Abril-Junio 2004, Nueva época No. 76-78 Xalapa • Veracruz • México
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Durante abril y mayo, la
OSX desplegó una fructífera
actividad concertística

Jorge Vázquez Pacheco

  Intensa actividad desplegó la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) durante abril y mayo. Después de nueve exitosas presentaciones, esta agrupación ofreció, el 2 de abril, el décimo concierto de la primera temporada de 2004, con un programa que incluyó la obertura para Las avispas de Ralph Vaughan-Williams, el Noveno concierto para piano y orquesta de Mozart y la Sinfonía Londres del propio Vaughan-Williams. Fungió como solista y director a la vez el maestro Howard Shelley.

La carrera del pianista y director británico Shelley inició con un exitoso debut en el Wigmore Hall, en 1971. En 1983, Shelley se convirtió en el primer pianista en grabar la obra completa de Rajmaninov, un compositor con que se le asocia artísticamente de una manera muy especial. También ha grabado los trabajos de Gershwin para piano y orquesta, los conciertos de Mendelssohn y una serie con música de compositores británicos contemporáneos.

Actualmente cuenta con una formidable lista de más de 60 grabaciones comerciales. Entre los distinguidos directores con los que ha trabajado destacan: Vladimir Ashkenazy, Andrew Davis, Andreas Delfs, Edward Downes, Gunter Herbig, Richard Hickox, Manfred Honeck, Neville Marriner, Libor Pesek, Gennadi Rozhdestventski, Kurt Sanderling, Yan Pascal Tortelier, Edo de Waart y Walter Séller.

La obertura para Las avispas fue escrita por el compositor inglés Ralph Vaughan-Williams (1782-1958) como parte de la música incidental destinada a una puesta en escena por parte de una compañía estudiantil inglesa denominada Cambridge Greek. De aquella música, el compositor separó algunos fragmentos para integrar lo que él mismo denominó “suite aristofánica”, que consta de cinco números: Obertura, Entreacto I, Marcha, Entreacto II y Ballet final. En la misma es posible detectar el ingenio y colorido orquestal que parece apuntar hacia el estilo de los rusos Borodin y Rimski-Korsakov.

El Noveno concierto para piano y orquesta de Mozart (1756-1791) fue creado en enero de 1777, y se sabe que estuvo destinado a una joven pianista francesa de nombre desconocido y de apellido Jeunehomme, que se hallaba de paso por Salzburgo. Por los pasmosos avances que se muestran en esta obra, se dice que equivale en el repertorio de Mozart a la sinfonía Heroica en la obra de Beethoven. Es el primero con exposición inicial compartida por la orquesta y el piano, y el primero con un dramático tiempo lento en la tonalidad de do menor, con perfiles temáticos que son un anticipo del Andante de la deliciosa Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta de 1779, también en do menor.

La Segunda sinfonía, denominada Londres, fue una de las obras preferidas por el compositor. Se trata, de hecho, de un retrato evocador de una ciudad capital inglesa, y la referencia a los sonidos de las campanas de Westminster no dejan lugar a duda en este sentido. Pero esta obra de Vaughan Williams es, básicamente, una obra de “preguerra”, iniciada cuando el compositor ya contaba con 41 años de edad, es decir, en la etapa de madurez del músico cuya tendencia artística no participó de la atmósfera revolucionaria que se vivía en Europa, por efecto de los conceptos novedosos de Arnold Schoenberg.

Conciertos didácticos
Después de un periodo vacacional, la OSX regresó para ofrecer una serie de conciertos didácticos en el gimnasio del Campus para la Cultura, las Artes y del Deporte (CADE), que inició el 20 de abril y concluyó tres días más tarde en la sala grande del Teatro del Estado. Las obras presentadas fueron la suite Mamá la oca de Maurice Ravel, el Concertino para xilófono y orquesta de Toshiro Mayuzumi y la Guía de la orquesta para los jóvenes de Benjamín Britten. El solista fue el joven Felipe Herrera Rocher y la dirección estuvo a cargo de Juan Carlos Lomónaco.

La primera obra está integrada por cinco fragmentos inspirados en la obra de Charles Perrault (1628-1703), conocida en nuestro idioma con el nombre de Cuentos de Mamá la Oca. Fue escrita como pieza para piano a cuatro manos, en 1908, para ser interpretada por los niños Godebski, hijos de un matrimonio amigo de Ravel. Poco tiempo después, la orquestó y la convirtió en un ballet con algunos números añadidos. Pero esta versión no fue bien aceptada por el público, y actualmente se ejecutan sólo los cinco números originales.

