Universidad Veracruzana

Kaniwá

Bibliotecas, Información y Conocimiento



Scirus: búsqueda de información científica (410 millones de objetos).

Scirus es la herramienta de investigación científica «más comprehensiva de la web» -al menos así lo declara en su portal. Con sus más de 410 millones de objetos científicos indizados, permite buscar y localizar no solamente el contenido de publicaciones periódicas y journals, sino también las páginas web de investigadores, courseware, borradores de investigación (pre-prints) en servidores colaborativos, así como en patentes, repositorios institucionales y sitios web.



La información y el conocimiento para una vida democrática está en las bibliotecas

Desde la decáda de los 60, en plena erupción de las luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos, algunos bibliotecarios estadounidenses enfatizaban ya el importante papel educativo, concientizador y de cambio social de las bibliotecas -en particular, el de las bibliotecas públicas-.
En nuestro país, tradicionalmente, las bibliotecas públicas han actuado como complemento o reemplazo de las diminutas -cuando existen- bibliotecas escolares y por ello, un segmento importante de la población tiene la idea de que las bibliotecas públicas sirven principalmente para que los estudiantes puedan ir a hacer sus tareas. Pero poco más que eso.
No obstante, las bibliotecas públicas -y las escolares, académicas- constituyen un bien social, un bien público, y por lo tanto un bien de interés público, que tiene por finalidad el garantizar el acceso, de todos los ciudadanos, a todo el conocimiento humano; en última instanca, así debería ser.
En realidad, la pobreza de la inversión pública en el ámbito de las bibliotecas públicas y de otros tipos, en nuestro país es un síntoma, o bien de la desinformación y, por lo tanto, de la insensibilidad de quienes toman las decisiones que afectan a este sector, olvidando o haciendo a un lado la obligación de un Estado verdaderamente democrático, de proveer a los ciudadanos información en cantidad y calidad suficiente, para que éstos a su vez puedan actuar como ciudadanos informados y responsables que mantengan vivos los rasgos de la democracia; o bien, aquello es evidencia del rechazo a que grupos crecientes de ciudadanos, informados y responsables, críticos y concientes gracias al acceso a la información y el conocimiento depositado en las bibliotecas, utilicen esos instrumentos de la razón y el intelecto, de la cultura, de la historia y de la ciencia, para diseñar alternativas, organizar y organizarse en acciones de largo aliento, con objetivos y metas claros, para transformar -de acuerdo a sus necesidades e intereses- las estructuras políticas, culturales y económicas existentes.
A la riqueza muchas veceses desestimada de las colecciones impresas de algunas bibliotecas públicas, académicas y escolares debe sumarse la inmensa oferta de información y conocimientos, muchos de ellos de acceso libre y gratuito, y que están depositados en la red mundial de Internet.
Han emergido en las dos últimas decádas nuevas posibilidades para la lectura y para la interacción con los conocimientos, que se suman a la oferta de servicios tradicionales de las bibliotecas, que complementan y refuerzan dichos servicios con modalidades virtuales o electrónicas.

