Universidad Veracruzana

Kaniwá: Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento

Blog sobre Bibliotecas, Información y Conocimiento



Copenhagen (Dinamarca), Inglaterra y el calentamiento global

Si resulta abrumadora la evidencia existente entre los 10 años de comunicaciones que, un grupo -hasta ahora no de identificado- de hackers sustrajo del servidor de una Unidad de Investigación Climática, de una universidad inglesa y que han hecho públicos en la red, y pone en entredicho la fiabilidad de las afirmaciones de la inmensa mayoría de los científicos -pero, ciertamente, no de todos-, relativas al ascenso global de la temperatura en las últimas décadas (fenómeno al que desde hace más de una década se le da el nombre de «calentamiento global», y que será motivo de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, en Copenhagen, para diseñar políticas de carácter internacional, como la creación de un mercado de «bonos de carbono», como un instrumento económico-financiero para combatir tal calentamiento), se estaría ante uno de los fiascos científicos -deliberados o no- más grandes de los últimos tiempos, si no es que de la historia de la ciencia.

Si la forma en que se procesa la información bajo el sistema de «revisión por pares» (peer reviewed) está ocurriendo o ha ocurrido en el caso de publicaciones respetables, en otras disciplinas como revelan que ha ocurrido -entre climatólogos- algunos de los correos electrónicos filtrados por los hackers al ciberespacio ¿qué confiabilidad pueden tener en las publicaciones arbitradas, los investigadores científicos y los académicos, y los estudiantes de ciencias, los futuros científicos, sobre la validez de los conocimientos que -se supone- representan el estado del arte en los diferentes dominios de la ciencia?

La crisis financiera internacional tiene, entre otras causas, su origen en una profunda pérdida de confianza, por abuso de confianza ¿puede extenderse también al -hasta ahora- aparentemente sólido edificio de las ciencias?

 

México padece de «banda angosta» a precios altos

De acuerdo con la información integrada por Reporte Indigo, en México se pagan los precios más altos de la OCDE a cambio del servicio de Internet de banda angosta más lento. Mientras la mayoría de los países de la muestra ofrecen conectividades de 10 o más megabits por segundo, en nuestro país se paga hasta cinco veces más por un servicio que es 20 veces más lento. Considerando que el desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones y redes en el país obedece a los intereses comerciales de unas pocas empresas (en este caso a las pujas por el dominio de los servicios de triple play -telefonía, internet y televisión en una misma suscripción- entre Telmex, y Televisa – TV Azteca), cabe preguntarse qué papel puede jugar la sociedad, los consumidores, las instituciones educativas y de salud, si, organizadas, pudieran tener un papel decisivo en el establecimiento de políticas públicas claras y progresivas, para alentar la competencia leal, la innovación tecnológica y la equiparación de estos servicios en cuanto a precios y calidad, con respecto a los que se ofrecen en otros países del mundo.



Desafíos de la educación en el México del siglo XXI

Leemos en la Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, volúmen 4, número 1, del año 2006, en el texto de Bonifacio Barba «La educación moral como asunto público«, un análisis minucioso de los proyectos educativos y las filosofías subyacentes, que han impulsado a la educación en nuestro país, desde el siglo XIX hasta finales del XX.

Se reconocen, de la mano de nuestro proceso histórico, periodos como el Independentista, el Porfiriato y la Escuela de la Revolución (según Solana, Cardiel y Bolaños), o los periodos del Origen del Estado Mexicano, la Educación liberal, el proyecto de Conciliación política y unidad, la Educación revolucionaria y la llamada Unidad Nacional (según Vázquez).

Desde otra perspectiva, se reconoce un periodo Ilustrado, un periodo Civilizatorio, el periodo coincidente con el Movimiento de Reforma, en pos del Orden y Progreso, el periodo Popular, que corresponde con el Movimiento revolucionario de 1910 a 1940, y desde 1970 hasta el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el proyecto Economicista (según Yurén), que se perfilaba hacia la bogante ideología de la Globalización Neoliberal, en que hoy está inmersa -por no decir ahogada- la educación.


