Año 17 No. 698 Noviembre 13 de 2017 • Publicación Semanal

Xalapa • Veracruz • México

Creación artística permite entender el mundo: Estefanía Ahumada

Contenido 31 de 36 del número 698

«Al construir una historia o un personaje, podemos comprender algo de la condición humana”

Como estudiante, participó en el Festival de Teatro Universitario

 

La egresada de Teatro ganó el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” 2017, con la obra La gota y el mar

Paola Cortés Pérez

Estefanía Ahumada Norato, egresada de la Facultad de Teatro, incursionó en este arte por el gusto de contar historias y construir personajes como una manera de sintetizar la realidad.
La universitaria compartió que desde su niñez tuvo una fuerte inclinación por las artes, en especial por el teatro, con el que tuvo su primer acercamiento a los 15 años, cuando tomó su primera clase.
Al cumplir 16 años se enteró de la convocatoria al taller de aspirantes para la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, y aunque lo cursó no pudo ingresar porque aún era muy joven, así que lo tomó dos veces.
“Al ser el único taller de teatro previo a la Facultad, me preparé muy bien porque también quería presentar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero mis padres no me dejaron ir pues era menor de edad, entonces ingresé a la UV.”
Ya como egresada y con el apoyo de su amiga Abigail Pulido, Estefanía se abocó a escribir La gota y el mar, en la cual plasmó su situación personal.
La universitaria inscribió su obra al concurso del Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” 2017, el cual ganó. El certamen, que se lleva a cabo cada dos años e inició en 2015, está dirigido a autores nacionales y extranjeros que residan en México, menores de 30 años.
El premio consta de un diploma, la publicación y el montaje de la obra con una temporada en el Foro “A Poco No” en 2018, y un estímulo económico otorgado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.
En entrevista con Universo, Estefanía habló sobre esta experiencia y su quehacer artístico en general.

¿Por qué te gustan las artes, en especial el teatro?
Lo que más me gusta es contar historias, porque es una manera de sintetizar la realidad; creo que al construir una historia o un personaje podemos comprender algo de la condición humana, a través de la historia de vida de alguien.
Algo entrañable del teatro es tener a ese otro individuo frente a ti, conviviendo contigo, es una magia irrepetible, eso es lo que más me gusta de las artes en general.
Con la escritura pasa lo mismo, es como tomar una porción de vida y tratar de recrearla lo más perfectamente posible, para transmitir a otros un sentimiento, un fragmento de vida. La escritura y el teatro te permiten crear cosas hermosas y, a partir de esto, entender el mundo.

¿Qué opinas sobre la mercantilización del arte?
En este sentido, existe una paradoja: por un lado, somos artistas y queremos vivir del arte; esperamos recibir un pago por ello y es muy satisfactorio vivir únicamente del arte.
Conozco muchos compañeros de mi generación y de otras que han tenido temporadas difíciles por tratar de vivir únicamente del teatro; normalmente tienen un trabajo estable que les brinda un ingreso económico y así pueden hacer teatro. Ellos desearían vivir de ser actores o directores, pero es difícil en esta sociedad. Considero que un pago digno para quienes nos dedicamos al arte es algo meritorio.
Pero, por otro lado, como vivimos en una sociedad capitalista y consumista, me parece que también hay artistas que más que transmitir un discurso estético o una historia, se fijan en las modas, en lo predominante del arte contemporáneo para imitar estilos que han tenido éxito y lucrar con ello.
Al final, es el artista quien se presta a esto para tener éxito más rápido, lo ve como un camino fácil para alcanzar su meta; pero también depende de los espectadores exigir arte de calidad. Esta situación se ve reflejada claramente en la plástica, pues a veces hay exposiciones que no tienen realmente un discurso estético.

¿Consideras que esta situación ha afectado al arte?
Creo que siempre ha existido y existirá, por algo en una determinada época hay cientos de pintores pero sólo recordamos a un Picasso.
Desde el lado de la actuación, siento que esta situación ha demeritado el trabajo; por ejemplo, yo intento prepararme lo mejor posible para ser actriz, tomo clases de cuerpo, voz, leo constantemente, me cultivo en un aspecto más profundo para hacer mi trabajo; mientras que otros actores que sólo buscan salir en la televisión y tienen una preparación muy escueta o nula, no buscan retratar a alguien con su personaje, lo más fácil para ellos es llorar y que les paguen.
Desde mi punto vista, podría ser grave que a estos dos tipos de actores los llamen artistas; siento que demeritan lo que hago, incluso si fuera más influenciable pensaría que no es necesario que lea o me prepare, sólo puedo fingir y ya, a cambio de un pago.
Entonces, si ofrecemos un producto de calidad, ya sea teatro o artes plásticas, podremos dar herramientas al público para decidir y exigir un arte de calidad, así podríamos contrarrestar un poco esta situación.

¿Qué opinas sobre el teatro que se hace en México?
Es difícil para un joven entrar al gran sistema del teatro nacional, una vía son las becas y premios, pero es difícil, desconozco si siempre fue así, lo cierto es que los apoyos que ofrecen las dependencias gubernamentales de cultura siempre los reciben las mismas personas, hay artistas consagrados que fácilmente obtienen apoyos para sus proyectos; mientras que para los jóvenes es más complicado hacerse de un nombre, para los colectivos es complicado e incluso imposible.
En el teatro nacional hay muchas vertientes para escoger: teatro social, de corte político, comedia, entre otros. Los jóvenes artistas deberíamos tener voz propia en esta gran diversidad, pero generalmente buscamos sumarnos a los consagrados, trabajar con ellos para adentrarnos en el teatro.
Me he dado cuenta que si uno quiere decir algo que no comulgue con algunas de las líneas consagradas, se puede hacer, es válido producir, escribir y actuar nuestro propio teatro como generación, porque sólo así podremos tener voz propia. Es una manera de hacer nuestro al teatro nacional.

