecas, en 20minutos.es.

«Me acabo de acercar a nuestra biblioteca, el Centro Cultural de Buenavista en la Avda. de los Toreros, para sacar un DVD para mi hija y me han informado de que a partir del día 16 de octubre no van a abrir por las tardes por falta de personal. ¿Cómo puede ser que una biblioteca al servicio de todos los ciudadanos, desde los más pequeños hasta los más mayores, tenga un horario restringido?

¿A dónde van a ir los niños de edad escolar para hacer los deberes y los proyectos? ¿Y esos niños un poco más mayores que tengan que esperar hasta que mamá o papá termine de trabajar para poder irse a casa y que pasan allí la tarde leyendo o navegando por internet? ¿Es esto la mejor manera de fomentar la lectura entre los más pequeños? Me parece un insulto y una vergüenza que nos quiten un servicio público y que priven a los niños de este barrio y de esta ciudad de la posibilidad de conocer otros mundos a través de la lectura, los cuentacuentos y otras actividades relacionadas. ¡Stop al cierre de las bibliotecas!»

Esto allá, del otro lado del mar, en España. Aquí las bibliotecas pueden carecer de personal, tener colecciones obsoletas, tener horarios ridículos o de plano estar cerradas. Nadie hace ni dice nada. Tal vez el abandono en que hay muchas bibliotecas en el país explique entre otras cosas el rezago educativo, la desigualdad económica y el analfabetismo funcional galopante.

Con la crisis económica golpeando todos los días nuestros bolsillos, ya hemos dicho aquí que los tiempos sin dinero y sin trabajo se pasan mejor con bibliotecas. Pero son peores los tiempos sin bibliotecas –aunque hubiera dinero. Invitamos a toda la comunidad universitaria a reforzar sus visitas a la biblioteca a buscar el libro que necesitamos leer para ahorrar más, para cuidar mejor nuestra salud, para conducir mejor nuestros negocios, para mejorar nuestras relaciones interpersonales, para comprender mejor nuestra sociedad y nuestro pasado.



El Referencista No. 5 ya está disponible para su descarga.

Ha transcurrido un año desde que se retomó la edición y publicación de el boletín electrónico trimestral «El Referencista». En ese tiempo hemos visto crecer el número de consultas a este blog, y el número de descargas de dicho boletín, y esperamos que los universitarios y el público en general hayan encontrado y sigan encontrando en ellos alguna información de utilidad. El boletín puede descargarse en versión PDF, desde el portal de la Dirección General de Bibliotecas. Reiteramos una cordial invitación para que nos hagan llegar en todo momento sus comentarios, dudas y sugerencias,  para mejorar el contenido y el sentido de ambos recursos de información y comunicación.



No vamos rumbo a Sudáfrica

«Pienso que debemos leer solamente la clase de libros que nos hieren, que se nos clavan como un puñal. Si el libro que leemos no nos despierta con un sobresalto ¿para qué lo leemos?… Necesitamos los libros que nos afectan como un desastre, que nos enlutan tanto como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como un exilio en un bosque lejos de todo y de todos, como un suicidio. Un libro debe ser como un hacha para abrir el mar de hielo que llevamos dentro». Franz Kafka.

No podemos pasar sin mencionar la nueva Ley de Medios que promulgó el gobierno de Argentina. Se trata -sin duda- de una ley progresiva, a tono con el caracter abierto y plural de la sociedad de la información y el conocimiento, que pone a ese país a la vanguardia en Latinoamerica en lo que se refiere a la participación social en los medios masivos de comunicación. Seguramente no pasará mucho tiempo antes de que se vean los frutos de esta apertura de dichos medios, contemplada en la ley, a las voces plurales de una sociedad diversa como la de aquel país, de la participación de enormes sectores hasta ahora relegados al silencio y la calidad de meros espectadores, que abrirá paso a una explosión de contenidos, un caleidoscopio visual que revelará la riqueza cultural y humana de la tierra de Gardel. Ahora que los monopolios de la televisión y la radio ya no tendrán -en aquel país- el control omnímodo sobre la producción y transmisión de contenidos hacia los hogares, es evidente que se alentará un proceso de autorreconocimiento social, de fortalecimiento de la identidad nacional y de los lazos que unen al pueblo del sur del hemisferio con toda la región. Se trata, ante todo, de una ley de medios para la democracia. ¡Cuántas lecciones por aprender! Qué contradictorio y paradójico resulta ver, por contraste, lo que está sucediendo en las entrañas de nuestro país. Por un lado, cientos de miles de personas, ahora mismo, sumidas en la incertidumbre sobre la fiabilidad de un servicio público elemental: la dotación de energía eléctrica, que es básica para la operación de escuelas y hospitales, la industria, el comercio y otros servicios, como el de abastecimiento de agua potable… y por otro lado, decenas de miles de personas literalmente liquidadas, puestas en la calle con una palmadita bienintencionada en la espalda, enfrentando la pérdida de derechos ganados por décadas de servicio, de derechos laborales constitucionalmente merecidos, y todos ellos, con sus familias, puestos de la noche a la mañana ante la perspectiva de la mera sobrevivencia y nebulosas ofertas de autoempleo y recontratación «bajo nuevos esquemas».

