﻿{"id":1293,"date":"2014-06-11T11:46:22","date_gmt":"2014-06-11T16:46:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/?p=1293"},"modified":"2014-06-11T12:40:14","modified_gmt":"2014-06-11T17:40:14","slug":"los-probioticos-pequenos-aliados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/general\/los-probioticos-pequenos-aliados\/","title":{"rendered":"Los probi\u00f3ticos, peque\u00f1os aliados"},"content":{"rendered":"<p><em>Dr. Jorge Su\u00e1rez Medell\u00edn \/<\/em><\/p>\n<p>Seguramente, cuando a fines del siglo XVII el comerciante y fabricante de lentes holand\u00e9s Anton Van Leeuwenhoek observ\u00f3 por vez primera con un rudimentario microscopio de su propia invenci\u00f3n los diminutos \u201canim\u00e1lculos\u201d que hoy llamar\u00edamos microorganismos, ni se imagin\u00f3 la verdadera importancia de su descubrimiento. M\u00e1s de cuatrocientos a\u00f1os han transcurrido desde entonces y los conocimientos que hoy tenemos sobre los seres vivos demasiado peque\u00f1os para ser observados a simple vista se han incrementado considerablemente. Actualmente, por ejemplo, casi todo el mundo identifica a los microorganismos \u2013 ya sean protozoarios, bacterias o peque\u00f1os hongos<a title=\"\" href=\"#_ftn1\"><sup><sup>[1]<\/sup><\/sup><\/a> \u2013 como los causantes de una gran cantidad de las enfermedades que han asolado a nuestra especie a lo largo de su historia y hasta el d\u00eda de hoy.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/imag.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1294\" alt=\"imag\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/imag.png\" width=\"671\" height=\"182\" srcset=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/imag.png 671w, https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/imag-300x81.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 671px) 100vw, 671px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><span style=\"font-size: x-small\">Im\u00e1genes de\u00a0Anton Van Leeuwenhoek y el microscopio\u00a0que le sirvi\u00f3 para descubrirlas.<\/span><\/p>\n<p>Tan acostumbrados estamos a pensar en los microbios como en nuestros min\u00fasculos archienemigos, que el caso del multimillonario Howard Robard Hughes (interpretado hace algunos a\u00f1os por Leonardo DiCaprio en la pel\u00edcula <i>El Aviador<\/i>) se nos antoja apenas un poco exagerado. Hughes, a pesar de ser uno de los hombres m\u00e1s ricos del mundo, muri\u00f3 de inanici\u00f3n al negarse a comer por miedo a que en su comida hubiera microorganismos promotores de enfermedades (o, como decimos en la jerga de las ciencias alimentarias, que sus alimentos no fueran inocuos desde el punto de vista microbiol\u00f3gico).<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la muerte del famoso productor de cine, piloto e inventor fue causada m\u00e1s bien por una enfermedad de tipo psicol\u00f3gico que por culpa de los pobres microbios, sin embargo, aunque la reacci\u00f3n de Hughes fue sin duda excesiva, todos estamos de acuerdo en que m\u00e1s nos vale tratar de evitar ingerir cualquier clase de microorganismos pues, al fin y al cabo, esos peque\u00f1os diablillos no han hecho m\u00e1s que traer desgracias al g\u00e9nero humano. \u00bfO no?<\/p>\n<p>Pues bien, lo cierto es que las cosas no son tan sencillas como podr\u00edamos pensar y tal parece que si en verdad queremos mantenernos sanos, tendremos que superar esta visi\u00f3n maniquea de la salud y dejar de considerar a los microorganismos como los villanos absolutos de la pel\u00edcula. En efecto, si bien es cierto que una gran cantidad de enfermedades \u2013 desde las triviales hasta las mort\u00edferas \u2013 son causadas por microorganismos, no debemos olvidar que algunos de ellos lejos de ser nocivos, pueden incluso ayudarnos a mantenernos saludables. Los organismos microsc\u00f3picos que al ser ingeridos provocan de una o de otra forma un efecto ben\u00e9fico en nuestra salud reciben el nombre gen\u00e9rico de probi\u00f3ticos.