Universidad Veracruzana

Kaniwá: Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento

Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento



Pánuco, Irak

Sin duda la inercia, la desidia, la ignorancia, la desinformación y en el peor de los casos la negligencia y la irresponsabilidad, acumuladas por décadas, han ido conduciendo al país y a nuestra entidad a una situación insostenible desde muchos puntos de vista. Desde el económico y social, con su escaso desarrollo humano, desde el educativo con su monstruosa cifra de adolescentes y jóvenes, sin esperanza de realización humana en libertad e igualdad de oportunidades (los 7 y medio millones de «ninis», que adornan el trabajo de administraciones y liderazgos sindicales, como fruto de sus constantes esfuerzos por asegurarse condiciones de privilegio, personales o de grupo, a expensas de la inversión en educación y del fomento a la educación para todos, de por vida); sumemos a lo anterior el virtual estado de sitio que, en pocas horas, puede apoderarse de cualquier ciudad al norte, centro o sur del país.
En la estrategia de guerra contra el narcotráfico, aplicada a lo largo y ancho del país, parece que todo ha sido tomado en cuenta: la capacidad de fuego, la dimensión de la respuesta y las explicaciones que se darán ante la escalada de violencia y el mortífero poder de fuego empleado, menos la salud mental y la integridad personal de la población civil. Tal vez por eso indigna y preocupa en muchas partes del mundo ya el nivel que ha alcanzado la delincuencia en México.
Es dramático que en las mismas fechas en que las tropas de ocupación estadounidenses en Irak abandonan, al menos simbólicamente, el escenario de pasadas operaciones en busca de armas de destrucción masiva, el narcoterrorismo y su contrapartida oficial siembran la angustia y la desazón en las otrora pacíficas tierras veracruzanas, tamaulipecas, neoleonesas, etc.



La problemática ambiental como problemática cognitiva

Por desconocimiento, o aún con pleno conocimiento, la humanidad amenaza, desmantela, destruye y desarticula los ritmos y ciclos de la naturaleza, alterando también las condiciones para su propia subsistencia: reordena el espacio y transporta materiales a una velocidad pasmosa comparada con la velocidad con que lo hace la naturaleza. La actividad humana es disruptora de equilibrios y balances que son el resultado de microajustes entre los factores físicos del medio y la fauna y la flora -la biota- que tomaron millones de años en ocurrir. Nuestra ciencia, por muy avanzada que resulta en algunos casos, es una fuerza que opera en forma bruta, aún torpe y sin una conciencia completa de las consecuencias de sus acciones e intervenciones.

Por eso, porque el conocimiento que tenemos de las implicaciones y repercusiones de la actividad humana en el medio aún son inciertas, tanto a nivel individual como colectivo, el problema del impacto humano sobre el ambiente es un problema que tiene un importante componente cognitivo.

La educación y los medios de comunicación tienen una grave responsabilidad, en tanto que brindan información y conocimiento aplicable que la sociedad utiliza en su relación cotidiana con el medio ambiente.
Se trata de señalar que es todo el conglomerado de acciones y actividades humanas las que deben y pueden ser sometidas a revisión a la luz de la noción de sustentabilidad. ¿Cuántos recursos de diverso tipo se desperdician al día porque continuamos consumiendo y produciendo de la forma en que lo hacemos? ¿Cómo podemos incorporar nuestra actividad a los ritmos de la naturaleza, sin destruir con nuestros burdos esquemas la complejas sutilezas que preexisten en nuestro entorno?
Las bibliotecas de todo tipo juegan un papel importante en esta toma de conciencia, en este cambio de paradigma que nos conduce del estado actual de consumo compulsivo egoísta y ecocida, a una convivencialidad más allá de la neurosis, gozosa, altruista y biófila, que parte del reconocimiento permanente del status ontológico de los otros seres humanos, de las otras especies y de la totalidad la naturaleza.
Foto: Oak Tree Sunrise, de Ansel Adams.



