{"id":179,"date":"2018-10-03T09:32:52","date_gmt":"2018-10-03T14:32:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/?p=179"},"modified":"2018-10-16T01:26:30","modified_gmt":"2018-10-16T06:26:30","slug":"traduccion-el-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/1\/traduccion-el-papel\/","title":{"rendered":"Traducci\u00f3n. El papel de los grandes hombres en la historia"},"content":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-1066\" data-series-id=\"4\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 8 de 8 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/numero\/1\/\">1<\/a><\/div><\/div><\/div><p style=\"text-align: center\"><span style=\"font-size: 14pt\"><strong>El papel de los grandes hombres en la historia<\/strong><\/span><br \/>\n\u00c9mile Durkheim<br \/>\n(6 de agosto de 1883)<br \/>\nArt\u00edculo publicado en la revista Cahiers Internationaux de sociologie, vol. 43, julio-diciembre 1967, p. 25-32. Par\u00eds: Les Presses Universitaires de France.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Traducci\u00f3n por: Domingo Balam Mart\u00ednez Alvarez*<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">SE\u00d1ORES,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong> Cualquiera que sea el costo para nuestro amor propio, hay que reconocer que Dios hizo dos especies de hombres muy diferentes: los grandes y los peque\u00f1os. Nunca se ha discutido mucho para determinar cu\u00e1l es, en la tierra, el papel de los peque\u00f1os y de los humildes. Por desgracia, no sabemos demasiado. Para la mayor\u00eda de nosotros la \u00fanica funci\u00f3n es vivir, perpetuar la raza, proporcionar la materia para creaciones nuevas, mantener la escena mientras otros eventos y nuevos actores se preparan. Pero los otros, \u00bfde qu\u00e9 sirven?, \u00bfa qu\u00e9 fines est\u00e1n destinados? Aqu\u00ed comienzan las doctrinas y la variedad de opiniones. Mientras ciertas naciones se entregan por completo a los brazos de sus grandes hombres, otras, al contrario, desconf\u00edan de ellos como del m\u00e1s grande de los peligros. Aqu\u00ed se empe\u00f1an en perseguirlos y hacerlos miserables; all\u00e1 se les exalta y se les glorifica. Atenas hace de S\u00f3crates un m\u00e1rtir; Roma hace de Augusto un Dios que adora. \u00bfQui\u00e9n tiene, entonces, raz\u00f3n y d\u00f3nde est\u00e1 la verdad? \u00bfLos hombres genios son, necesariamente y a\u00fan, una amenaza para nuestras individualidades mediocres? O bien, al contrario, \u00bfes de ellos y s\u00f3lo de ellos de quien debemos esperar nuestra salvaci\u00f3n? En una palabra, cu\u00e1l es su papel en nuestras sociedades modernas, tal es, se\u00f1ores, la gran pregunta que quisiera discutir ante ustedes.<br \/>\nSi fuera necesario creerle a uno de los m\u00e1s ilustres escritores de nuestro siglo[1], los grandes hombres ser\u00edan el fin mismo de la humanidad. Producir grandes hombres, dice, es el objetivo hacia el cual tiende la naturaleza entera. En cuanto a la felicidad de las masas, se desinteresa. \u00bfC\u00f3mo admitir, en efecto, que este inmenso universo no tenga otra raz\u00f3n de ser m\u00e1s que dar, a la multitud de oscuros individuos, medios c\u00f3modos para gozar tranquilamente de su peque\u00f1o destino? \u00bfC\u00f3mo admitir que la tierra est\u00e9 \u00fanicamente hecha para alimentar, y el sol para calentar a algunos millones de seres sin valor ni nombre? En realidad, eso ser\u00eda un resultado muy pobre para esfuerzos tan prodigiosos. Sin embargo, la naturaleza est\u00e1 lejos de haber malgastado torpemente sus fuerzas. Al contrario, ella demuestra, a cada instante y con