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Del CIDH al IIP.

Las historias institucionales  siempre contienen historias personales que las definen y las abrazan para ser lo que llegaran  a ser. En 1976, en el marco de una transición del gobierno federal, y durante el sexenio del Gobernador Rafael Hernández Ochoa en el estado de Veracruz, nace el Centro de Investigaciones y  Desarrollo Humano de la Universidad Veracruzana, merced a una situación conflictiva que se estaba viviendo, origen que es compartido por otras  entidades de la UV y del país.  Separar a docentes y estudiantes, ubicarlos en una nueva entidad académica y dotarlos de los recursos elementales para que iniciaran una nueva vida, que bien a bien no se vislumbraba como sucedería tal cosa. Había, sin embargo un elemento que permitía y facilitaría la integración y la personalidad que tal entidad tendría, las características de este grupo eran su capacidad de análisis y critica y su sabida habilidad para no seguir ordenes de los demás, menos aun cuando  estas  se consideraban  inadecuadas, aunado a esto, y no menos importante estaba la inquietud académica y el cuestionamiento hacia ciertas posiciones teóricas. Así, todas estas cuestiones funcionaban generando grandes alianzas y variadas complicidades.

Acordada  la propuesta, no sin cuestionamientos y prejuicios,  Se inicia la construcción de  la propuesta  académica, definidas de antemano  vía la Ley Orgánica, la verdadera dificultad  no estaba en su definición, sino en la operación de sus tareas. Esta la estructura ya formalizada en acuerdo a lo que indican los organigramas correspondientes. Tan solo se agrego el departamento de servicio a la comunidad por cuan hace a problemas psicológicos. De tal forma que las actividades básicamente estaban divididas en, investigación, servicio y docencia. El personal, constituido por académicos, alumnos  y becarios, emprendió así una aventura que muchos apostaban no dudaría mucho.

Ahora bien, se contaba con experiencia docente y  en  prácticas profesionales, no así en  la investigación.  Algunas ideas rondaban en la cabeza de los maestros, y desde luego que cada uno construyo su proyecto y trabajo en él,  sin embargo, pronto la realidad se encargaría de evidenciar la necesidad de que los  trabajos  habrían de trabajarse y  presentarse de manera más organizada.  Lo más sobresalientes de los primeros tiempo de esta entidad es que se crea un laboratorio de investigación básica en psicología e incluso allí trabajo una generación de psicólogos experimentales.

Unos meses después, y  con nuevo director, ubicados en una casona vieja de la calle de Corona, cuyo principal atractivo era que estaba cerca de los berros, se impartieron clases a los alumnos de Psicología Clínica, única generación de Licenciatura que egreso del CIDH, así que casi al mismo tiempo  y previendo la no llegada de alumnos para la siguiente generación,  inicia un proceso de redistribución de tiempo y de actividades. La convivencia cotidiana se desplaza de las oficinas y cubículos, al café o el parque, se trata de un grupo compacto que de manera implícita reconoce que la unidad es lo que le da fortaleza y queda claro que de esta forma hay seguridad en la sobrevivencia. Conscientes de las carencias y siempre con el espíritu de cumplir con la responsabilidad, se intento saldar las carencias con un largo pero productivo seminario de investigación, sin duda esta actividad marco a todos los que de él participaron y allí fue donde se midieron fuerzas y se definieron intereses.

De allí vinieron cambios de domicilio, poco ingreso de personal, salidas a recolectar información,  primeros congresos, encuentros con colegas de otras entidades, y desde luego la atención al público.  Ya el CIDH se encuentra en la calle de Jesús Reyes Heroles,  son instalaciones mejoradas, el avance en los trabajos se hace evidente y surge por esos tiempos la interrogante de si alguien conoce lo que se hace y quienes lo hacen en el Centro. De tal forma que se empieza a dar a conocer mediante un boletín del Centro. Para que tiempo después diera pie al nacimiento de lo que sin duda se ha convertido en la carta de presentación del Instituto de Investigaciones Psicológicas, la revista Psicología y Salud. Esta historia parece reflejar el movimiento y cambios de la época; del legendario mimeógrafo  y la máquina de escribir  con los que se hacia el boletín a los procesadores y  software donde se procesó Psicología y Salud.