Aquí comienza la libertad…

Trabajo en una biblioteca desde hace varios años. Empecé a ensayar el trabajar en una biblioteca -que básicamente consiste en desordenarla mientras se leen los libros e ir reordenándola al mismo tiempo, para poderlos localizar y releer- en la biblioteca de un tío, en mi infancia. En realidad, ahora lo sé, el trabajo de una biblioteca es muchas veces más complejo, involucra la participación de muchas personas y es una actividad colaborativa de creación social de conocimientos.
Desde niño siempre me fascinó que hubiera tanto por leer… los libros estaban ahí, esperando y había que poner manos a la obra.
Así lo hice, así lo he hecho, desde entonces hasta la fecha. Sin embargo, muy en contra de lo que pueda parecer, soy un pésimo lector. Lo confieso. A veces, los libros imponen un respeto y una autoridad que nos hace alejarnos de ellos: «ese libro es demasiado para mí»; pero otras veces son tanto o más entrañables que un hermano o una hermana, más atractivos que un amigo o un amante.
El libro guarda y brinda siempre el consejo que no nos puede dar por mil razones un padre, o una madre, un anciano, un maestro.
El libro nunca es ruín, aunque también es un hijo del hombre. Le salva, que espera.
El libro puede acumular polvo durante muchos años en un librero, en un estante, hasta que te percatas de su existencia, o te acuerdas de él o lo redescubres. Entonces vas, lo abres y éste empieza a decirte ese secreto tan bien guardado, y que sólo uno conoce: la verdad sobre uno mismo, la verdad sobre el mundo y sobre las cosas, la verdad sobre el Otro -que también en cierta forma es uno mismo-: la verdad del alma.
Yo por eso pienso que en todas las bibliotecas del mundo, las grandes y las pequeñas, las suntuosas y las humildes, debería haber una leyenda bien visible que dijera: «Aquí comienza la libertad…».



Dimensiones ecológica, económica y social de las bibliotecas

(Este documento está en desarrollo, gracias por sus comentarios y aportaciones).

  • ¿Qué es el desarrollo sustentable?
  • Tecnologías sucias
  • La biblioteca como nodo de actividades individuales y colectivas
  • La biblioteca como matriz de conductas sustentables e innovadoras
  • La biblioteca como reflejo de la diversidad ambiental y línea de defensa del ambiente
  • Por una agenda ambiental en las bibliotecas

¿Qué es el desarrollo sustentable?
La noción de desarrollo sustentable surge de la exigencia legítima, un reclamo de cambio, de una parte gigantesca de la humanidad que ve crecer la acumulación de riquezas y los índices de bienestar en unas pocas regiones, a costa de la exclusión y la humillación en que viven millones de personas, a lo largo y ancho del mundo, a costa del cambio climático global con su secuela de desastres por inundaciones, de los cambios en el regimen pluvial y sus efectos agrícolas, y de la destrucción de la naturaleza y el resto de las especies biológicas.

Desde el punto de vista de la sustentabilidad, las instituciones que heredamos del proceso histórico civilizatorio de los últimos veinte siglos, representan una fortaleza que debe ser puesta al servicio de los fines del desarrollo sustentable, de una nueva modernidad que supere y trascienda el individualismo económico y el hedonismo tecnológico, que resuelva el hambre de más de mil millones de seres humanos, el analfabetismo de cientos de millones de hombres y mujeres de todas las edades y la precariedad de vida o la franca supervivencia de comunidades enteras en lo países más pobres, que ponga un alto a las guerras de dominación y al saqueo de recursos naturales de naciones enteras, a manos de unos cuantos; no se trata de reanunciar un utopismo conservacionista romántico, hartamente superado, de un retorno a la naturaleza y a la vida simple y sencilla en el campo, en comunidades alternativas. Es preciso armonizar de manera democrática, y a escala masiva, nacional e internacional, global, los frutos del desarrollo institucional con lo mejor de la ciencia y la tecnología, ambiental y ecológicamente viables. Aprovechar los avances tecnológicos para ponerlos al servicio de una relación justa entre los hombres y de éstos con la naturaleza.

