Abril-Junio 2004 , Nueva época No. 76-78 Xalapa • Veracruz • México
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Los primitivos vistos por los europeos,
siglos XV a XXI

Fernando Mata / Alumno de la licenciatura en Biología, región Xalapa

Trabajo ganador del tercer lugar del V Premio al Estudiante Universitario, en la categoría Ensayo Humanístico “Librado Basilio”
 
Introducción

Después de largos periodos de guerra, los reinos europeos iniciaron una búsqueda fuera de sus territorios, que se consolidó en varias expansiones transcontinentales que les permitieron la posesión de grandes riquezas y el fortalecimiento de sus dominios.

Durante esta etapa de colonización, Europa se apropió de África y, más tarde, de América y Oceanía. Encontró cuernos de la abundancia por doquier, otros mundos que deshicieron mitos ancestrales pero crearon muchos otros.

Las tierras recién conquistadas no estaban solas, eran habitadas por “criaturas insólitas”. Los nativos de piel morena, hablantes de lenguas extrañas, causaron un choque cultural a los occidentales que, hasta la fecha, no han podido superar del todo. Estos aborígenes eran la versión grotesca de lo que podía ser un humano para los europeos de ese tiempo.

Ciertamente tenían cabeza y no tenían un solo ojo, no eran perros y carecían de cuernos. De hecho, no caminaban como quien lo hace de manos.1 ¡No! Las criaturas insólitas eran humanos y no monstruos como mucha gente lo esperaba.2
Durante el Siglo de las Luces, en plena Revolución Industrial, los historiadores y científicos europeos colocaron a aquellos salvajes y a su cultura en el peldaño inferior dentro de la escala del progreso y de la civilización. Éstos tomaron el lugar de sus ancestros desaparecidos, hombres bestia vivientes, eslabones en la cadena de la evolución.

El siglo XX llegó y las excolonias se encontraban a caballo entre la barbarie y las sociedades industrializadas modernas. Hoy en día, bajo el escrutinio científico, los grupos humanos que existen fuera del Occidente contemporáneo –aquellos de las islas del Pacífico, las selvas tropicales americanas y las sabanas africanas– viven todavía en el periodo neolítico.

Europa se ha sacudido el polvo de la prehistoria, ¿cierto? Pero el traumatismo sigue ahí de manera latente. Por ello, intento hacer un recuento de cómo los europeos han visto y ven las culturas del mundo, y de cómo los degenerados hijos de Abraham,3 “los salvajes”, se han ganado a pulso el estatus de sociedades primitivas.

Érase una vez los monstruos
Los colonizadores del viejo mundo, al arribar a los nuevos territorios, esperaban encontrar seres fantásticos derivados de las narraciones plinianas y de bestiarios medievales. Se decía que la puerta de entrada al mundo extraño estaría custodiada por razas de gigantes; sin embargo, en ningún lugar pudieron encontrar rastro de trogloditas, antípodas, ni de gente con la cara en el pecho.4

Colón encontró hombres y no monstruosidades. Aun cuando ofreció disculpas ipso facto, tuvo a bien escribir, a manera de compensación, que en ciertas regiones de Cuba, donde él no estuvo, la gente nacía con cola.5

Después de que la cacería de monstruos hubo fracasado, el interés se centró en la vestimenta de la población indígena y, sobre todo, en el esplendor dorado que desprendían sus pechos y orejas. En el mejor de los casos las personas fueron ignoradas; en el peor, exterminadas, y de esa manera las tierras quedaban listas para habitarse.

Por ejemplo, la doctrina Terra Nullius estableció que los aborígenes australianos no tenían existencia social ni política; por consiguiente, su tierra estaba abierta para la ocupación y colonización británicas.6

Para la mayoría de los exploradores europeos, la razón por la cual estas personas habían llegado a sus respectivos lugares no causó ningún interés; no obstante, se formularon algunas teorías. En 1589, José de Acosta afirmó que los primeros pobladores de América llegaron impulsados por el viento, así como por vía terrestre, atravesando Asia.7 En esa época, los historiadores aseguraban que los indígenas eran una de las tribus perdidas de Israel,8 y los fenicios, asirios, tártaros, egipcios, hunos, vikingos, malgaches, entre otros, fueron propuestos como pueblos-origen de las razas americanas.9