Según el percusionista Jesús Reyes López, el Concertino para xilófono y orquesta es una creación “no tanto compleja sino, más bien, completa; representativa ella del estilo de Mayuzumi”. Ciertamente, en esta pieza escrita en 1965 y dedicada al percusionista Yoichi Hiraoka (1907-1981) se revela el talento de uno de los compositores más importantes de Oriente, cuya obra era portadora de una expresividad desconocida y hermosamente enigmática.

La Guía de la orquesta para los jóvenes de Britten fue compuesta para una película educativa que mostraba las familias de instrumentos que componen una orquesta sinfónica, con una narración explicativa incluida en la partitura. Para presentar cada sección, el compositor optó por una serie de variaciones iniciada y concluida por un tema principal. La Guía es conocida también como Variaciones y fuga sobre un tema de Purcell cuando se ejecuta sin narrador, y su versión de concierto fue estrenada en 1946 por la Orquesta de Liverpool, con la dirección de Malcolm Sargent.

Obras de Stravinski, Rajmaninov y Schumann
La décima segunda audición de temporada se realizó el 30 de abril, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto y con la participación del pianista español Joaquín Achúcarro, quien ha actuado en 59 países con más de 200 orquestas, incluidas las filarmónicas de Nueva York y de Londres, las sinfónicas de Chicago, Dallas y Londres, y muchas de las mejores orquestas de Europa y Oriente. El programa de este concierto estuvo integrado por la suite Pulcinella de Stravinski, Rapsodia sobre un tema de Paganini, opus 43 de Rajmaninov y la Cuarta sinfonía en re menor de Schumann.

La suite Pulcinella se derivó de la música para el ballet del mismo nombre que Igor Stravinski (1882-1970) escribió sobre temas de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736). El ballet fue terminado en 1920 y se estrenó ese año en París. Después de los cambios realizados en 1992, Stravinski hizo una última revisión, en 1947, que quedó como la versión definitiva.

Serguei Rajmaninov (1873-1943) tomó el “Capricho número 24” de Paganini en la menor, para dar forma a sus Rapsodia sobre un tema de Paganini, obra para piano y orquesta escrita en 1934. El compositor nacido en Novgorod, Rusia, se encontraba en la cúspide de su vida creativa cuando optó por trabajar sobre una serie de variaciones en torno al tema antes señalado. Rajmaninov generó una partitura que rivaliza en popularidad con su célebre Segundo concierto para piano y orquesta.
La Rapsodia se compone de 24 variaciones, algunas de ellas sumamente libres y con apenas un lejano parentesco con el Capricho del legendario violinista.
Seguramente debido a ello Rajmaninov prefirió la denominación Rapsodia antes que Variaciones.

La Cuarta sinfonía –que Schumann (1810-1856) dedicó al violinista Joseph Joachim y cuya versión definitiva se estrenó en 1853– es un admirable ejemplo de lo que se conocería más adelante como sinfonía cíclica, concepto explotado repetidamente durante el posromanticismo.

José Luis Castillo en Xalapa
La Primera sinfonía de Mozart, el Concierto para flauta y orquesta en re mayor de Carl Reinecke y la Primera sinfonía de Charles Ives fueron las piezas que conformaron el programa del décimo tercer concierto de la osx, dirigido por José Luis Castillo, compositor y director español, quien realizó sus estudios musicales en los conservatorios de Valencia, Hochs-chule Mozarteum de Salzburgo, Koninklijk Conservatorium de La Haya, Ville de Luxembourg e ircam de París.

Sus obras han sido interpretadas por importantes agrupaciones como la Orquesta Nacional de Luxemburgo, la Sinfónica de la Radio de Saar-brüken, la Orquesta de Cámara de Württemberg, el Coro de la Radio de Saarbrüken, el Delta Ensemble y el Cuarteto de Cuerdas de Salzburgo.

Como solista participó Andrea Leticia Moysén Mason, alumna de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana e integrante de la Orquesta Juvenil de la Secretaria de Educación y Cultura.

En la Primera sinfonía de Mozart –que fue escrita en 1764, cuando el compositor tenía apenas ocho años– es posible detectar la influencia inmediata de Bach, a quien Mozart conoció en Londres. Su estilo, al igual que las sinfonías que le siguieron, se ajusta al modelo italiano en tres movimientos: el movimiento de introducción presenta una forma de sonata de compacta energía; el movimiento lento es breve y directo, y el final es el primero de muchos optimistas rondós sobre los que trabajaría el genio.