expresiones brillantes, su profundo desprecio por los individuos. Ella los ha hecho mortales a todos; \u00bfqu\u00e9 le importa con tal de que la especie no muera? As\u00ed, despu\u00e9s de que estamos agotados por servir a sus fines misteriosos, cuando nos ve sin fuerzas y nos considera in\u00fatiles, nos elimina y despu\u00e9s hace venir a otros para continuar nuestra obra y gozar de nuestro trabajo. \u00a1Ah, sin duda nos puede parecer cruel que aquellos que han sembrado no cosechen! Pero qu\u00e9 le importa con tal de que el trabajo no se detenga, con tal de que el progreso dure por siempre.<br \/>\nHe aqu\u00ed, en efecto, la \u00fanica cosa de la cual se preocupa, he aqu\u00ed el \u00fanico objetivo que persigue y hacia el cual nos empuja a todos, sin importar lo que hagamos. Lo que la naturaleza quiere es que el progreso se haga, que el ideal se realice. Sin embargo, \u00bfcu\u00e1l puede ser ese ideal sino el advenimiento de la raz\u00f3n y el reino de la verdad? \u00bfC\u00f3mo, entonces, reinar\u00e1 la raz\u00f3n sobre la tierra? \u00bfNecesitar\u00e1 conquistar, una a una, todas las inteligencias individuales? Una tarea parecida ser\u00eda imposible. Hay demasiados esp\u00edritus invenciblemente reacios a la ciencia; hay muy pocas almas lo suficientemente altas para poder elevarse hasta la verdad. \u00c9sta no podr\u00e1, pues, revelarse m\u00e1s que a un peque\u00f1o n\u00famero de inteligencias privilegiadas; la raz\u00f3n no encarnar\u00e1 m\u00e1s que en los hombres superiores que realizar\u00e1n el ideal y, como tal, ser\u00e1 el objetivo final de la evoluci\u00f3n humana.<br \/>\nPero, \u00bfesos hombres superiores, una vez formados, van a regresar a la multitud de la que emanan para elevarla hasta ellos, para hacerla participar del tesoro que poseen, para ense\u00f1arles la vida conforme a la raz\u00f3n? \u00bfPara qu\u00e9?, responde nuestro autor, \u00bfpara qu\u00e9 servir\u00eda ese inmenso apostolado? Ser\u00eda una p\u00e9rdida in\u00fatil de fuerzas. Porque lo importante es que la verdad sea conocida, pero no por todos los hombres. \u00bfPor qu\u00e9 la alta cultura ser\u00eda accesible a todo el mundo? Basta con que se establezca y reine. La ciencia es desde\u00f1osa y no necesita tener un gran n\u00famero de fieles. \u00bfPara qu\u00e9 rebajar el ideal y ponerlo al alcance de los peque\u00f1os esp\u00edritus? As\u00ed la humanidad estar\u00eda dividida en dos grandes clases entre las cuales habr\u00eda un abismo. En lo alto se encontrar\u00eda esta \u00e9lite que habr\u00eda favorecido el capricho de la naturaleza. En lo bajo, la multitud vegetar\u00eda en la inconciencia. Los primeros pensar\u00edan por los segundos; ser\u00edan como la conciencia de la humanidad entera. En cuanto a los otros, se contentar\u00edan con admirar, con adorar a esos seres extraordinarios, felices adem\u00e1s de servirlos y de sacrificarse. Adem\u00e1s, nos dice, no ser\u00edan los que m\u00e1s se quejar\u00edan porque tendr\u00edan, al menos, los placeres de la familia, las alegr\u00edas reservadas a las almas simples, las dulces ilusiones de los ignorantes. \u00a1Preocup\u00e9monos, m\u00e1s bien, de aquellos que tienen que ver la verdad frente a frente! Porque tal vez la verdad es triste.