Justificación

Desde su invención a finales del siglo XIX, el cine ha sido actividad recreativa, referente cultural, relator de hechos y creador de historias, testigo de realidades y también nostalgia pura; pero, sobre todo, ha penetrado en nosotros y se ha instalado como una parte fundamental de nuestra memoria colectiva. Ha sido un mensajero eficaz e imaginativo para configurar nuestras realidades, nuestras expectativas y nuestros sueños como sociedad.

El cine convoca a la ciencia, la tecnología y el arte. Trinidad que se ha extendido a partir del cine hacia otros medios audiovisuales y aspira a alcanzar el legítimo ideal del acceso justo, masivo y directo de la transmisión y creación de conocimientos y emociones. Y en México, durante los últimos veinte años, la creación, exhibición y consumo de cine han desarrollado una línea ascendente, al igual que la demanda de estudios cinematográficos.

Además, el avance tecnológico de los últimos veinticinco años ha hecho posible que la creación, circulación y consumo de narrativas audiovisuales sean parte sustancial de la vida contemporánea; lo cual ha tenido como consecuencia que desde la academia, se haya fundamentado la necesidad de ampliar el significado del concepto “alfabetización”, para que no siga limitado a saber leer y escribir textos impresos, sino que abarque conocimientos y habilidades que capaciten a los sujetos para leer y escribir textos en la multiplicidad de lenguajes y soportes que actualmente se utilizan para producir y compartir información.

Desde la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se ha reconocido la Alfabetización mediática e informacional como un fundamento básico para la democracia, asumiendo que en ella se apoyan la libertad de expresión y el derecho a la información; y se ha propuesto que la formación básica de todo individuo, lo lleve a ser capaz de “comprender las funciones de los medios de comunicación y de información”, de “evaluar críticamente los contenidos” y “tomar decisiones fundadas como usuario y productor de información y contenido mediático”.

Por ello, si bien es responsabilidad de los gobiernos nacionales implementar políticas educativas que faciliten la Alfabetización mediática e informacional de las poblaciones, la universidad pública tiene la obligación de honrar su compromiso con el bien común de la sociedad que la financia, y ejercer su autonomía para diseñar e implementar programas que impulsen los procesos de alfabetización que demandan las sociedades del Siglo XXI.