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Año 13 • 566 • Junio 16 de 2014 Xalapa • Veracruz • México Publicación Semanal

4° Coloquio Nacional “La escritura excluida. Los raros”

Especialistas analizaron legado de escritores marginales

Alejandro Pulido, Antonio Cajero, Ángel José Fernández, Alejandro Higashi y Alfredo Pérez

 

David Sandoval

Para el filósofo Luis Villoro la concepción de justicia se construye a partir de una especulación donde sujetos abstractos, en una situación ideal, definen cuáles serían los principios de justicia, desde la historia y en una vía negativa, “donde a través de ir eliminando las exclusiones sociales existentes: de indios, católica, etcétera, nos hemos acercado progresivamente a órdenes sociales más justos”.

Con esta reflexión, la secretaria académica de la Universidad, Leticia Rodríguez Audirac, comenzó las actividades del 4° Coloquio Nacional “La escritura excluida. Los raros”, cuyas actividades se desarrollaron en el Salón Azul de la Unidad de Humanidades los días 29 y 30 de mayo. El coloquio, realizado por el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias (IIL-L) con el apoyo de El Colegio de San Luis, contó con la participación de tres de los cuerpos académicos del IIL-L, así como de los estudiantes del Doctorado en Literatura Hispanoamericana.

Escritores marginales de los siglos XIX y XX En la primera mesa, moderada por Luz América Viveros Anaya, se presentaron las ponencias de Alejandro Higashi, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM); Alfredo Pérez Pavón y Ángel José Fernández, del IIL-L; Antonio Cajero Vázquez, de El Colegio de San Luis, y Alejandro Pulido Antonio, también de la Universidad Veracruzana.

Sobre el poeta chiapaneco Raúl Garduño, Higashi expuso lo que denominó “la estética de la acumulación y el derrame”, destacando que el autor murió joven, a los 34 años, a causa del dengue, no obstante se perfilaba como uno de los más interesantes, a la par de José Carlos Becerra. “Vivió rápido en un Chiapas exuberante”, dijo, “con pocas publicaciones, comenzó a presentar sus poemas a los 16 años” y es conocido por dos poemarios, uno de ellos Poesía joven de México, al lado de Alejandro Aura, Leopoldo Ayala y el propio Becerra. El otro se conoce como “el libro negro de Garduño” porque era una carpeta que llevaba bajo el brazo, “no sabemos realmente qué pasó con él, hay un mito de que se quedó en la Editorial Siglo XXI para su publicación, pero en el fondo lo que se conoce como Los danzantes espacios estatutarios se realizó con borradores que tenía en su casa, después de su muerte”.

Fundamentalmente es un raro por una crítica que se ha fijado en un aspecto accidental: la cercanía espacial y temporal con Becerra. A continuación, Alfredo Pérez Pavón presentó el trabajo “Edward Bulwer Lytton, José María Heredia, José Justo Gómez de la Cortina y un sólo manuscrito verdadero”.

El investigador narró cómo los literatos mexicanos publicaron la novela del escritor inglés, Manuscrito hallado en un manicomio, como un producto propio en diferentes ocasiones, en las cuales utilizaron su temática para criticar la sociedad mexicana de la época y su conservadurismo. El libro de Bulwer es una narración semejante a La bella y la bestia donde un personaje deforme logra enamorar a una joven que reconoce más su espíritu que la galantería; sin embargo, para el autor británico esta relación no tendrá un final feliz.

Después de numerosas peripecias del ser contrahecho, realizadas para alcanzar el amor de la mujer idealizada, ambos procrean un hijo que los lleva a enfrentar a la sociedad. Esta temática es retomada en las revistas impresas del México decimonónico, destacando el caso de Heredia en El Universal Ilustrado, donde publica la historia sin hacer referencia a su autor original.

En cuanto a Gómez de la Cortina “destaca la reescritura del final; en éste la dama narcisista no muere sola sino con el hijo, que es además copia fiel de su padre, quien enloquece sólo temporalmente, reclama los títulos que le corresponden por matrimonio y es encerrado por sus hermanos en un hospital para locos para obtener las riquezas, y obtiene el reconocimiento intelectual”.

Es una reescritura que busca enjuiciar la moral de la sociedad, puntualizó el académico. José Negrete es un poeta desconocido de la segunda mitad del siglo XIX que tuvo dos importantes vertientes, tres novelas que fueron consideradas como pornográficas y ofensivas: Memorias de Paulina, La niña mártir y La historia de un merolico. Así lo planteó Ángel José Fernández al presentar “Un puñado de lágrimas: los poemas de José Negrete”, donde comentó acerca de su escritura panfletaria en contra del “tuxtepecanismo”, es decir, el movimiento político encabezado por Porfirio Díaz en el ocaso del gobierno de Lerdo de Tejada.