La segunda obra interpretada fue escrita en 1908 por el compositor alemán Carl Reinecke (1824-1910), y –según los críticos– contiene una síntesis de los estilos de Schumann y Mendelssohn. Reinecke nació en 1824 en Altona. Realizó estudios de violín y piano y comenzó a componer desde los siete años. Además de profesor de piano y composición, fue un fecundo compositor.

Entre 1895 y 1898, Charles Ed-ward Ives (1874-1954) creó la Primera sinfonía, obra que pertenece a su época de estudiante y que realizó como una suerte de tesis para presentarla a su maestro Horatio Parker. Desde esta primera pieza encontramos los tentaleos experimentales que serían el sello característico de toda su producción, con una serie de modulaciones en el movimiento inicial que se aparta de la tonalidad central. Con todo, la obra no se aparta demasiado del modelo imperante en el siglo XIX. Hay en ella algunas reminiscencias de la Novena sinfonía de Dvorák, sobre todo del célebre Largo, y mucho de Chaikovski en el movimiento final.

En el Teatro del Estado, las notas de Haydn y Liszt
Bajo la batuta de Gerard Oskamp y con la participación del Coro de la uv –que dirige Daniel Hazan– y del tenor Gustavo Cuautli, la osx ofreció el 14 de mayo su décimo cuarto concierto, en el que interpretó la Sinfonía 83 en sol menor, conocida como La gallina, de Franz Joseph Haydn, y la Sinfonía Fausto de Franz Liszt.

Gerard Oskamp es originario de los Países Bajos, donde nació en 1950. Realizó sus estudios artísticos en Ámsterdam, Viena, Zurcí y Salzburgo. Ha participado en diversos concursos internacionales, en los que ha obtenido galardones como el Premio Hans Harring de la orf de Salzburgo (1974), el primer lugar en el Concurso de Directores John Player de Bourne-mouth (1976), y el primer sitio en el Concurso Internacional de Directores de la Televisón Húngara, en Budapest (1980).

A lo largo de su trayectoria ha dirigido más de 80 orquestas en el mundo, y su experiencia en la ópera lo ha llevado a importantes teatros de varios países. Desde 2002 es el Director Musical del Schleswig-Holstein Landestheater y de la Orquesta Sin-fónica de Flensburg.

Gustavo Cuautli nació en Gua-dalajara, Jalisco. Su carrera inició en 1985; a partir de entonces ha representado los papeles para óperas de Puccini, Bizet, Verdi, Chaikovski, Mozart y Bernstein. En el género de la zarzuela ha participado en Luisa Fernanda de Moreno Torroba, La Dolorosa de Serrano, La leyenda del beso de Soutullo y Vert, así como en operetas de Franz Léhar. Actualmente, comparte sus actividades de concertista con la investigación de la música vocal en México, desde la música de cámara hasta las óperas del siglo XVIII.

La Sinfonía 83 de Haydn (1732-1809) forma parte de una serie conocida como Sinfonías de París, llamadas así porque fueron escritas a petición de un grupo de la sociedad parisiense. Y se dice que La gallina fue bautizada con ese nombre por la entrada del oboe en el primer movimiento, un dibujo musical que a los parisienses sugirió el cloqueo de una gallina. Esta pieza inicia con un tema enérgico que es abordado por la orquesta sin la acostumbrada introducción lenta. Vendrá después un Andante de profunda inspiración y un Minueto que se cuenta entre lo más elegante y depurado de la inspiración del compositor. La instrumentación incluye una flauta, dos oboes, dos fagotes, dos cornos y cuerdas.

El primer contacto del compositor húngaro Franz Liszt (1811-1886) con Fausto, la célebre obra de Goethe (1749-1832) data de 1830. El compositor, entonces un joven de 19 años de edad, visitó a Héctor Berlioz (1803-1869) y de ello se derivó una indeclinable afición por la literatura de Goethe. Por otra parte, una de las mujeres importantes en la vida sentimental de Liszt, la condesa Marie d’Agoult, hizo su aportación para intensificar la inclinación del músico hacia el poeta. Ella, intensa admiradora de Goethe, guardaba entre sus más queridos recuerdos de la infancia una amable caricia recibida de la propia mano del autor de Fausto.

Así, la idea de integrar una sinfonía que fundiera en música la poesía de Goethe fue cobrando forma de manera gradual, ya que Liszt intentó eso mismo a través de una serie de cuatro lieder de principios de la década de 1840 y su Chor der engel de 1849, a partir del texto de la segunda parte del Fausto. Finalmente, la Sinfonía Fausto fue estrenada el 5 de septiembre de 1857 en Weimar, con orquesta, solista y coro, bajo la dirección del propio compositor.