¿Qué te motivó a participar en el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero”?
Desde hace un tiempo tomaba clases de dramaturgia con Estela Leñero, porque tenía la inquietud de escribir, de crear nuestros propios espectáculos y dejar de depender de la gente consagrada. Al mismo tiempo, atravesaba por un periodo raro a nivel persona, así que no fui constante al principio, pero tiempo después –junto con Abigail Pulido, también autora intelectual de la obra– decidí concretar una historia que sublimaría nuestras inquietudes y estado emocional.
Empezamos a escribir, yo llevaba el texto al taller para recibir comentarios de mis compañeros, también tuve asesoría de Jimena Eme Vázquez (ganadora de la primera edición del premio), gracias a que nos hicimos amigas, toda vez que sólo me había desenvuelto como actriz y recientemente como productora, pero casi todo mi trabajo había sido del lado de la actuación, por lo mismo me sentía falta de herramientas para poder escribir.
Hice unos cinco borradores, Estela Leñero me daba opiniones, Jimena y Abigail hacían lo propio. Fue una temporada en la que escribía, reescribía y reescribía. Al mismo tiempo, empecé a buscar convocatorias de premios de dramaturgia para fijarme fechas límite para la entrega del escrito, porque ya habíamos tenido un largo tiempo de investigación, lecturas, ideas y de generar todo el concepto, pensábamos que ya era hora de concretar.
Al ser mi primer texto, nunca imaginé que ganaría, me inscribí en el Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero” con el fin de contar con una fecha límite para tener listo mi borrador.
Nos dedicamos a escribir, llevaba el cuarto borrador, me sentía atascada en el final, así que me reuní con unas amigas, entre ellas Abigail e Ingrid Cebeda (quien dirigirá el texto), pues al día siguiente se cerraba la convocatoria. En una madrugada, yo escribía, trabajamos hasta las seis de la mañana, terminamos el texto, dormimos una hora y nos despertamos para revisar la ortografía y la redacción; imprimimos y nos fuimos a entregarla.
Este concepto lo pensamos a lo largo de un año y no habíamos podido concretarlo; para ser sincera, la verdad no vi cuándo publicaban los resultados, porque jamás imaginé que ganaría.
La noticia la recibí mientras estaba en un ensayo, fue Ángel Ancona, coordinador del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, quien me avisó que había ganado el premio; le pregunté tres veces si era verdad, porque no lo creía. Me puse a llorar porque se trata de una historia muy personal, muy íntima, de nosotros, de verdad que lo hicimos con el corazón.
No sé si sea el mejor texto, no sé si tenga el mejor estilo, sé pocas cosas sobre el oficio del dramaturgo, pero lo que sé es que pusimos muchas cosas nuestras, creo que sí pudimos crear una historia conmovedora.

¿Cuál es la historia de La gota y el mar?
La historia trata sobre Marisol, una mujer solitaria y muy estructurada, que cronometra su vida, enumera los minutos y las horas en los que ejecuta su día a día. Entre su rutina, tiene la costumbre de ver por la ventana a su vecino Marco. Los dos son personas tan estructuradas, incluso tienen una hora específica en la que se miran por la ventana, se gustan pero nunca se han hablado.
Un día Marco desaparece, eso le quiebra la rutina a Marisol, así que comienza a buscarlo; emprende un viaje para encontrar un reflejo de una persona a la que no conoce. Así, se va encontrando con personajes de la vida de Marco que le van diciendo cómo era y cómo decidió un día levantarse y hacer todo al revés.
En esta búsqueda del otro, nos damos cuenta que es una búsqueda de uno mismo.

¿Qué significa para ti que tu obra sea montada el próximo año en la Ciudad de México?
Me emociona, al igual que a mis compañeras, más que el reconocimiento, que el diploma o incluso que el estímulo económico.
Nosotras escribimos esta historia para montarla, no fue con en el afán de ser escritoras ni con esperanzas de ganar un premio, queríamos verla en escena y actuarla, para eso la escribimos.
Justo dos días antes de conocer los resultados, nos reunimos y decidimos que montaríamos la obra en Xalapa, porque sería más barato producirla, además podíamos hacerla con dinero y un foro prestados.
Acto seguido, nos dan la producción y un teatro en la Ciudad de México, como parte del premio que ganamos; entonces, esto fue lo que más nos emociona, porque el texto tiene muchas imágenes poéticas que sería muy caro montarlas, pero al ganar este premio las podemos hacer realidad.
Ver nuestros sueños e imágenes realizadas es lo que nos emociona más, porque es lo que añorábamos. También, una de las cosas que más me emociona es poder pagar el trabajo de mis compañeros del colectivo La Maniobra Teatro de la UV. Durante mucho tiempo habíamos intentado posicionar al colectivo y creo que con este premio lo lograremos.

¿Qué les dirías a los estudiantes de teatro?
Les diría que sí es difícil pero no imposible, creo que en este campo hay que ser persistente y dejarse guiar por la intuición para alcanzar sus metas, pese a todos los consejos recibidos por profesores, amigos y familiares, que son expresados de buena fe.
Debemos intentar que nuestra voz interior no se vea callada por las adversidades y opiniones de otros, porque ahí está la clave hacia donde debemos ir. Les diría que no hay mayor satisfacción que ver concretado un proyecto que nace de una idea propia.

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