﻿{"id":4628,"date":"2023-03-08T09:10:20","date_gmt":"2023-03-08T15:10:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/?p=4628"},"modified":"2023-03-08T09:10:20","modified_gmt":"2023-03-08T15:10:20","slug":"el-placer-de-visitar-bibliotecas-ajenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/resenas\/el-placer-de-visitar-bibliotecas-ajenas\/","title":{"rendered":"El placer de visitar bibliotecas ajenas"},"content":{"rendered":"<p>Corre, lee y dile<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por Germ\u00e1n Mart\u00ednez Aceves<\/p>\n<p>Hay lectores que son conocidos por su voracidad lectora, la vida les va libro tras libro; hay lectores que buscan la soledad de un caf\u00e9, de un parque o de su propia casa; hay otros m\u00e1s que perciben a las bibliotecas como grandes templos de consagraci\u00f3n a la lectura; en los tiempos actuales, hay lectores con su Kindle bajo el brazo, pero hay otros, tal vez sean los menos, que viajan para encontrar lectores y descubrir sus bibliotecas particulares.<\/p>\n<p>Es el caso de Javier Varga de Luna, viajero que emprende caminos que lo llevan a entrar a casas de \u00e1vidos lectores y de coleccionistas de libros insospechados con ediciones inconseguibles.<\/p>\n<p>El periplo lo realiza en: la Ciudad de M\u00e9xico, Nicaragua, Argentina, Cuba, Colombia, Bolivia, Espa\u00f1a, Rep\u00fablica Dominicana, Panam\u00e1, Uruguay, Paraguay, Chile y Per\u00fa. En todos ellos hace la cr\u00f3nica de sus viajes con la descripci\u00f3n de los lugares, de las calles, de los caf\u00e9s, de la gente y de los lectores que conoce para visitar las Bibliotecas ajenas, t\u00edtulo que le da nombre al libro publicado por la Editorial de la Universidad Veracruzana en su colecci\u00f3n Ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Javier Vargas de Luna (Tampico, Tamaulipas, 1967) es poeta, narrador, ensayista, docente, cronista e investigador literario, maestro por la Universidad de Ottawa y doctor en Letras por la Universidad McGill, de Montreal, actualmente vive en Quebec, Canad\u00e1 donde es catedr\u00e1tico en la Universidad Laval.<\/p>\n<p>El libro tiene la virtud de encontrar a su lector en librer\u00edas, en ferias o en kioscos; siempre habr\u00e1 un texto que ser\u00e1 adquirido por alguien que de a poco conforma su biblioteca particular, hay incluso quienes son compradores compulsivos de libros que apilan y no saben si les alcanzar\u00e1 la vida para leerlos, pero ah\u00ed est\u00e1n, siempre listos para una consulta, una b\u00fasqueda o el momento oportuno para ser le\u00eddos.<\/p>\n<p>Quien tenga la curiosidad de revisar una biblioteca ajena, de alguna forma se asoma a la biograf\u00eda del lector o como dice el propio autor: \u201cMirar libreros ha sido siempre una forma \u00e1gil de entender la vida, los anhelos y las mediocridades, los sue\u00f1os y las frustraciones, de cualquier individuo\u201d.<\/p>\n<p>Javier Vargas de Luna nos ofrece trece cr\u00f3nicas que inician en los alrededores del Z\u00f3calo de la Ciudad de M\u00e9xico, justo en calle de Donceles, conocida por sus librer\u00edas \u201cde viejo\u201d donde todo bibli\u00f3filo va en busca de joyas editoriales. Pero Javier no solo tiene la fortuna de encontrarse libros si no tambi\u00e9n a lectores como \u00d3scar con quien intercambia lecturas y llega a visitar a su departamento en la calle Bol\u00edvar, hist\u00f3rico lugar que habitaron Fidel Castro y el Che Guevara y ah\u00ed, en un cuarto, est\u00e1 su biblioteca. \u201cNos encontramos varias veces en el umbral de los a\u00f1os y de los t\u00edtulos, sin forzar nunca la coincidencia y sin pasar jam\u00e1s una cr\u00edtica sucia, claro que no, sobre las lecturas del otro\u201d, escribe Vargas de Luna.<\/p>\n<p>En Granada, Nicaragua, visita la casa de Fernando y hace un inventario de sus libros que contienen guardas y dedicatorias; en Salta, Argentina, en la calle Espa\u00f1a, encuentra en esa ciudad de monta\u00f1a, un galp\u00f3n de libros donde se abastecen los bibli\u00f3patas, y en su censo inevitable que levanta en cada librer\u00eda, localiza entre los anaqueles Memorias de \u00c1frica, de Isak Dinesen, lectura que lo lleva a reflexionar que: \u201cmientras en silencio comprendo que la ciudad, la granja, la monta\u00f1a, la tierra, la palabra -\u00a1y tambi\u00e9n la biblioteca!-, todas ellas son ideas atravesadas por un signo de maternidad. Acaso all\u00ed pueda explicarse nuestro eterno af\u00e1n de reintegrarnos en su seno en nuestra m\u00e1gica filiaci\u00f3n de lectores\u201d.