Una sinfonía para la vida en matrimonio
En la presentación del décimo quinto concierto, el 21 de mayo, la osx ejecutó la obertura para El secreto de Susana de Wolf-Ferrari, el Concierto para violín, piano y cuerdas de Mendelssohn y la Sinfonía doméstica opus 53 de Strauss.

La dirección estuvo a cargo de Kenneth Jean, intérprete y director neoyorquino educado en Hong Kong. En 1967 regresó a Estados Unidos, donde realizó sus estudios de violín y de dirección de orquesta. Además de la cantidad de conciertos que ha ofrecido con las orquestas de Chicago, Cleveland y Detroit, Kenneth Jean también ha sido huésped de las orquestas principales de Minnesota, Filadelfia, Buffalo, Rochester, Cincinnati, Pittsburgh, Seattle, Saint Louis, Oregon, Phoenix, San José, Vancouver, Edmonton, Winnipeg, Calgary y la Orquesta de Cámara de Saint Paul.

En el campo de la ópera ha presentado La Bohéme con la Ópera de Orlando y El barbero de Sevilla en el Festival de Hong Kong. En junio de 1994, Georg Solti eligió a Kenneth Jean para hacerse cargo de su seminario en Dirección denominado Orchestra Project, en el Carnegie Hall.

A la participación de este gran director se debe sumar la de la pianista Laura Sosa y la del violinista Ernesto Tarragó, quienes han cubierto una importante etapa en la historia musical de Veracruz. Sosa es graduada del Conservatorio Nacional de Música y realizó una maestría en la Escuela Superior de Viena. Participó en numerosos cursos de perfeccionamiento pianístico impartidos por Angélica Morales, Bernard Flavigny y Joerg Demus.

Tarragó se graduó en el Conservatorio Nacional de Música, posteriormente hizo estudios de posgrado en el Conservatorio Chaikovski de Moscú y en la Escuela Superior de Música de Viena. Tomó cursos de perfeccionamiento con Henryk Szeryng en México y con importantes maestros en el extranjero.

La primera obra que se interpretó fue Il segreto di Suzanne, compuesta por Wolf-Ferrari (1876-1948), uno de los nombres caídos en el olvido, en lo que a la ópera respecta, pese a que a finales del siglo XIX llegó a ser considerado un compositor tan prometedor que se le comparaba con Giacomo Puccini (1858-1924).

Esta pieza fue denominada “inter-mezzo en un acto” y es una simpática ópera terminada en 1907, con texto en alemán. La historia nos describe las experiencias de un matrimonio del cual forma parte una mujer que trata de ocultar al marido su costumbre de fumar cigarrillos. Éste detecta ese característico olor y supone que un hombre más penetra a su casa. El final es feliz y optimista, cuando el esposo descubre que la afición por el tabaco es el único gran secreto que guarda su mujer.

Por otra parte, la obra de Men-delssohn (1809-1847) presenta la forma clásica de tres movimientos (rápido, lento y rápido). El primero –que consume casi la mitad de la obra– incluye un tema contrapuntístico de algún modo “a la Bach”, que Mendel-ssohn gustaba usar en este punto de su carrera, y es balanceado con un largo y lírico segundo tema. Es un movimiento largo en el que el autor equilibra, con considerable habilidad, los cambios de las partes concertantes entre los dos solistas y el acompañamiento de la orquesta. El Adagio, es decir el segundo movimiento, abre con un tema reflexivo en las cuerdas, y éste es variado y decorado en las subsecuentes entradas de piano y violín. El final deriva de los brillantes finales de los conciertos para piano de Weber, pero el paso y la elegancia son propios de Mendelssohn, así como el sabor de la ingenuidad contrapuntística.

El concierto concluyó con la interpretación de la obra del compositor alemán Richard Strauss (1864-1949), la Sinfonía doméstica, creada a principios de 1902 y estrenada en 1904, en la ciudad de Nueva York, bajo la dirección del autor. La pieza de orquestación densa y complejidad técnica es un retrato sinfónico absolutamente hogareño, cuyo tema es la casa del compositor con su familia.

Formalmente, la Sinfonía doméstica se aparta de la estructura tradicional en cuatro movimientos, aunque el concepto propio del poema sinfónico se mantiene en los diversos fragmentos, al tiempo que la instrumentación mantiene la robustez propia del compositor. Requiere de ocho cornos, cuya presencia es perceptible a lo largo de toda la obra, y una nutrida sección de aliento-madera en la que se incluye el oboe d’amore.