<\/p>\n<p>La sola idea de que ciertos microorganismos en lugar de da\u00f1arnos son una fuente de bienestar puede sonar extra\u00f1a en esta \u00e9poca de uso indiscriminado de antibi\u00f3ticos, sin embargo no es de ninguna manera novedosa, se remonta hasta fines del siglo XIX con los trabajos del cient\u00edfico ruso Ilya Metchnikoff.<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 cuando Metchnikoff \u2013 quien entre otras gracias fue uno de los fundadores de la inmunolog\u00eda, descubri\u00f3 a los fagocitos y recibi\u00f3 el Premio N\u00f3bel en\u00a0\u00a0\u00a0 1908 \u2013 se dio cuenta de que, entre todos los pueblos de Europa, los b\u00falgaros eran los que albergaban a un mayor n\u00famero de personas de edad avanzada. Tratando de averiguar el secreto de la longevidad de los b\u00falgaros, Metchnikoff estudi\u00f3 su dieta y descubri\u00f3 que, adem\u00e1s de consumir muchas verduras cultivadas en sus propios huertos, los b\u00falgaros tomaban grandes cantidades de yogurt.<a title=\"\" href=\"#_ftn2\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a> As\u00ed pues \u2013 supuso Metchnikoff &#8211; deb\u00eda de haber algo en el yogurt que alargara la vida de los habitantes de este pueblo de Europa oriental.<\/p>\n<p>Actualmente, la mayor\u00eda de los especialistas coinciden en que el sabio ruso pec\u00f3 de simplista y la supuesta longevidad de los b\u00falgaros<a title=\"\" href=\"#_ftn3\"><sup><sup>[3]<\/sup><\/sup><\/a> no se debe solamente a su dieta sino a una combinaci\u00f3n de muchos factores, entre los que destacar\u00eda un importante componente gen\u00e9tico, sin embargo no podemos decir que su enfoque fuese completamente est\u00e9ril ya que le permiti\u00f3 descubrir la presencia de ciertas bacterias en la leche fermentada, capaces de transformar la lactosa (el az\u00facar de la leche) en \u00e1cido l\u00e1ctico. Dichas bacterias, debido a su propiedad de producir \u00e1cido l\u00e1ctico y haber sido aisladas de la leche b\u00falgara, recibieron el nombre de <i>Lactobacillus bulgaricus<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/Lactobacillus-bulgaricus.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1296\" alt=\"Lactobacillus bulgaricus\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/Lactobacillus-bulgaricus.png\" width=\"259\" height=\"194\" \/><\/a><span style=\"font-size: x-small\"><i>Lactobacillus bulgaricus<\/i><\/span><\/p>\n<p>Puede ser que el consumo de yogurt no sea la f\u00f3rmula m\u00e1gica que nos permita llegar a la edad de Matusal\u00e9n, pero existen numerosas evidencias cl\u00ednicas de que su consumo tiene marcados efectos positivos en nuestro organismo. Por otra parte, tampoco hace falta ser fan\u00e1ticos del yogurt para disfrutar de sus beneficios. A lo largo del mundo existe una gran variedad de productos fermentados con propiedades an\u00e1logas como el <i>kefir<\/i> (llamado tambi\u00e9n \u201cchampa\u00f1a de la leche\u201d por su leve contenido alcoh\u00f3lico), la <i>langemilk<\/i> de Suecia, la <i>huslanka<\/i> de los montes C\u00e1rpatos, el <i>airig<\/i> de Ir\u00e1n, el <i>kenkey<\/i> de Ghana, el <i>lassi<\/i> hind\u00fa, el <i>skuta<\/i> chileno o el<i> pozol<\/i> del sureste de nuestro pa\u00eds, por s\u00f3lo citar algunos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">\u00a0<a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/yogur.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1295\" alt=\"yogur\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/yogur.jpg\" width=\"192\" height=\"263\" \/><\/a><span style=\"font-size: x-small\">El\u00a0consumo de yogurt\u00a0tiene marcados efectos positivos en nuestro organismo<\/span><\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 tienen en com\u00fan todos estos alimentos de nombres tan ex\u00f3ticos? Pues ni m\u00e1s ni menos que todos ellos son producto de la fermentaci\u00f3n ocasionada por alg\u00fan microorganismo potencialmente probi\u00f3tico, es decir, aquellos capaces de formar parte de la flora intestinal normal de un adulto sano.