«CIRCUNSTANCIAS TRÁGICAS»

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 “Yo soy yo y mi circunstancia,

y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Ortega y Gasset

 

Introducción.

La labor ensayística que a continuación sigue es distinta a las anteriores. Más que una reflexión al respecto del quehacer artístico y la obra de la exposición de estos talleres, hemos de ser conscientes del verdadero carácter intencional que se encuentra a la base del trabajo de nuestros expositores. Es por ello que el presente escrito reconsiderará las dimensiones concretas del fenómeno que se aborda como temática central de la obra de arte, analizando el papel que el arte adquiere en la medida que se sumerge para hacer entrega al espectador de aquella manera en que el artista se atreve a recrear la realidad de dichos sucesos. Asimismo, llevaremos a cabo el desarrollo de ciertas ideas que se articulan como posibles a partir del análisis del evento que se llevará a cabo en relación con las fechas festivas y que adquiere una dimensión diferente al respecto del problema que sigue causando indignación y asombro en nuestro país. Sin más que decir, comencemos.

El arte al servicio del hombre y no el hombre al servicio del arte.

Hay que decir que el arte se ha construido a sí mismo y nos ha legado un paradigma completamente contrario a lo que en estamos tratando de hacer en estos espacios en este preciso momento. Por un lado, el arte se ha conformado como una adoración por las formas, lejana a los saberes y las creencias o a cualquier enfoque pragmático, como una desnaturalización respecto de aquel terreno inmediato en el que se gestó, desligado de toda influencia externa, apegada únicamente a las corrientes artísticas genuinas, y más aún, se caracteriza por la exaltación del genio individual de un creador que ha concebido a su obra de arte como la dimensión estética más pura e incorruptible, guardando en dicha particularidad la individualidad originaria de la obra. Sin embargo, ¿qué es lo que aguarda esta exposición? Por un lado, vemos que la producción artística ha dado un viraje hacia un fenómeno que ya forma parte de la conciencia colectiva de nuestra nación, suceso que refleja la estupidez, la turbiedad, lo putrefacto y el terror que pueden generar aquellos que detentan un tipo de poder en el país, ¿qué es lo que podemos comprender de dicha actitud?

Atender la desaparición de 43 estudiantes a través de la obra de arte significa que el arte en sí mismo ha tratado de superar las fronteras en que se le ha encerrado. Llevar al terreno de la sensibilidad estética a semejante suceso de violencia significa que el arte responde a la objetividad de un acontecimiento determinado, que el arte como actividad ya no solo en manos de unos cuantos sino como perteneciente a toda una sociedad o una nación, intenta cumplir ciertos fines y asume una especie de compromiso con la realidad concreta en la que éste se forja. El filósofo español Ortega y Gasset describe a la vida como una coexistencia con lo otro, con aquello que nos afecta y a lo que nos enfrentamos, un plano de existencia del que nunca estamos exentos de encontrarnos en una determinada situación, en ciertas circunstancias, circunstancias que un tanto son elegidas por nosotros, pero que otro tanto nos son impuestas desde el exterior, y se nos figura que igual es la suerte del arte y sus principales actores. Comprendiendo esto podemos advertir que el artista se desenvuelve en un plano similar, un estar en el mundo actuando y viéndose afectado por aquello que no es él, no es sino superando aquello que se asemeja a un solipsismo que el arte quebrantara las fronteras del paradigma moderno. Si el arte se encarga de entregar a los individuos una recreación y/o una potenciación de las capacidades imaginativas respecto de determinado fenómeno, es cuando el artista se sitúa en el mundo y se percata de las cosas que en él hay tal y como se le presentan en su absoluta inmediatez, que el artista se interesará por lo ocurrido en el ámbito de lo social y lo político en la medida que son esferas que abarcan su situación. Es en este momento donde la vida fáctica se revela como fundamental dentro del desarrollo del artista como perteneciente este a una colectividad. Empero, ¿es suficiente esta toma de conciencia de las circunstancias propias para que se dispongan de esfuerzos en la producción artística? Lo es cuando el caos, el terror, la ignorancia, etc. llevan a cabo una avanzada sin dar tregua y amenazan con la destrucción de nuestras circunstancias, atentan contra la vida, literal y metafóricamente, el primer caso como en la desaparición de los jóvenes normalistas, y en el segundo, como la erradicación de todo tipo de sensibilidad vital o el espíritu de toda una época con el fin del sometimiento de una nación entera.

