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Fernando Ávila, una vida colmada de esperanzador esfuerzo

  • Desde inicios del último tercio del siglo pasado vislumbró el florecimiento de las artes musicales en Veracruz 
  • En 1980 el gobierno de Austria le condecoró con la Gran Cruz de Honor 

 

Fernando Ávila formó a numerosos músicos que hoy destacan por su eficiencia y preparación

 

 

Jorge Vázquez Pacheco 

09/10/18, Xalapa, Ver.- Pocos personajes en la vida musical de Veracruz guardaban tan clara conciencia de su propio potencial artístico. Fernando Ávila Navarro era poseedor de una capacidad que él mismo se encargó de mantener alejada de las “tentaciones”, como la propuesta de Carlos Chávez en 1973 para encabezar la titularidad de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, posibilidad que nunca le atrajo del todo. 

En 1968 fungió brevemente como director adjunto de aquella emblemática organización en Bellas Artes y antes, durante una de sus estancias en Europa, había fundado en Alemania la Orquesta de Cámara de Klettenberg, en la región de Lindenthal. 

El perfil de Fernando Ávila registraba antecedentes de enorme valía: su amplia experiencia como ejecutante de corno francés, su preparación en dirección orquestal bajo la guía de Wolfgang von der Nahmer y del legendario Sergiu Celibidache, eran sus credenciales más significativas. Pero toda aquella sólida formación estaría destinada, por decisión propia, a un solo objetivo: transmitir sus conocimientos. Con ello se propuso contribuir decisivamente a la forja de jóvenes talentos, en una entidad urgida de renovación hacia la totalidad de su estructura artística. 

Una parte de su responsabilidad se apoyó en la tarea de mantener con vida a la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), organismo que en 1969 se mostraba tambaleante y casi agónico debido a las consecuencias de una de sus etapas de mayor crueldad financiera. Con audiciones aisladas y trabajo respaldado por apenas un puñado de esforzados instrumentistas, mostró los arrestos necesarios para el logro del milagro de la sobrevivencia en las condiciones más complicadas y difíciles. 

Su espíritu aguerrido le conduciría a corroborar una vez más y en nuestro propio ámbito que el arte, como la vida misma, florece en las condiciones más hostiles y adversas. 

Después de cinco años de briosa labor, en 1974 se dio la renovación en la OSX y le fue asignada la responsabilidad como agregado cultural de México en Viena; más tarde efectuó una gira de 20 conciertos por toda la República Mexicana al frente de la Orquesta de Cámara de Viena, y en 1980 el gobierno de Austria le condecoró con la Gran Cruz de Honor. 

En 1999 asumió la titularidad de la cátedra de “Técnica en la dirección orquestal” en la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana (UV) y con esta valiosa guía se formaron numerosos músicos que hoy destacan por su eficiencia y preparación. Fue también director de la misma Facultad, en uno de los múltiples encargos asumidos a lo largo de tan fructífera trayectoria. 

Existen muchos logros y detalles que escapan de todo registro bibliográfico, como las grabaciones que encabezó en Europa. Tampoco es mucho lo que se sabe de los conciertos dirigidos por él al frente de orquestas de China, Brasil, Chile, Perú, Guatemala, Estados Unidos, así como de su proyecto de investigación intitulado “Obtención y estudio de imágenes astronómicas”. 

Hoy, el contexto cultural de Veracruz se ensombrece ante la desaparición física de un espíritu colmado de ánimo guerrero y denuedo ejemplar. Es mucho lo que la música debe a Fernando Ávila y, con lo mismo, nos queda el consuelo de saber que no nos ha dejado del todo y que su legado mantiene pujante vigencia. 

Hereda, para la generación actual y las venideras, el modelo de un ánimo de sacrificio que le condujo hacia la labor sobre territorio aparentemente árido. Desde inicios del último tercio del siglo pasado ya vislumbraba el florecimiento de las artes musicales en Veracruz. De esta forma, su trabajo resultó en la premonición de un vasto panorama que hoy, para nuestra fortuna, se establece como los frutos del arrojo colmado de esperanza. 

¡Hasta pronto, querido Fernando! 

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