<br \/>\nUstedes lo ver\u00e1n, se\u00f1ores, para que el progreso fuera posible, seg\u00fan nuestro fil\u00f3sofo, es necesario que la naturaleza, llevando hasta sus \u00faltimos l\u00edmites la divisi\u00f3n del trabajo y separando lo que nos gustar\u00eda creer indisolublemente unido, pusiera de un lado toda la felicidad y del otro toda la inteligencia. Unos tendr\u00edan que renunciar a gozar y los otros a pensar. \u00a1Qu\u00e9 cuadro tan oscuro, se\u00f1ores, qu\u00e9 sue\u00f1o tan desolador! \u00bfPero, es \u00e9sta la verdad?, \u00bfEs este el futuro que nos espera y al que debemos resignarnos sin esperanza? Creo, se\u00f1ores, que tenemos buenas razones para tranquilizarnos; y espero hacerlos ver que tenemos el derecho de contar con un destino menos l\u00fagubre.<br \/>\nY, en efecto, \u00bfpor qu\u00e9 la naturaleza tomar\u00e1 tan poco en cuenta a los individuos? \u00bfSer\u00e1 que eso le sienta mejor a su majestad? \u00a1Pero no hay, al contrario, un tipo de mezquindad odiosa para sacrificar tan brutalmente a todo el mundo por unos cuantos, como medida de econom\u00eda! Sin duda, comprendo todo lo que hay de bueno en esos hombres excepcionales que resumen en ellos toda la vida de un siglo o de un pueblo. Admir\u00e9moslos y sint\u00e1monos orgullosos, porque expresan y realizan nuestra humanidad a la perfecci\u00f3n. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 ser\u00eda indigno para la naturaleza ocuparse tambi\u00e9n de los peque\u00f1os y de los mediocres para hacerlos cada vez m\u00e1s capaces de comprenderla y amarla? \u00bfEn qu\u00e9 su sabidur\u00eda y su poder ser\u00edan menos grandes, si, no contenta de concentrarse de vez en cuando en la forma de uno de estos seres eminentes, irradiara sin parar en todas las direcciones, iluminando, vivificando y espiritualizando m\u00e1s y m\u00e1s a la masa de individuos?<br \/>\nSe dice que a la verdad no le gustan las multitudes. Sin embargo, \u00bfpor qu\u00e9 darle esos desdenes aristocr\u00e1ticos? Para m\u00ed, la verdad no tiene m\u00e1s que una raz\u00f3n y una manera de ser: ser conocida. Entre m\u00e1s se le conozca, m\u00e1s ser\u00e1 verdad. Es, pues, disminuirla no querer para ella m\u00e1s que el culto restringido de algunos iniciados. Al igual que el sol nos parecer\u00eda menos bello si no iluminara m\u00e1s que una peque\u00f1a porci\u00f3n del globo. Si a menudo ha inspirado a poetas entusiastas himnos de agradecimiento, si algunos pueblos lo han hecho un Dios, es porque env\u00eda generosamente su calor y su luz en todas las direcciones, sin menospreciar nada ni a nadie.<br \/>\nSe reprocha, es verdad, que la mayor\u00eda de las inteligencias no son capaces de percibir la verdad, y que incluso jam\u00e1s lo ser\u00e1n. \u00a1Ah, se\u00f1ores, no desesperemos tan r\u00e1pido del esp\u00edritu humano! Cuando se ve en la historia la sucesi\u00f3n innumerable de ideas que la han atravesado, rechazando sucesivamente todas aquellas cuya falsedad ha sido demostrada y encamin\u00e1ndose as\u00ed, laboriosamente sin duda, pero de manera constante y con perseverancia hacia la verdad, yo digo que no se tiene el derecho de desalentarse. Sin duda todo apostolado tiene sus decepciones y tragos amargos. Sin duda, cuando se viene a encarar a resistencias invencibles, cuando uno se siente provisionalmente indefenso, se debe pasar por momentos duros de derrota y disgusto. Pero si uno es apasionado de la verdad, si se tiene por el otro menos desprecio y m\u00e1s amor, no tarda en retomar la cima porque se sabe encontrar en s\u00ed mismo ese calor que termina por ablandar los corazones m\u00e1s resistentes.<br \/>\nEntonces, el mundo no est\u00e1 hecho \u00fanicamente para los grandes hombres. El resto de la humanidad no es solo la tierra vegetal sobre la cual crecen flores raras y exquisitas. Todos los individuos, por humildes que sean, tienen el derecho de aspirar a la vida superior del esp\u00edritu. Es posible que esa vida sea menos tranquilla y menos dulce que la existencia com\u00fan. Es posible que la verdad sea triste, \u00bfqu\u00e9 importa? A\u00fan a ese precio, todo el mundo tiene el derecho de quererla. Todo el mundo tiene el derecho de pretender a esa noble tristeza que, adem\u00e1s, no carece de encanto, porque una vez que se prueba no se quieren otros placeres que se encuentran ya sin sabor y sin atractivo.