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Desde
Inglaterra
El Presidencialismo en México: Presencia
del INEHRM en la Universidad de Oxford / I
Fernando N. Winfield Reyes
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El Centro
de Estudios para México en la Universidad de Oxford (http://www.mexico.ox.ac.uk)
es una iniciativa que se puso en marcha en 2002 con motivo de la visita
del presidente de México a Inglaterra. Desde esta fecha, este
centro ha trabajado en estrecha relación con el Centro de Estudios
Latinoamericanos (http://www.lac.ox.ac.uk)
en la misma universidad. La historia, la cultura y el papel de México
en la escena internacional son sólo algunos de los temas que
han sido revisados desde un contexto contemporáneo en las investigaciones
y actividades académicas de los últimos años.
A su paso por Oxford en mayo de 2005, el doctor Javier Garcíadiego
Dantan, Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos
de la Revolución Mexicana (INEHRM) e investigador del Centro
de Estudios Históricos de El Colegio de México impartió
la conferencia «El Presidencialismo en México»,
evento que sirvió de marco para la presentación y comentario
del libro Presidentes mexicanos (editado en dos tomos bajo
la coordinación de Will Fowler, de la Universidad de St. Andrews).
La presentación de Garcíadiego Dantan fue seguida por
las intervenciones de tres distinguidos académicos: Alan Knight,
profesor de St. Antony’s Collage, y Laurence Whitehead, Profesor
de Nuffield College, ambos de la Universidad de Oxford, así
como Kevin Middlebrook del Institute for the Study of the Americas
en Londres.
Garcíadiego Dantan cuenta con dos doctorados en historia: uno
por El Colegio de México (1982) y otro por la Universidad de
Chicago (1988). Sus líneas de investigación versan sobre
aspectos de la Revolución Mexicana y la historia política
y cultural de México. Entre sus principales publicaciones pueden
citarse: Rudos contra científicos: la Universidad Nacional
durante la revolución mexicana (El Colegio de México,
1996), La Revolución Mexicana. Crónicas, documentos,
planes y testimonios (UNAM, 2003), Biografía de Alfonso
Reyes, Colección Grandes Protagonistas de la Historia Mexicana
(Planeta DeAgostini, 2003).
Desde la perspectiva histórica, el tema del presidencialismo
es prácticamente indisociable del acontecer de la política
en México desde el inicio de la etapa independiente. Distanciándose
de la postura expresada por Octavio Paz en algunos de sus escritos
sobre la idea, en el imaginario colectivo, de que el país tenía
que ser gobernado por una especie de personaje superior (el gran tlatoani,
el virrey, el dictador, el presidente de la república) la aproximación
que Garcíadiego apunta va en otro sentido y plantea algunas
consideraciones de mucho interés para conocer nuestra historia
moderna.
Y es que, salvo dos periodos que se pueden identificar, primero con
el gobierno de Porfirio Díaz (1880-1910) y segundo, desde el
inicio del gobierno de Lázaro Cárdenas hasta aproximadamente
la década de los noventa (1936-1994), puede tamizarse el poder
que relativamente han tenido otros presidentes, incluso algunos de
la talla de Benito Juárez. En opinión de Garcíadiego,
independientemente de la trascendencia de Juárez en la cohesión
del grupo liberal y en su lucha contra el grupo conservador y el imperialismo,
el periodo 1867-1872 constituye una presidencia débil en materia
política, militar y cultural –hay que recordar que los
conservadores acabarían por ser vencidos y los poderes extranjeros
expulsados de México. Pero no puede considerarse como un presidencialismo
fuerte, sin adversarios.
En el caso del Porfiriato, el presidencialismo adquiere una cohesión
gracias al otorgamiento de favores a las regiones, a grupos políticos
o a personas cercanas a Díaz. El imaginario colectivo de su
época acabaría por identificar a Díaz como un
personaje positivo, en el sentido de que era percibido como un hombre
que había traído la paz a la nación, y una etapa
de relativa tranquilidad asociada al progreso material de algunas
clases que retroalimentaron una situación aproximada a cierta
legitimidad.
El movimiento revolucionario y sus diferentes gobiernos no constituyeron
figuras presidenciales fuertes. Ni siquiera la figura de Venustiano
Carranza, un personaje a quien la iconografía oficial describe
con frecuencia como un hombre fuerte, puede considerarse con los atributos
que definen un presidencialismo fuerte. En lo que observa Garcíadiego,
son años en los que no hay un eje de país, central,
fuerte, sino que más bien debe considerarse el entorno nacional
en una serie de pugnas y la existencia de regiones desintegradas del
poder central, con la emergencia en aquellos años y hasta la
década de los veinte, de liderazgos y caudillos como Francisco
Villa, Emiliano Zapata, Salvador Alvarado, Esteban Cantú, Cedillo,
Garrido Canabal o Tejeda. La etapa de 1920 a 1924 es un periodo de
rebeliones y desafíos y, aunque desde 1924 la historia otorga
un papel central a la figura de Plutarco Elías Calles en el
periodo denominado Maximato, con la imposición de tres presidentes
a los que despectivamente se les llamó «peleles»,
el presidencialismo fuerte surge otra vez con Lázaro Cárdenas,
en lo que para algunos historiadores cierra el periodo de la Revolución
Mexicana. (Continuará) |
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