Diego Rivera: La maestra rural. Tomado de: La pintura mural de la Revolución mexicana, México, Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, 1989, p. 94.

Hoy se admite -en teoría- el papel de la educación, en la construcción de la identidad de los individuos y de la nación, de la soberanía económica y sobre los recursos, del estado de Derecho y de una verdadera vida democrática. Sin embargo, en los hechos, el sistema educativo nacional desde el preescolar hasta los posgrados, se ha convertido simplemente en un subsistema del sistema económico de concentración capitalista, subordinado a los intereses corporativistas de los sindicatos y las agrupaciones gremiales y profesionales, a los intereses de los partidos políticos y en última instancia, al funcionamiento más o menos eficiente de un sistema productivo cuyas riquezas se acumulan gradualmente cada vez en menos manos. En otros términos, los educadores de este país compiten sin más recursos que su voluntad y sus conocimientos, dentro de ese subsistema, con la imaginería poderosa y subyugante de los medios masivos de comunicación, en la definición de proyectos de vida y estilos de consumo y subconsumo. Los resultados están a la vista.

La así llamada descentralización y modernización educativa (1970-1995) ha expuesto en toda su crudeza, la enorme dimensión de los problemas que aquejan al proceso educativo en el país: los indicadores de calidad en la formación de profesores y de aprovechamiento de los estudiantes, el grave rezago educativo, o el desarrollo asímetrico y desigual, la escasa producción científica con la excepción honrosa de algunas universidades, el abandono de los creadores culturales a su suerte, es decir su abandono en manos del mercado, la subordinación de planes y programas de estudio a concepciones unidimensionales del aprendizaje enfocadas en la formación de eficiencias productivas, más que de individuos creadores y críticos, lo que podría llamarse «educacionismo»; en el extremo, la Carrera Magisterial, convertida en instrumento de contención política de la disidencia magisterial y del control férreo sobre la movilidad profesional al interior del gremio de profesores. En México es eso o la movilización respaldada por la parte de la sociedad con conciencia creciente de estos problemas, y la represión policiaca y militar.

Desde 1948, tras la sacudida global que representó la Segunda Guerra Mundial, se pensó en la posibilidad de integrar al Sistema Educativo Nacional en un todo unificado, complejo -pero flexible-, capaz de esbozar un perfil educativo nacional, capaz de homologar -sin homogeneizar- prácticas y experiencias educativas a lo largo de todos los subniveles del sistema en todo el territorio nacional, que alentara y permitiera el avance nacional en los campos de la ciencia, la tecnología, la cultura y, por consecuencia en lo económico, social y político.

Dicha posibilidad, al término de la primera década del siglo XXI, permanece sin concretarse. Es la fecha en que no contamos con un catálogo bibliotecario nacional, un catálogo de unión, que permitiera a los maestros del país saber qué libros hay en qué bibliotecas en cualquier punto del territorio nacional, ni un sistema de préstamo interbibliotecario libre de impuestos y sustentando en los sistemas de mensajería y correo del país, para alentar el intercambio cultural entre las regiones. Tal vez por la novedad, pero tampoco funciona a escala nacional un sistema de intercambio digital de documentos de gran envergadura. Existen, sin embargo, sistemas incipientes de ese tipo en algunas regiones. Tal vez la mitad de las escuelas del país tienen computadoras, pero no estamos seguros de que todos los profesores en esas escuelas estén capacitados, como se debe, para hacer el mejor uso de esos instrumentos.

En un programa de educación básica en México, es posible encontrar como contenido el tema «Los Puntos Cardinales», en la era de los GPSs.

Miles de millones de pesos invertidos anualmente en educación no parecen suficientes, cuando la burocracia educativa consume en su pura subsistencia el mayor porcentaje. Y ni así alcanzamos la proporción mínima del PIB que recomienda la UNESCO como gasto en educación. Los recursos efectivos dedicadas a la formación de cada estudiante mexicano, están muy por debajo de los que destinan los gobiernos de otros países. Basta ver los mesa-bancos en que toman lecciones nuestros estudiantes, para tener una idea palpable del estado de la educación en México. Muchas escuelas en zonas rurales no son más que galeras adaptadas para dicho propósito.

