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Año 9 / No. 367 / Agosto 31 de 2009 Xalapa • Veracruz • México Publicación Semanal

Sección de metales de la orquesta

OSX: ochenta años de historia /III

La retirada de Limantour y el arribo de Ximénez Caballero

Conjunción de talentos, el Festival Casals

La primera época Savín

Jorge Vázquez Pacheco

El 1 de diciembre de 1950 Marco Antonio Muñoz tomaba posesión como gobernador del Estado. Desde aquel momento la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) experimentó un decidido apoyo que se tradujo en el patrocinio que permitió planear las actividades para el siguiente ciclo anual. Las giras eran costosas e insuficientes para cubrir la totalidad de las más importantes poblaciones veracruzanas, pero no era conveniente hacerlas a un lado. La música debía llevarse a todo ámbito y a todo rincón al alcance, antes de plantearse como un acontecimiento citadino.

Al arribo de 1951 llegaron a Xalapa los italianos Terezio Scarpa (timbalista), Ivo Valenti (violinista), Remo Arri (contrabajista), Alberto Caroldi (oboísta) y Dante Barzano (chelista). Se sumaron también los austriacos Óscar Steinbauer, entonces joven arpista en la Orquesta Sinfónica de Viena, y Artur Breiling, cornista. La lista se enriqueció con un listado de músicos mexicanos que permitían suponer que la OSX contaba con el mejor grupo de atrilistas que era posible conjuntar en la época.

La OSX preparó su Gran Temporada de Otoño en el Palacio de Bellas Artes, con nueve conciertos en que se anunciaban solistas como Oralia Domínguez, Leslie Frick, Higinio Ruvalcaba, Gilberto García y varios más. Además, se contó con la participación del famoso violonchelista francés Pierre Fournier, quien interpretó el Concierto de Dvorak.

La serie estaba colmada de estrenos y entre ellos dos eran primeras audiciones mundiales: la Sinfonía de Antonio Sarrier, recién descubierta en Morelia por Miguel Bernal Jiménez, y Tres cartas de México del propio Bernal Jiménez.

Además, primeras audiciones nacionales de obras de Benjamin Britten, Ernest Chausson, Von Einem, Bartók y Delius se programaron en sucesión sorprendente, a la vez que se anunció la presencia de dos genios en la dirección orquestal: el alemán Hermann Scherchen, quien tomó la batuta en tres de los nueve programas, y el húngaro Fritz Reiner, quien dirigió uno. Los restantes serían responsabilidad de Limantour.

Al finalizar la temporada, el éxito fue total y la crítica se volcó hacia la orquesta de provincia, cuyos integrantes se habían tomado el inconcebible atrevimiento de tomar por sorpresa la “gran ciudad”. No había duda; Limantour había convertido a la OSX en la mejor orquesta sinfónica del país. Para la planeación de sus siguientes actividades, Limantour reunió un grupo de personalidades en la Ciudad de México, ante quienes planteó la necesidad de fondos monetarios para el funcionamiento de la Orquesta. Entre estos personajes se encontraba el candidato a la presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines.

Un supuesto manejo tendencioso de la información hizo que los gobiernos federal y estatal retuvieran el apoyo. La casi totalidad de los integrantes europeos emigraron hacia la Ciudad de México, algunos de ellos para dedicarse a cuestiones por completo ajenas a la música. El ímpetu en las actividades de meses anteriores era, en 1952, apenas un remedo. Volvieron la impuntualidad en los salarios y la irregularidad en las audiciones, los músicos europeos se retiraron y ante semejante inseguridad económica, hasta Limantour decidió abrirse paso en otras latitudes. Aceptó la dirección de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, regresó al poco tiempo sin el éxito que se le auguraba y trató de obtener la dirección titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, que finalmente fue asignada a Luis Herrera de la Fuente. El horizonte no podía ser más desolador y José Ives Limantour optó por el retiro, sin anunciarlo de manera formal, de la OSX.

Luis Ximénez Caballero

Luis Ximénez Caballero
Pese a lo anterior, los instrumentistas decidieron continuar, la OSX no debía desaparecer y observaron la designación de Luis Ximénez Caballero, quien desde 1950 trabajaba al lado de todos los integrantes. A él correspondería la dura responsabilidad de remar contra la opinión generalizada y de hacer sentir al público que Limantour y la OSX no eran una entidad indivisible.

