Alzheimer, el lado oscuro del olvido

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Elizabeth Vázquez Narváez*

El escritor uruguayo Mario Benedetti calificaba de faena inútil al olvido y sin presagiar lo que ocurriría en su historia personal años más tarde, alguna vez dijo que no había fuerza capaz de demoler la morada del pasado. La enfermedad que su esposa, Luz López, sobrellevó durante varios años, hasta su muerte, le enseñó lo contrario.

Luz tenía Alzheimer y como le sucede a quienes sufren esta enfermedad se sumergió lenta, progresiva e inexorablemente en la oscuridad, olvidándolo todo, dejando de reconocerse incluso a sí misma.

Desorientación de tiempo y lugar, pérdida de memoria, problemas para comunicarse y socializar, alucinaciones y cambios drásticos de humor, son algunos de los síntomas que acompañan a este trastorno neurodegenerativo que afecta principalmente a personas mayores de 65 años.

Ante el incremento de la esperanza de vida, se calcula que su incidencia aumentará drásticamente. Según estimaciones de la Alzheimer’s Disease International, para el año 2050 habrá 135 millones de afectados a nivel mundial. En México, actualmente hay más de 350 mil personas que sufren este trastorno.

Hace más de un siglo que esta enfermedad fue descrita por primera vez por el neurólogo alemán Alois Alzheimer y desde entonces se han logrado significativos avances en torno a su comprensión; sin embargo, aún no existe una cura y se desconocen las causas que la originan.

Mientras la “vacuna” contra el Alzheimer no llega, los investigadores apuestan por encontrar métodos de diagnóstico temprano y terapias de acompañamiento que ayuden a sobrellevar la enfermedad y retrasar, en la medida de lo posible, su evolución.

Lamentablemente, los primeros síntomas suelen iniciar años antes de que el paciente sea diagnosticado, por lo que generalmente reciben atención cuando la enfermedad ya avanzó.

Las señales de alarma se interpretan como parte del proceso natural del envejecimiento y se pierde tiempo valioso que podría suponer una mejor calidad de vida para el enfermo”, apuntó el Dr. Gonzalo Aranda Abreu, académico del Centro de Investigaciones Cerebrales de la Universidad Veracruzana (CICE-UV) dedicado al estudio de esta enfermedad.

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Terapia de rehabilitación y tratamiento farmacológico

Una vez que la enfermedad ha sido detectada y dependiendo del grado en que se encuentre, los tratamientos farmacológicos se enfocan usualmente a inhibir y regular compuestos químicos presentes en el cerebro que, debido a un desequilibrio en su producción, provocan la muerte neuronal.

Sin embargo, apuntó el especialista en genética y biología molecular, estas terapias no son lo suficientemente eficaces, “se requiere una alternativa accesible y segura, capaz de aumentar los beneficios de los tratamientos convencionales, sobre todo en las primeras etapas, donde la rehabilitación de las neuronas podría marcar la diferencia en la progresión de la enfermedad”.

Lo que el investigador plantea es un proceso de rehabilitación dividido en cuatro etapas: restauración de la membrana de la neurona, mantenimiento de la integridad neuronal, reconexión neuronal y activación del proceso de la memoria.

En estas tareas, los ácidos omega-3 podrían ayudar a la restauración de las membranas neuronales en el cerebro de los pacientes con Alzheimer, lo que permitiría que el tratamiento con fármacos sea más eficaz; posteriormente, para inducir la formación y mantenimiento de nuevas conexiones entre las neuronas, habría que incluir al ácido fólico”.

Las siguientes etapas contemplan a un potente antioxidante, el resveratrol –presente en alimentos como las uvas, las ostras o los cacahuates–, y la activación de procesos de la memoria inducida por el extracto de la planta ginkgo biloa, lo que mejoraría los efectos de la reparación de la membrana y la formación de uniones funcionales entre las neuronas (sinapsis).

Creemos que esta terapia de rehabilitación (que implica dosis controladas de las sustancias mencionadas), en combinación con el tratamiento farmacológico, nos da una buena posibilidad de mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes con Alzheimer como de sus familiares, quienes también sufren las consecuencias de la enfermedad”.

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Casos de éxito

Los resultados satisfactorios que se presentan en el seguimiento de dos pacientes que han probado esta terapia, alienta los esfuerzos del investigador y su equipo de trabajo.

El primer caso es el de una mujer de 83 años de edad, con un marcado declive cognitivo y bajo tratamiento farmacológico, que después de un año siguiendo esta terapia mostró mejoría en la memoria y fluidez del lenguaje, además de ser capaz de reconocer a sus parientes de nuevo.

El segundo caso es el de un hombre con un cuadro dramático de Alzheimer, también bajo tratamiento farmacológico, que tras someterse a esta terapia, mejoró notablemente su memoria y coherencia conversacional.

El investigador, que en 2009 fue incluido por el Centro Internacional Biográfico de Cambridge, Inglaterra, entre los 100 hombres de ciencia más prominentes, señaló que la terapia alternativa que propone podría tomar más de un año para tener un efecto, por lo que en las etapas avanzadas de la enfermedad no sería adecuado recurrir a ella debido a la gran cantidad de pérdida neuronal.

Esta terapia requiere de mucha paciencia y cooperación por parte de los pacientes y sus familiares, pero creemos que ofrece una buena opción para mejorar los resultados del tratamiento del Alzheimer”, concluyó el Dr. Gonzalo Aranda.

Conozca más sobre el cerebro en la Semana Mundial del Cerebro 2014, que se celebrará del 10 al 14 de marzo en la Unidad de Ciencias de la Salud de Xalapa. El programa puede consultarse en: www.uv.mx/semanadelcerebro.

Infografías de Sergio Segura, DCC-UV

Aquí puedes consultar la publicación original: CienciayLuz_040314

 

*Comunicadora del Centro de Investigaciones Cerebrales