Por lo anterior, y por que las bibliotecas son espacios ideales para realizar una extensa oferta de acceso a la tecnología de la información, se refuerza el papel de éstas en la transformación de nuestra sociedad.
Los bibliotecarios no podemos obviar, ni ser indiferentes a los ofensivos contrastes socioeconómicos, la insuficiencia de oportunidades reales para los productores, los manufactureros y los comerciantes del país, ya no digamos oportunidades para competir, sino tan sólo para participar activamente en los mercados internos y externos, ni podemos se ajenos al escaso o nulo acceso de la juventud a una oferta consistente, permanente y variada, de opciones para acceder a la cultura, la salud, la educación y un empleo digno; la acción de los bibliotecarios es indispensable para procurarnos una sociedad más igualitaria y justa, una adonde los individuos adopten concientemente una forma de vida basada en los valores de la democracia, la fraternidad, la sustentabilidad.
No se trata solamente de cubrir los requisitos formales de una democracia representativa -un modelo que cada día parece más insuficiente-, brindando información a los potenciales electores, sino de que los espacios bibliotecarios contribuyan a la búsqueda de una democracia participativa, en la que vida política y la vida privada de los individuos no sean más como compartimentos ajenos o estancos, sino adonde cada ciudadano asuma esa responsabilidad y esa congruencia que debe existir entre la vida privada y la pública en un sistema de vida democrático, como la que señalaba Pericles en su Discurso Fúnebre, pues «[…] no es posible que tomen decisiones equitativas y justas, quienes no exponen a sus hijos a que corran peligro como los demás».
Los 7 y medio millones de ninis -como ya se conoce a los jóvenes que ni estudian, ni trabajan- que hay en el país -como acusa el rector Narro, de la UNAM- son el fruto de las decisiones  de sus padres, tomadas en los últimos 30 o 40 años.
De haber actuado en lo político y decidido en lo electoral de un modo distinto, todo ese potencial, hoy, estaría rindiéndole al país un lugar destacado en el ámbito internacional, viviríamos una de las etapas más dinámicas de nuestra historia: veríamos un florecimiento del genio y la cultura, de la ciencia, el arte y la tecnología, etc., pero no es así.
El destino a mediano y largo plazo de este número gigantesco de jóvenes es incierto, a falta de políticas públicas que, como en el caso de Colombia, orienten el esfuerzo social, entre otras medidas en el ámbito socioeconómico, educativo y cultural, a la creación de numeros espacios bibliotecarios, sumamente atractivos y bien equipados, en áreas cercanas a la población pobre, en la periferia de las ciudades -aún en regiones conflictivas-  para brindar, en primer lugar, la oportunidad de que cada ciudadano se haga de una educación informal, audodidacta, de una formación basada en sus inquietudes e intereses, entre la lectura de libros y de la información disponible en las redes de datos, el diálogo y el intercambio, con la asesoría de bibliotecarios capacitados y con un alto espíritu de servicio y compromiso social, para avanzar en la construcción de una nueva ciudadanía, más informada y creativa, participativa, responsable y dispuesta a hacer frente al rezago económico y la injusticia social, no por la vía de las drogas, las armas y el delito, sino por la vía del trabajo conjunto, la creatividad y la participación en la vida política.
La realidad del país nos plantea un grave dilema: condenamos a 7 y medio millones de jóvenes a la demencia del mercado de las drogas y las armas, los abandonamos para que los absorban en sus filas los enemigos de México, o abrimos espacios bibliotecarios a lo largo y ancho del país adonde esos millones de jóvenes puedan acudir a aprender cosas nuevas, a nutrir su inteligencia con la cultura universal; o los involucramos en un gran proyecto de reactivación nacional basada en la educación para adultos, el fomento a la lectura y el uso inteligente de las nuevas tecnologías, o simplemente esperamos a que sigan cayendo sin vida, como frutos cosechados a destiempo, derramada su sangre inútilmente sobre los aparentemente interminables campos de la muerte.
(Imagen: Wikimedia Commons. Discurso fúnebre de Pericles).



