Núm. 3 Tercera Época
 
   
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Adrián Mendieta
METÁFORAS DE LA LUZ
 
 
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Convocatoria

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
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Con este idilio, contrasta fuertemente el panorama que el río le ofrece a Florentino durante su segundo viaje, décadas más tarde, a bordo del buque La Dorada –alusión a Eldorado–, en compañía de su antigua amada, la sexagenaria Fermina, y del capitán Samaritano que

les tenía un afecto casi maternal a los manatíes, porque le parecían señoras condenadas por algún extravío de amor, y tenía por cierta la leyenda de que eran las únicas hembras sin machos en el reino animal (...). Un cazador de Carolina del Norte (...) había desobedecido sus órdenes y le había destrozado la cabeza a una madre de manatí con un disparo certero de su Springfi eld, y la cría había quedado enloquecida de dolor llorando a gritos sobre el cuerpo tendido. (ibid: 439)

Pero no sólo los animales endémicos del gran río que han acompañado como símbolos la historia moderna del continente son ahora, a fi nes del siglo XX, víctimas de la invasión antiecológica: todo el río, toda la Tierra amazónica multifl uvial está condenada a la lenta muerte de la sequía:

Navegaban muy despacio por un río sin orillas que se dispersaba entre playones áridos hasta el horizonte. Pero al contrario de las aguas turbias de la desembocadura, aquellas eran lentas y diáfanas, y tenían un resplandor de metal bajo el sol despiadado. Fermina Daza tuvo la impresión de que era un delta poblado de islas de arena. —Es lo poco que nos va quedando del río —le dijo el capitán. Florentino Ariza, en efecto, estaba sorprendido de los cambios (...) y se dio cuenta de que el río padre de La Magdalena, uno de los grandes del mundo, era sólo una ilusión de la memoria. El capitán Samaritano les explicó cómo la desforestación irracional había acabado con el río en cincuenta años: las calderas de los buques habían devorado la selva enmarañada de árboles colosales que Florentino Ariza sintió como una opresión en su primer viaje (...)

García Márquez nos enseña desde una perspectiva nueva, moderna e inesperada, la sabiduría dialéctica de Heráclito de que uno no puede bañarse dos veces en el mismo río, aunque no por haber corrido mucha agua río abajo como pensaba aquel filósofo, sino porque el agua está tan intoxicada que uno por la contaminación no se atrevería por segunda vez a bañarse en él. La Amazonia con sus ríos, selvas, animales y plantas está en peligro de extinción ecológica.

Epílogo mexicano

Los grandes ríos mágicos sudamericanos existen sólo en el Sur subcontinental. México no es un país con ríos grandes, por lo menos no con la longitud y la anchura de los laberintos de sus hermanos del Sur. Sin embargo, hay también una poetización de la Amazonia por un mexicano, el compositor Daniel Catán, que escribió una ópera, un melodrama musical con el título Florencia en el Amazonas según el libreto de su compatriota Marcela Fuentes-Berain, una mezcla de algunas de las novelas arriba mencionadas, que alude como ellas a los mitos creados después de la Conquista en esa región.

Las mayores intertextualidades existen con El amor en los tiempos del cólera, pues la acción se desarrolla a bordo de un vapor al igual que el fi nal de aquella novela garcíamarquiana, aunque el río no es el Magdalena sino el Amazonas. El navío se llama Eldorado, asociando a La Dorada, el vapor de la novela de García Márquez, y, de manera muy directa, al mito de Eldorado. La protagonista no se llama Fermina, como la de la novela garcíamarquiana, sino “Florencia”, feminización de Florentino Ariza, nombre del protagonista masculino de la novela. Mientras que la anciana Fermina Daza de la novela se reúne en el buque con el amante de su juventud al fi nal de su vida, la Florencia de la ópera quiere reunirse al fi nal del viaje fl uvial con el amante de su juventud. Florencia no es, como Fermina, una mujer casada de la clase media alta, sino una famosa cantante de la ópera, que quiere volver al lugar de sus primeros triunfos y de sus primeros amores, la famosa Ópera de Manaus, construida en medio de la selva amazónica al estilo art nouveau con 1 200 asientos en los tiempos dorados del boom del caucho. Y el río no es el Magdalena garcíamarquiano, sino el más conocido, más grande y más mítico Amazonas, cuyo espíritu acuático emerge de vez en cuando de las olas.

 
 
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