Una empresa como esta es en realidad incierta, es una labor cuyos fines no puede cargar con ellos el gremio del arte en su totalidad, sin embargo, es una vía para la concientización y la sensibilización acerca de las problemáticas que exigen solución. Es una acción en la que el arte trasciende la calidad de fin en sí mismo atreviéndose a configurarse como un medio; si en el pasado occidental el arte se configuraba como un modo de sabiduría o potencialmente un camino en la búsqueda de dicha sabiduría, era gracias a que se comprendía que bajo la visión de este se llegaría a una revaloración del mundo y la vida, esto con motivo de que los hombres se procuraran una vida que mereciera la pena ser vivida ¿por qué no ver en él esa lente bajo la que se analiza el mundo desde la perspectiva estética, la cual dicen los expertos puede causar mayor impacto que el discurso articulado racionalmente? Por otro lado, considerar como temática para la producción a semejante suceso acontecido hace catorce meses con la crudeza y el horror que encierra, significa una forma para la asimilación plena y un acercamiento que buscará echar raíces en la memoria de quien contempla las manifestaciones artísticas que se realizaron, cuya esencia se ejecuta en relación con una realidad concreta, jamás abstracta o con una invención suprasensible o exterior al fenómeno ocurrido.

A principios del siglo pasado la extinta Unión Soviética guiada por los aires de revolución, el combate al sistema económico del capitalismo y la encomienda marxista de la emancipación del proletariado, busca la fundamentación de una estética que justificara el papel de un nuevo tipo de arte, diferente al del canon clásico (que se tachaba como arte de la burguesía), que sirviera como estandarte en la formación consistente del nuevo estado soviético, en razón de dicho proyecto una de las exigencias fundamentales para acuñar la identidad de dicho nuevo arte, era la capacidad de este para dar cuenta de la realidad social y política bajo la que se gestaba la revolución, es decir, era la herramienta adecuada para transmitir los ideales revolucionarios a la población. Labor no muy descabellada, puesto que el arte antes que transformarse en una nueva manera de condicionamiento o adoctrinamiento ideológico, exigía más que una adecuación por parte de los individuos para con el llamado arte revolucionario, que fuera este arte y sus representantes los que conformaran un lenguaje a través del cual se pudiera llegar a los espectadores, un grupo mayoritario al que le era desconocido o ajeno la materia del arte en general. Intenciones similares se adoptarían con el muralismo en nuestro país, recordemos a un Diego Rivera que veía en el arte y la manera en que este recogía lo ocurrido en el terreno de lo social y lo político una manera en que se podía acercar a los sujetos y proveer una especie de educación al respecto de las manifestaciones artísticas, así como de encontrar en ellas un parteaguas para la modificación de la realidad.

Imaginamos que una empresa como la descrita siempre desagradará a una gran mayoría, sobre todo cuando el arte debe ceder terreno y despojarse de parte de su autosuficiencia para asumir una labor diferente, reflejando el sentir trágico y doloroso de un pueblo. Es una iniciativa en la que el arte se forja para la vida fáctica y en razón de ella, es decir, se nutra para bien o para mal con lo que en ella acontece, de manera individual o colectiva, fluyendo su esencia a través de diversos cauces, desde su origen en el artista desenvolviéndose para llegar a los observadores. Pensemos en algo así en vez de una vida truncada destinada a la ejecución de un arte desnaturalizado, demasiado ajeno a lo acontecido en el mundo, a las representaciones idealizadas, al juego burdo con el concepto y con la emotividad, ojalá se evite remover las entrañas del espectador, hacerlo regurgitar y hasta volver el estómago, a menos que se cuente con un fundamento real y necesario en lugar de hacerlo con superficialidades o bizarras y artificiales alteraciones de lo real. Iniciamos nuestro ensayo con un epígrafe del maestro Ortega, diciendo que somos nosotros y nuestras circunstancias, y si no las salvamos a ellas estamos condenándonos, y hoy más que nunca se nos hace patente la necesidad de salvar a nuestras circunstancias, a nuestra condición, tal vez hoy el arte nos acerque un poco más a lograr este cometido.