<br \/>\nPero, se\u00f1ores, si los grandes hombres no son toda la humanidad, \u00bfhay que concluir que le son in\u00fatiles? \u00bfNo hay m\u00e1s que reconocer al genio ese tipo de valor e inter\u00e9s est\u00e9ticos? \u00bfHay que, como se hace con frecuencia, reducirlo a ser un ornamento, un adorno de lujo del cual las sociedades sabias har\u00edan bien en pasar por alto?<br \/>\nYa no estamos en presencia de un sistema verdadero ilustrado por un gran nombre. Tenemos que arregl\u00e1rnosla con todo tipo de ideas y de sentimientos que no se formulan mucho en teor\u00edas, que uno apenas se confiesa a s\u00ed mismo, pero que muchos acarician en lo m\u00e1s profundo de sus conciencias. Todo por el genio y para el genio, nos dec\u00edan. Y aqu\u00ed est\u00e1 lo que se dice ahora: hay que sacrificar todo por la felicidad de los individuos.<br \/>\nPorque lo que hace a una naci\u00f3n no es uno o dos grandes hombres que el azar hace nacer aqu\u00ed y all\u00e1, y quienes pueden fallar de repente: es la masa compacta de ciudadanos. Es, pues, s\u00f3lo de ellos de quien es necesario ocuparse; es su \u00fanico inter\u00e9s el que hay que consultar. Entonces, \u00bfqu\u00e9 les importa que, de entre ellos, se eleve de vez en cuando un hombre superior? No es para ellos que el poeta escribe, que el artista trabaja, que el fil\u00f3sofo piensa, sino para una peque\u00f1a aristocracia celosa y cerrada. \u00bfQu\u00e9 inter\u00e9s tienen en que, muy por encima de sus cabezas, haya una sociedad donde se vive una vida aparte, donde se prueban los placeres e incluso los sufrimientos que les son negados? \u00bfQu\u00e9 les hace un progreso que no debe cumplirse por ellos ni para ellos? Todo lo que los sobrepasa es superfluo. La \u00fanica cosa que les interesa es esta cultura media del esp\u00edritu que pueden recibir: ella sola debe, por lo tanto, reinar. Es necesario que el ideal sea de su talla y est\u00e9 a su alcance.<br \/>\n\u00a1Si todav\u00eda se pudiera producir, al mismo tiempo, hombres genio y masas ilustradas! Pero, nos dicen, uno de esos objetivos excluye al otro. Todo genio, en efecto, es un tipo de monstruo que no se puede formar sin alterar profundamente el orden natural de las cosas. Nada viene de nada. La inteligencia que unos tienen en exceso, otros la tienen, necesariamente, en menor grado. Para formar a un hombre genio, hay que \u201cremover, destilar, condensar\u201d millones de peque\u00f1as inteligencias. Si una naci\u00f3n quiere enriquecerse de grandes hombres, sobre un mismo punto del territorio re\u00fane y concentra todas las fuerzas vivas. Entonces, sobre el terreno as\u00ed preparado, no tarda en ver surgir inteligencias divinas. Sin embargo, la vida que se acumul\u00f3 as\u00ed sobre un punto \u00fanico y que han absorbido algunos individuos se le ha retirado al resto de la naci\u00f3n. Es por eso que el cuerpo de la sociedad languidece y, muy pronto, muere de inanici\u00f3n. \u00a1He aqu\u00ed el precio que se paga por la gloria de tener grandes hombres!