<\/p>\n<p>Existe la creencia generalizada de que la presencia de cualquier microbio en el tracto digestivo del ser humano conlleva necesariamente a una infecci\u00f3n y que para poder considerarnos saludables, nuestro intestino debe estar m\u00e1s desinfectado que si acabara de salir de una esterilizadora. Nada m\u00e1s lejos de la verdad. De hecho, nuestro aparato digestivo es un aut\u00e9ntico ecosistema que, al igual que un bosque, una selva o un manglar, necesita de la coexistencia de varias especies distintas para funcionar correctamente.<\/p>\n<p>Poco antes del parto, el intestino de los beb\u00e9s se encuentra limpio y pr\u00e1cticamente est\u00e9ril, pero a las pocas horas del nacimiento, comienza la colonizaci\u00f3n por bacterias de las familias <i>Enterobacteriaceae<\/i> y<i> Streptococcus <\/i>procedentes del exterior. Paralelamente, el beb\u00e9 ingiere un buen n\u00famero de lactobacilos y bifidobacterias con la leche materna y los primeros alimentos, y \u00e9stos poco a poco comienzan a desplazar al resto de los grupos bacterianos. En los individuos sanos, la flora intestinal se mantiene m\u00e1s o menos estable a partir de entonces y s\u00f3lo durante la senectud vuelven a disminuir las bifidobacterias con un correspondiente incremento de las llamadas enterobacterias. Los especialistas a\u00fan no se han puesto de acuerdo sobre si esta disminuci\u00f3n de bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas es un efecto de los trastornos digestivos asociados con la vejez o su causa.<\/p>\n<p>El caso es que la presencia de bacterias probi\u00f3ticas sirve para hacerle m\u00e1s dif\u00edcil a las bacterias pat\u00f3genas la entrada en nuestro intestino, ayud\u00e1ndonos de esta forma a evitar infecciones.\u00a0 Esto se debe, entre otras cosas, a que las bacterias compiten entre s\u00ed por el espacio y los nutrientes necesarios para su supervivencia.<\/p>\n<p>Para darnos una idea de lo que sucede, imagin\u00e9monos que los microorganismos est\u00e1n jugando al juego de las sillas<a title=\"\" href=\"#_ftn4\"><sup><sup>[4]<\/sup><\/sup><\/a> y s\u00f3lo aquellos que alcanzan a \u201csentarse\u201d tienen posibilidades de sobrevivir. Si todos los lugares est\u00e1n vac\u00edos, es m\u00e1s probable que una bacteria pat\u00f3gena pueda llegar a \u201csentarse\u201d, ocasion\u00e1ndonos una infecci\u00f3n. Si en cambio todos los asientos est\u00e1n ocupados por probi\u00f3ticos, las bacterias nocivas ya no caben y pueden ser eliminadas m\u00e1s f\u00e1cilmente por nuestro sistema inmunol\u00f3gico.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/efectos.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1297\" alt=\"efectos\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/efectos.png\" width=\"347\" height=\"236\" srcset=\"https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/efectos.png 347w, https:\/\/www.uv.mx\/iice\/files\/2014\/06\/efectos-300x204.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Otra de la formas en las que los probi\u00f3ticos nos ayudan a combatir infecciones es modificando las condiciones ambientales de nuestro intestino de tal forma que sean poco agradables para los microorganismos pat\u00f3genos. Como ya hemos dicho, una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s importantes de las bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas (a las que pertenecen la mayor\u00eda de los probi\u00f3ticos) es precisamente su capacidad de producir \u00e1cido l\u00e1ctico. Esto hace que el interior de nuestro intestino se vuelva m\u00e1s \u00e1cido de lo que pueden soportar muchos de los microorganismos causantes de infecciones. Por si esto fuera poco, la mayor\u00eda de las bacterias probi\u00f3ticas\u00a0 produce unos antibi\u00f3ticos naturales conocidos como bacteriocinas que matan o inhiben las pocas bacterias nocivas que alcanzan a entrar a nuestro sistema digestivo.