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Año 15 • 621 • Noviembre 30 de 2015 Xalapa • Veracruz • México Publicación Semanal

El teatro me apasiona por su magia y dinamismo: Hosmé Israel

 

José Agustín Castellanos

La virgen loca es el único espectáculo teatral en el mundo con 41 años de funciones ininterrumpidas interpretadas por el mismo actor, por lo que en 2004 ganó un Récord Guinness como la obra con más años en cartelera a nivel internacional.

Otro logro menos conocido de este monólogo, que describe la soledad y los altibajos de una señorita solterona, es que gracias a él se fundó un teatro en un pueblo cercano a Veracruz.

Las anteriores son apenas dos razones para explicar por qué es uno de los montajes más esperados y concurridos. Hay quienes lo han visto más de una decena de veces y han memorizado fragmentos del monólogo, o son capaces de señalar si algo se dijo de forma diferente.

Hosmé Israel, su autor, director e intérprete, forma parte de la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana (Orteuv), y La virgen loca representa uno de los más grandes éxitos de esta compañía.

A unos días de la presentación del documental La virgen loca, lado b, del director Ricardo Braojos, el actor compartió en entrevista con Universo cómo surgió este proyecto que conjuntó las vivencias de chicas solteras representativas de la moralidad del México de los sesenta.

¿De qué manera llega el teatro a Hosmé Israel?
Toda mi vida estuve conectado, desde niño, en los años sesenta con los festivales. A partir de ahí empecé a hacer teatro con César Blancas y posteriormente me incorporé a la Orteuv, en 1973.

¿Cómo nació La virgen loca?
El surgimiento de La virgen loca me regresa a muchas épocas. El Foro Teatral “La Caja” estaba recién hecho, no había piso y aún olía a cal, ahí realizamos la primera lectura del texto.

La virgen loca es un trabajo de investigación; hice como 200 entrevistas a señoritas –que en ese tiempo había muchas– de diferentes partes del país y de distintos estratos sociales.

¿Por qué el interés por este tópico?
Me interesaban los motivos que las llevaban a quedarse solteras. También, aclarar por qué las mujeres inmiscuían a San Antonio de Padua en sus vulgaridades.

San Antonio de Padua se inclinó por la humildad de un niño en un pesebre, por eso tiene al niño Jesús en sus brazos y se hizo santo por la pureza de corazón, entonces no tiene nada que ver con novios ni con el matrimonio.

La cuestión de que las mujeres pedían dinero a los hombres que conocían me llamaba mucho la atención; sin embargo no entendía por qué.

Posteriormente, en la escuela, con mis compañeras a las que yo les daba las famosas pesetas de plata, me enteré que eran ofrendas para entregar a San Antonio, con el fin de obtener un buen novio y un buen marido.

A partir de eso me aboqué a preguntar discretamente por qué no se habían casado, y ahí obtuve la gran respuesta de muchas, la cual hacía referencia a la idea de que la hija menor tenía la obligación de mantenerse virgen para cuidar a sus padres hasta la muerte. Ya cuando me dijeron 20 o 25 veces la misma tontería, entendí que era una idea arraigada.

¿Cómo se desarrolló este proceso de investigación?
A donde quiera que la Orteuv fuera de gira, lo primero que hacía era buscar solteronas para indagar realmente qué es lo que pasaba. De este modo, Guadalupe Balderas y yo –porque en aquellos tiempos no era fácil que un hombre entrara a la casa de una señorita– las visitábamos y hacíamos confianza; en el interior de sus casas se expresaban libremente, reflejando un asunto bipolar de algún modo.

Sumando alcohol a estos encuentros realmente enloquecían, armábamos tertulias entre los tres y se permitía la confianza. De todas esas conversaciones escogí lo más interesante de ellas y lo amalgamé en una sola.

¿Cómo evolucionó La virgen loca?
Es un fenómeno. Cuando la leímos por primera vez, Enrique Pineda sugirió que iniciara cuando la virgen despierta teniendo sueños pasionales, se empieza a tocar y despierta de golpe.