¿Qué no existe la Organización Internacional del Trabajo para emitir una opinión o una recomendación, en casos como el de la extinción súbita y forzada de Luz y Fuerza del Centro?

¿No se están atropellando derechos humanos fundamentales con las medidas que a algunos parecen de escándalo, del actual gobierno?

¿Es cierto que son más honerosas para la nación las prestaciones de 40 mil trabajadores que las pensiones vitalicias de un puñado de ex-presidentes y los múltiples seguros que usufructúan los funcionarios del primer nivel de gobierno?

Y, de ser cierto el despilfarro -que bien puede serlo- ¿por qué se toma es medida hasta ahora?

¿Por qué se creó un «falso caso», aduciendo la ilegitimidad de un líder sindical que sería desconocido de facto a las pocas horas?

¿Es posible desaparecer una agrupación gremial de un plumazo, así, ante los montones de convenios internacionales sobre el trabajo que haya firmado históricamente el gobierno?

Y en el fondo del asunto está, casi indudablemente, la concesión o licitación a particulares, de una poderosa infraestructura de telecomunicaciones -la fibra óptica que tomó muchos años tender a la paraestatal a lo largo y ancho del centro de la República-, el objeto de la codicia de grupos nacionales y extranjeros que, sin duda, verán crecer sus ganancias de manera asombrosa si se concreta este golpe contra la razón y la justicia en el país.

Si prevalece el interés particular sobre el interés colectivo, si prevalece el egoísmo sobre el altruísmo, si prevalece el despotismo sobre el derecho, no nos dirigiremos como nación «hacia Sudáfrica» -como reza la publicidad de un siempre comercializable mundial de futbol-, sino a la triste condición de un país de hambrientos y desposeídos, como Somalia o a la de un reino aún más agreste -si cabe- de aquel continente. ¿Podemos ignorar la historia?



Se requiere el compromiso de los bibliotecarios para el desarrollo del país

Los miembros de una profesión son guiados por motivos racionales para maximizar los beneficios sociales de su actividad, frecuentemente con base en una deontología. Por otro lado, los miembros de la sociedad, participan en el establecimiento de los requerimientos de servicio propios de una profesión –u oficio-, al tiempo que establecen las recompensas apropiadas cuando se cumplan los deberes esenciales del ejercicio profesional. Estas recompensas constituyen méritos que se expresan ante todo como un reconocimiento público. El prestigio de una profesión es la valoración del ejercicio profesional, tomando en cuenta el grado en que se satisfacen las necesidades sociales cuando se ejerce cierta profesión.
A lo largo de la historia del país, no se aprecian muchos periodos en que el reconocimiento social y el prestigio de la profesión de bibliotecario han alcanzado niveles importantes, significativos. Tal vez con la excepción del periodo de José Vasconcelos al frente de la Secretaría de Educación no hay momentos semejantes en que la alfabetización y los libros (así como, previsiblemente las bibliotecas y los bibliotecarios) ocuparan un lugar destacado en la agenda y la conciencia nacional.
Incluso en nuestros días, con la Ley General de Fomento al Libro y la Lectura y la Ley General de Bibliotecas, nuestro país aún no desarrolla los mecanismos que permitan articular a través de todos los niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) el funcionamiento más eficaz, socialmente relevante, de las bibliotecas y los profesionales de dichos servicios.
Para gran parte de la población, aunque pueda considerarla como una actividad más o menos valiosa, podría ver la labor del bibliotecario como una función complementaria o incluso prescindible, o como un trabajo menor, de apoyo para los escolares y los profesionistas. Sin embargo, cada día es más evidente que muchas de las problemáticas sociales, económicas y culturales de nuestro país, demandan la participación de bibliotecarios que puedan conectar o relacionar a los usuarios que demandan información con las fuentes clave, para resolver problemas de información, tomar decisiones y orientar acciones de manera informada.
Es urgente que los profesionales de las bibliotecas y la información se impongan la reflexión sobre el qué, el cómo, el por qué y el para qué de la función que realizan, en un contexto de cambios tecnológicos y ante una sociedad que ya no transita por los caminos de siempre, sino en un escenario de cambio, mutación, alentado por las necesidades económicas, por la provisión de satisfactores materiales para todos, a la vez que de esquemas de crecimiento o desarrollo sustentable, y por necesidades socioculturales y políticas, en el marco de sociedades plurales y democráticas y ante lo que algunos comparan con un tsunami de información.