<\/p>\n<p>Sin embargo, los probi\u00f3ticos no son solamente \u00fatiles para evitar infecciones intestinales, sino que sus efectos ben\u00e9ficos se extienden mucho m\u00e1s all\u00e1. Numerosos investigadores reconocen que algunas bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas poseen un efecto promotor de la respuesta inmune, es decir que ayudan a nuestro sistema inmunol\u00f3gico a protegernos contra todo tipo de enfermedades, e incluso llegan a actuar como anticancer\u00edgenos. Esta \u00faltima cualidad se debe a que al instalarse en la mucosa intestinal, los probi\u00f3ticos reducen la producci\u00f3n de compuestos precancer\u00edgenos, o evitan que una vez generados, se transformen en sustancias cancer\u00edgenas.<\/p>\n<p>Otros milagritos atribuidos a las bacterias probi\u00f3ticas incluyen la reducci\u00f3n de los niveles de triglic\u00e9ridos en sangre, disminuci\u00f3n de la hipertensi\u00f3n, mejoramiento en la digesti\u00f3n de la lactosa, alivio del estre\u00f1imiento, mejor\u00eda en la motilidad intestinal, reducci\u00f3n de los efectos secundarios asociados con el uso de antibi\u00f3ticos, s\u00edntesis de vitaminas e inducci\u00f3n de enzimas digestivas.<\/p>\n<p>Como hemos visto, la lista de beneficios asociados al consumo de probi\u00f3ticos es larga y amenaza con seguir aumentando. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Para poder disfrutar de todas estas bondades, no basta con tomar cantidades industriales de yogurt o cualquier otro cultivo l\u00e1ctico. Por un lado, porque las bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas comunes en los alimentos fermentados no necesariamente son las mismas que colonizan la pared intestinal del ser humano, pero adem\u00e1s porque el hecho de ingerir un gran n\u00famero de bacterias no garantiza de ninguna manera que \u00e9stas decidan quedarse a vivir en nuestro intestino.<\/p>\n<p>La colonizaci\u00f3n del tracto digestivo por bacterias probi\u00f3ticas es un proceso complejo en el que se ven involucrados toda una gama de factores entre los que cabr\u00eda destacar el estado fisiol\u00f3gico del hospedero, la cantidad de c\u00e9lulas bacterianas viables ingeridas y la presencia de ciertos compuestos conocidos como prebi\u00f3ticos que ayudan a las bacterias a sentirse como en su casa.<\/p>\n<p>Por lo general, estas sustancias prebi\u00f3ticas son carbohidratos que por su estructura qu\u00edmica no son digeribles por el ser humano, pero que constituyen el sustrato ideal de desarrollo para las bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas. Por cierto que no deja de ser ir\u00f3nico que sea precisamente la ingesti\u00f3n de una sustancia que despu\u00e9s de todo ni siquiera vamos a poder digerir lo que en muchas ocasiones haga la diferencia entre la salud o la enfermedad de nuestro intestino.<\/p>\n<p>Entre las sustancias prebi\u00f3ticas m\u00e1s estudiadas y utilizadas en la industria alimenticia se encuentra a la inulina, un carbohidrato formado por una cadena de mol\u00e9culas de fructosa con una glucosa en su extremo terminal. En peque\u00f1as cantidades, la inulina se encuentra presente en una gran variedad de alimentos como el ajo, el pl\u00e1tano, la cebolla, el esp\u00e1rrago, el poro y la alcachofa, pero su fuente principal es una planta comestible de la familia de las compuestas llamada achicoria. En algunos pa\u00edses, la infusi\u00f3n de la ra\u00edz tostada de la achicoria es utilizada como aditivo, e incluso como sustituto del imprescindible caf\u00e9 matutino.<\/p>\n<p>El caso es que, de acuerdo con algunos estudios, el contenido promedio de bifidobacterias en personas cuya dieta no incluye inulina es de apenas un 20%, mientras que para aquellos que consumen habitualmente esta sustancia, alcanza hasta un 71% del total de su flora intestinal. Por formar parte de manera natural de diversos alimentos de uso com\u00fan, la inulina ha sido reconocida por la FDA como generalmente segura para su consumo humano.