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Xalapa • Veracruz • México

Leyenda de la Llorona, asociada a las Cihuateteo: Jaime Ortega

El investigador dio una charla en el Instituto de Antropología

El investigador dio una charla en el Instituto de Antropología

 

Tiene una fuerte presencia en la tradición oral de las zonas rurales

Carlos Hugo Hermida Rosales

La leyenda de la Llorona, que ha sido parte de la conseja popular mexicana por más de 500 años, tiene diversas versiones a lo largo y ancho del territorio nacional, sobre todo en las zonas rurales, señaló Jaime Manuel Ortega Guevara, investigador del Instituto de Antropología.

Durante la ponencia “Antecedentes prehispánicos de la Llorona”, el 26 de octubre en el marco del evento “¿A dónde iremos?: miradas sobre la muerte”, Ortega Guevara explicó que en la época prehispánica la Llorona era considerada una Cihuateteo, denominación asignada a las mujeres que morían al dar a luz, quienes acompañaban al sol.

Hacia el final del Imperio azteca, la identidad de este personaje recayó en Cihuacóatl, diosa protectora de las Cihuateteo, quien recorría las calles profiriendo lamentos, lo cual se asoció con el augurio de la invasión española.

Después, abundó el investigador, la Llorona se asoció al personaje de la Malinche, que recorría el país como un alma en pena, en castigo por traicionar a su pueblo al haber apoyado a Hernán Cortés durante la Conquista.

Sin embargo, la versión más conocida de esta leyenda es que la Llorona fue una indígena que se enamoró de un español con quien procreó tres hijos, el cual la abandonó; ella, cegada por el dolor, ahogó a los niños en un río para después suicidarse, motivo por el cual ‘se aparece’ junto a los cuerpos de agua.

“El mito de la Llorona fue ampliamente conocido en la época de la Colonia en la Ciudad de México, se hablaba de una mujer ataviada con un vestido blanco ondeando al viento, recorría plazas y callejones emitiendo gritos lastimeros para terminar desapareciendo entre la niebla nocturna al llegar a la plaza mayor.”

El investigador agregó que la leyenda ha perdurado hasta nuestros días debido a la tradición oral, ya que si bien no es muy conocida en zonas urbanas, aún persiste en pueblos y rancherías, donde se transmite de abuelos a nietos.