Nota: La dieta tradicional: formas de alimentación saludable

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Publicado por Oliva Noticias en Miércoles, 4 de agosto de 2021

 

Las culturas prehispánicas de nuestro territorio conocían muy bien la naturaleza que les rodeaba. Mantuvieron una relación armónica con ella, y esto lo podemos ver en los vestigios de las prácticas agrícolas y de alimentación que aún se conservan. Se sabe que su complexión y calidad de vida era resultado de su saludable estilo de vida.

Llamamos dieta los alimentos que consumimos diariamente. Además de clamar nuestra hambre, darnos placer y satisfacción al paladar, nos proporcionan la energía y los nutrimentos que necesitamos.

Con todo lo que nos proporcionan, nuestro cuerpo puede realizar sus funciones de crecimiento, desarrollo y reparación. También nos permiten hacer nuestro trabajo y actividades necesarias para nuestra vida diaria.

¿Todos los alimentos son saludables? Sabemos que no es así. Durante el día consumimos alimentos más o menos saludables. Así que nuestra dieta pude variar en el beneficio que nos provea dependiendo de las elecciones que hacemos en cada momento.

Para que una dieta sea saludable, debe cumplir con ciertas especificaciones: ser completa, equilibrada, inocua, suficiente, variada y adecuada. A continuación, revisaremos brevemente cada una de estas características.

Una dieta se considera completa cuando contiene todos los nutrimentos. Elementos que nuestro cuerpo necesita para su buen funcionamiento y crecimiento: proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua.

Los nutrimentos deben cumplir con los rangos recomendados para cada persona para que la dieta se considere equilibrada. Por ejemplo, un deportista de alta intensidad tiene diferentes requerimientos que una persona que no realiza ejercicio.

Una dieta es inocua cuando está libre de microorganismos dañinos, toxinas o contaminantes. Y de cualquier otro elemento que pongan en riesgo nuestra salud. Por ello es importante desinfectar y lavar muy bien los alimentos. Lavarnos las manos y las áreas que pueden llegar a esta en contacto antes de la preparación de alimentos, entre otras medidas. Cuando comemos en la calle es difícil asegurarnos de que los alimentos que consumimos sean inocuos.

Una dieta es suficiente cuando cumple con las necesidades de cada persona para una buena nutrición. Ni más ni menos. Esta propiedad quizás sea una de las más difíciles de procurar.

Una dieta variada contiene alimentos de cada uno de los siguientes grupos: frutas y verduras, cereales y tubérculos, leguminosas y alimentos de origen animal. No pasa nada si en una comida se te pasó comer elementos de algún grupo, por ejemplo, de frutas o leguminosas. Pero si cotidianamente omites algunos grupos en tu dieta, te estas perdiendo de los beneficios que solo estos grupos pueden proveerte. Tarde o temprano se reflejará en tu salud.

Nuestra dieta será adecuada cuando esté en función de nuestros gustos y cultura,  edad, género, peso, talla y nivel de actividad física. Cuando tenemos alguna enfermedad o circunstancia particular habrá que adecuarla.

Es por ello por lo que las dietas de revista no son recomendables. Además, de que no darán los mismos resultados en todas las personas que las implementen.

La dieta es un factor importante para mantener un estilo de vida saludable. Además de mantener buenos hábitos de actividad física, higiene del sueño y estados emocionales favorables. Estos elementos te proveerán de una excelente calidad de vida.

Cuidar los hábitos puede prevenir enfermedades como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas y enfermedades renales. O ayudarnos a vivir bien, incluso, si ya las padecemos.

Si bien, los y las especialistas en nutrición pueden ayudarnos a diseñar una dieta para cada persona. Muchas culturas mexicanas aun conservan conocimientos sobre alimentación saludable. Para recopilarlos se requiere de un diálogo entre la antropología y la nutriología. Dos ciencias involucradas en este proceso.