Alfabetización informacional, científica y ambiental

Aunque a nivel internacional es creciente el interés por la alfabetización en información -o más correctamente: alfabetización informacional (AI), es decir aquella alfabetización relacionada con la capacidad de cada individuo, para definir sus propias necesidades de información, el conocimiento de y la habilidad para utilizar las fuentes de información que permiten resolver dichas necesidades y el uso eficaz, ético y legal de la información así obtenida, para los fines individuales y colectivos que se plantea-; por más que en algunos círculos bibliotecarios y bibliotecológicos, la AI aún es una idea marginal, considerada como un matiz de las actividades académicas de las instituciones educativas, adonde las bibliotecas suelen estar enclavadas, la alfabetización informacional es un asunto pendiente de una profunda reflexión colectiva, reflexión que cobra cada día mayor urgencia e importancia.
Lo mismo se puede decir de las otras alfabetizaciones, que pueden verse como preparaciones indispensables para una ciudadanía plena, efectiva, en una sociedad cada vez más convulsa y compleja, arrastrada de manera incesante hacia diversas contradicciones: entre la tecnología y la naturaleza, el bien individual y el colectivo,  el mercado, la mercadotecnia y las variadas formas de realización humana. Hablamos de la alfabetización científica y la ambiental, que suponen o implican también una alfabetización para los medios de comunicación, para los derechos humanos y para la salud, en suma: todas las alfabetizaciones que suponen lo que podría considerarse en el fondo una alfabetización política.
Se piensa que la escuela y las experiencias educativas formales brindan, ya, dicha alfabetización. Sin embargo, observamos que en el lenguaje de los especialistas de la pedagogía, de la biblioteconomía, de las ciencias del ambiente, aún el de las ciencias de la salud, suele pasarse por alto el asunto de la alfabetización en sus disciplinas, tal vez porque se trata de algo -a primera vista- muy fundamental y básico, que se da por supuesto.
Pero es precisamente en la base de la idea de educación, adonde las nociones alfabetizadoras tienen un enorme potencial de transformación y de cambio. El fin de la alfabetización es la autonomía, la responsabilidad y el aprendizaje de por vida: un proyecto de vida conciente, creativo, único y por ello potencialmente alternativo.
Una persona autónoma y responsable debería ser capaz de regular sus procesos de autosostenimiento, autoaprendizaje, dirigir éticamente su labor creativa, su gestión tanto individual como grupal, en el marco del primer círculo de quienes le rodean, y también en el de las comunidades más extensas a las que está integrado.
El problema parece ser que hemos diseñado, alimentado y nutrido un sistema educativo, un sistema de medios masivos de comunicación y entornos laborales que promueven, o al menos parecen facilitar la desintegración y la atomización, aún la disolución, la dispersión de las individualidades.
Zapatero a tus zapatos -parece que es el leit motiv en muchas instancias educativas y aún científicas– y se hacen todos los esfuerzos para mantener intactas las murallas que mantienen estancos los cuerpos de conocimiento de las distintas especialidades, y a salvo los intereses -profesionales, en el mejor de los casos- de los miembros con la voz cantante.
Hacer algo distinto -se predice- lleva ya el signo del fracaso, en primer lugar, porque la eliminación de fronteras no conviene a esos cuerpos de intereses constituidos: la política. En segundo lugar, porque la inercia obliga a verlo todo desde la óptica de la propia disciplina y ¡qué difícil es adoptar un punto de vista diferente, ya no digamos contrario!
Precisamente la riqueza problemática en las «fronteras» disciplinarias, es lo que puede garantizar una serie de descubrimientos e integraciones, que el trabajo de investigación, disperso y atomizado por ahora, no se permite.
Las bibliotecas representan una matriz cultural, cognitiva e intelectual para los pueblos. Viendo la fortaleza -o las debilidades- del sistema bibliotecario en cualquier sociedad dada, podemos hacernos una idea bastante acertada de las inequidades y asimetrías que existen dentro de dicha sociedad.
Muchas injusticias sempiternas en nuestra sociedad tienen como fundamento, principalmente, la ignorancia del pueblo. Las que son producto de la violencia o el monopolio de las distintas fuerzas sociales -la religión, la educación, los medios, los cuerpos armados- tal vez sean más difíciles de desterrar. pero un pueblo medianamente informado debería ser capaz de redescubrir tarde o temprano el espíritu griego de la democracia.
No se trataría, entonces, nada más de una democracia representativa, que termina en el recuento numérico -ahora siempre sospechoso- de papeletas electorales, sino de una democracia participativa, de una verdadera representación y rendición de cuentas, en la que el funcionario público es conceptualizado realmente como un servidor público y en la que el gobierno es una continua autoevaluación del camino recorrido y del destino trazado.
Justo en la era de la información y del conocimiento, cuando la ubicuidad de la información y la movilidad de la conexión y el acceso a las redes de datos, van a propagarse como un polvorín en toda la sociedad -al menos, entre la que cuenta con recursos económicos para poder pagársela- que vemos, en Colombia, una interesante apuesta por las bibliotecas de libros -claro, dotadas con la más moderna tecnología para aprovechar también lo que ofrece la red Internet, que es mucho-: bibliotecas parques, centros culturales en el más amplio sentido de la palabra, enclavadas en aquellos lugares de las urbes colombianas adonde se hizo evidente la disrupción de la convivencia, el desgaste de las relaciones sociales y el agravamiento de todas las crisis la educativa, la económica, la de seguridad… Construyeron bibliotecas, allí adonde la juventud y la niñez, estaban en peligro: como obedeciendo el espíritu del verso de Hölderlin: «Allí donde se vive en peligro, crece lo que salva».
Bibliotecas, computadoras y libros, eso le están dando -sus legisladores- a los colombianos, que conocen y viven desde años atrás su propia versión de una guerra intestina. con un alto costo en vidas humanas.
¿No tendríamos que ver con más detenimiento experiencias como ésta, y aprender de ellas, ahora que en nuestro país andan sueltos los demonios de la inseguridad y la delincuencia? ¿Y si se dotara de inteligencia a las comunidades, construyendo bibliotecas-parque públicas y verdaderas bibliotecas escolares en los municipios y aún en las zonas apartadas, si se interconectaran plenamente, con texto, voz y video en la red, y se recrearan al menos virtualmente todas esas relaciones humanas que se han ido erosionando y deteriorando con la crisis?
¿La confianza así creada, no alentaría por lo menos el comercio, los intercambios de todo tipo entre regiones? ¿Los niños, olvidarían la llegada de los libros y las computadoras a esos espacios bien diseñados, atractivos, en nada semejantes a sus antiguas «bibliotecas públicas» oscuras, abandonadas, tristes, vacías? ¿Cuál sería el beneficio potencial para México si nos aseguraramos de crear las condiciones para formar, ya no digamos 8 millones de ninis bibliófilos, sino al menos 8 millones de ninis lectores?