Concluyó el 4o- Congreso del Colegio Nacional de Bibliotecarios

A continuación se esbozan algunas conclusiones de lo que pudimos captar desde nuestra condición de colaboradores y asistentes al Cuarto Congreso del Colegio Nacional de Bibliotecarios.

  1. Es muy importante que los bibliotecarios entiendan los cambios que ocurren a su alrededor y los aprovechen con el propósito de mejorar permanentemente los servicios que ofrecen.
  2. México cuenta con un enorme patrimonio cultural tangible e intangible que debe ser defendido, preservado y custodiado entre otros agentes culturales, por los bibliotecarios.
  3. La profesionalización del quehacer bibliotecario ha de ir acompañada de una definición muy clara y precisa de los conceptos que designan el objeto de estudio y los métodos de la bibliotecología.
  4. La homologación curricular de las escuelas de bibliotecología, y su ampliación a todas las entidades del país, será un paso necesario si se desea alcanzar un reconocimiento y prestigio social equivalente al de otras profesiones.
  5. Se debe trabajar al lado de otros profesionistas de otras disciplinas, estar atentos y escuchar las necesidades, e incluso anticipar las necesidades de las comunidades de usuarios, para mejorar los servicios.
  6. Debemos ver a las nuevas tecnologías de información y comunicación como nuestros instrumentos y como un aliado en el proceso de modernización de nuestro trabajo.
  7. Darle la espalda al cambio tecnológico sería suicida para bibliotecas y centros de información. Estamos tratando cada vez con usuarios más competentes y con demandas de información más precisas.
  8. Hay nuevos nichos que debemos ocupar antes de que otros competidores naturales en el terreno los llenen. Solamente la perspectiva humanista del bibliotecario puede anticiparse a los requerimientos de sociedades inmersas en procesos de cambio social, político y económico.
  9. No hay un modelo a seguir. Los éxitos que están logrando los bibliotecarios en otros países no pueden reproducirse en México, porque se trata de otras condiciones culturales y económicas. Debemos construir, inventar y apoyar nuestras propias soluciones. Para ello debemos desarrollar nuestra capacidad de liderazgo y de comunicación hacia otras esferas.
  10. Existe una gran demanda, una gran necesidad de bibliotecarios profesionales en el país. En Veracruz la mayor parte de los bibliotecarios practicantes tienen como nivel de educación máximo el bachillerato. Urgen soluciones en línea para llevar capacitación, entrenamiento y formación a todos esos bibliotecarios sobre una extensión geográfica muy vasta. Esto puede extrapolarse a nivel nacional.



¿Qué valor tiene, para la sociedad, la labor de los bibliotecarios?

Cuando se aborda el estudio científico –usualmente, desde la sociología- de las profesiones, la primera dificultad con que se tropieza es con la definición misma de lo que es una profesión.
Según algunos autores: “una profesión esta basada en el estudio, entrenamiento o experiencia especializados, cuyo propósito es ofrecer servicios cualificados o de asesoramiento a otros, o proporcionar servicios técnicos, o de gestión a organizaciones, a cambio de una recompensa o un salario.”
Otros autores proponen una definición y una caracterización más exhaustiva de lo que una profesión es. Así, se ha llegado a proponer el siguiente conjunto de rasgos, que distinguen a cualquier profesión:
* Una profesión implica una habilidad basada en el conocimiento teórico.

* La habilidad requiere entrenamiento extensivo e intensivo, así como educación.

* El profesional debe demostrar competencia al aplicársele una prueba.

* La profesión es organizada y es representada por asociaciones de carácter distintivo.

* La integridad de la profesión es mantenida por la adherencia a un código de conducta o de ética.

* El servicio profesional es altruista.