Tecnologías sucias
Muchos sectores industriales y sus líderes, encabezan la primera linea de resistencia al cambio a favor del medio ambiente y la naturaleza. Les interesa la sustentabilidad siempre y cuando puedan seguir manteniendo sus ganancias y conservando sus lucrativos negocios. Pensemos en la industria automotriz. Tiempo atrás ya ha sido viable, tecnológicamente, otra forma de transporte, eficiente, sustentable, que no contamine y que integre a las comunidades, lo opuesto a lo que ha logrado la pseudoreligión consumista del automotor individual de combustión interna: «dime cuántos caballos de potencia tienes, y te diré de que nociones medioambientales adoleces».
Otras industrias generadoras de desechos tóxicos, son reacias a pagar el precio por la renovación de sus prácticas productivas y el tipo de materiales que emplean para producir sus productos de consumo. Aunque predomina la gadgetería con prestaciones impresionantes de pixelaje de sus cámaras, capacidades multimedia, acceso multimodal a la red, etcétera, ni Nokia, ni Google, ni Apple, ni Research in Motion han logrado imponer en la mente del consumidor -que no, como debería ser, ciudadano– el anhelo, la aspiración por un verdadero teléfono celular solar.
¿Qué porcentaje alcanzará la basura tecnológica entre los desechos urbanos, en los próximos años, cuando cada ser humano tenga o haya tenido ya uno o varios disposiivo de éstos? ¿Cuál será el destino de las baterías, carcasas, cables, etc.?
La industrialización ha dado frutos de enorme trascendencia, que configuran la globalización actual: dos muy destacables son el auge de la industria editorial y el desarrollo de la red mundial de información. En ese plano, las bibliotecas han crecido a ritmos desiguales al amparo de la incontenible industrialización; a pesar de ello, pueden constituirse a su vez en puntos de avanzada hacia una nueva cultura de la sustentabilidad.
El acopio de recursos de información que ha ocurrido de manera natural en las bibliotecas, debe y puede generar ahora una segunda ola de flujos de información hacia la sociedad: cómo manejar los residuos, cómo optimizar la energía, cómo aprovechar el espacio cultivable de manera racional, cómo diversificar y enriquecer la alimentación, cómo determinar la calidad del agua, el aire y el suelo, son saberes sobre los cuales existen documentos, obras científicas y técnicas, en las bibliotecas… falta el proceso de divulgación de dichos conocimientos, la capacitación del usuario, así como la participación más activa de las bibliotecas en la promoción de la dimensión ambiental de la vida de individuos y comunidades. Las bibliotecas representan un contrapeso natural a la esquizofrenia consumista de los medios masivos de comunicación y el culto a los excesos de todo tipo, que promueven. «El producto tal, que brinda la sensación más extrema, por desgracia, es también el más extremadamente nocivo para tu salud o para el ambiente».
Por otro lado, las bibliotecas son promotoras del aprovechamiento y uso óptimo de los recursos de información impresos y electrónicos, así como impulsoras de la digitalización y distribución electrónica de un volumen cada vez mayor de información, que de este modo no requiere el soporte impreso ni el consumo de tintas que no dejan de tener consecuencias para el ambiente.

La biblioteca como nodo de actividades individuales y colectivas
La biblioteca digital global, la red de bibliotecas digitales de todo el mundo, cuenta entre sus bondades directas e indirectas una mayor cobertura y distribución social del saber, así como con la preservación de recursos naturales como los árboles.
La biblioteca debe impulsar mecanismos para que las comunidades de aprendices-maestros y para que los ciudadanos todos en las diversas ramas de su actividad, aporten información relevante a las bibliotecas, información ciudadana, regional y para que se evite el dispendio de recursos como el papel.

La biblioteca como matriz de conductas sustentables e innovadoras
En la vertiente económica, las bibliotecas representan bancos de conocimientos e información, que son tan necesarios como el capital y el trabajo para activar los procesos económicos, con un agregado: que las bibliotecas prestan sus conocimientos sin réditos y que a diferencia del banco capitalista, los conocimientos depositados en el tesoro de la bibliotecas pueden compartirse prácticamente en forma inagotable, prestarse y distribuirse, sin que se agoten.

Un asunto aparte, relacionado con esto tiene que ver con la pérdida, mutilación y robo de libros, que no deja de ocurrir, lamentablemente aún en entornos cultos, como el universitario.

De la veta de conocimientos e información que salvaguarda la biblioteca, el ciudadano puede extraer riquezas incalculables que, si son adecuadamente aplicadas a la vida productiva, social y cultural en el campo y la ciudad, pueden hacer una enorme diferencia por su impacto económico, humano y civilizatorio.