El currículo oculto de la actual administración se refleja en las cifras sobre corrupción, que ubican a nuestro país a medio camino entre el más corrupto y el más transparente: ese es el pan nuestro de cada día en las escuelas, en la calle, en las empresas e instituciones, los niños y jóvenes crecen en un ambiente inmoral, propiciado por la inacción o la ineficacia del Estado, donde ven muy claramente que, para aspirar a una vida mejor, en México no cuenta el conocimiento, no cuentan los valores, tampoco cuenta la participación política, ni el voto. Que en México no sirve de nada esforzarse, obtener conocimientos y cultura; que basta ser «amigo» de un alto funcionario, poseer la concesión de una televisora o un banco, o ser diputado o juez, para tener la vida resuelta sin mayores problemas.

La erosión de las relaciones sociales que acompaña a este estado de cosas ha alcanzado ya límites de exasperación y de desaliento preocupantes. Hace muy poco, cerca de esta capital, por un altercado vial un joven arrojó a un hombre maduro de un puente, matándolo. ¿Qué más debe pasar para que revisemos nuestros asuntos como sociedad?

Dice Bonifacio Barba casi al finalizar su ensayo:

«En síntesis, si la educación moral deviene en la realización activa de la razón liberal, la libertad, deberá consistir sin duda en experiencias que formen ciudadanos críticos, autónomos y comprometidos, lo cual ocurre por tres vías. La primera es la acción social, de la que conviene destacar la enorme responsabilidad de los partidos políticos por ser ellos algunas de las instituciones por las que transcurre la elaboración de la ‘filosofía de época’, fuente de los proyectos educativos.

La segunda vía es la acción gubernamental ya que por ella transcurre un sentido moral irrenunciable debido a que está referida al bien de los ciudadanos y de la sociedad por la salvaguarda y cumplimiento de las garantías jurídicas. La conjunción y eficacia pública de todos los poderes del Estado significa entonces la creación de un ambiente moral, la realización de una pedagogía gubernamental.

La tercera vía, no primero ni mucho menos sola, es la propia de la escuela y su fuerza está determinada en no menor parte por las dos primeras vías pues si “la importancia política de la escuela en México reside en que se le ha atribuido la responsabilidad fundamental de resolver la desarticulación interna de la sociedad, que es uno de los problemas de mayor persistencia en la historia de este país” (Loaeza, 1988:58-59), no puede realizar su tarea con sus solos medios.

La cuestión moral básica del país, claramente representada por el horizonte normativo de los derechos humanos, que son la mayor creación del pensamiento liberal, es entonces la que constituye el vínculo entre Estado, sociedad y educación y la esencia de ese vínculo es la responsabilidad. No se trata de una categoría abstracta sino de una práctica, la responsabilidad por el otro.

Las relaciones de interdependencia entre las tres entidades hacen posible entender que la nación mexicana necesita que su educación sea política, es decir, una experiencia comunitaria en la que los individuos construyan su identidad viviendo los derechos y los deberes. Esa es la única justificación posible del Estado como vínculo entre los individuos y como entidad moralmente superior a la sociedad que lo estructura. Ese es el único camino para una sociedad abierta, emancipadora.
Políticamente, moralmente, en todos los rumbos de nuestro horizonte histórico se encuentra el ideal legislativo y educativo de Morelos: reconocer, establecer y vivir la igualdad de forma que sólo distinga “a un americano de otro, el vicio y la virtud”.



Cómo -diariamente- creamos conocimiento

«La corrupción de los mejores es la peor de todas».