<br \/>\nA todas esas razones, se le agrega, a\u00fan m\u00e1s, que suscitar hombres genio, es crear en la naci\u00f3n desigualdades peligrosas; es preparar due\u00f1os. \u00bfC\u00f3mo se podr\u00eda someter a la ley com\u00fan a esos seres que sobrepasan, infinitamente, el nivel com\u00fan? Ser\u00eda como si el resto de los ciudadanos no existiera ante ellos. M\u00e1s vale, por lo tanto, que todo el mundo vaya al mismo paso. Que los m\u00e1s apurados esperen a los m\u00e1s lentos. Sin duda, es necesario que la verdad llegue a conquistar al mundo, pero que comience sus conquistas en lo bajo y no en lo alto. Que se revele poco a poco a las multitudes, en lugar de revelarse completa y de un solo golpe a algunos privilegiados.<br \/>\nHe aqu\u00ed, Se\u00f1ores, lo que escuchamos con frecuencia decir en las conversaciones del mundo. \u00a1Y bien! No dudo en declarar que esta teor\u00eda, igual de falsa que la precedente, me parece, tal vez, m\u00e1s peligrosa. Ciertamente, va en contra de la naturaleza sacrificar sistem\u00e1ticamente a la multitud por el genio. Pero por otra parte, una sociedad donde el genio fuera sacrificado por la multitud y por no s\u00e9 qu\u00e9 amor ciego de una igualdad est\u00e9ril, se condenar\u00eda ella misma a una inmovilidad que no difiere mucho de la muerte. \u00bfPor qu\u00e9 buscar\u00eda aventuras? Todos los individuos que la componen se parecen: no tendr\u00edan, pues, ni siquiera la idea de cambiar. Como no conocen a otros seres que a ellos, ni otro estado que el suyo, les parecer\u00eda que su objetivo ha sido alcanzado y que no tienen m\u00e1s que dormirse en el seno de su mediocridad satisfecha. Pero supongan que un gran hombre aparece. De inmediato, el equilibrio se rompe. La humanidad percibe que no ha llegado al t\u00e9rmino de su carrera. He aqu\u00ed una forma superior de existencia que no conoc\u00eda hasta ahora y por la que va a trabajar ahora para alcanzar. He aqu\u00ed un objetivo nuevo ofrecido por sus esfuerzos. Por lo tanto, mil sentimientos, que dormitaban, despiertan de repente; una clase de inquietud invade los corazones y esa masa, inm\u00f3vil en todo momento, se estremece y avanza. Y no teman que ese movimiento se detenga. No teman que la multitud jam\u00e1s se una definitivamente a los grandes hombres que la preceden y que la gu\u00edan. Porque cuando los primeros sean alcanzados, otros aparecer\u00e1n m\u00e1s lejos sobre la ruta del progreso, y despu\u00e9s de aquellos, otros m\u00e1s, a\u00fan en proceso de llevar a la humanidad hacia el objetivo ideal que jam\u00e1s alcanzar\u00e1.<br \/>\n\u00bfEs verdad, por otra parte, que un gran hombre absorbe, sin regreso posible, lo mejor de la naci\u00f3n? \u00a1Ah, sin duda ser\u00eda as\u00ed, si el hombre genio, una vez formado, se suprimiera \u00e9l mismo de la sociedad para encerrarse en una soledad orgullosa! Pero desgraciadamente, por muy grande y desde\u00f1oso que uno sea, no se es menos hombre, y uno no puede prescindir f\u00e1cilmente de sus semejantes. Es necesaria la simpat\u00eda, el respeto y la admiraci\u00f3n de aquellos cuya inferioridad se desprecia. Es bueno hacer poco caso de la popularidad, no es bueno sentirse solo. Al artista le gusta que le aplaudan, al poeta saberse admirado; el pensador, sobre todo, tiende a reunir la mayor cantidad de inteligencias posibles. Por eso est\u00e1 bien que renuncie al aislamiento. Debe volverse hacia esa multitud que permanece detr\u00e1s de \u00e9l; debe tenderle la mano para \u00e9sta que le siga, debe instruir para hacerse comprender. Esto lo hace as\u00ed y centuplica todo lo que la multitud le ha podido prestar.