Y su cadena hizo de los monstruos seres primitivos
A partir del siglo XVII, los habitantes no europeos reaparecen como piedras angulares para generar nuevas teorías, entre ellas la de la naturaleza progresiva del desarrollo social. Ésta distingue cuatro estadios por los cuales la humanidad atravesó antes de llegar a la civilización moderna: la edad de los cazadores, la de los pastores, la de la agricultura y aquella del comercio.10

En el mismo campo, Turgot en 1750, al referirse a la historia de la raza humana y sus diferentes etapas, situó al barbarismo aún existente como punto de partida de la civilización de las más iluminadas naciones europeas.11

Lubbock sugirió que, para entender las antigüedades de Europa, había que compararlas con los utillajes rudimentarios de los salvajes que habitaban en otras partes del mundo.12 Por consiguiente, para observar a los salvajes había que considerar emprender un viaje en el tiempo hasta los inicios de la historia.

Darwin relató con estupefacción la experiencia que tuvo al estar en una fiesta de fueguinos,13 a quienes consideró sus ancestros. De hecho, alguna vez comentó que quien viera a un salvaje en su propia tierra no sentiría demasiada vergüenza, al reconocer que la sangre de una criatura más humilde corre por sus venas.14

De manera contundente el reverendo Wood, en su Historia natural del hombre, sitúa en el pináculo de la creación al hombre blanco, anglosajón protestante (W. A-S. P.)15 , el cual Biblia en mano recibe los honores de las razas inferiores que lo rodean.

Bajo ese punto de vista existe una forma para estar en la cima de la evolución humana, sin embargo, hay muchas otras para no estarlo. La progresión evolutiva del estado salvaje al civilizado muestra que hay un sinfín de razas inferiores que se han quedado estancadas en el desarrollo sociocultural. Otra teoría considera que la degeneración es el mecanismo por medio del cual se expresan las diferencias raciales.

El sistema de castas de la Nueva España situaba al europeo conquistador en el nivel más alto de aquella sociedad jerarquizada. Si había algún parentesco con indio o negro la raza degeneraba. Mulatos, castizos, coyotes, chamizos, salta-patrás pertenecían a las castas del subsuelo, puesto que poseían sólo un pequeño porcentaje de sangre española.16

El creacionismo racial que se documenta en el Génesis dice que las razas tuvieron origen a partir de los hijos de Noé, vagabundos después del diluvio. Según Fitz-Roy, los salvajes modernos, si bien descendientes de Abraham, degeneraron conforme se alejaban del centro de la creación.17

Para muchos filósofos, como el Duque de Argyll, la posición era indiscutible: el aumento de la presión ejercida por la población expulsaba a los grupos más débiles hacia la periferia (del centro de creación), en donde el clima ejercía su influencia causando detrimento físico y cultural.18

Siglo XX
La llegada del siglo xx no marcó un cambio real en el enfoque de los estudios antropológicos. Los científicos aún influenciados por las ideas decimonónicas, entre ellas el eugenismo,19 se dedicaron a medir cráneos para demostrar la inferioridad de las tribus apartadas de Europa. Asimismo, la idea que proponía la disminución de las poblaciones, conforme más alejadas estuvieran del supuesto centro de dispersión cultural, seguía en boga. A mediados del siglo, El edén se trasladó a África; no obstante, esto no ha representado un cambio positivo en la manera de ver las civilizaciones del mundo.20

Ernst Mayr, al reafirmar la validez del concepto de especie en la naturaleza, relata de manera darwiniana un pasaje de su vida. “Recuerdo siempre una experiencia que tuve cuando vivía solo dentro de una tribu primitiva de papúas en Nueva Guinea: esos hombres magníficos del bosque empleaban ciento treinta y seis nombres para las ciento treinta y siete especies de aves que yo había contado... El hecho de que el hombre de la edad de piedra reconozca en la naturaleza las mismas entidades que el universitario occidental experimentado, refuta de manera definitiva la idea en la cual la especie no sería más que el producto de la imaginación humana.21