La Universidad es un ente vivo. Como los entes vivos, la Universidad es más que la mera suma de sus partes. Cada miembro de la comunidad universitaria estudiante, docente, investigador, trabajador administrativo o manual, realiza funciones en las que aplica y en las que obtiene conocimientos.
El proceso de creación de conocimiento es caótico y fractal, no es lineal, ni puede ser disectado del todo, o auditado. Es un proceso iterativo, muchas veces apoyado en el ensayo y error, pero cada error incrementa la experiencia de la totalidad del sistema, en cada uno de sus puntos constituyentes. Ocasionalmente establecemos conexiones entre áreas, entre direcciones, entre departamentos, para conocer el estado de nuestro quehacer viéndolo desde otra perspectiva. Circulamos con conocimientos tácitos y conocimientos explícitos. Los primeros son aquellos que damos por sabidos y que no tenemos necesidad urgente de comunicar. Cada quién sabe hacer sus cosas y eso parece suficiente. Hay conocimiento explícito en las políticas, los diagramas de flujo y de organización, los planes y proyectos. Hay barreras que no permiten la plena conexión entre el conocimiento explícito y el tácito. Muchas veces se privilegia el primero a expensas del segundo. No sabemos exactamente cómo piensa nuestro compañero de al lado. Una verdadera gestión de la información y el conocimiento en la universidad tendría que comenzar con éstas y otras reflexiones. ¿Cómo hacemos para comunicarnos de maneras más eficientes y eficaces? ¿Cómo rescatamos el saber tácito de nuestros compañeros -y el propio- de manera que pueda ser utilizado en cualquier otro punto de la organización? ¿Estamos repitiendo los mismos errores que se han repetido en todas partes a lo largo de muchos años? ¿Cómo puedo mejorar mi rutina de trabajo, de modo que ésta tenga el mejor impacto, brinde la mayor riqueza y aporte valor a toda la organización? ¿Estamos desaprovechando las habilidades de nuestros compañeros? ¿Sometemos a procesos jerárquicos procesos creativos caracterizados por una relativa anarquía? ¿Nuestros diseños de todo tipo obedecen a reflexiones racionales consensuadas? ¿Por qué siempre es la misma persona la que tiene la razón, no es posible que alguna vez se equivoque? ¿Tenemos mapas de nuestras potencialidades como comunidad masiva e inteligente? ¿Estamos aprovechando las redes sociales para liberar el potencial de inteligencia y descubrimiento de todos? ¿Qué nos separa de una verdadera inclusión digital? Estas y otras muchas preguntas pueden abordarse desde la perspectiva del modelo SECI (Socialización, Exteriorización, Combinación, Interiorización) de Nonaka Takeuchi, entre otros posibles enfoques. En estos tiempos de sobreabundancia de información, urge que repensemos la prioridad de nuestras preguntas y de nuestros problemas. Tal vez, como sugiere Howard Gardner, siguiendo a Ernest F. Schumacher, en educación menos es más o «lo pequeño es hermoso«. En ese tenor, llama la atención la obra auspiciada por la empresa Telefónica, de España, titulada «Libro Blanco de la Universidad Digital 2010«, cuya tabla de contenido y prólogos, la empresa pone a nuestro alcance.

Actualización: Ya es posible descargar el texto completo de el Libro Blanco de la Universidad Digital 2010.



«Mensajea a un bibliotecario»

Mientras en nuestro país se lanza a la indefinición laboral y vital a 46 mil familias, para que no haya ninguna resistencia a la concesión y privatización de los más de mil kilómetros de fibra óptica instalada con recursos públicos en la región central de México, en el vecino país del norte se acaba de echar a andar un mecanismo que permitirá -a cualquier ciudadano que tenga la capacidad económica para costearlo- el disponer de los servicios de información de bibliotecarios en su teléfono celular.

La idea es simple. Cualquier teléfono celular comercializado actualmente tiene capacidad para enviar y recibir mensajes breves de texto -SMS. Pues bien, esta capacidad puede se aprovechada por empresas y por individuos para hacer preguntas específicas al servicio Text a Librarian (TAL), que serán atendidas en tiempos muy breves mediante mensajes de texto, con información pertinente como respuesta.

Uno puede imaginar el potencial que tiene un servicio como éste. Servir información a cualquier teléfono celular en cualquier momento, pero no sólo eso, sino servirla en la forma en que pueda ser más útil al usuario, es un sueño de cualquier bibliotecario.

Pues bien, la empresa Mosio, está impulsando este nuevo servicio que seguramente tendrá mucho éxito.