De ahí partió la idea de llevarse a escena, cuando originalmente no la escribí para eso, sino como un texto más. Al final la llevamos a escena para cubrir un compromiso que la UV tenía con la recién fundada Universidad de las Américas en Cholula, Puebla, porque la obra que se presentaría originalmente no podría ir.

No teníamos nada, ni vestuario ni escenografía, en ese tiempo el escenógrafo de la Orteuv, Ernesto Bautista, improvisadamente me puso una peluca y un vestido de otras obras y los muebles eran californianos, resultando en un contexto totalmente californiano. Fue como un ensayo general que gustó mucho y que posteriormente seguimos ensayando hasta concretarse.

¿Cuándo fue el estreno oficial?
La sala chica del Teatro del Estado fue el escenario donde se estrenó La virgen loca, el 24 de agosto de 1974. Causó mucho escozor en Xalapa, pues había muchas “quedadas” que se sentían aludidas porque nunca las habían tocado. De este modo empezó el asunto pues no había actores que hicieran papeles femeninos; después se hizo Sugar con Enrique Guzmán.

No era fácil que un actor interpretara a una mujer, pero yo sí me aventé y la obra fue un éxito. A partir de entonces siempre se llenó la sala.

¿Cómo fueron los primeros años de la obra?
Hice gira por todo el estado con lo que en aquel tiempo era el DIF, el Fonapaz. Llegué a ayuntamientos como Tatatila, donde nunca habían visto una obra de teatro y actuaba en canchas de futbol. Di funciones en lugares donde no había escenarios.

Recuerdo un lugar cerca de Veracruz donde había una presidenta municipal de armas tomar que siempre traía una pistola, quien para crear un escenario para mi presentación mandó cerrar todas las cantinas de la ciudad y sacar sus mesas para armarlo.

La obra gustó tanto que la presidenta municipal me prometió que para la próxima vez que fuera ya estaría construido un teatro, y lo hizo, construyó un teatro pero yo ya nunca pude regresar.

Posteriormente se presentó en Naolinco y Poza Rica; las temporadas más largas en Tuxpan crearon la idea de que una virgen llegaría al lugar.

Ahí empezó una gran cosmovisión, lo que la gente piensa: que subo a escena y ven a la virgen, eso ha provocado que quienes me vieron hace 41 años me vuelvan a ver; personas que me han visto 15 o 16 veces se dan el lujo de decirme textos completos o de identificar alguna diferencia mínima entre las presentaciones.

Para muchos mi trabajo es espiritista, porque entro al camerino y salgo transformado en una mujer. Pero mi trabajo no se puede cambiar, no se le puede agregar ni quitar nada. Sólo el pasado 30 de octubre no realicé un salto por condiciones de salud.

¿A qué atribuyes el fenómeno de La virgen loca?
Aún no termino de comprender qué pasa, hay veces que han tumbado el cristal del teatro para entrar a ver la obra, la gente me reconoce, me llevan prendas de la época para vérselas puestas a la virgen. Realmente no lo entiendo.

¿El papel de la virgen es el más importante de tu carrera?
Muchos piensan que por tantos años de carrera la virgen es mi personaje favorito, pero realmente es el Cardenal de Cúcara y Mácara, por el cual me gané una golpiza en 1981 en el Teatro del Estado.

Ese personaje me costó mucho trabajo, la técnica fue muy difícil, era muy joven y el personaje muy grande. A mí me apasionó el teatro por su magia y dinamismo; sin embargo, es un trabajo de actuación como el de siempre, me preparo para actuar e interpretar un personaje que abandono al concluir la función.

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Hosmé Israel ha participado en numerosos montajes, entre ellos: Los bajos fondos, Cúcara y Mácara, La ñonga, La casa de Bernarda Alba, Un halo de esplendor, Ecópera, El canto del cisne, Felicidad, El tesoro perdido, Cada quien su minotauro, ¡Ay Federico García!, Dos aventuras neogóticas, Rinoceronte, La visita de la vieja dama, El atentado y Lampart o de cómo colarse a la historia. En su trayectoria como dramaturgo destacan: La virgen loca (1974), La enfermera (1983), El proceso del cólera (1986), La academia del más allá (1990), Los amantes (1995) y Cucarachas (1997).