Núm. 16 Tercera Época
 
   
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FRANCISCO MATA ROSAS
Centro Habana
 
 
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Antes que anochezca. La Habana de Mata
Rosas

Leticia Mora Perdomo

Leticia Mora Perdomo es investigadora del Instituto
de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la UV y
profesora de la misma universidad.
Doctora en Filosofía, opción Literatura
Hispanoamericana por la Universidad
de Texas en Austin.

My words are words of a questioning
WALT WHITMAN

I

Sin duda, Francisco Mata Rosas es uno de los fotógrafos más reconocidos de México. Ha ganado premios, menciones y reconocimientos que lo ubican en un lugar firme en la práctica fotográfica contemporánea. Es también un lúcido pensador: crítico, severo, informado, autorreflexivo como ningún otro acerca de su propio quehacer. Entrenado en el fotoperiodismo, sus imágenes son gráficas, de alto contraste, de líneas duras y enfáticas, con negros que despiertan la curiosidad. Su visión es irónica y juguetona.

          Mata nació en el Distrito Federal en 1958 y ha sido testigo de la transformación de esa ciudad tan cercana a él: de aldea a ciudad moderna, y luego a megalópolis del caos, como afirma Monsiváis. No es casual, entonces, que uno de sus grandes proyectos haya sido, precisamente, el retrato de la gran urbe.

II

          Una muerte emerge del metro. Varias personas portan máscaras: multitud de cráneos desfi lan en un ambiente de gran densidad urbana. Un hombre con un enorme penacho de plumas y conchas en sus tobillos parece bailar enfrente de un edifi cio moderno. Con la catedral de la Ciudad de México, la gran Tenochtitlan, como trasfondo de un ritual, un hombre, indio o ataviado con indumentaria indígena, porta un sahumerio en su mano y, con él, limpia o cura a otro hombre: uno de los millones de campesinos que han llegado a la metrópoli para inscribir su presencia en lo tangencial y, no obstante, transformar lo central.

          Describo lo que veo al azar en ese monumental libro que es México Tenochtitlan. He proporcionado datos que no aparecen explícitamente en la foto; los he inferido por el libro del que provienen y por el reconocimiento de lugares emblemáticos de la Ciudad de México. Las imágenes provocan asombro, perplejidad ante lo aparentemente incongruente. Me hacen reflexionar sobre la perenne curiosidad del “civilizado” ante lo “primitivo”, que la modernidad no destierra. La fascinación es mi respuesta. Por otro lado, sopeso la precisión del instante; la mirada entrenada para captar lo chusco de la vida, las contradicciones de nuestra humanidad, lo eterno en lo fugaz. Me detengo en la estructura que el soporte del libro arroja: no puedo dejar de admirar la lucidez conceptual en la edición de un conjunto de imágenes que proporcionan una visión, cuentan la historia de lo que Mata Rosas, con un pie y una cámara en la realidad y el otro en sus lecturas y su imaginación, aventura que es la gran ciudad. Tarea descomunal que realiza con éxito. Son estas cualidades las empleadas en el proyecto visual que hoy presentamos: Centro Habana. En el manejo gráfico de esta carpeta, Mata es el fotógrafo maduro y experimentado que ha recorrido el mundo, en completo control de medios de expresión.

III

Mata creció con la Revolución cubana. Para algunos de nosotros, la Revolución simbolizó la esperanza para Latinoamérica de un futuro más justo. Con ella se harían realidad los anhelos de libertad, igualdad, democracia. Distribución justa de la riqueza, educación para todos, progreso, bienestar y acceso a un sistema de salud social. Sueños que siguen meciendo la cuna de nuestro futuro. Por muchos años, justificamos los excesos de poder, la no existencia de elec- ciones libres, pues veíamos los niveles de educación y salud muy por encima del resto de nuestro continente. No imaginábamos el costo humano, la negación a ser y pensar de manera diferente ni la violenta condición humana que no soporta yugos mas puede soportar la prostitución de hombres, mujeres y niños; el ejercicio vertical del poder. En efecto, poco sabíamos de las purgas de homosexuales; no podíamos entender del todo las disidencias de Padilla, de Reinaldo Arenas. No podíamos comprender que miles se fugaran a riesgo de su propia vida. Cuba era nuestro futuro y, por eso, no aceptábamos ver en ella nuestro pasado violento y antidemocrático, el mundo alucinante en que habitamos. Hoy, Cuba, a pesar de ser un noble pilar contra el imperialismo y el consumo, está en una encrucijada, como toda Latinoamérica. El sueño de “Nuestra América” de José Martí vive, como ensayo de interpretación objetivo y como necesidad ineludible de cambio: como esperanza. Pero ¿debemos resignarnos a consumir una vida en soñar únicamente?

 
 
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