En nuestro país, las redes de telefonía celular y, en general, de telecomunicaciones, constituyen un vasto sistema monopólico -aunque se trate de aparentar lo contrario- cuyas capacidades de transformación, activación y coordinación social están, por decir lo menos, pobremente aprovechados. Uno imagina, desde las bibliotecas universitarias o académicas, que gobiernos visionarios a cambio de tan grandes e importantes concesiones, incluyeran cláusulas que obligaran a los proveedores de telefonía celular a proveer las infraestructuras mínimas necesarias para interconectar a las bibliotecas y centros de información con los usuarios vía mensajería SMS. Se crearía casi de inmediato una infoesfera increíblemente poderosa para combatir el rezago educativo, alentar la alfabetización funcional de la población, promover las bibliotecas, el libro y la lectura, alentar la intercomunicación social sobre temas de verdadero impacto social y personal, etc.

Actualmente todos los usuarios de servicios de telefonía celular reciben propaganda comercial y de concursos en sus unidades móviles. Existen algunos servicios esotéricos o de divertimento dudoso, como la obtención de imágenes, música o videos originados en los medios masivos. O concursos, infinidad de concursos que prometen dinero fácil a cambio de llamadas o mensajes a cierta tarifa.

Imaginemos que en lugar de pagar por consultar un «horóscopo» estandarizado obtenido de alguna oscura fuente esotérica -en el mejor de los casos-, cualquier ciudadano pudiera dirigir preguntas tales como ¿Qué significa «contrato colectivo»? ¿Qué son los «derechos humanos»? o «¿Qué es el derecho al trabajo?» o cualquier otra pregunta en torno a cuestiones médicas «¿Es peligrosa la vacuna contra la influenza humana?» o cuestiones puramente intelectuales, educativas, o recreativas, referencias sobre libros -«¿Quién es Orhan Pamuk?»-, recomendaciones de películas y música, reseñas de eventos culturales, etcétera y tener en pocos segundos un primordio de respuesta, posiblemente con uno o varios enlaces web a recursos revisados por bibliotecarios para ahondar en la información.



Kurosawa reta a Calderón

Esta nota, de Victor Manuel Toledo, publicada hoy en La Jornada, amerita una lectura y reflexión cuidadosas.

«Como sucede con casi todo lo trascendente, en la sala de nuestra casa apareció de manera inexplicable una copia de Sueños, la película del célebre realizador japonés Akira Kurosawa. Filmada en 1989, esta película, secuencia de ocho historias (sueños y pesadillas), es una de las obras maestras de la cinematografía por su belleza, honestidad, originalidad, compromiso y profundidad de sus mensajes. Como sucedió con otros grandes artistas, como Octavio Paz, Maurice Béjart o Gabriel García Márquez, el cineasta japonés fue consciente de los peligros que acechaban, y siguen acechando, a la humanidad o a la especie humana. Por ello, las tres últimas historias de su película son valiosos testimonios de lo que podría llamarse un «cine ecológico», género que ha sido irresponsablemente inundado de producciones amarillistas y comerciales.

«En la primera historia, Kurosawa presenta escenas fulgurantes de un holocausto nuclear en Japón que provoca la huida desesperada de millones de japoneses, quienes, perseguidos por las nubes radiactivas, terminarán tirándose al mar. La segunda historia, complemento de la primera, presenta un paisaje arrasado por la contaminación y la radiactividad, donde solamente quedan algunos seres vivos deformes y los sobrevivientes humanos son mutantes que ante la ausencia de alimentos se ven obligados a devorarse entre ellos. En contraste, la tercera historia es una descripción bucólica de una aldea campesina, donde la sabiduría de sus habitantes ha creado una realidad delicada y armónica basada en la tradición y el trato cauto del entorno natural. Sobra señalar la gran influencia budista en esta última historia.

