Entrevista

Herencia cultural se impone al tiempo: Yuribia Velázquez

  • Las comunidades han perdido su lengua e indumentaria originarias, pero no los saberes que se vinculan con la organización, la salud y la alimentación

 

La antropóloga estudia los saberes tradicionales en San Marcos Atexquilapan

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

08/02/2018, Xalapa, Ver.- Yuribia Velázquez Galindo, investigadora del Instituto de Antropología (IA) de la Universidad Veracruzana (UV),  estudia comunidades de origen indígena que a lo largo del tiempo han perdido su lengua e indumentaria originarias, pero no los saberes que se vinculan con la organización, la salud y la alimentación.

Su trabajo lo desarrolla en la comunidad de San Marcos Atexquilapan, perteneciente al municipio de Naolinco de Victoria, lugar que en la época precolombina fue poblado por totonacos. El principal interés de la investigadora es saber cuáles son los conocimientos que continúan vigentes y cuáles los que se han transformado.

“Cuando se utiliza el término ‘indígena’, sobre todo a nivel nacional, nos referimos a personas que tienen una lengua, una indumentaria y, por lo tanto, una cultura diferente. A consecuencia de las políticas públicas, orientadas a la castellanización y a la educación formal, que implica una relativa estandarización del pensamiento, en muchos lugares tales aspectos se han perdido.

”Sin embargo, en muchos lugares del país, incluso en el seno de las ciudades, se mantienen maneras distintas de ver el mundo que son interesantes y fundamentales para afrontar problemas contemporáneos.”

Velázquez Galindo explicó que en México, por ser un país colonizado, persiste la costumbre de buscar solución a los problemas sociales con políticas retomadas del extranjero, de culturas consideradas “superiores”, sin tomar en cuenta que tales soluciones corresponden a un contexto diferente.

La descalificación o invisibilización de alternativas generadas históricamente para abordar problemas humanos desde nuestro propio contexto, es una manera de generar un tipo de control social.

“Cuando te educan diciéndote que las respuestas sólo están a través de una ciencia que tiene cierto tipo de características, aprendes a negar lo tuyo; pero el rechazo a lo propio es un proceso histórico de colonización.”

Para la investigadora, quien se incorporó a la plantilla de investigadores del IA en agosto de 2017, la recuperación de saberes tradicionales es una necesidad ante los desafíos contemporáneos y también una propuesta política.

 

Saberes, familia y persistencia

Yuribia Velázquez celebró que los saberes ancestrales persistan gracias a su transmisión en el seno de las familias, de generación en generación.

“Hay muchas tradiciones que seguimos; por ejemplo, las abuelas nos enseñan qué alimentos debemos comer o evitar, cuáles tienen cualidades ‘calientes’ o ‘frías’, esto es conocimiento ancestral. ¿A quién no le han hecho una limpia con un huevo o realizado curaciones que no forman parte del marco de la ciencia? Sin embargo son efectivas,  por eso la recuperación de esos saberes es importante.”

Para ella, la ciencia no se ha interesado en este tipo de acciones, pues “se mueven dentro de un marco de pensamiento diferente; si nosotros sabemos cuál es la lógica que subyace, podemos entender la congruencia que tienen: no son absurdas ni son supersticiones”.

 

 

La remodelación de la iglesia de San Marcos Atexquilapan es ejemplo del trabajo comunitario

 

Modelos políticos

En su investigación, iniciada en agosto de 2017, Velázquez Galindo ha identificado que en San Marcos Atexquilapan persiste una visión de cooperatividad, cuyo interés es que las personas sean capaces de trabajar de manera conjunta.

Un ejemplo de ello es que, en meses pasados, los pobladores desarrollaron un proceso comunitario para remodelar su iglesia, convocatoria que trascendió hasta comunidades vecinas.

“El tequio es una costumbre ancestral que sería inconcebible en otras culturas, porque se trata de trabajar sin pago de por medio, para el beneficio común, a partir de una motivación adecuada. Éste es un principio de comportamiento colectivo que valdría la pena conocer.”

El fruto de dicho trabajo colaborativo es visible en San Marcos, pues la comunidad ha realizado obras como el empedrado de calles; además, sus fiestas son muy llamativas y reflejan el fuerte tejido social.

La entrevistada señaló que este modelo genera políticas públicas que impactan de manera favorable a la población: “Estoy convencida de que debemos analizar este tipo de procesos para aprender de ellos. En la antropología, esto se conoce como ‘ecología de los saberes’ y permite, por ejemplo, ver qué ventajas ofrecen los modelos comunitarios de los pueblos indígenas sobre los partidistas, que a veces están marcados por dinámicas que corresponden a otras realidades y van más por la competencia y el individualismo que por la colectividad.”

La investigación también contempla la identificación de las plantas que aún forman parte del régimen culinario de los pobladores de San Marcos Atexquilapan, así como la valoración de los cambios que éste padece actualmente.

“La transformación y el cambio climático tienen una incidencia muy fuerte en el problema de seguridad alimentaria, por ello es importante recuperar formas ancestrales que están vinculadas a la ecología.

”A esto le sumamos que la propaganda de los medios masivos de comunicación no está regulada y la gente asume que determinado producto es bueno si está permitido por el gobierno; por ejemplo, se considera que comer pizza o pollo frito es mejor que consumir quelites, frijoles y tortillas, que forman parte de la herencia mesoamericana.”

 

La investigadora también tiene contemplado trabajar en el Barrio de San Juan, en Jilotepec

 

Barrio de San Juan

La investigadora también tiene contemplado trabajar en el Barrio de San Juan, en Jilotepec, caracterizado por su cercanía con el monte, y compararlo con San Marcos.

“Me interesa saber cómo se está dando la transición en dos pueblos de origen totonaco, uno más urbanizado, como Jilotepec, y otro como San Marcos, cuyo eje de vida social es todavía la producción de sus propios alimentos.”

De acuerdo con la investigadora, es desafortunado que una gran cantidad de la población del país haya perdido su lengua, lo que implica la pérdida de una cosmovisión.

Sin embargo, señaló, la belleza de la cultura mesoamericana continúa reproduciéndose a partir de prácticas tradicionales como la celebración del Día de Muertos: “Esto ejemplifica que nuestra herencia cultural está más allá de la lengua”, concluyó,

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