El nuevo director se encontró con una plantilla de apenas 32 músicos; las audiciones fueron contadas y había un enorme espacio cronológico entre una y otra. Pese a todo, se programó una temporada en el Teatro Lerdo para poner punto final a las actividades en 1953, que concluyó satisfactoriamente.

Para el “aniversario de plata”, en 1954, la OSX no llegaba a 40 integrantes, quienes dedicaron buena parte de su tiempo a ofrecer conciertos didácticos, visitar cabeceras municipales y poblaciones pequeñas, tocando en prácticamente cualquier sede que pudiese ser adaptada como escenario. Ese mismo año la Orquesta regresó a Bellas Artes y el año concluyó sin pena ni gloria. Hacia 1955 las circunstancias parecían no cambiar gran cosa hasta que la Asociación Musical Daniel anunció su patrocinio para una nueva temporada en la capital de la República. Los atractivos fueron la presencia de los pianistas Ida Krehm y Gerd Kaemper, y del violinista Henryk Szeryng.

En 1956 hubo una notoria recuperación en el ritmo de las actividades de la OSX. Ximénez Caballero viajó a Europa para complementar su preparación al lado de Igor Markevitch y Armando Lavalle se hizo cargo del cumplimiento de los compromisos. Al asumir la rectoría de la Universidad Veracruzana (UV) Gonzalo Aguirre Beltrán, la OSX tomó parte en la apertura del año lectivo 1957, a la vez que contaba con la promesa de un importante apoyo por parte del gobernador entrante, Antonio M. Quirasco. Fue entonces que pudo programarse por vez primera en Xalapa, en agosto de 1957, la Novena sinfonía de Beethoven con la soprano Rosita Rimoch, la mezzosoprano Aurora Woodrow, el tenor Paulino Saharrea y el barítono Sergio Morales.

También, la OSX tomó como escenario el Parque Juárez para los conciertos al aire libre y retomó las giras hacia ciudades cercanas. En 1958 viajó a Coatzacoalcos, Catemaco y Agua Dulce, para contar a su regreso con el guitarrista argentino Manuel López Ramos, cuya carrera habría de ligarse de forma permanente al desarrollo del arte en este instrumento en México. Ese mismo año se estrenó en la Ciudad de México el Concierto para jazz band y orquesta de Rolf Liebermann, obra que dio origen a la célebre frase del percusionista Ernesto “El pingüi” Martínez, cuando fue interrogado en torno de su pasmosa eficiencia como baterista de jazz y timbalista: “Pues la verdad no sé, yo nomás le tupo re duro”.

El Festival Casals
La amistad del violonchelista xalapeño Rubén Montiel con Pablo Casals fue el origen del primer gran festejo artístico en la vida moderna de Xalapa. El Festival y Concurso Internacional Pablo Casals motivó la presencia de una serie de personalidades de enorme nivel y renombre; el 19 de enero se inauguró formalmente y ahí se dieron cita Heitor Villa-Lobos, Sara Nelzova, Mstislav Rostropovich y Milos Sadlo, entre muchos otros.

La OSX ofreció su audición con motivo del festival y el concurso, con Ximénez Caballero en el podio y con un programa integrado exclusivamente por obras de autores nacionales: Fantasía de Noriega de la Vega; Concierto en mi menor para piano y orquesta de José Rolón, con Miguel García Mora como solista; la Toccata de Carlos Chávez, y Suite Veracruz de Daniel Ayala. Eduardo Hernández Moncada dirigió una jornada de música contemporánea mexicana, con obras de Candelario Huízar, Simón Tapia Colman, Silvestre Revueltas y el propio Hernández Moncada.

El 28 de enero se ofreció una audición fuera de programa con la participación de Mstislav Rostropovich y André Navarra. Rostropovich interpretó el Concierto de Dvorák en si menor y Navarra el de Schumann en la menor. La entrada fue gratuita para todo público y los solistas se negaron a recibir honorarios por su participación.

