Entrevista

Procesos de la noche une trabajo literario y activismo social

  • “La escritura sirve para dejar registro y para formar parte de una memoria sobre lo que está ocurriendo en México”, aseguró Diana del Ángel

Diana del Ángel dijo que el activismo social es una labor de largo aliento

Paola Cortés Pérez

18/05/18, Xalapa, Ver.-Diana del Ángel es poeta, ensayista y defensora de los derechos humanos. Escribió el libro Procesos de la noche, donde narra la odisea judicial que la familia de Julio César Mondragón tuvo que emprender para poder esclarecer la verdad sobre el asesinato del joven normalista de Ayotzinapa.

El caso de Julio sobresale por haber sido la evidencia más explícita de la violencia empleada en Iguala contra los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, y que derivó en la desaparición de 43 de ellos.

La escritora formó parte de los escritores invitados a la XXV Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), organizada por la Universidad Veracruzana (UV), y tuvo la oportunidad de presentar el mencionado libro.

Por esta obra ganó la Primera Residencia de Creación Literaria Ventura+Almadia en 2016. Durante la conferencia de prensa que ofreció, la joven escritora expresó: “Mi interés era contar la historia de gente pequeña, porque yo creo que hay mucha gente que pasa por batallas de este tipo. Es importante contar esas historias porque nos ejemplifican un camino para resistir a la violencia. Una de las motivaciones de la familia en esta lucha es que algo así no vuelva a ocurrir”.

Dijo que ésta es una forma de ayudar a las personas, al enseñarles cuál es el camino que deben seguir en situaciones como la vivida por la familia de Julio César, las cuales por desgracia no acabarán pronto.

Diana del Ángel es maestra en Letras Mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas entre 2010 y 2012.

Desde 2002 forma parte del taller Poesía y Silencio. Barranca, su segundo libro, se hizo acreedor a una mención honorífica por parte del Premio Nacional de Poesía “Dolores Castro” 2013.

Ha publicado Vasija(2013) y artículos sobre literatura en revistas como Tierra Adentro, Este país, Cuadrivio, Casa del tiempo, Círculo de poesíay Artetipos. Algunas de sus traducciones del náhuatl al español han sido publicadas por la revista Fundación.

Durante su participación en la FILU 2018 platicó con Universo sobre su lado como activista social y la manera en que lo relaciona con la literatura.

Además de escritora, eres activista por los derechos humanos. ¿Desde cuándo y cómo has podido combinar ambas actividades?
En realidad apenas pude hacerlo en el libro Procesos de la noche, fue la manera que encontré de juntarlas, porque antes siempre habían estado separadas. Hasta ahora, con esta experiencia, me di cuenta que la escritura sirve para dejar registro y para formar parte de una memoria sobre lo que está ocurriendo en México, aunque sea sólo un caso puede ser también una manera de defender los derechos humanos. Ésta es la primera vez que logro conjuntar ambas cosas.

¿Cuál fue la principal dificultad que enfrentaste para lograrlo?
Fue difícil porque lo que se narra son cosas muy complejas. He conocido personas que están de lleno en defensa de territorios, de vivienda, y lo que noto es lo difícil que es para ellas el hacer activismo al mismo tiempo que comentan y/o dejan un registro del caso.

Muchas veces tienen que escoger entre hacer las cosas o tomar fotografías y/o notas. En mi caso fue posible porque estaba dentro de un colectivo y entonces tuve la oportunidad de acompañar y tomar notas, eso es lo más difícil. Lo complicado sería combinar la actividad como defensora con la documentación y la literatura.

¿Cómo es posible que tu espíritu no se quiebre ante el dolor y violencia que ves, escuchas y narras?
Pienso que la única manera de sobrellevar todo esto, en general para los defensores de los derechos humanos y en mi caso en particular, tiene que ver con una práctica del autocuidado.

También es bueno rodearte de amor, de las personas que te quieren, siempre ser muy honesto con uno mismo, así como medir tus fuerzas y tus alcances. Ésta es la manera que he encontrado.

¿De dónde viene la fortaleza para continuar como defensora de derechos humanos?
Lo importante es concentrarnos en lo que sí se ha logrado, yo creo que hay avances “chiquitos” en el país.

Además, debemos estar conscientes de que casos como el de Julio, que narró en Procesos de la noche, son muy largos y no alcanzarán justicia en las instancias nacionales, sólo podrán alcanzar cierta justicia cuando se llegue a organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Para llegar a este punto se tienen que agotar todos los procedimientos en México, eso implica los trámites burocráticos, así como desgaste económico y moral; tardará 10 años en llegar a la CIDH para que se pueda juzgar al Estado mexicano y hacerle una recomendación, que es lo que se puede hacer.

Entonces, se debe tener claro que es un trabajo de largo aliento, así que se deben valorar los pequeños logros; por ejemplo, ahora se puede hablar de tortura en el caso de Ayotzinapa porque hay un expediente elaborado por peritos argentinos en antropología forense, que permitió abrir una averiguación previa, es un gran avance, aunque esto debía hacerse desde el principio.

Otro gran avance, creo, es que se pudo reunir a Marisa –esposa de Julio César– con su hija, que vivía en Tlaxcala al cuidado de sus abuelos, mientras ella trabajaba en la Ciudad de México, entonces no la podía ver todos los días. Ahora que le hicieron su cambio de plaza ya pueden estar juntas.

Y regresando a la pregunta, la fortaleza la obtengo de concentrarme en las cosas pequeñas, que sí se dan, para seguir adelante.

¿Cuál sería el lado satisfactorio de ser escritora y defensora de derechos humanos?
Saber que mucha gente que no conocía el caso y que no sabía quién era Julio, puede acercarse a esta historia y, tristemente, reflejarse, porque casos como el de Julio ocurren en México todos los días.

Me gustaría pensar que algunas personas en una situación similar van a encontrar en el libro una compañía en su camino y saberse que no están solos. Ésta sería la parte satisfactoria de mi trabajo.

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