Una economía creativa y el uso socialmente útil y provechoso del tiempo libre, pueden favorecerse y apuntalarse en un vasto, atractivo y siempre actualizado sistema de bibliotecas públicas, escolares y académicas.
En la literatura y la poesía, la humanidad puede reconocer el fruto de su esfuerzo de milenios, y reconocerse como la parte creadora y productora, en el plano de lo histórico, lo ético y lo estético.
Así, la biblioteca y sus recursos físicos y digitales, está llamada a atemperar los afanes consumistas e individualistas que impone como última motivación a los hombres el sistema mercantil; las bibliotecas pueden contribuir a que las justificaciones últimas que buscan los hombres a las limitaciones y precariedades reales de su existencia, no sean meramente materiales, o económicas, sino, principalmente sociales, históricas, éticas y estéticas.
Si privamos a los jóvenes y a los niños de los bienes incalculables de la cultura escrita e impresa que resguardan las bibliotecas, estaremos condenando a los ciudadanos a ser no más que meros engranes involuntarios e inconcientes de un mecanismo económico global, genocida y ecocida, que jamás será revisado, puesto en cuestión o en duda, con las consecuencias globales del caso.
Las bibliotecas tienden a ocupar espacios privilegiados dentro de las comunidades a las que sirven y cuentan con un prestigio merecido, que les es dado en asociación con su función como distribuidoras y preservadoras del saber. La preservación del saber de la humanidad, está íntimamente relacionada -o debería estarlo- con la preservación de la diversidad biológica y cultural de las regiones; así como la difusión y el conocimiento de las expresiones culturales está estrechamente relacionado con la vida de otras especies y con las interacciones del hombre en comunidad y con aquéllas, del mismo modo que con el paisaje y el entorno natural.

La biblioteca como reflejo de la diversidad ambiental y culltural y como línea de defensa del ambiente
Las bibliotecas representan por ello nodos activos de una red que abarca a la humanidad entera en el campo de la etnociencia y de las prácticas seculares productivas y culturales que en muchos casos caen en el olvido y están condenadas a perderse. Habrá que ver cuánto y cuál de ese conocimiento regional-local acumulado, apuntala una nueva ética a favor del entorno y un despliegue de capacidades regionales, en función de la herencia cultural y biológica que sustentan, para rescatar el medio ambiente.
Arte, ciencia y humanidades tienen cabida por igual en las bibliotecas, que deben promover el diálogo entre todas las disciplinas. El diálogo interdisciplinario debe permearse con esta preocupación por el ambiente, por el entendimiento entre los distintos enfoques disciplinarios, para diseñar una forma de desarrollo que mitigue el deterioro de la naturaleza, la desigualdad social y que aliente la expansión de una cultura de la información y el conocimiento a favor del hombre y del medio ambiente.
Las bibliotecas son espacios públicos por antonomasia, espacios de convivencia y diálogo al amparo de los ideales de la racionalidad y el humanismo basados en el conocimiento multicultural, por ende, constituyen ámbitos donde se alientan la cohesión social, el enriquecimiento intelectual recíproco entre los individuos, un reservorio de saberes para la comunidad, que refuerza, amplifica y multiplica la función de la escuiela, el centro de investigación y la universidad. A su modo, las bibliotecas suplen una función esencial en el terreno de la vida espiritual de las comunidades humanas, alternando ese papel con el de algunas iglesias.

Por una agenda ambiental en las bibliotecas
La biblioteca es, en cierto sentido, un templo laico a la humanidad y a la naturaleza -a través de la recogida, organización y puesta en circulación de las ciencias del hombre, del cosmos y de la naturaleza-, un «oráculo» apoyado ya no en la intermediación del chamán o del sacerdote y en la intervención o los favores de los espíritus o de los dioses, sino uno adonde el propio ciudadano despliega su inteligencia, agudiza su juicio, e interroga, escruta, busca, lee hasta que logra abrir sus ojos y sus oídos a las vastas realidades consignadas en los libros escritos en todas partes del mundo y a lo largo de todas las épocas.
En ese diálogo con el libro y con las redes de información en el ciberespacio, el ciudadano inevitablemente se encontrará con este llamado a un cambio de conciencia que le permita valorar, defender y cuidar de la naturaleza y de sí mismo.