A propósito de la Iniciativa México

La Iniciativa México es un proyecto mediático que busca motivar e incentivar la creatividad y el trabajo social de algunos grupos de mexicanos que llevan a cabo proyectos de emprendimiento social. Sin embargo, no parece casual que su despegue haya coincidido prácticamente con el inicio de un evento ampliamente difundido por los medios masivos de comunicación como lo es el Mundial de Sudáfrica 2010. A la vez, el «rostro» de la campaña Iniciativa México es un conocido entrenador deportivo de origen español.
Cabe señalar que la iniciativa apoyará con cantidades que oscilan entre 1 y 2 millones de pesos a las mejores iniciativas -unas pocas, de entre decenas de miles que probablemente se postulen-, en los rubros de: combate a la corrupción, democracia, libertad de información y expresión, mejora regulatoria, participación ciudadana y transparencia. Llama la atención que no estén incluidos los rubros de educación y de medios de comunicación entre las iniciativas que pueden postularse.
En cuanto a educación, sabemos que se trata de un rubro estratégico fundamental para que el país avance, así que toda iniciativa que realmente procurará ir del México que puede al que ya pudo, tendría que pasar inevitablemente por una profunda reforma del sistema educativo que, en primer lugar, garantice recursos suficientes para elevar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje, y que consolide y amplíe el gasto educativo por educando, pues en ambos casos, en nuestro país se presenta un notable retraso. Por ejemplo, se dice que poco más del 40% de las escuelas públicas cuentan con bibliotecas escolares, usando este término de manera eufemística, pues en muchos casos se trata de algunos estantes con unas decenas de libros ¿así, cómo vamos a asegurar que los niños lean, conozcan las fuentes de información y desarrollen capacidades para el autoaprendizaje?
En cuanto a los medios de comunicación, sabemos que el mayor porcentaje de la población nacional se informa a través de ellos, y sin embargo son conocidos muchos ejemplos de la nula o escasa calidad de su programación, y el escaso compromiso de esos mismos medios por llevar a la población información de calidad, veraz, objetiva e imparcial, así como para alentar la lectura, la cultura de los libros y la información, el respeto a las instituciones educativas -lo cual se aprecia en una diversidad de programas de entretenimiento adonde el rol del docente y del estudiante son caricaturizados y ridiculizados- y al conocimiento y la cultura -como ocurre con programas adonde se hace mofa del intelecto y la capacidad crítica. Los medios masivos de comunicación, al usufructuar un bien público, que es el espacio radioeléctrico nacional, deberían ser llamados a una actitud más responsable y comprometida con el desarrollo nacional, tanto en el aspecto del fomento a una verdadera democracia, como a un compromiso real y desinteresado con la educación y la cultura.
Existen otros elementos que consideramos que deberían estar presentes en cualquier iniciativa que verdaderamente buscara la transformación del país:
1. Una verdadera cultura democrática representativa y gradualmente, cada vez más participativa
2. El derecho al acceso a la información, las bibliotecas, los libros y la cultura en general, tanto en forma presencial como virtual, garantizando el derecho de todos los mexicanos a la tecnología de información y comunicación y el acceso a Internet sin costo
3. El derecho a una auténtica libertad de expresión y al ejercicio y respeto de las garantías individuales
4. Un esfuerzo educativo extraordinario del Estado, para alentar las alfabetizaciones que brinden capacidades a la población: alfabetización informacional, alfabetización científica, alfabetización para la salud, alfabetización para los medios, ambiental y financiera
5. Un esfuerzo del estado y la sociedad civil para alentar el desarrollo de una cultura de la legalidad, la transparencia y la rendición de cuentas
6. El respeto a derechos laborales, de salud y de vivienda a lo largo y ancho del país
7. Activar procesos de participación desde abajo, de la población, las empresas y el gobierno, para crear perfiles regionales de desarrollo, identificar vocaciones productivas en el territorio y salvaguardar bajo lineamientos científicos la biodiversidad natural y cultural del país, procurando el uso y explotación racional de las mismas con criterios sustentables y de justicia social
8. Incorporar a todas las etnias del país, con su mosaico lingüístico y cultural, de tradiciones y prácticas, al conocimiento nacional, como fuentes vivas de saberes ancestrales que el capitalismo y la globalización han minimizado, destruido y olvidado
9. Alentar la investigación científica y humanística en todos los frentes y desatar una intensa promoción de actividades artísticas y de fomento a la salud física, mental y reproductiva
10. Incorporar plenamente a las mujeres del país a la toma de decisiones en todos los ámbitos, adonde han sido relegadas ancestralmente por una cultura machista y misóginna
11. Anteponer a toda iniciativa de lucro o interés particular, los intereses supremos de los niños del país, para que toda acción de gobierno o de la iniciativa privada aliente el sano desarrollo de la infancia, en las mejores condiciones de vida, para que el potencial de la población futura del país se despliegue en su máxima capacidad.
Creemos que solamente así, considerando estas ideas entre otras propuestas aún mejores, México puede esperar un futuro mejor.



