Universidad Veracruzana

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Texto de Sala

Algo más de una docena de piezas contiene esta muestra de Rafael López Castro, diseñador y artista, amigo y colega, mexicano y humanista, emblema por donde se le vea de la cultura nacional y referente obligado de la misma. Una muestra, en más de un sentido, de talento, por cierto, distinta de lo que en Xalapa se ha exhibido del propio autor, que expresa aquí otra vertiente de su producción, que abarca, como sabemos, cartel, portadas, fotografía, identidad y bastante más.

       Se trata de objetos encontrados e intervenidos (ready-mades), como los «niños dios», y de ensamblajes (o assemblages), las obras construidas con lápices, algunas a modo de homenaje a Vicente rojo, efectivamente realizadas mediante la disposición muy próxima de esos instrumentos de escritura y dibujo hechos con grafito o pigmento coloreado y madera, que llamamos lápices, y que aun en medio de las revoluciones tecnológicas continúan siendo un gran aliado de la creación. Algún parentesco con el collage, claro está.

      Lápiz significa «piedra» (del latín lapis), por el grafito, un mineral producido por la recristalización de la materia orgánica contenida en las rocas sedimentarias. Llama la atención, entonces, la paradoja, cuando pensamos en ese material duro, rocoso e inflexible y observamos estos lápices de ahora, los que por su acomodo y color dan lugar a formas dinámicas, armónicas; vivas, se diría, algunas a modo de textiles. Hay que recordar aquí que «textil» incluye l a misma raíz que «texto», que refiere a urdimbre o tejido. Lápiz es, sí, trasnominación, metonimia (y sinécdoque): lápiz es diseño; diseño es lápiz.

      Evidentemente, el conjunto de los trabajos que se exhiben es resultado de la extensión, de la ampliación, de la agudización de la mirada de López Castro, y también de sus recorridos literalmente a pie y de su pasión por la cultura popular de su –y nuestro– país y por todo aquello que está a la mano para usar. Su casa, allí en el rumbo, el barrio de Mixcoac, es galería; una especie de museo de sitio de cuanto objeto –afectivamente– ha coleccionado.

      Decía el poeta y dramaturgo inglés Alfred Tennyson: «Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino». Este es el caso, pero hay que sumar a lo que se encuentra en el camino ideas originales, conceptos creativos y el esmero, el cuidado en las hechuras, en el detalle, que suele ser propio sólo de aquéllos que saben del amor propio y del ajeno.

 

 

José Manuel Morelos, abril de 2023

 

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