Nuestra historia

En septiembre de 1985, nació una niña en la ciudad de Coatepec, Veracruz, en el seno de una familia tradicional. Su vida se desarrolló con normalidad hasta el día en que, estando cerca de cumplir dos años de edad, empezó a experimentar algunos cambios. Lloraba continuamente y su desarrollo no reportaba avances, sino por el contrario, retrocedía. Olvidó las cosas que había aprendido hasta entonces y dejó de caminar, hablar y valerse por sí misma. En un estado casi vegetativo, totalmente dependiente de su familia, cumplió 15 años y poco después falleció por paro cardiorrespiratorio. Lo que implicó para ella y su familia vivir en ese estado durante 13 años fue devastador.

Esta es la historia de Roxana, “La Mirrus”, como le llamaban sus hermanos mayores por ser tan pequeñita. Fue diagnosticada, casi desde el inicio de sus síntomas, con Síndrome de Rett, una enfermedad crónico degenerativa, congénita e incurable, que afecta principalmente a las mujeres.

La Mirrus

La enfermedad que consumió a “La Mirrus” forma parte de la amplia gama de trastornos neurológicos que, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afectan a más de mil millones de personas a nivel mundial.

Conscientes de este problema de salud pública e inspirados por historias de vida como la narrada, un grupo multidisciplinario de académicos –liderado por el Dr. Jorge Manzo Denes– decidió dirigir sus esfuerzos al estudio básico y clínico de enfermedades neurodegenerativas. Con este propósito, en abril de 2009, fue creado el Programa de Neurobiología, adscrito a la Dirección General de Investigaciones de la Universidad Veracruzana.

 

A iniciativa de un grupo de académicos, liderado por el Dr. Jorge Manzo Denes, se creó el Programa de Neurobiología.

Bajo este esquema, la plantilla académica conformada por diez investigadores se enfocó en el estudio del cerebro, su estructura, funcionamiento y enfermedades, logrando obtener en poco tiempo el reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Perfil Deseable del Programa para el Desarrollo Profesional Docente de la Secretaría de Educación Pública. Asimismo, se incorporaron a la Society for Neuroscience, una red de colaboración dedicada al estudio del cerebro y el sistema nervioso en general, adquiriendo reconocimiento internacional de sus pares, gracias a las investigaciones realizadas.

Todo ello permitió obtener recursos externos, formar recursos humanos especializados y vincularse con diversos sectores sociales. Adicionalmente, se logró la instauración de la celebración anual de la Semana Mundial del Cerebro (SMC), la creación de tres Cuerpos Académicos, la publicación de la revista electrónica indexada eNeurobiología, más de diez publicaciones indexadas por año, movilidad nacional e internacional de académicos y estudiantes, así como la estructura de un proyecto para la creación del Doctorado en Investigaciones Cerebrales, que dio la bienvenida a su primera generación en 2011.

Con esos antecedentes, en agosto de 2011, el Programa de Neurobiología se transformó en el Centro de Investigaciones Cerebrales (Cice). Como tal, esta entidad académica dio continuidad a su labor de investigación científica básica, con un enfoque multidisciplinario y a partir del estudio de animales de laboratorio. Mantuvo su orientación hacia la generación de conocimiento sobre la organización y funcionamiento del cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso periférico, así como a la participación de estas estructuras en el control de los mecanismos fisiológicos del aprendizaje, el movimiento corporal, la memoria, el sistema endocrino y la reproducción. Asimismo, dio seguimiento a la investigación básica sobre neuropatologías, enfermedades neurodegenerativas y neurooncología, para generar conocimiento de apoyo al diseño de nuevas terapias.

El Programa de Neurobiología se transforma en 2011 en el Centro de Investigaciones Cerebrales de la UV.

Durante los nueve años posteriores a su designación como centro de investigación, los logros de su  personal académico no solo se mantuvieron sino que incluso se incrementaron. La plantilla académica creció a 15 investigadores, el 100 por ciento de ellos reconocidos por el SNI y con el perfil deseable del Prodep, todo ello en función de sus grados de doctorado y por su sólida producción académica. Dicha produccción se resume en múltiples publicaciones indexadas por año, la formación y titulación de alumnos de licenciatura y doctorado, la integración de nuevos egresados de licenciaturas afines a la entidad, el mantenimiento de la revista especializada en neurobiología, la consolidación de los tres Cuerpos Académicos, la organización sostenida de la Semana Mundial del Cerebro durante 12 años consecutivos (lamentablemente la edición de 2020 tuvo que suspenderse por la pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV2), la incorporación de un número importante de sus académicos a la Academia Mexicana de Ciencias, la constancia en la movilidad nacional e internacional de académicos y alumnos, el desarrollo de varias generaciones del Doctorado en Investigaciones Cerebrales, reconocido desde sus inicios por el Programa Nacional de Posgrados de Calidad del Conacyt, la obtención de recursos externos para investigación, y la consolidación de colaboraciones académicas con colegas de México, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile Colombia y España.

Lo anterior es una muestra de cómo, desde su creación, esta entidad académica ha sido un elemento proactivo en el desarrollo de las neurociencias, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Por otro lado, los resultados de sus investigaciones han logrado incidir, de manera específica, en la calidad de vida de personas con autismo y ataxia, para quienes se han ofrecido terapias de apoyo.

Por todo lo anterior, el 29 de octubre de 2020, al Cice, que hasta entonces no había contado con un espacio propio, le fueron asignadas instalaciones propias en el complejo de institutos y centros de investigación con el que la Universidad Veracruzana cuenta en la ciudad de Xalapa. Por primera vez, en sus 11 años de existencia (contando desde el momento en que nació como Programa de Neurobiología), los académicos y estudiantes del Cice se desempeñarían en laboratorios, aulas y cubículos asignados exclusivamente para el desarrollo de sus investigaciones.

Tras once años de trabajo, el 29 de octubre de 2020 al Cice le fueron asignadas instalaciones propias.

Fue también en el 2020 (un año marcado por la presencia de la pandemia de mayor impacto del último siglo), durante la sesión ordinaria del Consejo Universitario General celebrado el 14 de diciembre, que se ratificó el acuerdo rectoral por el que se establecía la transformación del Centro de Investigaciones Cerebrales en Instituto de Investigaciones Cerebrales.

Es así como inicia el año 2021, con nuevas oportunidades y responsabilidades crecientes. Con una comunidad académica y estudiantil dispuesta a trabajar en proyectos que respondan a la necesidad de crear conocimiento de utilidad mundial, pero que al mismo tiempo impacte en las necesidades locales y regionales. En la búsqueda constante de consolidar un espacio de excelencia que permita aprovechar al máximo los recursos obtenidos, optimizando su uso, conformando grupos de colaboración y fomentando la vinculación.