La crisis financiera puede retrasar los progresos de la educación en el mundo: UNESCO

«Millones de niños de los países más pobres del mundo corren el riesgo de verse privados de escuela a consecuencia de la crisis financiera mundial, advierte el informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo 2010 de la UNESCO. Cuando todavía quedan 72 millones de niños sin escolarizar, la desaceleración del crecimiento económico, unida al aumento de la pobreza y a las presiones que se ejercen sobre los presupuestos de los países, podrían ralentizar o anular los progreso en educación logrados el pasado decenio».

Algunos de los indicadores más preocupantes del informe son:

• Si persisten las tendencias actuales, en 2015 habrá todavía sin escolarizar unos 56 millones de niños en edad de ir a la escuela primaria.
• Actualmente, están sin escolarizar unos 71 millones de adolescentes en edad de cursar el primer ciclo de secundaria.
• Las disparidades entre los sexos siguen profundamente arraigadas: en veintiocho países en desarrollo, por cada diez varones escolarizados en primaria hay todavía menos de nueve niñas que van a la escuela.
• Las muchachas siguen representando todavía el 54% del total de niños sin escolarizar, y las que no están escolarizadas tienen muchas más probabilidades que los varones de no ir nunca en su vida a la escuela.
• Se van a necesitar en todo el mundo 10.300.000 docentes suplementarios para lograr el objetivo de universalizar la enseñanza primaria de aquí a 2015.
• Han sido escasos los avances hacia el objetivo de reducir a la mitad el analfabetismo de los adultos: todavía hay 759 millones de personas en el mundo que no saben leer ni escribir, y dos tercios de ellas son mujeres.
• La malnutrición infantil sigue representando un obstáculo importante para el progreso de la educación: en el mundo hay 178 millones de niños menores de cinco años que padecen malnutrición, y esta cifra va en aumento.
• Son demasiado numerosos los niños que acaban sus estudios primarios sin haber aprendido a leer y escribir. En algunos países del África Subsahariana, los adultos jóvenes que han cursado cinco años de estudios primarios tienen un 40% de probabilidades de ser analfabetos.