La información y el conocimiento para una vida democrática está en las bibliotecas

Desde la decáda de los 60, en plena erupción de las luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos, algunos bibliotecarios estadounidenses enfatizaban ya el importante papel educativo, concientizador y de cambio social de las bibliotecas -en particular, el de las bibliotecas públicas-.
En nuestro país, tradicionalmente, las bibliotecas públicas han actuado como complemento o reemplazo de las diminutas -cuando existen- bibliotecas escolares y por ello, un segmento importante de la población tiene la idea de que las bibliotecas públicas sirven principalmente para que los estudiantes puedan ir a hacer sus tareas. Pero poco más que eso.
No obstante, las bibliotecas públicas -y las escolares, académicas- constituyen un bien social, un bien público, y por lo tanto un bien de interés público, que tiene por finalidad el garantizar el acceso, de todos los ciudadanos, a todo el conocimiento humano; en última instanca, así debería ser.
En realidad, la pobreza de la inversión pública en el ámbito de las bibliotecas públicas y de otros tipos, en nuestro país es un síntoma, o bien de la desinformación y, por lo tanto, de la insensibilidad de quienes toman las decisiones que afectan a este sector, olvidando o haciendo a un lado la obligación de un Estado verdaderamente democrático, de proveer a los ciudadanos información en cantidad y calidad suficiente, para que éstos a su vez puedan actuar como ciudadanos informados y responsables que mantengan vivos los rasgos de la democracia; o bien, aquello es evidencia del rechazo a que grupos crecientes de ciudadanos, informados y responsables, críticos y concientes gracias al acceso a la información y el conocimiento depositado en las bibliotecas, utilicen esos instrumentos de la razón y el intelecto, de la cultura, de la historia y de la ciencia, para diseñar alternativas, organizar y organizarse en acciones de largo aliento, con objetivos y metas claros, para transformar -de acuerdo a sus necesidades e intereses- las estructuras políticas, culturales y económicas existentes.
A la riqueza muchas veceses desestimada de las colecciones impresas de algunas bibliotecas públicas, académicas y escolares debe sumarse la inmensa oferta de información y conocimientos, muchos de ellos de acceso libre y gratuito, y que están depositados en la red mundial de Internet.
Han emergido en las dos últimas decádas nuevas posibilidades para la lectura y para la interacción con los conocimientos, que se suman a la oferta de servicios tradicionales de las bibliotecas, que complementan y refuerzan dichos servicios con modalidades virtuales o electrónicas.

Por lo anterior, y por que las bibliotecas son espacios ideales para realizar una extensa oferta de acceso a la tecnología de la información, se refuerza el papel de éstas en la transformación de nuestra sociedad.
Los bibliotecarios no podemos obviar, ni ser indiferentes a los ofensivos contrastes socioeconómicos, la insuficiencia de oportunidades reales para los productores, los manufactureros y los comerciantes del país, ya no digamos oportunidades para competir, sino tan sólo para participar activamente en los mercados internos y externos, ni podemos se ajenos al escaso o nulo acceso de la juventud a una oferta consistente, permanente y variada, de opciones para acceder a la cultura, la salud, la educación y un empleo digno; la acción de los bibliotecarios es indispensable para procurarnos una sociedad más igualitaria y justa, una adonde los individuos adopten concientemente una forma de vida basada en los valores de la democracia, la fraternidad, la sustentabilidad.
No se trata solamente de cubrir los requisitos formales de una democracia representativa -un modelo que cada día parece más insuficiente-, brindando información a los potenciales electores, sino de que los espacios bibliotecarios contribuyan a la búsqueda de una democracia participativa, en la que vida política y la vida privada de los individuos no sean más como compartimentos ajenos o estancos, sino adonde cada ciudadano asuma esa responsabilidad y esa congruencia que debe existir entre la vida privada y la pública en un sistema de vida democrático, como la que señalaba Pericles en su Discurso Fúnebre, pues «[…] no es posible que tomen decisiones equitativas y justas, quienes no exponen a sus hijos a que corran peligro como los demás».
Los 7 y medio millones de ninis -como ya se conoce a los jóvenes que ni estudian, ni trabajan- que hay en el país -como acusa el rector Narro, de la UNAM- son el fruto de las decisiones  de sus padres, tomadas en los últimos 30 o 40 años.
De haber actuado en lo político y decidido en lo electoral de un modo distinto, todo ese potencial, hoy, estaría rindiéndole al país un lugar destacado en el ámbito internacional, viviríamos una de las etapas más dinámicas de nuestra historia: veríamos un florecimiento del genio y la cultura, de la ciencia, el arte y la tecnología, etc., pero no es así.
El destino a mediano y largo plazo de este número gigantesco de jóvenes es incierto, a falta de políticas públicas que, como en el caso de Colombia, orienten el esfuerzo social, entre otras medidas en el ámbito socioeconómico, educativo y cultural, a la creación de numeros espacios bibliotecarios, sumamente atractivos y bien equipados, en áreas cercanas a la población pobre, en la periferia de las ciudades -aún en regiones conflictivas-  para brindar, en primer lugar, la oportunidad de que cada ciudadano se haga de una educación informal, audodidacta, de una formación basada en sus inquietudes e intereses, entre la lectura de libros y de la información disponible en las redes de datos, el diálogo y el intercambio, con la asesoría de bibliotecarios capacitados y con un alto espíritu de servicio y compromiso social, para avanzar en la construcción de una nueva ciudadanía, más informada y creativa, participativa, responsable y dispuesta a hacer frente al rezago económico y la injusticia social, no por la vía de las drogas, las armas y el delito, sino por la vía del trabajo conjunto, la creatividad y la participación en la vida política.
La realidad del país nos plantea un grave dilema: condenamos a 7 y medio millones de jóvenes a la demencia del mercado de las drogas y las armas, los abandonamos para que los absorban en sus filas los enemigos de México, o abrimos espacios bibliotecarios a lo largo y ancho del país adonde esos millones de jóvenes puedan acudir a aprender cosas nuevas, a nutrir su inteligencia con la cultura universal; o los involucramos en un gran proyecto de reactivación nacional basada en la educación para adultos, el fomento a la lectura y el uso inteligente de las nuevas tecnologías, o simplemente esperamos a que sigan cayendo sin vida, como frutos cosechados a destiempo, derramada su sangre inútilmente sobre los aparentemente interminables campos de la muerte.
(Imagen: Wikimedia Commons. Discurso fúnebre de Pericles).



