Universidad Veracruzana

Kaniwá

Bibliotecas, Información y Conocimiento



¿Regreso a la normalidad?

Tras una ausencia de varias semanas, retomamos este propósito de comunicación con los lectores universitarios, y con el público en general. Para ello, se acumularon durante este tiempo distintas cuestiones que comentaremos brevemente a continuación.
En primer lugar, los interesados pueden descargar y leer el archivo en formato PDF, correspondiente al número 3 de El Referencista, cuya cobertura cronológica es de abril a junio.
Nos importa, como siempre, conocer el punto de vista de los lectores sobre los textos publicados, así como las sugerencias que puedan tener para mejorar o enriquecer esa publicación electrónica.
En segundo lugar, no podemos dejar de mencionar -como ya empezaba a hacerse en alguna contribución anterior- los visos preocupantes -cada vez más- que toma la circunstancia nacional, no sólo en el ámbito económico y político, sino ahora también en el de salud y el educativo.
Por un lado, nos enfrentamos a las consecuencias de acciones de gobierno que bien pudieron haber sido desproporcionadas, con respecto al riesgo sanitario real del virus A/H1N1, y las consecuencias económicas de esas acciones, para el turismo y otras actividades ya están a la vista.
Por otro lado, la suspensión de clases en todos los niveles durante al menos una semana, o más en algunas entidades, suponen otro desajuste en calendarios y procesos de orden administrativo para las instituciones de educación.
Finalmente, la noticia más reciente de que habría un «agujero económico» de hasta 300 mil millones de pesos en el presupuesto nacional y de que en el primer trimestre de 2009 hubo un decrecimiento del 8% de nuestra economía, ambas notas prefiguran tiempos venideros todavía más difíciles.
En este entorno tan complejo y problemático, cuestiones como la inseguridad, la pérdida acelerada de puestos de trabajo, el deterioro de los recursos naturales, el debilitamiento de los ingresos por el turismo cultural y de playa y una incertidumbre social creciente de cara a unos procesos electorales que sin dificultad podrían considerarse opacos, el sector de las bibliotecas de todo el país debería tener un papel destacado en la distribución de la información y el conocimiento, sobre estos y otros problemas.
Sin embargo, el sistema nacional de bibliotecas luce sumido en un letargo prolongado, desde las últimas acciones visionarias de Vasconcelos.
Incluso la reforma más reciente a la Ley General de Bibliotecas, que destaca la necesidad de desarrollar, consolidar y mantener servicios digitales en las bibliotecas públicas, y de impulsar el desarrollo de colecciones digitales y el acceso de toda la población a las mismas, resulta insuficiente, desatinada y vaga, si se considera el hecho de, por otro lado, la infraestructura de red de fibra óptica más poderosa del país, instalada con presupuesto público por la Comisión Federal de Electricidad, y todas sus capacidades para la interconectividad digital, será puesta en subasta en fecha próxima.
¿No debería el Estado, interesado en detonar proyectos que permitan reactivar la economía, el empleo, la capacitación y la educación a distancia, hacer que estos bienes tecnológicos modernos, como quería el mismo Vasconcelos -al referirse a la riqueza cultural de las universidades- «se derramen sobre la sociedad»?
¿No sería un factor positivo de crecimiento para el país el habilitar, como un servicio colateral al servicio eléctrico, a bajo costo y en todo país, el acceso a Internet, y el dar un impulso franco a las redes de banda ancha inalámbrica, así como la creación de verdaderos centros de acceso comunitario a las tecnologías de información?
Todo lo anterior sería el fundamento para desatar un proceso de alfabetización informacional masivo en todo el país, para dotar a los ciudadanos de capacidades en el uso de esas herramientas.
Así, podría irse más allá de lo que representa el uso cotidiano, tradicional, de los sistemas de mensajería instantánea (chat), redes sociales de fotografías, y la descarga de contenidos lúdicos (juegos, música y videos), actividades en las que muchos niños y jóvenes invierten tiempo y dinero.
México demanda de una vía de emergencia para salir de la crisis gigantesca en la que se ha venido hundiendo, y esa vía de emergencia únicamente podrá construirse a la luz de un poderoso proceso de educación, del desarrollo de capacidades humanas diversas entre la población, y del aprovechamiento en todos los órdenes de la vida económica y social, de los avances tecnológicos.
Ya deberían existir iniciativas de teletrabajo, para los cientos de miles de desempleados que está produciendo la crisis financiera y una conducción económica que privilegia los indicadores macroeconómicos a expensas del poder adquisitivo de las familias, y las ganancias de inversionistas extranjeros a expensas del deterioro del consumo interno y el desarrollo de la planta productiva nacional.
Las bibliotecas, ante este panorama, representan centros neurálgicos de la sociedad, que deben activarse ya, y entrar en estado de alerta, para responder a la demanda social de información para la productividad, la sustentabilidad y la democracia. Esto nos obliga, a todos los que trabajamos en ellas, a cambiar nuestros enfoques sobre la función que cubrimos, y a procurar estar más atentos a las demandas de información de los usuarios, a los requerimientos bibliográficos de los docentes e investigadores, a cooperar, sobre todo con ellos, para impulsar la generación de los conocimientos que le permitan a nuestra sociedad resolver todos estos problemas.
La crisis financiera mundial, la lucha contra el narcotráfico y la influenza humana, son tres realidades que, nos guste o no, nos obligan a todos a repensar estrategias y métodos de pensamiento y acción, pues el reto que presentan parece desproporcionado, pero quienes laboramos en las bibliotecas estamos convencidos de que en ellas y en las redes de datos mundiales, existe la información necesaria para enfrentarlo.