En peligro, palmares que nos visten y alimentan

Mauricio Arturo Juárez Fragoso, Noé Velázquez Rosas, Juan Carlos López Acosta *

* Centro de Investigaciones Tropicales (CITRO) de la Universidad Veracruzana

 

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Abrir una lata de corazones de palmitos es solo para ocasiones especiales, dicen. Comprar un envase con 400 gramos, que cuesta entre 35 y 70 pesos, no solamente nos calma el hambre o nos hace quedar bien, también contribuye a las 938 toneladas que México importa de palmitos al año, o al menos es lo que indican las estadísticas de hace un par de años.

Los palmitos son caros porque son el corazón de la palma: cada una debe crecer de diez a 15 años para dar, una sola vez, un kilo o dos de palmito. Después de eso se talan, pues a diferencia de los árboles, las palmas mueren sin sus yemas apicales o «cogollos», esos que dan origen a los palmitos. ¿Por qué comprarlos a otros países cuando los palmares de México ofrecen este mismo producto? La especie Sabal mexicana es un buen ejemplo.

Además de comida sofisticada, los palmares son un tipo de vegetación de importancia biológica y social, pero representan menos del 1 por ciento de la vegetación que existe en el país. Este número tan pequeño contrasta con la gran cantidad de beneficios que ofrecen.

 

 

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Techo, comida y hospedaje

Desde épocas prehispánicas han brindado bienes y servicios, ya que de las palmas se han extraído fibras, ceras, azúcar, alcohol, aceites y medicinas, así como materia prima para elaborar artesanías. Para la construcción, el tallo es utilizado como viga o sus hojas como techos de cientos de palapas de la región.  Esto convierte a las palmas en una de las tres familias de plantas más importantes para el ser humano, después del maíz y las legumbres.

En términos biológicos también tienen un papel relevante: son alimento para muchos animales silvestres, como coyotes, monos, tucanes, loros e insectos, y hogar para diferentes tipos de plantas. A pesar de todo, los palmares han sido muy poco estudiados en el país porque durante mucho tiempo se creyó que eran una vegetación «de segunda».

Hoy, investigaciones como la realizada por la Universidad Veracruzana en el área de Tlalixcoyan, Veracruz, está ayudando a reconocer la importancia de los palmares como sitios de resguardo y mantenimiento de biodiversidad.

Desde el Centro de Investigaciones Tropicales,  científicos de la UV han encontrado que las palmas, por su arquitectura, tienen mayor capacidad de retener a otras plantas en su estructura.  A este tipo de plantas se les llama epífitas, las que se han adaptado a vivir sobre otras plantas sin causar daño a su hospedero.  Esto es bueno porque las epífitas ofrecen no solamente recursos sino espacios a diversos grupos de animales como insectos, anfibios y aves, y esto colabora en el mantenimiento de la biodiversidad del lugar.

De hecho, encontraron que algunos palmares pueden alojar tantas especies de plantas como algunos tipos de selva, e incluso más que ciertos bosques. Por ejemplo, en un solo palmar se encontraron más de 81 especies de plantas, casi lo mismo que hay en la selva.

 

Palmares en peligro

A pesar de que se ha demostrado que los palmares son útiles para el hombre, las superficies ocupadas por esta vegetación son cada vez menos y están disminuyendo cada vez más rápido. Es el caso de Tlalixcoyan, al sur de Veracruz, donde las tierras dedicadas a cultivos agrícolas o a ganadería crecieron de 20 mil a 56 mil hectáreas en sólo tres años, de 2002 al 2005.

También se ha registrado una disminución en el uso de hojas de marrachao (Sabal mexicana) para la construcción tradicional. Actualmente el precio de 400 hojas es de tan solo 100 pesos, menos de la mitad de lo que se paga en otras zonas del país. Esto ha desmotivado a los campesinos a conservar los palmares y los ha llevado a transformarlos en sistemas “económicamente” más redituables como cañales o pastizales.

Por otra parte, existe un problema de consenso científico que ha mantenido a los palmares en el olvido y poco estudiados.  Algunos autores consideran que los palmares representan comunidades secundarias derivadas de las actividades humanas. Esta perspectiva coloca a los palmares como una vegetación “degradada y sin importancia”.

Estando en esta categoría están vulnerables y sin protección. Sin embargo, hay una corriente de investigación que sí ha clasificado a los palmares como sistemas que se desarrollan de manera natural persistiendo sin la influencia del hombre. Por ello, con estudios como los realizados por la Universidad Veracruzana, se puede consolidar la evidencia de la importancia de este tipo de vegetación.

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Infografías: Sergio Segura, DCC-UV

 

Las alternativas

En México, el manejo sustentable de los palmares apenas inicia. En el estado de Yucatán, por ejemplo, han logrado realizar proyectos de plantaciones forestales mixtas, es decir, donde conviven la palma (Sabal yapa) y otras especies como el cedro. Ahí, las estimaciones económicas muestran que la venta de las hojas de palma podría generar más ganancias que la venta de cedro hasta en un 30 por ciento.

En otras regiones del país las ganancias económicas obtenidas de productos elaborados con palmas son muy importantes. Según el estudio Uso y manejo de tradicional de la palma de guano en el área maya de Yucatán, en algunas comunidades mayas se han registrado ventas anuales de hojas de palma hasta por 208 mil pesos. Otro caso, un informe de mercadeo de la palma soyate muestra que en algunas tiendas de Guerrero se venden por semana más de 500 sombreros con ganancias hasta por 7 mil 500 pesos.

Su potencial económico, así como su riqueza biológica y diversidad hacen al de los palmares un mundo sorprendente y también amenazado. La próxima vez que viajemos por las carreteras de Veracruz y veamos algún palmar recordemos que estos lugares son un punto de interacción y protección de muchas especies y además nos proveen de bienes y servicios.

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