¿Celebración a la muerte?

Es curioso llevar a cabo una exposición de arte con motivo de la desaparición y muerte de aquellos cuarenta y tres estudiantes normalistas, victimas no de un enemigo en particular (llámesele como se le quiere llamar) sino de una época en la que estamos aun existiendo, en fechas como las presentes, donde se da lugar a la fiesta de nuestros sagrados difuntos. ¿De qué manera podemos hacer hincapié en la celebración a la muerte cuando está se ha convertido en objeto de la más asquerosa degeneración humana? Vista bajo diversas miradas la muerte albergaba una carga de sentido que marcaba la vida de principio a fin. Desde de las visiones más trágicas pero que buscaban respuesta a dicho sentir, hasta aquellas actitudes llenas de regocijo y alegría, los hombres miran de cara a la muerte, sin temor y con entereza, la muerte se insertaba como parte fundamental de la existencia y llegaba a sentirse tan propia a ese tipo de hombres como la vida misma. El estoicismo griego veía en la muerte voluntaria (el suicidio) la respuesta adecuada cuando la vida se agotaba y representaba más un sufrimiento que un bienestar, cuando la existencia se tornaba difícil la muerte sería el mejor alivio para calmar las penas de los pobres hombres maltrechos víctimas de aquello que no estaba en sus manos modificar. En nuestro país, recordar a los muertos una vez al año significa más una celebración a la vida que no tanto a la muerte. Vida llevada a cabo en lo terrenal, no una vida después de la muerte. Al difunto se le recuerda por lo acontecido mientras este vivía, se rememoran sus gustos, su compañía, etc. Se alaba la manera en cómo vivió y hasta el momento en que dio su última exhalación, inclusive se le toma como modelo del buen vivir. Ellos, nuestros difuntos constituyen un cementerio de sabiduría que irónicamente se conserva viva y que se evoca en la manera en que se vive para que algún día seamos recordados de igual manera, es así como se adora más a la vida que a la muerte.

Pero ¿Qué ocurre cuando la vida se le resta la suficiente importancia como para que la muerte deje de ser una sumatoria de sentido que potencia la vida? ¿Qué ha ocurrido como para que cuarenta y tres vidas sean arrebatadas como un vil crimen y la muerte sea una amenaza, una señal que nos advierte lo insignificante de nuestra existencia para aquellos que no son plenamente conscientes de lo que representa el vivir? Política y socialmente figuramos como los hijos bastardos de una ultrajada madre patria que nunca nos ha pertenecido plenamente. Sus hijos nunca han sido reconocidos como tales puesto que no alberga importancia alguna salvaguardar la integridad de los mismos. Un día de muertos como el próximo significará un luto por los jóvenes desaparecidos y por la muerte de la calidad humana durante nuestro tiempo, un luto sobre el que se ciñen el miedo y la incertidumbre cuando la cordura se va perdiendo en el día a día, no por una carencia de razón sino más bien por un desuso, una incapacidad para reflexionar al respecto de las acciones que se llevan a cabo; todo esto producto de una conducta ejercida dentro de las fronteras de un mundo en el que se coexiste con los otros, pero al mismo tiempo dentro de un plano en el que irónicamente reina la enajenación de dicha coexistencia.

Triste destino el que depara a los hombres donde el prepararse para morir sufre una mutación de significado, puesto que el ser para la muerte se convierte en la divisa principal frente a la carencia de capacidades y medios necesarios para la supervivencia en nuestra nación. ¿Es que acaso dejaremos de vivir en razón de aquel destino último de la existencia para vivir expresamente para hacer menos dificultoso el trago amargo de que nuestra vida se cortada de tajo sin sentido alguno? Una terrible resignación que ni adoptando la postura del más radical estoicismo querremos encarnar segundo a segundo hasta que la fortuna nos depare una muerte más o menos digna.

Breve conclusión.

