Ambiente PAI – Número 7: 4

 


Núm. 7
(ene-jul 2021)

 

Ciudad del Carmen, tenemos un problema

 

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Ciudad del Carmen, tenemos un problema

 

Cynthia Nayeli Martínez Fernández, Anabel Gordillo Guevara.
Facultad de Ciencias Naturales. Universidad Autónoma del Carmen.
cmartinez@pampano.unacar.mx

Palabras clave: petrolización, sustentabilidad, justicia socioambiental .

 


 

 

Manglares característicos de la Isla del Carmen (Gerardo Bonilla).

Usamos esta frase aludiendo al evento que tomó por sorpresa a los tripulantes de la nave Apolo 13 en 1970, cuando descubrieron que se enfrentaban a una situación que ponía en riesgo la misión de la NASA de llegar a la luna por segunda ocasión. Si bien la misión no pudo cumplirse, la frase quedó guardada para usarla en casos de alerta en los que es necesario tomar una decisión, aun cuando ello implique no llegar a nuestro destino.

Los carmelitas son los habitantes de una isla ubicada en el estado de Campeche, quienes conviven con el ambiente marino del golfo de México y con la laguna de Términos. Es tan relevante este sistema hidrobiológico, que fue decretado como área de protección de flora y fauna en 1994. Contiene lagunas costeras, esteros, lagos de agua dulce, ríos y otros cuerpos de agua, además de una amplia gama de ecosistemas costeros, humedales y selvas. Los habitantes de la isla del Carmen y un gran número de comunidades, además de habitar y convivir desde hace cientos de años en la región, también forman parte de la riqueza proveyéndole valor cultural y patrimonial.

En contraste con la riqueza biocultural, la ruta hacia una convivencia sustentable ha tenido coyunturas que han desdibujado el destino. A saber, Ciudad del Carmen ha funcionado como un centro económico desde antes de la Colonia, podemos identificar con claridad una serie de etapas basadas en el aprovechamiento de diferentes recursos: el auge del palo de tinte, el aprovechamiento de maderas preciosas como el cedro y la caoba extraídas de las selvas, la época de la extracción de chicle del chicozapote y la explotación de palma de coco hasta la primera mitad del siglo pasado, cuando empresas extranjeras inauguraron la explotación del camarón a escala comercial, actividad que le confirió a la isla su identidad basada en la pesca, una idea que aún persiste y se encuentra vigente en el imaginario de la población carmelita.

Si bien todas estas etapas generaron cambios al paisaje y a la estructura socioeconómica, han sido las últimas décadas las que sugieren a los tripulantes encender la luz de emergencia. El descubrimiento de la sonda de Campeche en 1961 convirtió la zona en el principal activo petrolero del golfo de México, una fuente de riqueza que llegó a producir a finales de los años 80 más del 70% del crudo de todo el país.

Los actuales habitantes de la isla pudieron ser testigos de muchos cambios que sucedieron de manera vertiginosa. Mientras Ciudad del Carmen se convertía en el centro operativo de Petróleos de México (PEMEX), de sus proveedores, contratistas y servicios asociados, los procesos migratorios incrementaban rápidamente, la población y la extensión de la ciudad se duplicaba, demandando servicios a todo lo largo y ancho de la isla. La capacidad de respuesta de las instituciones ante estos fenómenos fue insuficiente: nuevas ramas de actividad económica, como el hospedaje y el comercio, desplazaron a la actividad pesquera y una gran cantidad de zonas urbanas invadieron áreas de humedales y manglares.

Si bien las etapas de explotación de especies forestales y pesqueras que le antecedieron modificaron la distribución, abundancia y composición de especies, la llegada de PEMEX en los años 70 trajo a Ciudad del Carmen una idea distinta de progreso, acompañada de la instalación de más de 100 plataformas costa afuera. El esquema de explotación sucedió de manera transgresiva y abrupta, sin que la población tuviera oportunidad ni capacidad para oponer resistencia alguna.

Plataformas de PEMEX desde la costa de Ciudad del Carmen (Beatriz Solis).