Después de esta serie de aciertos, con resultados económicos exitosos, la Orquesta pudo realizar una gira por el sureste mexicano, otra serie de cinco conciertos en Bellas Artes y una gira nacional. Pero 1960 fue otro ciclo escasamente afortunado; la inconformidad se recrudeció ante la insuficiencia de dineros para viáticos y salarios. Para colmo, el inesperado despido de un grupo de instrumentistas creó una atmósfera tensa que sólo pudo aliviarse con la intervención del gobernador Antonio M. Quirasco, quien prometió la intervención directa de la UV en los asuntos administrativos.



Mstislav Rostropovich
Fernando Salmerón fue nombrado rector de la UV a finales de 1959 y en 1960 propició la creación de una Asociación Musical que reforzaría las finanzas de la Orquesta, con estos patrocinios se efectuaron las series de conciertos en 1961, con resultados sumamente alentadores. Además, la UV se hizo cargo de la nómina de los instrumentistas, lo que permitió un modesto saldo positivo en los dineros y la Asociación Musical de Xalapa concluyó el año con una ganancia de 26 pesos.

En 1962 el Gimnasio Universitario se convirtió en sede de los conciertos. La OSX registró en Puebla la grabación fonográfica de la Cantata heroica de Isaías Noriega de la Vega, con Martha Ornelas, Plácido Domingo y Franco Iglesias como solistas. En noviembre, el gobierno estatal hizo entrega a la UV del Teatro del Estado, con la finalidad de que se habilitase como sede permanente de la OSX y todo parecía marchar sobre ruedas. Un mes más tarde, al asumir la gubernatura Fernando López Arias, un inesperado anuncio sacudió toda la estructura de la OSX.

Liquidar el logro ajeno
Uno de los más decididos apoyadores de la OSX fue Manuel Zorrilla Rivera, indígena originario de Misantla que, luego de desempeñarse como arriero, herrador de caballos y mulas en su tierra natal, se convirtió en melómano de hueso colorado e intelectual que cultivó una interesante amistad con Silvestre Revueltas. Zorrilla Rivera rivalizó con López Arias por la candidatura al gobierno del estado, lo cual –se dice– habría despertado el celo vengador del gobernante electo y convertido a la Orquesta en víctima propiciatoria.

Otros comentan que López Arias simplemente funcionó con mentalidad común en el ámbito político. La educación musical no se ve ni puede manejarse como promoción política; el aplauso que vale es el de la gente reunida en mítines, no el del público que aprecia el arte musical. El gobernante supondría que era mejor traer multitudes de acarreados para llenar plazas que llevarles cultura a su población. López Arias fue terminante: “Preguntaremos al pueblo si quiere servicios o si quiere Sinfónica de Xalapa...” A nivel nacional fueron muchos quienes justificaron aquel procedimiento, con el argumento de que “el pobre estado de Veracruz necesita comida, no música”.

Por otra parte, semejante actitud pudo deberse a una información deformada respecto de los fondos monetarios que consumía la OSX. López Arias suponía que la Orquesta devoraba del gobierno estatal al año un millón de aquellos pesos. En realidad, la cifra era mucho menor. Además, un logro no es bueno cuando el gobernante en turno no es el generador del mismo. Todo justificaba los intentos por liquidar a la Orquesta, porque en política lo ajeno debe ser sustituido o, de plano, eliminado.

En diciembre de 1962, agotado por los esfuerzos sin resultados positivos, Luis Ximénez Caballero se dio por vencido y abandonó Xalapa.



Francisco Savín
La primera época de Francisco Savín
En 1963, Fernando Salmerón fue ratificado en la Rectoría de la UV y a él correspondió decidir en torno del nuevo director para la OSX. Por aquellos tiempos, un joven capitalino de sólida formación artística en Checoslovaquia hacía escuchar su nombre en el ámbito nacional. Era Francisco Savín, a quien Elí de Gortari había llevado a Morelia para hacerse cargo de la Escuela de Artes. Los dos directores anteriores habían crecido artísticamente junto a la OSX; Savín, en cambio, se nutrió con los conocimientos de los mejores maestros checos de la época. La suya era una formación que se antojaba necesaria y útil en el derrotero que la OSX tenía por delante, y así lo concibió Salmerón.