Recientemente, Bernadette Arnaud escribió un artículo acerca de la tribu Corubo en el Amazonas. Narra su situación aislada y los esfuerzos de la organización FUNAI para su protección. Sin embargo, la autora se refiere a los corubo como pueblos de la Edad de Piedra y describe como algo insólito que todavía hagan el fuego frotando madera y que cacen con arco y cerbatana.22

¿Por qué primitivos? ¿Por qué Edad de Piedra? El término litismo debe utilizarse como un concepto cronológico que estudia civilizaciones que vivieron hace miles de años. No es un concepto válido para referirse a las culturas contemporáneas fuera del Occidente europeo, a menos que se parta de la premisa darwiniana “como te ves me vi y como me ves te verás”.

Lo sorprendente de la declaración de Mayr no es que la “gente de la Edad de Piedra” tenga conocimientos, sino que el occidental universitario crea que sólo en su Alma mater se puede aprender inequívocamente lo que es la naturaleza, luego explicarla correctamente.

Tiempo atrás, Darwin afirmó que los salvajes, como los simios, aprenden por imitación, y que si bien los primitivos tienen invenciones ingeniosas, lo inhóspito del clima donde viven frena todo progreso. Considera que en la barbarie los individuos débiles de cuerpo o espíritu son rápidamente eliminados: “por el contrario, nosotros construimos hospitales para los idiotas, inválidos y enfermos, hacemos leyes para ayudar a los indigentes y nuestros médicos aplican su ciencia para prolongar lo más posible la vida de cada uno.23

Pobre hombre tribal tan sobajado por el pensamiento iluminado. ¿Será posible que su pobre intelecto bárbaro sea incapaz de elaborar ideas concretas o de procurar el bien de sus semejantes?

Un jefe samoano de nombre Tuiavii, a principios del siglo XX, decidió salir de su isla Tiavea, Samoa, y pisar tierras europeas. Atónito describió la experiencia que tuvo en el viejo continente, destacando aspectos fundamentales del comportamiento e ideología europeos, por ejemplo, el dinero, el cual nombra como “papel tosco y metal redondo”, que es la máxima admiración del papalagi.24

Respecto a las máquinas, Tuiavii concluye que “son los magos más grandes de Europa”. Ellas hacen volar al hombre, navegar grandes distancias y producir más objetos que todos los samoanos juntos: “los papalagi hacen muchas cosas que nosotros no podemos hacer... cosas que no comprendemos y que no tienen significado para nuestras cabezas, cosas que son admiradas por los que son débiles entre nosotros. Resulta que quieren vencer al gran espíritu y tomar posesión de sus poderes, pero dios es todavía más fuerte que los papalagi, incluso que su máquina más fuerte.25

El jefe samoano habla también acerca de cómo su gente recibió a los europeos cuando llegaron a sus tierras: los recibieron como hermanos y compartieron con ellos su comida. Tuiavii dice a sus hermanos que, por el contrario, bajo las normas europeas la gente de las islas es desdichada pues no tiene suficiente papel tosco para llenar siquiera un cofre.26

Monotonía evolutiva
A través de las edades de Europa, los monstruos transoceánicos cayeron y dieron paso a los seres salvajes y primitivos. Hasta la fecha, no hay otro lugar ni categoría para las personas que, bajo un punto de vista limitado de análisis, constituyen la prehistoria viviente. Esta es la opinión de muchos científicos demasiado habituados al darwinismo, a clasificar individuos en función de semejanza hacia cierto tipo.27 Incluso las civilizaciones son consideradas más o menos desarrolladas según el grado de adopción de modo de vida occidental que posean.

Demasiado tiempo la periferia ha sustentado el prototipo de sociedad primitiva. Si uno enfatiza la manera en que se ha escrito la historia, la manera en que se han exterminado culturas y esclavizado poblaciones, resulta que el héroe conquistador se convierte en un sublime cretino que ha borrado del mapa la diversidad humana, diversidad de pensamiento necesario para evitar la monotonía y el estancamiento que proporciona la visión lineal del progreso que rige nuestro presente.