Habría de ocurrir otra circunstancia en esos tiempos, la llegada de la Psicología de la Salud al CIDH,  por la mejor y más entusiasta de las vías, los propios académicos del Centro, quienes habiendo asistido a un Seminario en Cuba, llegaron  con a con la buena nueva.  La Psicología de la salud,  se convirtió así en uno de los campos de aplicación más importantes y sobresaliente de la psicología y en el CIDH se adopto,  se cuido y se convirtió  en la  primera línea de investigación. A la postre, es el Cuerpo Académico más avanzado y la línea más importante en el IIP.

Finalmente, para 1984,  el CIDH se cambia a su actual domicilio, se da el decreto por el que se convierte en Instituto de Investigaciones  Psicológicas,    ubicado en la calle Dr. Luis Castelazo s/n,  colonia Industrial Animas, ocupa, en un principio dos pequeños edificios y cuenta con un área de atención al público, un laboratorio, y  una sala de juntas. Poco a poco los académicos se van formando y poco a poco el IIP  va tomando rumbo y cada día su presencia es más evidente en el medio académico,  ya existen líneas de investigación, sesiones de discusión de temáticas referentes a la disciplina, cuerpos colegiados, participación en redes temáticas, una buena asistencia o y organización de eventos,  se da posgrado a nivel de Maestría, en fin es una vida de un joven instituto que cue3nta con experiencia y mucho entusiasmo para trabajar y avanzar hacia sus objetivos.

40 años después, el IIP, puede decirse es un adulto, responsable de sus actos, que, mirando hacia el futuro se piensa y se siente lleno de vigor para vivir una larga vida , graduando recursos humanos en Psicología, cuenta con tres cuerpos académicos, la revista Psicología y Salud, laboratorio, biblioteca, tres salas de aprendizaje, una sala multimodal, sala de juntas, cubículos para todos los investigadores, becarios, jóvenes en servicio social, brinda cursos de licenciatura, comparte proyectos co otras instituciones , participa de redes, grupos de investigación, movilidad de alumnos ye investigadores y sobre todo hay un proyecto académico compartido que le da fuerza y consistencia para enfrentar el fututo.

No obstante la poco importancia que en general se concede a la psicología en los ámbitos social y laboral, el IIP n estos tiempos  es una institución de educación superior que hace investigación en psicología, está constituido por dos generaciones; la que cuenta con la experiencia y conoce, se identifica y reivindica su existir y la generación de jóvenes investigadores que van haciendo camino firme, solido  y de vanguardia, formados en la disciplina, en la metodología, ocupados y preocupados por los problemas no solo de la región sino incluso de carácter global, en fin aquellos que desde sus inicios saben, creen y confían en que serán investigadores por elección.

Las vidas de muchos se pueden contar a la par de la del IIP, cosas de la vida común que siendo parte del existir fueron creándose y desarrollándose a la par, uniones, desuniones, nacimiento y crecimiento de hijos, estancias fuera de la ciudad, adhesión o negación de opciones teóricas, alfabetización tecnológica, turismo académico, convenios y trabajo colaborativo. En fin, hablar de los cuarenta años se podría pasar horas contando anécdotas e historias, la intención de mirar al pasado, en lo personal y en lo institucional,  es para valorar la actuación,  revivir lo bueno,  reconocer, para corregir, errores, y proyectar el futuro. El futuro del IIP está marcado por una larga sobrevivencia, un desarrollo y compromiso institucional y una gran planta de investigadores- docente de primera línea conviviendo con estudiantes  que miren su entorno en el contexto de la internacionalización del un mundo global.

María Luz Márquez Barradas.
Mayo de 2016