Aceptada la propuesta, Savín inició la temporada 1963 con la puesta en marcha del Teatro del Estado. La OSX estrenaba así director titular y sede propia. De inmediato se experimentó la nueva orientación en el repertorio y volvieron los solistas de gran renombre: Gerhart Muench, Irma González, Alfred Brendel y muchos más; se estrenaron en Xalapa obras relativamente recientes como Los pinos de Roma de Respighi, Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber de Hindemith y Pacific 231 de Honegger, a la vez que se realizó la primera grabación comercial para la firma Musart, que incluyó el Concierto para violín de Rodolfo Halffter, con Luz Vernova como solista; la Obertura lírica de Manuel Enríquez y Metamorfosis del propio Savín.

Para 1964 se enriqueció la asistencia de maestros invitados: Carlos Barajas, Angélica Morales, Yuriko Kuronuma, Fernando Penagos, Hermilo Novelo y Sally Van Den Berg. Savín encabezó su primera gira nacional con la OSX por Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, San Luis Potosí, Aguascalientes, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y el Estado de México, y se abordaron los conciertos dominicales en el Teatro del Estado con entradas casi de regalo para todo público.

Los conciertos de 1965 contuvieron el toque propio de Savín, quien presentó en Xalapa una partitura ambiciosa y de enorme vuelo, Das Lied von der Erde de Mahler, con la contralto Osbelia Hernández –la mejor voz grave femenina en México después de “La Chacha” Aguilar– y se abordó, también por vez primera, la versión para gran orquesta de cuerdas de Arnold Schoenberg para su Verklaerte Nacht. Sin descuidar el trabajo en las poblaciones vecinas, Savín abordó en 1966, y por vez primera, una serie operística con los siguientes títulos: La Traviata y Rigoletto de Verdi, Madama Butterfly de Puccini y Lucia de Lammermoor de Donizetti.

Este año la OSX es tomada en cuenta por el Instituto Nacional de Bellas Artes para participar en el Cuarto Festival de Música Contemporánea, donde la crítica hace comentarios elogiosos en torno de la capacidad de conjunto y director para el abordaje de la música de reciente creación. A partir de esta época, las esferas artísticas de la Ciudad de México identificaron a la OSX y a Savín como un binomio importante en el cultivo de la música moderna, que se confirmó con las interpretaciones a partituras de Mauricio Kagel, Toshiro Mayuzumi, Blas Galindo, Manuel Enríquez, Edgar Varése y Hans Werner-Henze.

En diciembre de 1966, y ante la imposibilidad de que la Orquesta Sinfónica Nacional abordase el compromiso, la Sinfónica de Xalapa participó en el homenaje a Candelario Huízar. De ello se deriva un álbum discográfico que es considerado antológico y que resulta en la primera grabación de la obra del maestro zacatecano. Pero Savín llamaba ya demasiado la atención; no pasó inadvertido para los capitalinos y al iniciar 1967 recibió una oferta tentadora.


Portada de la primera grabación comercial
de la OSX

Finalmente renunció a la OSX para asumir la dirección del Conservatorio Nacional de Música de México.
Tras la partida de Savín se dio un lapso de actividad sin titular artístico. No puede decirse que la Orquesta estaba acéfala porque se contó con el valioso auxilio de Virgilio Valle para cumplir con los compromisos pendientes, mientras que José Ives Limantour se hacía cargo de la Missa Solemnis de Beethoven, programada para el 29 de septiembre en la Catedral Metropolitana de México.

También con dirección de Limantour, la OSX se presentó en el Fuerte de San Diego, en Acapulco, en febrero de 1968, y regresó para realizar series de audiciones con obras de Beethoven, Copland y Stravinski.

A inicios de 1969, la OSX volvió a Acapulco y allí Limantour anunció su retiro definitivo. El mismo maestro que retomó el impulso primero de Juan Lomán como un germen de apenas un puñado de heroicos artistas, hasta convertirlo en un sorprendente conjunto capaz de tocar bajo la batuta de Scherchen y Reiner, argumentó que la Orquesta había cumplido la mayoría de edad y que no podía tener como director a un aprendiz. El generador de aquel prodigio se consideraba indigno de continuar edificando sobre la arquitectura que él mismo consolidó.