El renacimiento de son jarocho

Corre, lee y dile

Por Germán Martínez Aceves

El son jarocho es identidad y esencia de Veracruz, género musical que nace entre las riberas, las sabanas y los litorales del Sotavento, sonido campesino que se nutre del Caribe, de España y de las comunidades veracruzanas. Sus creadores vuelcan las letras en la versada, a veces pícaras, a veces amorosas, a veces plenas de gozo por la naturaleza; surgen de la jarana, del requinto, de la leona, del pandero, de la quijada de burro, para que los bailadores se den vuelo en la tarima en alegres e infinitos fandangos.

La comercialización de la música popular mexicana, tanto en el siglo XX como en el siglo XXI, ha borrado prácticamente las expresiones musicales de nuestros pueblos. Casi de manera soterrada, en medio de fiestas y rituales, perviven. El son jarocho es uno de los géneros que no solo se niega a morir, sino que está en constante evolución y expansión.

Investigadores diversos como historiadores, antropólogos, etnomusicólogos o sociólogos se han dado a la tarea de escribir y, en muchos casos, grabar la historia del son jarocho. Las publicaciones son diversas y los registros musicales más las fotografías hacen que este género sea uno de los más documentados.

El historiador Bernardo García Díaz, originario de Santa Rosa, Veracruz, se dio a la tarea de reunir los diversos trabajos existentes sobre el son jarocho y formar El renacimiento del son jarocho y el grupo Mono Blanco (1977-2000), una obra con tintes enciclopédicos que se logró gracias a la colaboración de la librería Mar Adentro, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Veracruzano de la Cultura, el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, el Museo de Historia de Ciudad Mendoza y la Editorial de la UV.

Es un libro hecho a partir de diversas investigaciones, de libros, de artículos, de tesis y de la abundante historia oral que está vigente y se transmite entre los muchos músicos veteranos y jóvenes del son jarocho. Todo ese material lo reunió Bernardo García para ofrecernos una visión de conjunto de este movimiento musical.

A lo largo de nueve capítulos conocemos la creación del grupo precursor Mono Blanco que, curiosamente, se forma en la Ciudad de México con Gilberto Gutiérrez, José Ángel Gutiérrez, Juan Pascoe (nacido en Chicago), Andrés Vega y el gran Arcadio Hidalgo. El son jarocho prácticamente estaba arrinconado en el olvido, pero esta conjunción de músicos le dio otro giro. La música la llevaron a escuelas normales, regresaron constantemente a la región de Los Tuxtlas y la grabación del disco Sones jarochos con Arcadio Hidalgo y el grupo Mono Blanco, hizo que autoridades e investigadores voltearan a ver y valoraran este renacimiento.

El proyecto se volvió sólido y recibió un apoyo institucional inusitado, como fue el caso del Instituto Veracruzano de la Cultura, dirigido por Ida Rodríguez Prampolini, o de la Dirección General de Culturas Popular, en su Unidad Acayucan. Pocas veces se puede ver este vínculo Estado-sociedad en apoyo a un proyecto cultural como fue el caso de Mono Blanco.

Otro hecho fundamental fue la creación del Encuentro de Jaraneros en Tlacotalpan en 1979, que se forma a partir de esfuerzos locales encabezados por el arquitecto Humberto Aguirre Tinoco y el apoyo (otro hecho increíble) de Radio Educación, de la Ciudad de México.

En los años 90 el son jarocho estaba en pleno boom y Mono Blanco va a California, apoyados por Artemio Posadas. Es una época en la que también surgen grupos como Son de Madera, Chuchumbé, Los Utrera, Estanzuela, Los Cojolites o Tacoteno. Es notable que los músicos, además de ser grandes versadores, son lauderos o promueven el oficio, y son también maestros que crean una cadena de transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones.

Acompaña a esta historia una maravillosa iconografía con más de 300 fotografías que nos muestran a los jaraneros, las reuniones en las comunidades, los fandangos y los paisajes en los que nace el son jarocho.

El epílogo que nos presenta Bernardo García, más que un recuento, es una proyección a futuro que nos muestra la expansión del son jarocho por el mundo en ciudades como Los Ángeles, Chicago, San Francisco, Nueva York, París, Helsinki, Barcelona, Madrid, Tokio

El son jarocho, la música campesina del Sotavento, renació a finales de la década de los 70 del siglo XX y ahora es un movimiento mundial que deja de manifiesto que en Veracruz hay un tesoro cultural invaluable.

El renacimiento del son jarocho y el grupo Mono Blanco (1977-2000), de Bernardo García Díaz es una coedición de la librería Mar Adentro, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Veracruzano de la Cultura, el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, el Museo de Historia de Ciudad Mendoza y la Editorial de la UV, 561 páginas, 2022. Se puede adquirir, en Xalapa, en la librería Hyperión, con envíos para todo el país.