El costo de la ignorancia

«No invertir en ciencia es lo que llamo el costo de la ignorancia. La ignorancia es mucho más costosa que el conocimiento. Entiendo que por ignorancia en este país no somos capaces de producir muchos bienes de capital, por esto tenemos que importar la mayoría de los aparatos electrónicos, los materiales de curación y medicamentos, maquinaria, textiles, etcétera. Lo hacemos porque no sabemos cómo fabricarlos. Estamos pagando al extranjero la importación de bienes de capital y las regalías por el uso del conocimiento. Por ignorancia, vendemos nuestras riquezas naturales en crudo, como el petróleo, los minerales, la madera, los productos del mar, etcétera. Prácticamente los regalamos, porque no tenemos en México la tecnología para transformarlos. Ese es el costo de la ignorancia, también lo vemos en muchos aspectos de la cultura, por ejemplo, en la importación de música, libros, filmes, objetos de arte, etc., porque no los podemos crear aquí. México paga, por ignorancia, un costo enorme y, sin duda, de continuar así hipotecaremos nuestro futuro. Este es un ejemplo dramático, pero el mejor dinero que podemos invertir en nuestro país es [el que invertimos] en la educación, formar personas bien preparadas y educadas que puedan ayudar al país. A veces, me asusta ver la enorme cantidad de nuevos mexicanos que están condenados a no tener una buena educación, o a no tener ni siquiera educación. Me preocupa que ésto se vaya a traducir en el futuro en un problema enorme para este país. ¿Cómo vamos a hacer que estas personas reciban muy buena educación?». Antonio Gómez Nashiki. La ciencia, base de la riqueza. Educación 2001. Revista mexicana de educación.



¿Aprender en las nubes?