“Era provocador y es un romántico candoroso”, dijo, escribió dos tipos de obra: la panfletaria y bohemia, por un lado, y una obra lírica de la que se han rescatado cerca de 20 poemas. Murió a los 28 años en una epidemia de cólera en la ciudad de Tepic y fue además el novio de Carmen Romero Rubio, “que le fue arrebatada por el general Porfirio Díaz”. Su obra en verso se puede clasificar en dos registros; los poemas candorosos, comentarios en verso y panfletos contra el yugo político tuxtepecano.

Antonio Cajero, académico de El Colegio de San Luis, comentó la obra del editor, poeta, crítico y ensayista Humberto Rivas Panedas, a quien en su ponencia calificó como “vanguardista transhumante”. Participó durante los años veinte en revistas españolas producidas por su padre y su hermano; “quizá el momento fundamental de Humberto Rivas a la vanguardia española sea cuando se adhirió al grupo ultraísta y, aunque no aparece nombrado nunca porque la revista Ultra se dice que no tenía director, después se ha sabido que él era director en colaboración con un autor polaco”.

Llegó a Cuba como empresario cultural y a México en 1923, estableciendo relación con los estridentistas encabezados por Manuel Maples Arce, quien de las revistas generadas en España y Argentina retoma poemas para sus publicaciones.

“En pleno auge del estridentismo, Humberto Rivas se cuela por las páginas de El Universal Ilustrado, se involucra directamente con las actividades del Café de Nadie, participa activamente en la tertulia y acaso en la gestación de la revista más representativa de este movimiento: El Radiador, cuyo primer número data de septiembre de 1923.” Funge como promotor de la cultura con conferencias por el país, desarrolla una carrera de editor y se contrapone a los herederos de El Ateneo, “sin embargo ha sido olvidada la bandera de la vanguardia española liderada por Humberto Rivas, sus experimentos editoriales suscitaron un abierto cosmopolitismo en la plástica y las letras mexicanas”.

Para finalizar la mesa se presentó Alejandro Pulido, egresado de la Maestría en Literatura Mexicana, con la ponencia “El desencanto y la reinvención de la utopía en la literatura filosófica de Leonardo Da Jandra”. Este autor vivió durante 30 años en el parque natural de las bahías de Huatulco, incluso promovió la creación de dicha región pero en el gobierno de Felipe Calderón se le ordenó salir del Área Natural Protegida y se mudó a Santa María Etla, en los valles centrales de Oaxaca.

“Da Jandra es un controvertido filósofo y ensayista mexicano con ascendencia gallega, su producción escritural se encuentra enraizada en la literatura de transición entre el siglo XX y éste que comienza.” Actualmente es uno de los promotores culturales más importantes del estado de Oaxaca, al lado de Francisco Toledo.

Cuenta con Doctorado en Filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela y regresó a México a inicios de los años setenta, cursando un Doctorado en Filosofía de la Matemática en la UNAM. “Da Jandra decidió ir a vivir su utopía mínima de pareja a las bahías de Huatulco, donde residió por tres décadas desde 1968. Vivió a orillas de la civilización occidental y no deja de recordar la experiencia de otros personajes como Paul Gauguin y Henry David Thoreau.”

En su literatura filosófica hay un interés recurrente por indagar las relaciones de sentido entre historia e identidad, así como entre sociedad e individuo, explicó; “una de las constantes más sólidas en el proyecto dajandriano consiste en un cuestionamiento incesante al modelo civilizatorio que impera en occidente, lo que se ha traducido en una preocupación del autor por desmontar y criticar las dimensiones fundacionales de nuestra civilización”.

En su obra Gramática del tiempo expone sus ideas acerca de cómo se articula nuestra realidad presente, en categorías que detalla como personas que viven en el presente, otras en el pasado y otras en la posteridad, como una utopía y un cuestionamiento radical al presente inmediato.

“Leonardo Da Jandra en su sexta década de vida nos comparte su visión trilógicamente estructurada en la Gramática del tiempo acerca del mundo contemporáneo y las posibilidades espacio-temporales de existir en el pasado, el presente y el futuro para no sólo sobrevivir en la inmediatez del ahora, y sobre todo a los jóvenes nos enfoca en su literatura de experiencia vital y filosófica un proceso constante de aprendizaje, mismo que nunca tendrá fin”, concluyó.