Dirección de Comunicación
Universitaria
Departamento de Prensa
Año 11 • No. 495 • Septiembre 17 de 2012 Xalapa • Veracruz • México Publicación Semanal

Sostuvo investigador de la Universidad de Tennessee

Descubren que vertebrados, crustáceos
e insectos también juegan

Gordon Burghardt, profesor de Psicología, Ecología y Biología Evolutiva,
participó en el XX aniversario del Instituto de Neuroetología

David Sandoval

Con los resultados más recientes acerca de la presencia del juego entre distintas especies, es posible asegurar que éste existe en todos los animales vertebrados, crustáceos e incluso insectos, manifestó Gordon M. Burghardt, profesor de los departamentos de Psicología y Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Tennessee, Estados Unidos.

“Si consideramos a todo el reino animal, puedo decir de manera segura que entre los vertebrados existe el juego, así como en los crustáceos y los insectos”, aseveró el científico en su charla como parte de las actividades del XX aniversario del Instituto de Neuroetología.

Sobre el juego entre insectos, el académico presentó los resultados de experimentos realizados con arañas en los que ha encontrado que a pesar del riesgo de morir y ser comidos por sus parejas, interactúan de manera semejante al apareamiento sin llegar a la procreación.

El especialista agregó que este resultado se vuelve más contundente porque es posible observar a numerosos individuos interactuando al mismo tiempo.

Respecto del porqué estudiar el juego, Burghardt, quien fue presidente de la División 6 (Neurociencia del comportamiento y psicología comparada) de la Asociación Americana de Psicología, comentó que éste “es ciertamente común en muchos animales y también en los humanos, ocupa mayor tiempo y es más frecuente que el comportamiento sexual, la lucha, el cuidado parental, entre otras cosas”.

No obstante, el juego pierde seriedad entre la comunidad científica que lo considera un tema “no-serio” y lo ignora o limita a ciertos aspectos de la evolución, hay confusión incluso entre los investigadores acerca de sus alcances, dijo.

“El juego establece muchas líneas a seguir en el comportamiento que apenas estamos empezando a comprender, ¿qué es lo que llamamos juego? Es una actividad que incluye respuestas de carácter cíclico que involucran actividad física como rodar, brincar, correr, juegos de palabras y lenguaje, humor, risa, bromas, intercambio de roles, danza, música y creatividad, entre otros.”


Gordon M. Burghardt

Todo ello es considerado como juego entre los humanos y algunas de sus formas elementales pueden ser observadas en los animales; por ello, “si queremos entender el juego tenemos que situarlo en un contexto biológico evolutivo”, apuntó.

Burghardt explicó que su interés se centra en los orígenes del juego ya que han sido relegados en términos evolutivos y debido a su complejidad y diversidad.

Habló acerca de las categorías generales del juego en los animales. En primer lugar está el juego de locomoción, el juego con objetos y el juego social, que es el tipo más común y más estudiado por los investigadores, particularmente con ratas, que además han sido analizadas más que cualquier otra especie.

Estos tres tipos de juego no ocurren aislados en la realidad, pueden ocurrir de manera combinada, resaltó.
“El juego es repetido, un comportamiento relativamente no serio, diferente de versiones más precisas y adaptativas de actividad estructural, contextual o ambientalmente distintas y voluntariamente iniciado cuando los animales no se encuentran relajados o en condiciones de bajo estrés.”

Comentó que se han realizado muchas investigaciones, particularmente en primates, que buscan encontrar las señales de juego en su comportamiento, cuáles son las señales que estos animales utilizan para comunicar que una lucha, por ejemplo, no es una pelea verdadera.

Algo que se ha localizado entre los animales durante el juego es la inversión de los papeles; es decir, cuando uno de ellos se asume como dominante y luego se intercambia el rol con el otro animal.

“Hace 30 años no se hubiera considerado que animales como los peces, cocodrilos y tortugas jugaran, pero nuevas evidencias de años recientes comienzan a demostrar lo contrario, aunque son necesarias más investigaciones de este tipo para comprender cómo es que juegan”, reconoció el científico.