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, contrariamente a lo que cre\u00eda el pobre magnate Howard Hughes, el hecho de que nuestros alimentos contengan microorganismos, no necesariamente quiere decir que sean un boleto de ida al hospital o a la tumba. De hecho, como hemos visto, existe una buena cantidad de evidencia cl\u00ednica de que si incluimos una combinaci\u00f3n de prebi\u00f3ticos y probi\u00f3ticos en nuestra dieta, es m\u00e1s probable que nuestras visitas al m\u00e9dico sean menos frecuentes.<\/p>\n<p>De todos modos conviene recordar que, si bien la Uni\u00f3n Internacional de Sociedades de Microbiolog\u00eda concluy\u00f3 en septiembre de 1993 que no parece existir ning\u00fan riesgo cl\u00ednico fundamentado para el consumo de bacterias \u00e1cido l\u00e1cticas, algunos especialistas recomiendan ser cuidadosos en su empleo en personas con problemas del sistema inmunol\u00f3gico o con lesiones severas del aparato digestivo, ya que se cree que en ciertas condiciones estas amistosas bacterias podr\u00edan llegar a comportarse como pat\u00f3genos oportunistas. Est\u00e1 claro que esto ser\u00eda un riesgo <i>s\u00f3lo<\/i> en ciertas circunstancias muy particulares, pero cuando se trata de la salud nunca est\u00e1 dem\u00e1s ser prudente.<\/p>\n<p>Finalmente, la moraleja de este art\u00edculo (porque, como habr\u00e1n notado, nuestro humilde escrito al igual que las f\u00e1bulas de Esopo tiene su moraleja) es que al intentar entender la compleja relaci\u00f3n entre los microorganismos y los alimentos m\u00e1s nos vale mantener una visi\u00f3n equilibrada. No se trata de desinfectar paran\u00f3icamente todo cuanto toca nuestros labios, ni mucho menos de ponernos a beber agua del retrete. Simplemente hacemos un llamado a recordar que no todos los microorganismos son nocivos sino que algunos pueden constituir importantes aliados del ser humano en su lucha por mantener la salud.<\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\"><sup><sup>[1]<\/sup><\/sup><\/a> <span style=\"font-size: x-small\">Voy a dejar fuera de esta clasificaci\u00f3n a los virus, ya que al no poseer un metabolismo propio, no son\u00a0 siquiera considerados como organismos vivos en s\u00ed mismos. Aunque claro, el hecho de que no est\u00e9n vivos no quiere decir que no sean causantes de muchas enfermedades.<\/span><\/p>\n<div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a> <span style=\"font-size: x-small\">Tanto as\u00ed, que algunas personas todav\u00eda conocen al yogurt con el nombre de leche b\u00falgara.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\"><sup><sup>[3]<\/sup><\/sup><\/a> <span style=\"font-size: x-small\">Hay incluso quien dice que ni siquiera es cierto que los b\u00falgaros sean significativamente m\u00e1s longevos que otros pueblos y que su proverbial capacidad de llegar a una edad avanzada es una leyenda propiciada por la exageraci\u00f3n de sus compatriotas y la ausencia de registros de nacimiento confiables.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\"><sup><sup>[4]<\/sup><\/sup><\/a> <span style=\"font-size: x-small\">Obviamente, lo que ocurre en realidad es bastante m\u00e1s complicado, sin embargo, a\u00fan siendo simplista, este ejemplo puede ayudarnos a comprender algunas de las causas de la inhibici\u00f3n del crecimiento de bacterias pat\u00f3genas debida a la presencia de probi\u00f3ticos.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dr. Jorge Su\u00e1rez Medell\u00edn \/ Seguramente, cuando a fines del siglo XVII el comerciante y fabricante de lentes holand\u00e9s Anton Van Leeuwenhoek observ\u00f3 por vez primera con un rudimentario microscopio de su propia invenci\u00f3n los diminutos \u201canim\u00e1lculos\u201d que hoy llamar\u00edamos microorganismos, ni se imagin\u00f3 la verdadera importancia de su descubrimiento. 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