* El profesional asume responsabilidad por los asuntos de los demás.

* El servicio profesional es indispensable para el bien público.

* Los profesionales tienen una licencia para ejercer su actividad, de modo que su trabajo es sancionado por la comunidad.
* Los profesionales son personas independientes que sirven a clientes particulares.

* Tienen una relación fiduciaria con sus clientes.

* Hacen su mejor esfuerzo para servir a sus clientes de manera imparcial, sin tener en cuenta una relación especial

* Son recompensados con el pago de honorarios o con una remuneración fija.

Es una aspiración que cualificación del quehacer del bibliotecario corresponda a la de una profesión. Sin embargo, el reconocimiento social, el status y el prestigio conferido a la misma, está lejos de ser el que merece. Socialmente, el trabajo bibliotecario parece subvalorado y ubica a quienes lo ejercen en el nivel de practicantes de un oficio o de una semi-profesión cuando no se les asocia, equivocadamente, como almacenistas o custodios de recursos documentales.

Parece existir una brecha –y se trata de una brecha preocupante- entre lo que la sociedad espera de los bibliotecarios en ejercicio, y lo que recibe efectivamente de este gremio en términos de servicios. Al mismo tiempo, los bibliotecarios se debaten cotidianamente con un estereotipo negativo (que se alimenta con la atribución de rasgos de carácter como: introversión, mutismo, conservadurismo, etc.), estereotipo que habrá de modificarse si la profesión pretende ocupar posiciones influyentes y de liderazgo, de cara a la sociedad de la información y el conocimiento.

Estas y algunas otras cuestiones relacionadas, se desarrollarán en el marco del 4º. Congreso del Colegio Nacional de Bibliotecarios, que tendrá lugar los días 1º y 2º de Octubre de 2009, en las instalaciones de la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información de Xalapa. Se invita a la comunidad universitaria y al público en general interesado en estos asuntos a que nos honre con su presencia en este evento. Para mayor información, visite la página del evento en: http://www.cnb.org.mx/congresos



Una lectura imprescindible: Noam Chomsky sobre el momento planetario actual

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.
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Reflexiones sobre las XL Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía (Acapulco, Gro.)

Enmedio de una de las peores crisis económicas de la historia del país, y en la víspera de la publicación del plan económico del gobierno federal para el año 2010, un plan que pone la mira sobre la recaudación de más impuestos, inclusive a actividades cuyo desarrollo es vital para el crecimiento del país, como son las telecomunicaciones y el servicio de internet, se reunieron en Acapulco, Guerrero, bibliotecarios profesionales y estudiantes de las carreras de bibliotecología de todo el país, a discutir en foros un conjunto de ponencias, bajo el tema «Usuarios: Oferta y demanda informativa de las bibliotecas», en la XL Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía, que organiza la Asociación Mexicana de Bibliotecarios A.C.
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Inventar el libro, un texto de Juan Villoro

A continuación nos tomamos la licencia de reproducir un texto sorprendente y que nos anima a apreciar con nuevos ojos a los libros, las bibliotecas y el acto de leer.

Inventar el libro: Juan Villoro

4 de septiembre de 2009.

¿Qué tan novedoso debe ser un invento? La importancia de un producto suele depender de su capacidad de sustituir a otro. La tecnología necesita contrastes; sus aportaciones se miden en relación con lo que había antes. El inventor es el hombre que llega después.

Lo nuevo existe en serie: es la última parte de una secuencia, requiere de algo que lo anteceda. Esto lleva a una pregunta: ¿podemos inventar hacia atrás? ¿Qué pasa si le asignamos otro orden a la historia de la técnica?

Imaginemos una sociedad con escritura y alta tecnología, pero sin imprenta. Un mundo donde se lee en pantallas y se dispone de muy diversos soportes electrónicos. Abundan los receptores de textos e incluso se han diseñado pastillas con resúmenes de libros y métodos hipnóticos para absorber documentos. Esa civilización ha transitado de la escritura en arcilla a los procesadores de palabras sin pasar por el papel impreso. ¿Qué sucedería si ahí se inventara el libro? Sería visto como una superación de la computadora, no sólo por el prestigio de lo nuevo, sino por los asombros que provocaría su llegada.

Los irrenunciables beneficios de la computación no se verían amenazados por el nuevo producto, pero la gente, tan veleidosa y afecta a comparar peras con manzanas, celebraría la ultramodernidad del libro.

