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El Colibrero comparte la magia de los libros

  • Esta iniciativa es impulsada por Michelle Macías Macuil, estudiante de la Especialización en Promoción de la Lectura 
  • La finalidad es fomentar la lectura en El Lencero, donde no hay biblioteca pública

 

El público que más participa es el infantil

 

Karina de la Paz Reyes Díaz

08/03/2018, Xalapa, Ver.- El Colibrero, palabra compuesta por “colibrí” y “librero”, es la propuesta de una biblioteca móvil con la que Michelle Macías Macuil, estudiante de la Especialización en Promoción de la Lectura de la Universidad Veracruzana (UV), trabaja para generar espacios de lectura en El Lencero, localidad de Emiliano Zapata.

El título de su proyecto de intervención es precisamente “Generando espacios de lectura y convivencia a través de una biblioteca móvil”, pues en El Lencero no hay biblioteca pública.

“Bajo esa situación y la hipótesis de que la población se va a acercar y leerá, es que surgió la idea del proyecto”, dijo la entrevistada, cuya formación como lectora se remonta a la niñez, pues su mamá tenía por costumbre leerle todos los días.

El Colibrero –se trata de su vehículo, cajas y cajas de libros y una carpa para guarecerse de la lluvia o el sol, según sea el caso– se nutrió con la biblioteca personal de Michelle, pero también de donaciones que se lograron a través de una convocatoria que hizo vía Facebook. Por ello, actualmente el acervo se compone de alrededor de 250 libros de literatura, en su mayoría infantil.

Para ella, la respuesta de la población fue positiva, considerando que se trata de una actividad abierta, sin invitación o sugerencia de alguna escuela u otra institución de por medio.

“En las primeras sesiones no hubo tantos asistentes, empecé con ocho o 10 y fue incrementando, en ocasiones asistían más de 20 personas, pero en otras sólo cinco. Tenía mucho que ver el clima, pues estábamos al aire libre en el parque que está frente a la laguna y solamente iban los que estaban muy cerquita o no le tenían miedo al frío”, explicó la estudiante de posgrado, cuya formación es maestra de preescolar.

De literatura para niños a El libro salvaje de Villoro: el triunfo
Entre las tantas anécdotas que se han generado gracias al Colibrero, Michelle nos compartió una que califica como un triunfo de su proyecto de intervención: en la segunda sesión, una señora de nombre Karla –de no más de 30 años– llevó a su niño y al tener la idea de que era como una especie de clase de lectura, pretendía dejarlo con todo y lonchera. Entonces Michelle le dijo que bien podría dejarlo e ir por él después, o quedarse y también leer lo que más fuera de su agrado.

“A partir de esa sesión, ella no faltó y fue de los adultos que más libros pidió en préstamo, se interesaba y me decía ‘éste no me gustó’, ‘quiero otro’, ‘éste me encantó mucho’. Me comentó que de todos los que leyó el que más le agradó fue El libro salvaje de Juan Villoro, además leyó toda la literatura infantil que su hijo sacaba en préstamo.”

En las 18 sesiones sabatinas que se desarrollaron del 21 de octubre de 2017 al 24 febrero de 2018, de 10:00 a 12:00 horas, El Colibrero facilitó todos los servicios que debería brindar una biblioteca pública, desde el préstamos de libros hasta la lectura en voz alta, animaciones, presentaciones de cuentacuentos, representaciones con títeres, acceso a material audiovisual y más.

A la fecha, la estudiante está en el proceso de sistematizar y analizar la información recabada, pero tan sólo en la penúltima sesión salieron en préstamos más de 15 libros.

“La población que más asistió fue la infantil, ellos buscaban libros de historias y cuentos, pero también se interesaban mucho por la divulgación científica –todos los libros tipo enciclopedia, con animales prehistóricos y planetas eran mucho de su interés–, incluso se llevaban (la revista) National Greographic para ver las fotografías e información.”

Para ella, fomentar la lectura es, primero, un gusto personal que desde niña le ha resultado placentero y grato. “Tendemos a compartir lo que nos gusta, en lo que creemos y como maestra de alguna manera sé los beneficios que les deja en la cuestión de su desarrollo intelectual y escolar; pero más que nada es compartir lo que a mí me gusta, quizá hay muchas otras opciones para que las personas puedan acceder a aumentar su capital cultural, tener otras perspectivas del mundo, conocer otros puntos de vista, pero a mí me gusta la lectura, creo en eso y lo comparto”, justificó.

El Colibrero continuará
En las últimas cuatro sesiones de este proyecto de intervención, Michelle Macías tuvo la iniciativa de acercar diversas bellas artes a quienes ya se habían convertido en asiduos visitantes a El Colibrero: una charla con la escritora Itzel Guevara del Ángel (también estudiante de la Especialización); concierto musical con el maestro Jesús Castro; convivencia con la pintora Maricela Peguero, y cerraron con la presentación de la compañía Artefacto Danza, dirigida por Talía Pedraza Nambo.

“Hicimos una adaptación del cuento El Tajín y los siete truenos (una leyenda Totonaca de Felipe Garrido que fue leída con antelación en El Colibrero) a danza contemporánea. En el grupo Artefacto Danza nos gusta trabajar con todo tipo de temas, atendimos la invitación de Michelle con alegría, porque representaba trabajar para niños y nunca lo habíamos hecho”, explicó Talía Pedraza, egresada de la Escuela de Danza de la Ciudad de México y también estudiante de la Especialización.

Destacó lo riguroso y sincero que es el público infantil, pero además observador: “Usamos cejas de algodón –representando la vejez de los personajes– y a mí se me cayó una; en un movimiento, al voltear a ver a los niños, uno de ellos me señaló ‘¡ya se te cayó una ceja!’, entonces disimuladamente me tuve que quitar la otra, porque él estaba atento a la falta de mi ceja. Yo sentí tensión, pero también diversión. Al final los papás también se interesaron”, narró Pedraza Nambo.

El Colibrero le permite a Michelle experimentar una satisfacción al aportar de manera positiva a la comunidad donde vive, pero también obtiene aprendizaje. Entre las cosas que le han maravillado es ver cómo niños o personas que habitualmente no leían u ocupaban su tiempo libre en otras actividades –como ver televisión– se involucran y opinan sobre los textos.

Algo más, “la forma en que las personas se han relacionado entre ellas, a partir de lo que leen y de reunirnos en El Colibrero, me ha resultado muy grato, muy bonito”, compartió gustosa.

Si bien la propuesta de intervención ya concluyó para fines de investigación académica, El Colibrero seguirá en funciones un sábado al mes, incluso “rolará” por el pueblo para facilitar el intercambio de libros y captar más público.

A manera de conclusión, Michelle reconoció la libertad de la Especialización en Promoción de la Lectura para que cada alumno desarrolle su proyecto desde su interés y área de conocimiento. “En este momento hablo de mi proyecto, pero todos han tenido gratas satisfacciones. A veces una piensa que todo el esfuerzo que haces se puede echar en saco roto, pero con una mamá que lleve a su hijo y concluye siendo lectora, ya valió la pena”.

En la actualidad la UV tiene abierta su convocatoria de ingreso a posgrado y la Especialización en Promoción de la Lectura es parte de la oferta educativa. Para mayor información, consultar https://www.uv.mx/epl/ y http://bit.ly/2Fed02q.

Como dato adicional, este programa educativo forma parte del Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Michelle Macías y Talía Pedraza

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