Alfabetización informacional, científica y ambiental

Aunque a nivel internacional es creciente el interés por la alfabetización en información -o más correctamente: alfabetización informacional (AI), es decir aquella alfabetización relacionada con la capacidad de cada individuo, para definir sus propias necesidades de información, el conocimiento de y la habilidad para utilizar las fuentes de información que permiten resolver dichas necesidades y el uso eficaz, ético y legal de la información así obtenida, para los fines individuales y colectivos que se plantea-; por más que en algunos círculos bibliotecarios y bibliotecológicos, la AI aún es una idea marginal, considerada como un matiz de las actividades académicas de las instituciones educativas, adonde las bibliotecas suelen estar enclavadas, la alfabetización informacional es un asunto pendiente de una profunda reflexión colectiva, reflexión que cobra cada día mayor urgencia e importancia.
Lo mismo se puede decir de las otras alfabetizaciones, que pueden verse como preparaciones indispensables para una ciudadanía plena, efectiva, en una sociedad cada vez más convulsa y compleja, arrastrada de manera incesante hacia diversas contradicciones: entre la tecnología y la naturaleza, el bien individual y el colectivo,  el mercado, la mercadotecnia y las variadas formas de realización humana. Hablamos de la alfabetización científica y la ambiental, que suponen o implican también una alfabetización para los medios de comunicación, para los derechos humanos y para la salud, en suma: todas las alfabetizaciones que suponen lo que podría considerarse en el fondo una alfabetización política.
Se piensa que la escuela y las experiencias educativas formales brindan, ya, dicha alfabetización. Sin embargo, observamos que en el lenguaje de los especialistas de la pedagogía, de la biblioteconomía, de las ciencias del ambiente, aún el de las ciencias de la salud, suele pasarse por alto el asunto de la alfabetización en sus disciplinas, tal vez porque se trata de algo -a primera vista- muy fundamental y básico, que se da por supuesto.
Pero es precisamente en la base de la idea de educación, adonde las nociones alfabetizadoras tienen un enorme potencial de transformación y de cambio. El fin de la alfabetización es la autonomía, la responsabilidad y el aprendizaje de por vida: un proyecto de vida conciente, creativo, único y por ello potencialmente alternativo.
Una persona autónoma y responsable debería ser capaz de regular sus procesos de autosostenimiento, autoaprendizaje, dirigir éticamente su labor creativa, su gestión tanto individual como grupal, en el marco del primer círculo de quienes le rodean, y también en el de las comunidades más extensas a las que está integrado.
El problema parece ser que hemos diseñado, alimentado y nutrido un sistema educativo, un sistema de medios masivos de comunicación y entornos laborales que promueven, o al menos parecen facilitar la desintegración y la atomización, aún la disolución, la dispersión de las individualidades.
Zapatero a tus zapatos -parece que es el leit motiv en muchas instancias educativas y aún científicas– y se hacen todos los esfuerzos para mantener intactas las murallas que mantienen estancos los cuerpos de conocimiento de las distintas especialidades, y a salvo los intereses -profesionales, en el mejor de los casos- de los miembros con la voz cantante.
Hacer algo distinto -se predice- lleva ya el signo del fracaso, en primer lugar, porque la eliminación de fronteras no conviene a esos cuerpos de intereses constituidos: la política. En segundo lugar, porque la inercia obliga a verlo todo desde la óptica de la propia disciplina y ¡qué difícil es adoptar un punto de vista diferente, ya no digamos contrario!