<\/p>\n<p>En Cuba conoce a Maikel y Orestes, actores que le hablan de don \u00c1ngel, un ingeniero mec\u00e1nico naval con gran afici\u00f3n literaria; en Cartagena, Colombia, en la Plaza de los M\u00e1rtires, halla a una lectora, Martha, talladora de esmeraldas que no le abre las puertas de sus libreros y se desarrolla una historia con el esp\u00edritu de Joseph Conrad; en Bolivia contacta a Roberto, propietario del ejemplar El desierto de los t\u00e1rtaros, de Dino Buzzati, donde \u201cel libro levanta la voz de sus espejos con el objeto de apuntar hacia la vulnerabilidad del lector\u201d.<\/p>\n<p>En Madrid, la ciudad de los miles de libros, encuentra A contrapelo de Joris-Karl Huysmans del que concluye que \u201cla ciudad no solo nos transforma en seres multiplicados, en proyecciones ret\u00f3ricas o en copias al carb\u00f3n de lo que tal vez nunca quisimos llegar a ser\u201d; en Montevideo, Uruguay, hace contacto con Roberto, recolector de libros que lo lleva a Un puente sobre el Drina de Ivo Andric y la relaci\u00f3n negra que provocan las dictaduras.<\/p>\n<p>En la Rep\u00fablica Dominicana, donde casi no hay librer\u00edas, un empleado le da El diario de Satan\u00e1s de Leonid Andre\u00edv; en Asunci\u00f3n, Paraguay asiste al penal femenino El Buen Pastor que tiene una celda con libros; en la localidad chilena de San Pedro de Atacama, recurre a las bibliotecas de la memoria y revisa las repisas de una maestra extraviada.<\/p>\n<p>En Panam\u00e1 conoce a Yv\u00e1n, un taxista que lee ciencia ficci\u00f3n y es propietario de una versi\u00f3n inglesa de Sue\u00f1an los androides con ovejas el\u00e9ctricas, de Philip K. Dick; mientras que en el lago Titicaca, en Per\u00fa, encuentra Las ventanas cegadas, de Alexandre Vona y sus met\u00e1foras inesperadas de libertad.<\/p>\n<p>Como bien escribe Alberto Manguel en las primeras p\u00e1ginas de Bibliotecas ajenas: \u201cDeambular, pasear, viajar, son actividades intelectuales. En busca de libros (tanto ediciones de bolsillo como vol\u00famenes gargantuescos) y de bibliotecas (algunas exageradamente famosas, otras vergonzosamente secretas) Javier Vargas de Luna ha recorrido, y recorre a\u00fan, nuestro mundo, volviendo p\u00e1ginas y abriendo bibli\u00f3filas puertas\u201d.<\/p>\n<p>Bibliotecas ajenas, de Javier Vargas de Lun, con palabras preliminares de Alberto Manguel, es de la colecci\u00f3n Ficci\u00f3n de la Editorial de la Universidad Veracruzana, 296 p\u00e1ginas, 2022. Se puede adquirir en Xalapa en la librer\u00eda Hyperi\u00f3n, cuenta con env\u00edos a todo el pa\u00eds.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-4629\" src=\"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/files\/2023\/03\/Bibliotecas-ajenas-1-185x300.jpg\" alt=\"\" width=\"185\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/files\/2023\/03\/Bibliotecas-ajenas-1-185x300.jpg 185w, https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/files\/2023\/03\/Bibliotecas-ajenas-1.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 185px) 100vw, 185px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Corre, lee y dile &nbsp; Por Germ\u00e1n Mart\u00ednez Aceves Hay lectores que son conocidos por su voracidad lectora, la vida les va libro tras libro; hay lectores que buscan la soledad de un caf\u00e9, de un parque o de su propia casa; hay otros m\u00e1s que perciben a las bibliotecas como grandes templos de consagraci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1795,"featured_media":4630,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ventana_nueva":"","tipo_url":"","url":"","extracto":"","imagen_halign":"","imagen_valign":"","bg_size":"","text_hide":"","media_url":"","tipo_media":"","video_url":"","video_pos":"","video_youtube":"","footnotes":""},"categories":[37],"tags":[],"class_list":["post-4628","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resenas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1795"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4628"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4628\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4631,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4628\/revisions\/4631"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4630"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/editorial\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}