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Playa Paraíso: retrato de la costa veracruzana
en la Colección Rescate de la UV
Celia Álvarez
Durante uno de los numerosos viajes que realizó por la geografía nacional, interesado en las costumbres, el paisaje y la idiosincrasia del mexicano, el novelista michoacano Gilberto Chávez Jr. visitó en febrero de 1945 un lugar de la costa veracruzana ubicado entre la barra de Tecolutla y el estero de Casitas, denominado Playa Paraíso, donde permaneció cuatro días.
Inspirado por el entorno, así como por las personas que conoció y trató durante ese lapso, el heredero de Gilberto Chávez —considerado uno de los mejores paisajistas del país— decidió trasladar al papel sus impresiones con la mayor fidelidad posible. El resultado es el libro homónimo recién publicado por la Editorial de la Universidad Veracruzana en su Colección Rescate.
Gracias a su habilidad en el manejo de eso que podría denominarse “pintura de la palabra”, a modo de herencia de su creativo progenitor, Chávez González logró reproducir en este libro los panoramas donde actúan sus personajes con realismo y verdad, como un paisajista, según lo consigna en el prólogo la maestra Azucena del Alba Vásquez Velasco, quien se encargó de la edición de este volumen que retrata en sus casi 250 páginas los escenarios de la costa veracruzana, emporio de encantos inenarrables. A continuación, un párrafo donde el autor describe, en boca de uno de los personajes, lo que parece ser, bajo la óptica del tiempo y la distancia, un paraíso perdido:
“…Esta tierra es bárbara y es virgen, y como tal se defiende de los intrusos de un modo feroz. Está rodeada de pantanos y tembladeras que la hacen intransitable e insalubre. La selva, al golpe del hacha y del machete, acaba por ceder, mediante el ímprobo esfuerzo de muchos días, unos cuantos metros de tierra que a la vuelta de una semana ya los recuperó con creces. La playa es angosta, violenta y sembrada de maderos que arrastran las avenidas de los ríos en tiempo de aguas hacia el mar, y que luego él arroja precisamente sobre esta zona de la costa. El sol es despiadado, los ‘nortes’ se suceden con harta frecuencia, los nativos son crueles y díscolos, las plagas innumerables, el pueblo más cercano está a treinta y tantos kilómetros… Y en verdad, no es más que una población sin recursos…”.
La capacidad prodigiosa del novelista para describir parajes, situaciones y personajes, aunada a una trama clara y sin complejidades permitirán al lector conocer, a través de las microhistorias que integran la estructura total de este volumen, los pormenores del viaje y el rumbo que van tomando los acontecimientos en el lugar visitado, así como los cambios que van experimentando los protagonistas —en lo cual reside el núcleo tensional de la novela— hasta el momento en que el narrador viajero retorna al punto de partida.
La ambición de poder, el delito, la corrupción, el desaliento y la injusticia, pero también el amor y la esperanza, son los ingredientes primordiales de esta historia que hace patente la incongruencia que puede existir entre el nombre de un lugar y su real esencia. O lo que es lo mismo: cómo un pretendido paraíso puede ser, en realidad, un infierno auténtico.
El libro Playa Paraíso, número 48 de la Colección Rescate de la UV, así como el resto de la serie, se puede adquirir en la Feria Permanente del Libro Universitario, ubicada en Hidalgo 9; en el Servicio Bibliográfico Universitario de Xalapeños Ilustres 37, y en las librerías La rueca de Gandhi, de Úrsulo Galván 65; Árbol de Lectura, de Xalapeños Ilustres 51, y LIBRHeras, de Xalapeños Ilustres 44. Y aquellas personas interesadas en conocer más sobre las novedades editoriales de la UV pueden consultar la página www.uv.mx/corre y escuchar todos los martes, de 18:00 a 19:00 horas, el programa Oye, lee y dile, que transmite Radio Universidad Veracruzana en el 1550 AM.