Precisamente la riqueza problemática en las «fronteras» disciplinarias, es lo que puede garantizar una serie de descubrimientos e integraciones, que el trabajo de investigación, disperso y atomizado por ahora, no se permite.
Las bibliotecas representan una matriz cultural, cognitiva e intelectual para los pueblos. Viendo la fortaleza -o las debilidades- del sistema bibliotecario en cualquier sociedad dada, podemos hacernos una idea bastante acertada de las inequidades y asimetrías que existen dentro de dicha sociedad.
Muchas injusticias sempiternas en nuestra sociedad tienen como fundamento, principalmente, la ignorancia del pueblo. Las que son producto de la violencia o el monopolio de las distintas fuerzas sociales -la religión, la educación, los medios, los cuerpos armados- tal vez sean más difíciles de desterrar. pero un pueblo medianamente informado debería ser capaz de redescubrir tarde o temprano el espíritu griego de la democracia.
No se trataría, entonces, nada más de una democracia representativa, que termina en el recuento numérico -ahora siempre sospechoso- de papeletas electorales, sino de una democracia participativa, de una verdadera representación y rendición de cuentas, en la que el funcionario público es conceptualizado realmente como un servidor público y en la que el gobierno es una continua autoevaluación del camino recorrido y del destino trazado.
Justo en la era de la información y del conocimiento, cuando la ubicuidad de la información y la movilidad de la conexión y el acceso a las redes de datos, van a propagarse como un polvorín en toda la sociedad -al menos, entre la que cuenta con recursos económicos para poder pagársela- que vemos, en Colombia, una interesante apuesta por las bibliotecas de libros -claro, dotadas con la más moderna tecnología para aprovechar también lo que ofrece la red Internet, que es mucho-: bibliotecas parques, centros culturales en el más amplio sentido de la palabra, enclavadas en aquellos lugares de las urbes colombianas adonde se hizo evidente la disrupción de la convivencia, el desgaste de las relaciones sociales y el agravamiento de todas las crisis la educativa, la económica, la de seguridad… Construyeron bibliotecas, allí adonde la juventud y la niñez, estaban en peligro: como obedeciendo el espíritu del verso de Hölderlin: «Allí donde se vive en peligro, crece lo que salva».
Bibliotecas, computadoras y libros, eso le están dando -sus legisladores- a los colombianos, que conocen y viven desde años atrás su propia versión de una guerra intestina. con un alto costo en vidas humanas.
¿No tendríamos que ver con más detenimiento experiencias como ésta, y aprender de ellas, ahora que en nuestro país andan sueltos los demonios de la inseguridad y la delincuencia? ¿Y si se dotara de inteligencia a las comunidades, construyendo bibliotecas-parque públicas y verdaderas bibliotecas escolares en los municipios y aún en las zonas apartadas, si se interconectaran plenamente, con texto, voz y video en la red, y se recrearan al menos virtualmente todas esas relaciones humanas que se han ido erosionando y deteriorando con la crisis?
¿La confianza así creada, no alentaría por lo menos el comercio, los intercambios de todo tipo entre regiones? ¿Los niños, olvidarían la llegada de los libros y las computadoras a esos espacios bien diseñados, atractivos, en nada semejantes a sus antiguas «bibliotecas públicas» oscuras, abandonadas, tristes, vacías? ¿Cuál sería el beneficio potencial para México si nos aseguraramos de crear las condiciones para formar, ya no digamos 8 millones de ninis bibliófilos, sino al menos 8 millones de ninis lectores?