Paradójicamente, el movimiento del progreso coarta el movimiento específico del humano y lo conduce al exterminio, al cuello de botella, a ser y estar en el primer mundo que de primitivo tiene nada. En Europa, al igual que en las excolonias, se puede encontrar la ambivalencia primitivo/contemporáneo. Algunas tradiciones del viejo continente se remontan a la época celta, por ejemplo, el Toussaint, la Candelaria o la Hoguera de San Juan.28 Estas fiestas siguen arraigadas en la colectividad y poseen un poder místico precristiano, a pesar del advenimiento de Dios Padre omnipresente.

No hay más verdad en la charla del universitario occidental europeo que la del papú. El paradigma de las revoluciones científicas puede caer ante el tosco cantar del montagnard. Europa no se ha sacudido el polvo de la prehistoria, aun utilizando como escalones de la evolución a las culturas que considera primitivas. Ni uno ni otro bando ha superado el choque cultural surgido con el encuentro de los continentes.

En efecto, existe gente que vive fuera de Europa y Occidente; Colón encontró humanos y no bestias; Darwin encontró gente y no salvajes; Mayr vivió entre hombres que no eran de la Edad de Piedra. En todo este tiempo ha existido un intercambio, en el cual se han trocado demasiadas perlas por tan pocas cuentas de vidrio.


Notas
1. J. B. Friedman, The monsters races inmedieval art and thought. Harvard University Press, Cambridge Mass, 1981.
2. J. M. Cohen, The four voyages of Christopher Columbus. Cresset Lybrary, London, 1969.
3. R. Fitz-Roy, Narrative of the surveying voyages of His Majesty Ships Adventure and Beagle between the years 1826 and 1836. Vol 2. Proceedings of the second voyage, Colburn, London, 1839.
4. Friedman, Op. cit.
5. Cohen, Op. cit.
6. C. Timewalkers Gamble, The prehistory of global colonization. Harvard University Press, Cambridge Mass, 1993.
7. J. Acosta, “Historia natural y moral de Las Indias”, en Martínez del Río, Los orígenes del hombre americano. Conaculta, México, 1989.
8. Ibídem.
9. A. Laming-Emperaire, Le problème des origins americains. Theories, hypopthèses, documents. Cahiers d’archeologie et d’ethnologie d’Amerique du Sud. Editions de la maison des sciences de l’homme. Presses Universitaires de Lille, 1980.
10. Timewalkers, Op. cit.
11. Ibídem.
12. J. Lubbock, Prehistoric times, as ilustrated by ancient remains and mannerstand the customs of modern savages. Williams & Norgate, London, 1685.
13. En Le problème des origins americains… se encuentra detallada la clasificación de las razas americanas según Imbeloni.
14. C. Darwin, La descendance de l’homme. Trad. Edmond Barbier, Complexe, France, 1871.
15. White anglo saxon protestant.
16. B. Grunberg, “Un peuple ne du massacre ”, en Revista geo, núm 285, noviembre 2002, France.
17. Fitz-Roy, Op. cit.
18. Timewalkers, Op. cit.
19. P. Thuillier, Le darwinisme aujourd’hui. Editions du Seuil, France, 1979.
20. Según numerosos estudios genéticos del adn mitocondrial, realizados en distintas poblaciones humanas, el genoma africano es el más antiguo, debido a la mayor cantidad de mutaciones que presenta con respecto a las poblaciones no africanas. Ver Wallace D. C. Mitochondrial dna sequence variation in human evolution and disease, 1994.
21. E. Mayr, La biologie de l’evolution, Herman, France, 1981.
22. B. Arnaud, “Les tribus primitives sous haute protection”, en Revista geo, núm 289, marzo 2003, France.
23. Darwin, Op. cit.
24. Tuiavii de Tiavea, Los papalagi. Discursos compilados por Erich Scheurmann, rba integral, Barcelona, 2002.
25. Ibídem.
26. Id.
27. A. Jacquard, “Darwinisme et génétique des populations”, en Le darwinisme aujourd’hui. Editions du Seuil, France, 1979.
28. La Toussaint o Todos Santos, corresponde a la celebración del inicio del año celta, que tenía lugar la última noche de octubre. La Candelaria y la hoguera de San Juan eran fiestas en homenaje al renacimiento de la vida después del invierno y al solsticio de verano, respectivamente. También eran ritos de iniciación masculino y femenino.