La proliferación del acceso inalámbrico a Internet y la paulatina separación entre dispositivos de acceso y contenidos, adonde éstos permanecen más tiempo o de manera indefinida en repositorios de información en línea (Google Docs, Youtube, Flickr, Slideshare), nos aproximan a la idea de acceso ubicuo a la información generada de manera individual y colectiva. La «nube».
Gracias a redes como WiFi y WiMax, el acceso a comunicaciones, textos, imágenes, videos y audio es factible en prácticamente cualquier entorno. En algunas ciudades del mundo el acceso es gratuito y las constituciones de algunos países consagran ya esa libertad de acceso como un derecho de los ciudadanos.
¿Cómo es la experiencia de «aprender» en las «nubes» de datos?
Realmente, la autodidaxia se vuelve una condición deseable del estudiante «en las nubes»: la capacidad para establecer sus propios caminos, su derrotero, y de adivinar, suponer y proponerse metas cognitivas. La autodidaxia supone una enorme dosis de autonomía para investigar, consultar y generar productos.
Si tomamos en cuenta que el aprendizaje se sustenta en cuatro funciones cognitivas fundamentales ineludibles, propongamos un repaso general de lo que el aprendiz autónomo está haciendo cuando interactúa con otros y con los contenidos en la nube.
Atención. Todo aprendizaje supone la capacidad de concentrar nuestros sentidos y nuestra atención conciente en algo. A partir de ahí escalamos gradualmente desde una percepción parcial y confusa de ese algo, hasta una percepción más clara y definida de ello.
En el caso de la nube, con su proliferación de contenidos y estímulos de todo tipo -vía correo, chat, video y audioconferencia, multimedia, etc.- el aprendiz debe elegir un punto de enfoque, un sendero que lo llevará hacia algo nuevo desconocido, o familiar pero que no ha comprendido cabalmente.
Comprensión. Sin atención no podemos aspirar a la comprensión. La atención puesta en el sendero reflexivo, la observación o la asimilación de nuevos conceptos, nos aproxima a la comprensión, como ese estado mental en el que los conceptos, las ideas, las teorías adquieren un estatus de coherencia, veracidad, confiabilidad, es decir, en el que se vuelven instrumentos para nuevas interpretaciones, análisis y compresiones, como en un ciclo de retroalimentación. Pero como no somos capaces de una comprensión total, absoluta y definitiva, la comprensión también nos obliga a regresar sobre nuestros pasos, y plantear nuevas preguntas, nuevas interrogantes. Cuando comprendemos, deseamos comprender aún más. Y es la comprensión de una nueva información, de un nuevo conocimiento, cuando vemos que ocupa un lugar en el contexto más amplio de la ciencia, la cultura, la producción artística o humana, cuando percibimos su origen, desarrollo y posible evolución futura, que nos volvemos capaces de transformar o de influir en la transformación de ese conocimiento.
En la nube existe un inmenso conjunto de herramientas que facilitan la comprensión. Podemos encontrar una variedad de explicaciones o comentarios sobre un mismo tema, podemos establecer comparaciones, podemos ver la fuerza de la argumentación o de la explicación como una variable del dominio y la autoridad de quien la emite. Podemos acudir a diccionarios en línea y traductores, con lo que allanamos el camino a las dudas o problemas terminológicos. Podemos hacer consultas en catálogos de cientos de miles de bibliotecas de todo el mundo, para conocer qué se ha escrito o publicado sobre tal o cual tema. Tenemos literalmente al alcance de la mano una biblioteca de millones de volúmenes, de la que podemos valernos para comprender con cierta claridad casi cualquier asunto.
Elaboración. Aquí entramos de lleno en el aprendizaje. Si estoy atento al nuevo conocimiento, a la nueva información, si la comprendo, la descifro, puedo decodificarla e interpretarla, estoy en la frontera misma de reelaborar, reconstruir y recodificar esa nueva información. No hay aprendizaje sin elaboración. Elaboro cuando resumo, cuando esquematizo, cuando simplifico, cuando parafraseo, cuando explico, cuando presento, cuando articulo una diversidad de saberes actuales y previos y genero un nuevo producto. Esta fase de la elaboración puede ser breve o de larga duración. Hay obras intelectuales que conllevaron procesos de elaboración de muchos años. El producto es, casi siempre, la fusión de una actitud atenta y perseverante, de un afán comprensivo que no dejó cabos sueltos, áreas oscuras o en la ambigüedad, de lo que resultan obras que nos presentan la grandeza del genio humano.
En la nube hay todas las herramientas dispuestas y accesibles para elaborar. Hay foros adonde podemos aproximarnos para plantear dudas, hacer sugerencias o francamente exponer nuestra visión sobre un tema, o una cosa. Hay herramientas para colaborar, para crear documentos textuales, visuales, audiovisuales; con el conocimiento correspondiente, podemos volvernos autores, escribir y publicar libros, ensayos, novelas. Podemos hacer mapas conceptuales y esquemas, crear productos multimedia o sencillas presentaciones. Podemos integrar saberes de distintas personas, tiempos y lugares, aprovechando las capacidades de recuperación de información de la red. Con la red y en la red, podemos elaborar una infinidad de productos que ponemos a consideración de otros sujetos aprendices, para conocer sus puntos de vista, recibir retroalimentación, críticas. Es en esta fase social de la elaboración que el aprendizaje y la crítica se enriquecen a partir de las interacciones entre individuos con mayor o menor experiencia.
Memorización. Hay quienes estudian para memorizar. No para comprender, no para elaborar nuevas ideas y nuevos conocimientos. La memorización es un proceso cognitivo de gigantesca influencia en el aprendizaje. Hay quienes se lamentan de tener mala memoria. Pero podríamos decir que si se quejan de tener mala memoria, posiblemente es que no estuvieron atentos, no comprendieron y tampoco hicieron un esfuerzo para elaborar algo con eso que estaban «aprendiendo». Pasar de la atención, a una comprensión superficial de las cosas y de ahí imponernos la tarea de memorizar -cosa a la que obligan a los estudiantes muchos programas educativos- obtendremos como resultado un profundo estrés académico, aparentemente buenos resultados en las evaluaciones, pero pobres resultados prácticos y concretos en la interacción académica, profesional y personal. ¿Cuántos estudiantes de posgrado creen en la mala o buena suerte? ¿Cuántos, incluso, acudirían a una limpia para mejorarla? ¿Cuántos se preocupan más por la evolución de los encuentros deportivos, que por la situación compleja que vive en estos tiempos no sólo nuestro país, sino el mundo? Deberíamos estudiar para comprender. Todo universitario debería poder fungir potencialmente como un facilitador del aprendizaje de los demás, en la misma medida en que su capacidad autodidáctica le permite ser un aprendiz eficaz.
En la nube, la memorización externa de la información no es problema. Pero a la par que podemos almancer grandes cantidades de información en repositorios en línea, adonde pueden ser comentados y criticados, es muy importante que contemos con esquemas de organización de esa información almacenada o preservada en un soporte tecnológico externo. La parte más importante de la memorización ocurre, sin embargo, a nivel interno. Porque no es una memorización a secas, como si nuestra mente fuera una grabadora o contara con espacios, como un almacén, adonde se coloca todo lo que se debe recordar. La memorización interna es activa y generalmente implica una relectura, una reflexión y estar volviendo de manera metacognitiva sobre nuestros propios pasos. ¿Qué quiero hacer, qué he hecho, cómo lo quiero hacer, cómo lo estoy haciendo? ¿De dónde vengo, adónde voy? ¿Cubre este aprendizaje mis expectativas como persona, como ser humano, o simplemente lidio con este contenido, con este asunto, para obtener un puntaje, una calificación y luego, como no me importa, ni me involucra, lo olvidaré? Cuando atravesamos de manera legítima las fases del interés cognitivo, la atención, la comprensión y la elaboración en un «ciclo» que a la vez no es tal, sino todas las fases ocurriendo de manera cuasi simultánea, ocurre el fenómeno asombroso de la retención: entonces ese saber que nos es significativo y vital, queda impregnado en nosotros, posiblemente para toda la vida.
A partir de cierto punto, por el camino de la autodidaxia, nos empezamos a reconocer como herederos legítimos y honrosos de alguna tradición, y empezamos a pensar como humanistas, marxistas, nietzscheanos, hegelianos, aristotélicos o platónicos, por que en el fondo todo conocimiento es inseparable de la filosofía. Los más audaces -por su parte- serán los que creen una nueva tradición.
Por último, no podemos obviar el hecho de que a lo largo de todo el proceso de aprendizaje, lidiamos con información de diversos tipos, con diversos formatos y en diversos soportes. Hasta los canales de acceso a la información implicada en el aprendizaje son diversos. Por ello, y como bibliotecarios, somos partícipes de la idea de que sin alfabetización en información todos los esfuerzos por mejorar los procesos de aprendizaje estarán carentes de un apoyo fundamental: las habilidades para el acceso y uso de la información.