<br \/>\n\u00a1Hey se\u00f1ores!, \u00bfno es as\u00ed como las cosas pasaron en Francia? Durante mucho tiempo, nuestros reyes trabajaron para hacer nacer a su alrededor grandes hombres y hacerse as\u00ed de una clase de cortejo, \u00bfno era, pues, para instruir y formar el esp\u00edritu del pueblo, m\u00e1s que para darle a la monarqu\u00eda un poco m\u00e1s de prestigio? Y sin embargo, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3? Es que en toda Europa, puede que no exista un pa\u00eds, se puede decir sin vanidad nacional, donde el nivel de inteligencia media sea m\u00e1s elevado que en Francia. Toda la gloria regresa a nuestros grandes hombres que sirvieron a fines que apenas preve\u00edan sus protectores reales. Los apuestos marqueses de Versalles cre\u00edan que era para ellos \u00fanicamente lo que escrib\u00eda Racine y lo que pensaba Moli\u00e8re, pero fue Francia entera quien lo aprovech\u00f3.<br \/>\nLos grandes hombres no son una clase de tiranos que, viviendo en nuestro lugar, viven a nuestra costa. Lejos de que s\u00f3lo puedan crecer por nuestra sumisi\u00f3n, su elevaci\u00f3n hace la nuestra. Sin duda, a\u00fan hay entre ellos y nosotros una gran distancia, pero nosotros tenemos los medios para disminuirla, y ellos tienen inter\u00e9s en secundar nuestros esfuerzos. Entonces podemos salir de esas teor\u00edas exclusivas que acabamos de exponer y de refutar a su vez. No, la naturaleza no exige que los grandes hombres sean ego\u00edstas. Sin embargo, por otro lado, la humanidad no est\u00e1 hecha para probar, a perpetuidad, los placeres f\u00e1ciles y vulgares. Es necesario, pues, que una \u00e9lite se forme para hacerle despreciar esta vida inferior, para arrancarle de ese reposo mortal, para solicitarle caminar adelante. Aqu\u00ed est\u00e1, se\u00f1ores, para qu\u00e9 sirven los grandes hombres. No est\u00e1n \u00fanicamente destinados a ser la coronaci\u00f3n, a la vez grandiosa y est\u00e9ril, del universo; si tienen el privilegio de encarnar en la tierra el ideal, es para hacer ver a todos los ojos bajo una forma sensible, es para hacerles comprender y hacerles amar. Pero si entre ellos hay quien no se digne a bajar su mirada sobre el resto de sus semejantes, quien se ocupe exclusivamente de contemplar su grandeza, de gozar en el aislamiento su superioridad, conden\u00e9moslos sin que haya vuelta atr\u00e1s. Pero para los otros, y es la gran mayor\u00eda, para aquellos que dan todo a la multitud, para aquellos cuya \u00fanica preocupaci\u00f3n es compartirle su inteligencia y su coraz\u00f3n, para aquellos, en cualquier siglo que hayan vivido, que hayan sido antiguamente servidores del gran rey, o que sean hoy ciudadanos de nuestra Rep\u00fablica libre, aquellos que llaman Bossuet o que nombran Pasteur, para aquellos, yo les ruego, no tengamos jam\u00e1s palabras de admiraci\u00f3n ni de amor. Saludemos, respetuosamente, en ellos a los benefactores de la humanidad.<br \/>\nQueridos estudiantes, tal vez en este momento me reprochen en silencio por haberlos olvidado un poco hoy. Sin embargo, no es as\u00ed. Mientras hablaba, pensaba en ustedes, sobre todo en ustedes con quien acabo de pasar este a\u00f1o y que van a dejarnos ahora para probar la vida. Si quieren mirar de cerca, ver\u00e1n que este discurso conten\u00eda, para ustedes, una \u00faltima ense\u00f1anza y una lecci\u00f3n in extremis. Todo lo que dije podr\u00eda, en efecto, resumirse as\u00ed: Mis queridos amigos, ser\u00eda muy feliz si ustedes salieran de este liceo con dos sentimientos, contradictorios en apariencia, pero que las almas fuertes saben conciliar. Por una parte, tengan un sentimiento muy vivo de su dignidad. Por muy grande que sea un hombre, jam\u00e1s deber\u00e1 renunciar a sus brazos y, de manera irremediable, a su libertad. Ustedes no tienen el derecho. Pero tampoco crean que se volver\u00e1n mucho m\u00e1s grandes si no permiten