Entrevista

El poeta, tan necesario como el abogado o el médico: Vicente Quirarte

  • El escritor dijo que el efecto del trabajo del poeta no es inmediatamente perceptible, más bien es invisible
  • Para el autor, la poesía es la concentración máxima del lenguaje

 

“Soy enemigo de las redes sociales, no estoy en Facebook, no las uso”

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

16/06/18, Xalapa, Ver.- El poeta, ensayista y escritor, Vicente Quirarte, abordó en entrevista con Universo la importancia que tiene la poesía en la sociedad, los buenos y malos narradores, las editoriales comerciales y universitarias, incluso, por qué razón se mantiene al margen de las redes sociales virtuales.

Quirarte ha trabajado diversos géneros literarios como la dramaturgia, poesía y literatura fantástica. Ha impartido clases en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde 1987, tanto en la licenciatura como en la Maestría y Doctorado en Letras.

En los últimos 30 años su producción ha alcanzado más de 20 títulos publicados en México y en el extranjero. Además, es director de la Colección Al siglo XIX. Ida y Regreso, editada por la Coordinación de Humanidades de la UNAM, con 60 volúmenes a la fecha sobre diferentes aspectos de esa centuria.

En abril visitó Xalapa para presentar su obra El fantasma de la prima Águeda, en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2018 de la Universidad Veracruzana (UV).

¿Qué papel tiene la poesía en una sociedad?
Ése es un tema que precisamente yo me preguntaba en mi discurso de ingreso a El Colegio Nacional –el 3 de marzo de 2016–, porque uno de los mandamientos de la creación de dicha institución dice que ésta se funda para fortalecer la conciencia de la nación.

La poesía tiene esa obligación de ser una entrada más profunda en la realidad, no es escape de ella sino un indagar en las esencias de las cosas. Por eso decía José Gorostiza que el poeta es un hombre de Dios, porque puede en un momento breve sostener el milagro de la creación. Si un poeta no llega a ese sostenimiento de la creación, en algún momento, no tiene nada que hacer.

Yo estoy convencido de que la poesía es una entrada en la realidad y que es tan necesaria como cualquier otra actividad profesional. El trabajo de un poeta es tan necesario como el de un abogado o de un médico, lo que pasa es que sus efectos no son inmediatamente perceptibles, son invisibles. Eso también tiene su lado bueno, que sea un arte para iniciados; sin embargo, usted dice “ese pastel fue un poema”, “aquella comida fue un poema”, “aquella mujer es un poema”, porque (normalmente) utilizamos la palabra poético.

“¿Qué es poesía?”, decía Bécquer, “Poesía eres tú”, cuando veía a la mujer, es decir, utilizamos la palabra poesía, poema, poético para nombrar lo innombrable, eso revela la importancia de la poesía.

¿Por qué si es tan necesaria, no tiene tal importancia en la sociedad?
No está presente aparentemente. Los poetas jóvenes de La Candelaria, en Colombia, ponen en un grafiti “La poesía no se vende, porque no se vende”, qué quiere decir eso, que la poesía no tiene valor comercial porque precisamente es incorruptible.

Los malos narradores –porque los buenos proceden de la poesía, ahí está Fernando del Paso que primero fue poeta, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges– dicen que los poetas no llenamos toda la página, que escribimos chiquito; sin embargo, la poesía es concentración, el escritor auténtico sabe que la poesía es la concentración máxima del leguaje.

Pero ante la pregunta ¿Por qué la poesía no tiene éxito comercial?, la respuesta es porque su labor es invisible, es subversiva y penetra hasta donde la gente no se da cuenta. Cuando alguien dice “yo no leo poesía porque es muy complicada”, sí, es complicada porque hay una concentración de la energía verbal y emocional de la humanidad.

Así como cita a los “malos narradores”, ¿considera que actualmente las editoriales comerciales publican como literatura textos que no lo son?
Sí. Desgraciadamente en las editoriales comerciales –yo he publicado en ellas– uno se convierte en un número, en una posibilidad de vender. Al principio hay ruedas de prensa y mucho consentimiento, y después como uno no es un best seller se convierte en un ser destinado al olvido; por eso es que creo mucho en las pequeñas editoriales o en la autoedición.

En Guadalajara el poeta Jorge Esquinca dirige la Editorial Mano Santa; tiran sólo 100 ejemplares, 70 para el poeta, 10 para el diseñador, 10 para el director de la colección y 10 para el editor. Después, lo suben a la red, para que la gente pueda tener acceso a los poemas.

Aunque yo pertenezco a una generación que adora el papel, que quiere más el papel, entiendo que es una forma de dar a conocer al autor en las redes sociales.

En general, soy enemigo de las redes sociales, no estoy en Facebook, no las uso. Pero hace unos meses subieron un poema mío que le mandé a Patricio Robles Gil, activista defensor de la vaquita marina, y me preguntó si lo podía subir (a las redes) y ha tenido muchas réplicas ahora que murió el último rinoceronte blanco del mundo, “Sudán”.  Entonces, me di cuenta del enorme poder que tienen las redes sociales.

¿Eso le incitó a incursionar en ellas?
Todavía no (risas). Recuerdo que un amigo, Roberto Coria, un gran divulgador de la literatura fantástica, un gran estudioso, gran investigador de literatura detectivesca me decía “Acuérdate lo que decía Sherlock Holmes en la nueva serie, ‘es más importante estar en las redes sociales que conocer 250 tipos de cenizas’ ”.

Lo entiendo, la erudición a veces es un tanto egoísta, la torre de marfil, puede ser. A mí me dan pánico las redes sociales, porque desde su nombre, “redes”, hablan de que se acaba el anonimato, la privacidad, pero creo que también tiene que ver con la sociedad moderna que tiene miedo del silencio, del aislamiento, y lo que mi generación busca tal vez es eso: la soledad, el aislamiento. También hay que entender lo que significan estas nuevas peticiones.

¿Ambas posturas son respetables?
¡Claro! Hay que entender lo que es eso. Cuando uno se mete a un café con la intención de leer o escribir, no se puede, porque hay pantallas de televisión o música estridente. Ya no se tiene posibilidad del anonimato.

¿Qué  opina de las editoriales universitarias?
Ahí está la solución. Con algunos compañeros recordaba que mi primer libro de poemas fue publicado por la Editorial de la Universidad Veracruzana (Teatro sobre el viento armado, 1978). Tengo el privilegio, el recuerdo de que quien me entregó ejemplares de mi primer libro fue el maestro Sergio Galindo, nada más ni nada menos. Eso para mí es un gran orgullo y por eso también hay una relación muy emotiva con Xalapa.

Me acuerdo cuando me preguntaban “¿Por qué publicas en las universidades?”, mi respuesta era “porque son las únicas que me quieren publicar”. Además, también sigo creyendo en la editorial universitaria. Cuando iba a cumplir 60 años dije: “Quiero una antología y que sea publicada por una universidad, por mi universidad”.

Entonces, publiqué una antología de textos sobre la ciudad, crónicas, poemas, cuentos, Fundada en el tiempo. Aires de varios instrumentos por la Ciudad de M

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