43: Una vida detrás de cada nombre

Quizá el infierno sea una metáfora de la impotencia. José Edmundo Clemente

AGRADECIMIENTOS Agradecemos a las madres y padres, a los familiares y amigos de los jóvenes de Ayotzinapa por atreverse a hablar de sus hijos y compañeros a pesar del dolor. A los autores de los textos, por responder a esta iniciativa. Al Colectivo 43 Artes, surgido en la Normal Rural Raúl Isidro Burgos e integrado por profesores y artistas de Guerrero, por permitirnos reproducir los retratos de los 43 jóvenes normalistas. Asimismo a la revista Lepisma, por la difusión de los textos de este volumen.

PRÓLOGO ALEJANDRO SOLALINDE

Mirar a los 43 jóvenes estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, sin idealizarlos, en el pulso de su realidad humana, es complejo; los ojos de terceras personas nos llevan a apreciaciones todavía más difíciles; apalabrarlos desde la poesía, en cambio, supone un movimiento que permite reconocerlos en otra dimensión. 43: Una vida detrás de cada nombre nos conduce a rincones imaginarios o reales; sin embargo, se trata, ante todo, de una lección histórica que debemos aprender para impedir su repetición. La desaparición de los estudiantes no debe olvidarse ni puede ser superada. Este esfuerzo literario traspasa los números para dejar entrever la vida familiar y social de cada uno de estos muchachos. Ayotzinapa, desde el 26 septiembre de 2014, significó la siembra de 43 semillas y de miles más, germinadas en nuestros días, cuyas raíces penetraron las entrañas de nuestro planeta, y hoy afloran por todas partes. Estas flores nunca serán meramente un pasado porque conforman nuestra lucha de hoy, que es la lucha de mañana y de siempre. ¡Los 43 y miles más están en calidad de desaparecidos, “ausentes-presentes”, y ya no se irán! Los 43 no son todos los desaparecidos, son un símbolo de todas las personas que siguen desapareciendo en México, incluidos los más de diez mil centroamericanos. Madres de los 43 estudiantes hablan de ellos en presente, porque no se han ido, porque ahí están. Hagamos presentes a los ausentes; juguemos con los tiempos. Cuando en este libro uno oye hablar de los ausentes en presente no hay error; es que ya entramos en otra dimensión. Las composiciones literarias abren puertas a otros espacios de la imaginación. Se trata de descargas de verdades expresadas bellamente, al mismo tiempo que dibujan un dedo índice acusando reiteradamente al Estado mexicano de crimen de lesa humanidad. Se quedó congelado el momento de la desaparición forzada, como acusación perpetua del crimen flagrante del mal gobierno. La agresión contra jóvenes críticos, disidentes, antisistémicos… rebeldes anticapitalistas, fue brutal. Las escuelas normales rurales están en la mira y este gobierno no descansará hasta desaparecerlas. Paradójicamente, el mismo gobierno que quiso desaparecer a estos jóvenes, los hizo más presentes. Pero en ello mostró un grado de deshumanización tan extremo que ni siquiera se ha permitido el llanto debido a unos restos humanos. Arrancar el rostro es otra forma de querer desaparecer definitivamente a estos muchachos, con un odio propio de quien ya está muerto. 10 En este libro se aprende que desaparecer o matar a los estudiantes es como desaparecer y matar a toda la humanidad. Aquí se registran también los anhelos profesionales de chavitos campesinos y su lucha generosa contra el empobrecimiento y la injusticia: ¡Son los pobres preocupados por otros más pobres! Jóvenes que quieren estar vivos son obligados a la muerte de la desaparición. Otras personas que no eran estudiantes corrieron con la misma suerte, víctimas de la confusión. La verdad es que ante crímenes tan horrendos como éste, poder expresaros en el lenguaje poético resulta un cierto alivio. La poesía mitiga la pena, aunque no la quita: pena por la muerte, pena por la ausencia, pena por la clase de autoridades que padecemos. Por otra parte, el diálogo con los jóvenes se convierte en diálogo con uno mismo, con lo que nos queda de humanidad. Seguimos sin tocar fondo. Un cambio que nunca llega. La obra es una invitación a no seguir el terrible ejemplo del mal gobierno; a no reproducir su corrupción, su violencia, su hipocresía. Las y los autores nos acercan, a través de sus composiciones literarias, al sufrimiento de las madres y los padres de hombres que querían cambiar México y, sin proponérselo, lograron sacudir la conciencia nacional y cimbrar el régimen mismo. Los escritores registran la mentira histórica oficial que poco a poco se ha ido esclareciendo. Jesucristo nos ha enseñado que no hay nada oculto que no llegue a revelarse. Las mentiras oficiales van cayendo una a una, al mismo tiempo que van saliendo a flote testimonios valientes de gente que va perdiendo el miedo y se atreve a hablar. Alienta conocer que estos jóvenes de Ayotzi se han movido por ideales solidarios. No es cualquier cosa estudiar, trabajar y, todavía, incidir políticamente en favor del país, de los derechos humanos, de los pobres, a sabiendas de que un profesor rural no tiene prerrogativas de lucro porque su plaza no da para más. Es más fuerte la vocación de servir y servir en las zonas más marginadas. La desaparición forzada de los 43 cambió totalmente la vida de sus familias, quienes pasaron de ser seres dolientes a luchadores sociales. Autores y familiares recrearon las vidas de los muchachos con base en su creatividad, pero, sobre todo, por el reconocimiento y amor hacia los 43. Si el victimario colectivo los hubiera podido mirar desde la mirada de sus familias, ¡jamás los hubiera atacado! Desde la mirada amorosa de familiares y compañeros, esos jóvenes son gente digna, campesina trabajadora, hogareña, luchona. Entre los ausentes y nosotros, podemos decir: los esperamos aquí, nos esperan allá, nos esperamos. 11 Nuestros queridos 43 se hermanaron ya con los centroamericanos y centroamericanas que han corrido la misma suerte, envueltos en la misma espesa niebla de la desaparición forzada, impuesta por un Estado ciego, sin alma. Nos dejan la tarea de transformar radicalmente nuestro país hasta que un día brille la también desaparecida ética, responsable y justa. Algún día no habrá más la cínica impunidad de hoy, diseminadora de corrupción. Queda la esperanza de que el sacrificio de estos luchadores sociales fermente nuestra conciencia para construir un país respetuoso de la vida, de la ley y de la justicia; un México seguro e incluyente.

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