Nota: ¿Aislamiento o cuarentena?

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Publicado por Oliva Noticias en Jueves, 26 de marzo de 2020

 

Tanto la cuarentena como el aislamiento ante riesgo de contagio de una enfermedad epidémica son medidas de seguridad sanitaria para proteger la salud de la población.

Por ello en nuestra Ley General de Salud se definen, para que todos sepamos de que trata cada una: aislamiento  es la separación de personas infectadas, durante el periodo de transmisibilidad, en lugares y condiciones que eviten el peligro de contagio (Artículo 405) y cuarentena es la limitación a la libertad de tránsito de personas sanas que hubieren estado expuestas a una enfermedad transmisible, por el tiempo estrictamente necesario para controlar el riesgo de contagio (Artículo 406).

En ambos casos se reduce la posibilidad de que una persona o animal pueda transmitir enfermedades a otros. La cuarentena y el aislamiento no está reservados solo para quienes están o tuvieron contacto con personas enfermas. Las personas que sanas pueden propagar un patógeno sin saber que son portadores: en las manos, en los zapatos o en otras superficies.

La Organización Mundial de la Salud, declaró el pasado 11 de marzo de 2020, como pandemia global al coronavirus COVID-19 debido a su capacidad de contagio. El gobierno de México ha señalado como necesario la adopción de diversas acciones para prevenirnos, entre las que se encuentran el reforzamiento de las medidas de higiene. Aunque no se ha declarado un acuerdo general de cuarentena o aislamiento.

Por su parte el Consejo de Salubridad General, en la primera sesión extraordinaria del 19 de marzo de 2020, reconoce al COVID-19 como enfermedad grave de atención prioritaria y contempla la adopción de medidas, incluidas aquellas para espacios cerrados y abiertos.

Mientras que la primera en actuar fue la Secretaría de Educación Pública, quien previo a la instalación del Consejo de Salubridad General, instrumentó como medidas preventivas: otorgar dos semanas previas al periodo vacacional oficial para la suspensión de actividades escolares, en suma, del 23 de marzo al 17 de abril de 2020. Aún y cuando la contingencia se encuentra en fase 1, es una gran oportunidad de impedir contagios.

Todas las autoridades de salud nacionales e internacionales han recomendado la auto cuarentena para las personas que exhiben síntomas y el aislamiento o distanciamiento social voluntario para todos los demás.

Muchas instituciones públicas y privadas han tomado en serio la recomendación. Por ello cancelaron voluntariamente eventos y emitieron mandatos para laborar desde el hogar,  en un esfuerzo por mantener la tasa de propagación de la enfermedad al mínimo. Debemos reconocer que el mayor esfuerzo es ciudadano, quien es responsable de sus acciones en este periodo.

Si suficientes personas participamos en la auto cuarentena y el distanciamiento social, es probable que el número de casos de COVID-19 se mantenga en un nivel manejable para los servicios médicos. Que es el principal objetivo.

Lo que se espera de estas medidas es conocido como el «aplanamiento de la curva», porque mantiene el número de casos a lo largo del tiempo por debajo de la capacidad máxima de los proveedores de servicios médicos durante la duración del brote (consulte el gráfico a continuación).

Al momento de publicar esta nota, la pandemia de coronavirus está en plena vigencia mundial. En nuestro país apenas se está expandiendo y queda por ver si somos capaces de mantener el número de contagios dentro de la capacidad de atención de nuestro sistema de salud.

¿Ha habido cuarentenas o aislamientos en el pasado?

El concepto de aislar a una persona enferma ha existido desde hace mucho tiempo. Entre las menciones más antiguas se encuentra en el libro bíblico de nombre Levítico, escrito entre los siglos V y VIII a. C. Donde se recomienda aislar a las personas sospechosas de lepra por 14 días y su aislamiento definitivo si se confirmaba la enfermedad. Aunque en ese tiempo las personas no tenían conocimientos de cómo se comportaban las bacterias o virus, o siquiera de su existencia, reconocieron el aislamiento como una forma de evitar que otros se enfermaran.

La práctica de una cuarentena surge como práctica preventiva casi a finales de la Edad Media. Europa estaba azotada por la peste negra, había una incapacidad total por controlar no sólo a los enfermos, sino que, incluso los servicios funerarios más básicos estaban superados.

Entonces las autoridades de las ciudades portuarias comenzaron a proteger a sus ciudadanos de los barcos que no solo podían traer enfermos, sino también ratas, las principales diseminadoras de la enfermedad. Se tiene el registro de que, en el siglo XIV, los barcos que llegaban a Venecia desde áreas afectadas por la Peste Negra (o peste bubónica), debían anclar lejos del puerto durante 40 días antes de atracar. Los venecianos lo llamaron “quaranta giorni”, o “40 días”, que se convirtió en «quarantino». La cuarentena de 40 días fue muy efectiva para Venecia y pronto muchas ciudades la practicaron.

