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1925-1950, auge de la migración húngara

  • Aunque se ha perdido mucha información sobre el tema, Monika Szente-Varga detalló nombres y el quehacer de artistas húngaros que arribaron a México
  • La académica impartió la conferencia con la que iniciaron las sesiones de 2018 del Seminario de Historia Intelectual/Historia Cultural

 

Asistentes a la videoconferencia “Artistas húngaros en México durante la Guerra Fría”

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

06/02/2018, Xalapa, Ver.- La mayor migración de húngaros a México se dio entre 1925 y 1950, principalmente por motivos políticos, precisó la académica de la Universidad Nacional de Servicio Público de Hungría, Monika Szente-Varga.

Su videoconferencia “Artistas húngaros en México durante la Guerra Fría”, fue el motivo que le permitió explicar cuándo, cómo y por qué llegaron húngaros al país. Con este evento inició sus actividades 2018 el Seminario de Historia Intelectual/Historia Cultural del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la Universidad Veracruzana, el viernes 2 de febrero.

Monika Szente-Varga dijo que los contactos en el siglo XIX fueron esporádicos, y que fue a finales de éste que se generó una migración masiva de Europa Central y del Este a América. En el caso de los húngaros, coincide en tiempo con la monarquía que se estableció en 1867.

Precisó que la mayoría de las migraciones tenían como destino Estados Unidos de Norteamérica (EEUU), por ser más atractivo que América Latina, pero las salidas de los países europeos fueron paradas a causa de la Primera Guerra Mundial.

Después de ésta las migraciones se reanudaron, no obstante EEUU cerró sus puertas. “Las cuotas hicieron casi imposible que gente de Europa del Este pudiera entrar a EEUU, por eso empezaron a cambiar las rutas migratorias y mucha gente se dirigió a América del Sur, básicamente en el caso de los húngaros a Brasil y Argentina”.

Pero otros arriban a países cercanos de EEUU, concretamente a Cuba y México, con la idea de cruzar la frontera, “no se rinden y piensan que de alguna manera llegarán a la tierra de sus sueños.

”Es como se forma una colonia húngara en México en los años veinte, porque mucha gente se quedó o no logró pasar a EEUU o les gustó el país y se quedaron, básicamente en la Ciudad de México.”

El número de húngaros que arribó a México aumentó en la segunda mitad de la década de 1920, pero a principios de la de 1930 hubo una baja, con la crisis financiera mundial.

No obstante, en la segunda mitad de la década de 1930 nuevamente las cifras de migrantes aumentaron, así como en la Segunda Guerra Mundial.

“En el periodo de la entreguerra hay que distinguir dos tipos de húngaros, los que salieron de Hungría y los que salieron de los países vecinos.”

Aclaró que los húngaros que salieron de Hungría abandonaron el país porque ahí sufrían persecuciones –religiosas y políticas–, tenían problemas económicos o la combinación de ambas. “Por eso cuando llegaron a México no tendieron un vínculo estrecho con el país de origen y no necesariamente mantuvieron las costumbres húngaras”.

El otro grupo estuvo conformado por las personas húngaras que salieron de los países vecinos, concretamente de territorios que fueron cedidos en la Primera Guerra Mundial, cuando Hungría perdió el 70 por ciento de su territorio. “Hubo necesidad de salir y también hay que decir que esta gente originalmente perteneció a un pueblo dominante en un país y de pronto se encontraban como una minoría no muy querida”.

Añadió que “esta gente no tuvo problemas en Hungría, por eso cuando se establecieron en México generalmente mantuvieron lazos con los parientes, incluso con el gobierno húngaro”.

Pero se trata de personas que en México oficialmente no fueron húngaros, pues llegaron con pasaportes rumanos, yugoslavos, checoslovacos, entre otras nacionalidades. “Sin embargo, ellos mantuvieron más las costumbres y el idioma que la gente que oficialmente fue considerada de Hungría”.

En la Segunda Guerra Mundial la llegada de los húngaros a México fue mínima, pero después de 1945 se reanudó el arribo, sobre todo de quienes colaboraron con el sistema nazi; sin embargo, a partir de 1947 lo hicieron también quienes no estaban conformes con el sistema soviético.

“Tuvieron muy poco tiempo, porque para finales de 1940 el Partido Comunista tomó el poder en Hungría y después no fue posible salir del país. La migración se consideraba una actividad ilegal y peligrosa.”

Con tal régimen, sólo después de la Revolución de 1956 se permitió una migración de 200 mil personas, pero a México sólo llegó un puñado, los que tenían parientes, pues el gobierno mexicano no ofreció asilo general a los revolucionarios, sino que estudió de manera individual los casos. Por eso se podría decir que la gran mayoría de los húngaros llegó a México entre 1925 y 1950, es decir, en 25 años”.

 

Relaciones culturales

Respecto a las relaciones culturales húngaro-mexicanas en la Guerra Fría se pueden organizar en tres tramos: visitas de artistas; actividades culturales de inmigrantes húngaros y sus descendientes en México, y actividades artísticas de húngaros en México radicados en un tercer país.

Ello dio pie a que Monika Szente-Varga detallara una lista de artistas e intelectuales. Citó a László Passuth, autor de El Dios de la lluvia llora sobre México, entre otras novelas históricas. También a la pintora Béla Gy. Szabó, el Cuarteto Léner/Lehner, el artista gráfico Andrés Salgo y el pintor Emilio Rosenblueth.

La fotógrafa Kati Horna, los fotógrafos Imre Weisz Schwartz y Adalberto Ríos Szalay (también escritor). Los escultores Pal Kepenyez y José Sacal Micha (de orígenes húngaros por el lado paterno), por citar algunos. El pintor, escultor y ceramista José Fehér.

Además, habló de Luis Mandoki Somlo, cuyos padres fueron húngaros.

La académica citó lugares húngaros en la Ciudad de México, como la Parroquia del Señor de la Resurrección y la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, ambas con diseños de artistas húngaros.

El Seminario de Historia Intelectual/Historia Cultural está coordinado por los investigadores del IIH-S, Rogelio de la Mora y Mayabel Ranero, así como Elissa Rashkin, del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación, todos ellos miembros del cuerpo académico (CA) Historia y Cultura.

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