Idea para Guadalajara 2010: Alfabetización informacional como eje transversal explícito en toda la curricula universitaria

Un grano de arena a una discusión que parece insoslayable: ante el bajo rendimiento académico, la escasa producción de artículos de investigación científica, el escaso volumen de patentes generadas en la región, y la secular dependencia del mercado de información que gravita en torno a las regiones de Europa y Norteamérica. La alfabetización informacional debería considerarse una condición indispensable para la elevación del nivel educativo de los universitarios y, por extensión, del resto de los niveles educativos. Un poco más sobre esta idea puede leerse en Ideas4all.com, rumbo a Guadalajara 2010.

 

La Biblioteca Británica digitalizará 40 millones de páginas de periódicos históricos

La Biblioteca Británica es la biblioteca nacional del Reino Unido. Brinda servicios de información de clase mundial a las comunidades académica, científica, de investigación y empresarial y brinda acceso a una de las colecciones de investigación más vastas del mundo. Dicha colección consta de 150 millones de objetos de todas las épocas de la historia humana escrita, comenzando desde huesos de oráculo chino del año 300 antes de Cristo, hasta las más recientes revistas electrónicas. El día de hoy anuncia un proyecto masivo de digitalización de 40 millones de páginas de periódicos históricos, lo que la convertirá en depositaria del archivo de periódicos digitalizados más grande del mundo.