Sobre la trascendencia de la presente exposición no hay seguridad, sobre las mentes que abra y se encargue de mover tampoco hay nada consistente al respecto, ¿qué nos queda entonces? Humanamente nos podemos solidarizar con aquellas víctimas de tan terrible suceso, no defendiendo o exigiendo retribuciones de carácter político al tiempo que nos expresamos lanzando consignas de corte nacionalista, sino comprendiendo que antes de pertenecer a una nación o etiquetarnos bajo una determinada raza, cultura, clase social, etc. Somos íntegramente humanos. Y si la valoración y el respeto por la vida y la dignidad de los individuos no se toma en cuenta desde esta dimensión primordial del ser hombres, no importa si se pertenece a un grupo organizado o una colectividad perteneciente a un estado que en su forma primigenia se proponía salvaguardar a sus integrantes, puesto que el poder corrupto, la ignorancia, la carencia de una verdadera moral, etc. Sobrevienen del problema que resulta ser la dificultad de forjar hombres, de llevar a la práctica el proyecto pedagógico socrático por excelencia: “el cómo enseñar a los individuos a ser hombres.

Juan Alarcón

Inauguración

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Lic. Cynthia Aguilar, Mtro. Lorenzo Rivera, Dr. Miguel Flores y Mtro. Manuel Casas.

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Captura de pantalla 2015-11-09 a la(s) 8.50.12 p.m.

Estudiante Abraham Trujillo Tepetla.

Captura de pantalla 2015-11-09 a la(s) 8.50.35 p.m.

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Obra

"Ayotzinapa, el rostro de nuestro tiempo". Isabel Jiménez. Monotipia.

«Ayotzinapa, el rostro de nuestro tiempo». Isabel Jiménez. Monotipia.

B papalotl Silvia Luz Galindo

«Papalotl». Silvia Galindo. Terracota

B Luz Juana Irais Osorio

«Luz». Juana Osorio. Acrílico sobre lienzo.

B justicia Carmen Ortiz

«Justicia». Carmen Ortíz. The art of paper cut.

B renacer Rebeca Madrigal

«Quincuce corola pistilo y estambre». Rebeca Madrigal. Manual de cuerdas y barro de baja temperatura del chote y engobes.

B rebeca madrigal 1

«Ciclos de las almas». Rebeca Madrigal. Lienzo a lápiz, acuarela y acrílico.

B s t Minerva Torres

«s/t». Minerva Torres. Mixta.

B s t Luz aldape

«s/t» Luz Aldape. Alto Lizo.

B Oscuros indicios Helena Neme

«Oscuros indicios». Helena Neme. Impresión digital.

B quincunce corola Pistilo y estambre

«Renacer». Rebeca Madrigal. Mixta.

B s t Tonantzin Galindo

«s/t». Tonantzin Galindo.

B mensajeros de la paz Lorenzo Rivera

«Mensajeros de la paz». Lorenzo Rivera. Pirograbado.

B el hallazgo de un rostro Cynthia Aguilar

«El hallazgo de un rostro». Cynthia Aguilar. Mixta

B s t Felix A Menier

«s/t». Felix Menier. Imagen digital manipulada.

B santiago Alejandrina Valdes

«Santiago» Alejandrina Valdes.

B pilatos Alejandrina Valdes

«Pilatos». Alejandrina Valdes.

B prohibido olvidar Moises Velasquez

«Prohibido olvidar». Moises Velazquez. Acrílico sobre lienzo.

B Estados Alterados Milena Milosevic

«Estados alterados». Milena Milosevic. Mixta.

B Amanecer rojo  Marissa Jimenez Acrilico.

«Amanecer rojo». Marissa Jiménez. Acrílico.

B Ayotzinapa Pablo Platas

«Ayotzinapa». Pablo Platas. Mixta.

B De mexico 68 a Ayotzinapan 2014

«De México 68 a Ayotzinapan 2014» Margarita Cardona. Grabado.

B Ausencias Manuel Casas

«Ausencias». Manuel Casas. Acrílico sobre lienzo.

B E 22 Mayra Diaz O

«E22» Mayra Díaz. Fotomontaje sobre inyección de tinta.

B paisaje de gerrero Manuel Casas

«Paisaje de guerrero». Manuel Casas. Acrílico sobre lienzo.

B de regreso a casa Gabriela Peralta

«De regreso a casa». Gabriela Peralta. Acrílico sobre madera.

B ahora si ya valieron madres

«Ahora sí, ya valieron madres». Noé Aguilar. Mixta (Cinta gris, espejo, impresión digital, marco de «santo»).

 


 

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