que nadie se eleve por encima de ustedes. No se enaltezcan a s\u00ed mismos, sin deberle nada a alguien, porque entonces, para preservar un falso amor propio, se condenar\u00edan a la esterilidad. Todas las veces que sientan que un hombre les es superior, no se sonrojen por ser testigos de una justa consideraci\u00f3n. Sin falsa honestidad, h\u00e1ganlo su gu\u00eda. Hay una forma de dejarse guiar que no quita en nada la independencia. En una palabra, sepan respetar toda la superioridad natural, sin perder nunca el respeto por s\u00ed mismos. Aqu\u00ed est\u00e1, lo que deben hacer los futuros ciudadanos de nuestra democracia.<br \/>\nFin del texto<\/strong><\/p>\n<p>[1] Renan, Dialogues philosophiques (1925).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong> * <\/strong>Lic. Domingo Balam Mart\u00ednez Alvarez<br \/>\ndomingobalam@live.com.mx<br \/>\nEgresado de a Facultad de Sociolog\u00eda de la Universidad Veracruzana, con estudios incompletos en la maestr\u00eda en investigaci\u00f3n educativa del Instituto de Investigaciones en Educaci\u00f3n de la misma Universidad.<br \/>\nA la fecha ha participado en siete procesos electorales de car\u00e1cter local y federal, en el Organismo P\u00fablico Local Electoral de Veracruz (OPLE-Veracruz), como en el Instituto Nacional Electoral (INE). Ha colaborado en la Secretaria de Gobernaci\u00f3n del Estado de Veracruz (SEGOB), el Instituto Nacional para la Evaluaci\u00f3n de la Educaci\u00f3n (INEE), la Secretaria de Educaci\u00f3n\u00a0 P\u00fablica (SEP), as\u00ed como con organizaciones del sector social y en la iniciativa privada.<br \/>\nActualmente es Consejero Suplente del Instituto Nacional Electoral en la Junta Distrital 09 de Veracruz, as\u00ed como Jefe de la Oficina de la Secretaria del Honorable Ayuntamiento de Perote, Veracruz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"pps-series-post-details pps-series-post-details-variant-classic pps-series-post-details-1066 pps-series-meta-excerpt\" data-series-id=\"4\"><div class=\"pps-series-meta-content\"><div class=\"pps-series-meta-text\">Esta entrada es parte 8 de 8 en la serie <a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/numero\/1\/\">1<\/a><\/div><\/div><\/div><p>El papel de los grandes hombres en la historia \u00c9mile Durkheim (6 de agosto de 1883) Art\u00edculo publicado en la revista Cahiers Internationaux de sociologie, vol. 43, julio-diciembre 1967, p. 25-32. Par\u00eds: Les Presses Universitaires de France. Traducci\u00f3n por: Domingo Balam Mart\u00ednez Alvarez* SE\u00d1ORES, Cualquiera que sea el costo para nuestro amor propio, hay que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2045,"featured_media":279,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[19,2,9],"tags":[20,24,18],"series":[4],"class_list":["post-179","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-destacadas","category-2","category-resenas-y-traducciones","tag-facsociologia","tag-traduccion","tag-uv","series-4"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/179","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2045"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=179"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/179\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/media\/279"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=179"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=179"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=179"},{"taxonomy":"series","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/sociogenesis\/wp-json\/wp\/v2\/series?post=179"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}