La Dra. Yuribia, investigadora del Instituto de Antropología y su estudiante Tania Citlalli de la Facultad de Nutrición región Veracruz, ambas de la Universidad Veracruzana están interesadas en provocar ese diálogo. Para ello exploraron la dieta tradicional de los pobladores de San Marcos Atexquilapan, una comunidad del municipio de Naolinco Veracruz. Encontraron que, en general, mantienen una forma de alimentación saludable vinculada a los ciclos estacionales.

Además, para mantenerla su dienta, utilizan métodos de siembra, producción y recolección que no contamina el ambiente. Estos métodos, permiten obtener alimentos con nutrimentos de mejor calidad, lo que resulta muy provechoso para cualquier organismo.

Esta dieta, conservada a través de generaciones, ha conformado una cultura alimentaria local. Se basa en elementos prehispánicos, vinculados al cultivo de la milpa, recolección y productos de caza.  Pero que también integra, de manera creativa, alimentos de otras partes del mundo, desde la llegada de los españoles.

Un ejemplo, son los “chaparros” son un platillo tradicional de San Marcos. Son tipo de tamal preparado con frijol molido y maíz, envueltos por hojas de “chaparro”. Las hojas de este árbol, además de dar soporte al platillo, también le agregan sabor durante la cocción. Los chaparros son considerados sabrosos y llenadores, también representan un itacate fácil de transportar que provee la “fuerza y energía para ir a trabajar y caminar”.

La buena comida, para los pobladores de San Marcos es aquella que se prepara con ingredientes naturales y frescos. Como aquellos que “vienen de la tierra” y no están contaminados con “químicos, empaquetados, refrigerados o industrializados”.

El saber usar y aprovechar el entorno requiere de profundos conocimientos o saberes bioculturales sobre el manejo y cuidado de los recursos naturales.

Las dietas tradicionales, históricamente, han sido desvalorizadas por la sociedad dominante como “comida de pobres”. Dejándolas en desventaja contra los alimentos industrializados, elaborados con harinas, azúcares y grasas refinadas, altos en sal y con conservadores. Al ser promocionados por los medios de comunicación masiva, se convirtieron en alimentos que brindan prestigio social.

Para la conservación de las dietas tradicionales se requiere el trabajo conjunto entre quienes los estudian e investigan y quienes las producen y consumen. Con ello se podrá valorar tanto los contenidos nutricionales como los saberes alimentarios locales.

Otro aspecto necesario y urgente es la generación de políticas públicas que promuevan la apropiación de estos conocimientos. Que, además, refuercen la identidad cultural alimentaria y el enorgullecimiento del resto de los mexicanos sobre sus raíces. Y reformular las actuales políticas públicas alimentarias, que dan prioridad a los alimentos fortificados y que no consideran a los alimentos frescos de temporada que se producen localmente.

Un trabajo complejo que requiere de la colaboración multidisciplinaria. Principalmente de la Antropología que analiza las formas locales de conocimiento y la Nutriología que se encarga de estudiar los procesos de alimentación y nutrición. Esta comunión, es clave para lograr la valoración científica de los saberes alimentarios y de las técnicas culinarias ancestrales que constituyen la base de la alimentación mexicana.

Necesitamos más diálogos entre ellas.

El trabajo conjunto de estas ciencias permitirá entender mejor los problemas nutricionales actuales. Los cuales podemos observarlos en fenómenos como la desnutrición, la malnutrición hasta llegar a la obesidad. Todos ellos, retos de salud pública, que se encuentran relacionados con múltiples factores, entre ellos, las formas sociales de valorar lo que se come.

Es importante reconocer el valor nutricional de los alimentos y dietas tradicionales. Además de conservar los conocimientos que son parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de México, también son una opción capaz de adaptarse a las formas de alimentación actuales que nos pueden ayudar a mantener un estilo de vida saludable en el siglo XXI.

Artículo realizado por Tania Citlalli Gabriel Peralta, estudiante de la Facultad de Nutrición, región Veracruz y Yuribia Velázquez Galindo, investigadora del Instituto de Antropología. Durante la Estancia de Investigación Verano del 2019.

Editado para Oliva Noticias Multimedios por Gladis Yañez de Sábados en la Ciencia de la Universidad Veracruzana.