«La película parece lejana: fue filmada hace dos décadas en la realidad japonesa, que es diferente a la mexicana. Sin embargo, adquiere vigencia inesperada en los cruciales momentos que vive el mundo y el país en términos ambientales. Ya no es la contaminación nuclear, sino el calentamiento del planeta y la contaminación genética, que se extiende por enormes áreas, lo que podría generar en pocas décadas escenas tan apocalípticas como las de Sueños. Ya hemos tenido algunos adelantos con la canícula que azotó a Europa en 2003 y que dejó más de 20 mil muertes por el calor extremo, o con los inesperados impactos del huracán Katrina en Nueva Orleáns. Igualmente siguen siendo las aldeas o comunidades campesinas e indígenas ámbitos donde subsisten, persisten y resisten, los últimos reductos de la memoria de la especie humana; donde podemos encontrar inspiración para hallar caminos alternativos a la tragedia industrial.

«Por lo anterior, es más que seguro que Kurosawa habría firmado, de estar vivo, el documento por el cual más de 700 científicos, intelectuales y estudiantes de México y de varias partes del mundo han interpelado a Felipe Calderón solicitándole, con base a un alud de evidencias científicas, la inmediata cancelación de los permisos para la siembra experimental del maíz transgénico en México, procedimiento largamente buscado por las grandes corporaciones (Monsanto a la cabeza), violatorio de la Ley de Bioseguridad del país.

«El documento, auspiciado por la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), fue firmado en pocas horas por varios galardonados con el Nobel y premios nacionales de ciencia, UNAM y de la Academia de Ciencias de México, y hace manifiesta su indignación por la liberación de maíz transgénico en un país cuyo territorio todo es su centro de origen (véase www.unionccs.net). Esta reacción de la comunidad científica nacional e internacional que ha sido casi instantánea no es casual. Responde a una situación de enorme preocupación, a un escenario de emergencia. Aquí, las más de 50 razas de maíz que existen en territorio nacional son una obra de creación colectiva llevada a cabo por más de 250 culturas en un periodo de 7 mil años. Se trata de un patrimonio biológico, agronómico, cultural e histórico no sólo de México, sino de la humanidad entera, que estará amenazado por la proliferación de los diseños generados por la biotecnología corporativa o a su servicio. Diseños que, ha quedado demostrado, contaminan inexorablemente las variedades originales o nativas.

«Estoy seguro que Akira Kurosawa desde donde se encuentre está solicitando una audiencia en Los Pinos para charlar con Calderón y convencerlo de que si no él, al menos alguno de sus más cercanos asesores lea el documento de la UCCS. Una lectura limpia, objetiva y honesta de las innumerables evidencias científicas derivadas de la más reciente investigación nacional e internacional debería auspiciar por lo menos un debate nacional, amplio y sin restricciones sobre el tema.

«Ignoro si el Presidente conoce la obra de Kurosawa, y aún más si le agrada o desagrada. Tampoco sé si Kurosawa está enterado del despido de 40 mil trabajadores y del aumento de impuestos, dos sablazos de emperador contra la ciudadanía. Pero bien valdría la pena que alguna inteligencia cercana al poder, en un gesto casi heroico, lograra proyectar al mandatario las tres historias finales de Sueños, acción que no toma más de 20 minutos, y que quizás logre inducir en él un pensamiento reflexivo. Antes de que el maíz y el país se conviertan en la pesadilla siguiente.»



Albert Einstein, José Narro y refundar la República

Qué oportunas y visionarias las palabras del rector Narro, de la UNAM, cuando advierte que el modelo actual que rige el país -como quiera que eso sea- «ya dió lo que podía, ya no nos sirve ni para vernos hacia afuera, ni resolver los problemas hacia dentro». El modelo se ha agotado. Lo agotó la corrupción, la desigualdad y la ineficacia para combatir ambos males. No hacer algo para enmendar esta situación, pero enmendarla de raíz, será causa de mayores y terribles daños a la nación.
Albert Einstein alguna vez escribió:

«No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y a los países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar «superado».

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.

Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla».

Sí, el modelo ha hecho crisis, la más grave de nuestra historia reciente. La estocada final a los habitantes de este país ha sido la insensible elevación de impuestos a una población económicamente activa depauperada, que ya no encuentra la forma de que le rindan los salarios que cobran, ni que los cada vez más raquíticos negocios les dejen ganancias.