En México hay una historia muy larga de epidemias, las cuales mermaron la población de los ciudadanos originarios, es decir los pobladores que vivían aquí desde antes de la conquista. La disminución de su población se debió a diferentes causas, pero principalmente a que fueron contagiados de enfermedades que trajeron los extranjeros (tanto europeos como africanos). Entre estas enfermedades destacan: la viruela, el sarampión, el tifus, la disentería, el tétanos, tos ferina y tuberculosis. ¿A qué le suenan? Ajá, al nombre de las vacunas.

Las enfermedades, la desmoralización por haber sido conquistados, la deficiente alimentación y las jornadas de trabajo a las que fueron expuestos originaron una situación de enfermedad incontrolable. El efecto mortal fuera tan alto, que la expectativa de vida promedio para los mexicanos de esa época (o novohispanos, pues aún no existía México) era de 35 años. Esto se observa en el censo de población de Revillagigedo de 1790, el cual registró que el 92% de las personas eran menores de 50 años. Con unas tasas muy altas de mortalidad infantil y materna.

En un México más reciente también se han vivido epidemias que representaron un reto para nuestros ancestros. Es en una de ellas donde encontramos una de las primeras menciones claras de aislamiento y cuarentena: El tifo exantemático. Esta epidemia acompañó durante varias décadas a nuestra nación, pero tuvo una particular atención a principios del Siglo XX del presidente Justo Sierra.

Gracias al apoyo y a las facilidades que dio a los científicos, se descubrió que era una enfermedad que parecía seguir a las aglomeraciones humanas. Que se transmitía por los piojos y pulgas, pero que se detenía donde  las condiciones higiénicas mejoraban y la persona enferma se ponía en aislamiento.

En fin, ya en los tiempos modernos se tienen evidencia que las cuarentenas pueden ser efectivas para minimizar la propagación y el riesgo de enfermedad. No siempre es la medida adecuada, por ejemplo, durante la epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) de 2003 se implementaron cuarentenas en muchos países, cuando puede no haber sido necesario. Pero no estuvieron de más. En el caso del Covid-19 parece ser una medida efectiva.

Sin embargo, como puede observar a su alrededor, son difíciles de aplicar a gran escala. Durante la epidemia de ébola de 2014 en Liberia y Sierra Leona, se cerraron barrios enteros y se les dijo a las personas que no podían abandonar sus hogares, bajo amenaza de cárcel. Los disturbios civiles que resultaron llevaron a las cuarentenas a ser levantadas después de tres días, porque cuando no se asegura el aprovisionamiento de insumos básicos para las familias, las personas se ven obligadas a ir por ellos aun en contra de la autoridad.

¿Entonces que debemos hacer?

Elegir críticamente y dentro de nuestras posibilidades, ser tolerantes y mantener la  calma. Como vemos desde hace más tres mil años, la cuarentena y el aislamiento fueron empleados como tecnologías contra la proliferación de enfermedades. Y las epidemias no controladas pueden causar graves daños a la población.

A medida que nuestra comprensión de cómo se transmite una enfermedad es mayor, podemos realizar cuarentenas y aislamientos más organizados y eficientes. En realidad, estas estrategias pueden evitar la proliferación descontrolada de la epidemia. Aunque no siempre son totalmente exitosas, las cuarentenas y el aislamiento retrasan o contienen los brotes epidémicos, al disminuir la interacción de los portadores de patógenos con la población sana.

Su éxito histórico contra enfermedades infecciosas, estableció la cuarentena como un procedimiento estándar para detener la propagación de epidemias y pandemias.

Es complicada de implementar voluntariamente pero obligatoriamente puede ser peor. A veces sentirás frustración al no poder salir con tu familia o hacer tu rutina normal, y ver que los números de contagios van lentos. Parece no haber peligro allá afuera, pero ¿Qué tal si los contagios van lentos porque la mayoría de los ciudadanos no salen de casa? Que vayan lentos es bueno para los servicios de atención médica.

Hay personas que no pueden hacer ni aislamiento ni cuarentena, ya sea porque sus actividades o condiciones no se los permiten, otros simplemente no tienen el conocimiento de lo beneficios comunes que estas acciones pueden generar o lo peores, los que no tienen la disciplina necesaria. Pero quiero decirte que tú, quedándote en tu casa, haces una gran diferencia. Les ayudas a quienes en verdad no pueden, aunque no lo creas.

Quizás, después del periodo de cuarentena o aislamiento siga habiendo contagios. Es posible, pero los sistemas de salud estarán mejor preparados de lo que están ahora para atenderlos. Se tendrá mayor conocimiento de esta enfermedad y se sabrá como afrontarla. Y estaremos más cerca de tener por fin, una vacuna para obtener inmunidad colectiva.

Mientras quédate en casa asilado o con cuarentena, hay tantas cosas pendientes ahí. Estas salvando vidas.

Informando con ciencia para Oliva Noticias Multimedios

Gladis Yañez y Rodrigo López

De Sábados en la Ciencia