Lecturas y diversiones, lugar de encuentro
de cuatro grandes poetas contemporáneos
Celia Álvarez
El poeta contemporáneo, dice T. S. Eliot, es aquel que hace de su trabajo creativo una labor consciente y, sobre todo, crítica. En ese sentido se puede decir sin ambages que si algo define a Lizalde, Zaid, Becerra y Pacheco es su lucidez, su conciencia creativa y su imaginación, lo cual los ha llevado a ser, de una vez y para siempre, poetas contemporáneos de todos los hombres.
De esta manera concluye el libro de Ignacio Ruiz-Pérez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1976) intitulado Lecturas y diversiones. La poesía crítica de Eduardo Lizalde, Gabriel Zaid, José Carlos Becerra y José Emilio Pacheco, una de las novedades editoriales de la Universidad Veracruzana, que explora el temple gozoso y libre de la lírica mexicana durante un periodo en que México, una vez superado el trauma de la posguerra, aceleraba su paso hacia la modernidad, entre 1940 y 1970.
En las conclusiones del volumen, que forma parte de la colección Biblioteca, se explica cómo se sentaron las bases de una promoción de escritores que empezaron a mostrar una actitud ante la poesía cuya finalidad era “descubrir un país en crisis”, en contrapunto con la ilusoria fe en el progreso que primaba en aquella época, fraguando su afán crítico en las numerosas publicaciones literarias que surgieron merced a las favorables condiciones económicas del momento.
Fueron tiempos en que los jóvenes poetas, muy distantes de las preocupaciones de sus antecesores, asumieron su condición de ciudadanos del mundo y, atentos a las novedades del arte, contemplaban su entorno con mirada inquisitiva, respondiendo su praxis creativa a una sentimentalidad derivada de los nuevos tiempos, más hecha a los laberintos sicológicos urbanos, y apoyados en esa nueva perspectiva ejercieron revisiones críticas y exhaustivas de las creencias de sus precursores, sin pretender anularlas, sino más bien asimilarlas e interrogarlas de manera irreverente para luego proponer su propia praxis poética.
Quizá sean Eduardo Lizalde, Gabriel Zaid, José Carlos Becerra y José Emilio Pacheco --quienes comparten una visión y un compromiso similares ante la poesía y han escrito algunos de los mejores poemas de denuncia de México-- los autores que mejor representan la “otra sentimentalidad” en ciernes, el espíritu crítico e iconoclasta de esos años y la crisis social que alcanzó uno de sus puntos climáticos con la matanza de estudiantes en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968; los cuatro “alteran” el paisaje de la poesía mexicana: lo hacen otro, lo vuelven inmediato y pasajero.
Los poetas, explica Ignacio Ruiz-Pérez, leen a sus maestros, pero también se leen y “conversan” entre sí, y como muestra de ese “lugar de encuentro” propiciatorio que es la poesía están las coincidencias de temas y recursos en las que incurren estos escritores –a quienes denomina “los jinetes de la crisis” en el segundo capítulo del libro-- que tipifican la voluntad crítica y universal que caracteriza a la mejor cepa de la literatura del país. En sus obras, la escritura y la lectura se asumen como una toma de pulso: al leer lo anterior para re-presentarlo en el poema, Lizalde, Zaid, Becerra y Pacheco replantean también sus obras. Los cuatro leen y se leen, y es a la luz de ese acto que perfilan, primero, una crítica de la lectura y, después, una poesía crítica.
Lecturas y diversiones. La poesía crítica de Eduardo Lizalde, Gabriel Zaid, José Carlos Becerra y José Emilio Pacheco se puede adquirir en el Servicio Bibliográfico Universitario de Xalapeños Ilustres 37, en la Feria Permanente del Libro Universitario de Hidalgo 9, y en las librerías La rueca de Gandhi, de Úrsulo Galván 65; Árbol de Lectura, de Xalapeños Ilustres 51, y LIBRHeras, de Xalapeños Ilustres 44. Y aquellas personas interesadas en conocer más sobre las novedades editoriales de la Universidad Veracruzana pueden consultar la página www.uv.mx/corre, así como escuchar los martes, de 18:00 a 19:00 horas, el programa Oye, lee y dile, que transmite Radio UV en el 1550 AM.

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