Por esto y porque en ello les va la vida cotidiana a 50 o 60 millones de mexicanos empobrecidos y a una clase media en vías de extinción, las palabras del doctor Narro y su llamado a reformar la república, son muy justas. Pues no se trata tan solo de que tenga lugar un pacto episódico como otros de nuestro pasado no tan remoto, que le de aliento a un sistema plagado de fallas. La idea más digna de rescatar del reciente pronunciamiento del doctor Narro, es que debe refundarse la República a través de un planteamiento integral. ¿Qué tenemos que decir al respecto los universitarios? Creemos que mucho.



¿Somos altruístas, los universitarios?

Llamamos su atención sobre un texto que, como otros que hemos señalado en este blog, a nuestro parecer no tiene desperdicio, y éste lo tiene menos en la medida en que hace hincapié en una conducta que, si es cierto lo que dicen algunos biólogos evolucionistas, es un parteaguas en la historia de la conducta animal sobre nuestro planeta: somos nosotros, los seres humanos, los mejor predispuestos para ayudar a otros -y a otras especies- de manera desinteresada, no egoísta.
Esta noción choca, desde luego con la explotación irracional que hacemos de nuestros recursos naturales, tanto los renovables como no renovables, la desidia con que manejamos nuestros desperdicios, el daño que hacemos constantemente con nuestros sistemas de transporte, productivos, etc., a la atmósfera y la hidrósfera, y el daño colectivo que unos grupos realizan a otros ya sea por vías económicas, políticas, culturales, cuando no francamente bélicas y militares, etcétera.
Como contrapeso al ecocidio egocentrista con que a diario dañamos la naturaleza y a nuestros congéneres, tenemos muchas actividades de resarcimiento que buscan en la medida de lo posible aminorar o contener tales daños: la educación, las manifestaciones artísticas, la investigación científica, y el avance de una cultura de la sustentabilidad biológica y ecológica. Lamentablemente las cotas más altas de la sensibilidad bióetica son aún dominio de unos cuantos, tal vez los menos, a contracorriente de la fuerte deriva socioeconómica consumista y depletoria de recursos.
De ahí la pregunta ¿somos altruístas los universitarios? Y si lo somos ¿en qué medida? Mirando el paisaje social, no encontramos en el ámbito de la instituciones, ninguna llamada con mayor intensidad al altruismo, que la propia universidad pública.
Más allá del interés propio, la Universidad dispone los espacios, las personas y los recursos para el engrandecimiento de la vida comunitaria y de los individuos. Una obra de teatro o musical no solamente es el momento para la exhibición de dotes individuales, sino también ofrece un espejo para que la sociedad pueda mirarse a si misma, en sus potencialidades y logros. Una lección impartida con todos los sentidos puestos en el aprendizaje de los estudiantes y esa comunicación prodigiosa que llegan a establecer ciertos docentes-alumnos, son una promesa de una mejor sociedad, un mejor país.
Una biblioteca -como es el caso de las universitarias- es un tesoro acumulado por generaciones, preservado hoy en día por acuciosos bibliotecarios que la ordenan y la disponen de la mejor manera para su utilización y para la obtención del mayor beneficio de ella.
¿Por fuera de las universidades, qué otras entidades tendrían tal interés y pasión natural por el rescate de lo que ha sido y es nuestra memoria colectiva, los rasgos esenciales de nuestro caracter? ¿Adónde se gestaría con mayor responsabilidad y autenticidad la voz de todos, que no sea entre los muros de un aula universitaria? Así es, o así debería de ser.
Por eso hacemos este llamado a la reflexión a todos los universitarios, para que dirijan una mirada hacia su propio bien, que es un bien social tan grande, la propia universidad, a la que los universitarios llamamos con gran elocuencia y tino: ALMA MATER, madre de nuestra alma, la Universidad que nos dota de los saberes necesarios para superar día con día, individualmente y en grupos, nuestra condición humana ¿acaso no merece todo nuestro apoyo y respeto, así sea en la medida escasa o pequeña con que cada uno de nosotros podamos reforzarla?

Fuente: Araque y otros. El altruísmo en el ámbito universitario. Universitat Jaime I. España. Consultado el 3 de noviembre de 2006 en : http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi1/altruismo.pdf.