Después de años ante las pantallas, se dispondría de un objeto que se abre al modo de una ventana o una puerta. Un aparato para entrar en él.

Por primera vez el conocimiento se asociaría con el tacto y con la ley de gravedad. El invento aportaría las inauditas sensaciones de lo que sólo funciona mientras se sopesa y acaricia. La lectura se transformaría en una experiencia física. Con el papel en las manos, el lector advertiría que las palabras pesan y que pueden hacerlo de distintos modos.

La condición portátil del libro cambiaría las costumbres. Habría lectores en los autobuses y en el metro, a los que se les pasaría la parada por ir absortos en las páginas (así descubrirían que no hay medio de transporte más poderoso que un libro).

La variedad de ediciones fomentaría el coleccionismo; los pretenciosos podrían encuadernar volúmenes que no han leído y los cazadores de rarezas podrían buscar títulos esquivos y acaso inexistentes. Sólo los tradicionalistas extrañarían la primitiva edad en que se leía en pantalla.

En su variante de bolsillo, el libro entraría en la ropa y sería llevado a todas partes. Esta ubicuidad fomentaría prácticas escatológicas en las que no nos detendremos. Baste decir que acompañaría a quienes necesitaran de distracción para ir al baño.

Las más curiosas consecuencias del invento tardarían algún tiempo en advertirse. Una de ellas está al margen de la ciencia y la comprobación empírica, pero sin duda existe. El libro se mueve solo. Lo dejas en el escritorio y aparece en el buró; lo colocas en la repisa de los poetas románticos y emerge en un coloquio de helenistas. Las bibliotecas no conocen el sosiego.

El hecho de que incluso los tomos pesados se desplacen sin ser vistos representaría un misterio menor, como el de los calcetines a los que se les pierde un par en el camino a la azotea, si no fuera porque los libros se mueven por una causa: buscan a sus lectores o se apartan de ellos. Hay que merecerlos. El password de un libro es el deseo de adentrarse en él.

Las pantallas son magníficas, pero les somos indiferentes. En cambio, los libros nos eligen o repudian.

Otras virtudes serían menos esotéricas. ¡Qué descanso disponer de una tecnología definitiva! El sistema operativo de un libro no debe ser actualizado. Su tipografía es constante. Eso sí: su mensaje cambia con el tiempo y se presta a nuevas interpretaciones.

Para quienes vivimos en tristes ciudades en las que se va la luz, el libro representa un motor de búsqueda que no requiere de pilas ni electricidad.

Qué alegrías aportaría el inesperado invento del libro en una comunidad electrónica. Después de décadas de entender el conocimiento como un acervo interconectado, un sistema de redes, se descubriría la individualidad. Cada libro contiene a una persona. No se trata de un soporte indiferenciado, un depósito donde se pueden borrar o agregar textos, sino de un espacio irrepetible. Llevarse un libro de vacaciones significaría empacar a un sueco intenso o a una ceremoniosa japonesa.

Con el advenimiento del libro, la gente se singularizaría de diversos modos. Esto tendría que ver con los plurales contenidos y la manera de leerlos, pero también con el diseño. Los fetichistas podrían satisfacer anhelos que desconocían.

¿Hasta dónde podemos apropiarnos de un artefacto? El libro es el único aparato que se inventó para ser dedicado, ya sea por los autores o por quienes lo regalan. Qué extraño sería instalar un programa de Word dedicado con cariño a la esposa de Bill Gates. En cambio, el libro llegó para ser firmado y para escribir un deseo en la primera página.

Las novedades deslumbran a la gente. El libro ya cambió al mundo. Si se inventara hoy, sería mejor.



23 de septiembre de 2009, 9 de la mañana

El punto de reunión es la escalera que va del nivel de acceso al primer nivel, de la USBI Xalapa, y de ahí nos dirigiremos a una de las salas de lectura, adonde, junto con la Lic. Olivia Jarvio Fernández, coordinadora institucional de los Talleres de Lectura de la Dirección General de Bibliotecas de la Universidad Veracruzana, daremos inicio a un ciclo de Lecturas en voz alta, bajo el esquema que será presentado en su momento. Invitamos a los interesados en leer en voz alta, o simplemente en escuchar las lecturas, a acudir a esta cita. Las sesiones del ciclo tendrán lugar cada miércoles, a partir de la fecha señalada, a las 9 de la mañana y tendrán duración de una hora.
A manera de propuesta inicial, se leerán algunos cuentos de Ray Bradbury.