De la misma forma, fue ineludible la contaminación generada por la fuerza extractiva, la perforación, los derrames de lodos, hidrocarburos y metales pesados que afectaron aguas y costas. Para los carmelitas valía la pena todo esto al lado de las grandes ventajas que representaba el progreso de la isla, la apertura de hoteles, colegios, comercios, así como la gran cantidad de empresas subcontratistas que ofrecieron empleos a personal no calificado.

Desafortunadamente, el sueño de convertir a Ciudad del Carmen en un polo de desarrollo se truncó cuando una combinación de reformas regulatorias y eventos del mercado tanto nacional como internacional llevaron a la desaceleración brusca de la actividad petrolera en la isla y, en consecuencia, de todas las que dependían de ella. Esta coyuntura se presentó en 2014-2016 y en el relato cotidiano de propios y ajenos se habla de la diáspora de empresas, del desempleo, de la caída de las rentas y la migración de la población a otros puntos del país. Un relato al que necesariamente le debemos agregar un espacio para replantear la idea de futuro y el reconocimiento de los problemas del presente heredados en diferentes periodos.

Estos vertiginosos cambios necesariamente requieren ser narrados desde diferentes ópticas, en tanto que su expresión ha tocado lo social, cultural, económico y ambiental; sin embargo, es necesario entender la complejidad de la isla no sólo desde dichos aspectos, sino desde la red humana de roles y relaciones que se establece entre ellos.

A finales de 2019, estudiantes del programa de Biología Marina de la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR) realizaron una investigación descriptiva-interpretativa que involucró una secuenciación de entrevistas abiertas aplicadas a informantes clave, los cuales fueron seleccionados por su experiencia, conocimiento y rol como actor social, esto es, miembros de la comunidad universitaria, funcionarios de instituciones públicas de los órdenes municipal, estatal y federal y representantes de organizaciones ambientales de Ciudad del Carmen.

El objetivo de esta intervención social breve fue identificar y categorizar los principales problemas ambientales reconocidos en la isla y, a su vez, involucrar a los estudiantes universitarios con un rol horizontal, que les permitiera relacionarse en un diálogo; más que como la voz cantante del saber, fue un ejercicio de escuchar todas las voces.

Las entrevistas se analizaron con dos herramientas sencillas: árboles semánticos para el diseño parcial de categorías y subcategorías y, posteriormente, el uso del paquete analítico Anthropac para calcular el consenso de la muestra (S o salience, en inglés).

Como resultado de este trabajo, se categorizaron 16 problemas socioambientales, los que se agruparon en tres rangos de acuerdo con su valor de consenso o salience [a]. Los problemas socioambientales se categorizaron por su relevancia en (1) inadecuado manejo de residuos sólidos urbanos (S=0.636), (2) ineficiencia en el tratamiento de aguas residuales (S=0.517), y (3) ausencia de drenaje sanitario (S=0.404).

Estos tres problemas no sólo son los que tuvieron mayor frecuencia, sino también son en los que hubo mayor consenso de su importancia entre los actores entrevistados. En un segundo rango de relevancia, se ubicaron los problemas de contaminación del agua (S=0.333), contaminación del manto freático (S=0.163), la reducción de manglares (S=0.148) y las invasiones territoriales (S=0.130).

Si bien los resultados nos proveen de elementos para el diseño de posteriores etapas de investigación a mayor profundidad, nos advierten del reduccionismo en la definición de los problemas que aquejan a la isla y de la omisión del gran contexto que reviste los problemas socioambientales.

Este sesgo que le resta dimensión temporal y espacial a los problemas, también le resta importancia y complejidad a la hora de su abordaje y solución. Privilegiar ciertos problemas se ve influido por intereses: para cada actor visto de manera aislada, puede resultar más fácil asumir que se encuentra “fuera” del problema, lo que le imposibilita actuar y hacerles frente. Esta interpretación va más allá de la postura individual; se arraiga en las instituciones y se alberga en los discursos de las organizaciones, incluyendo a la propia universidad.

De este primer análisis se desprende la necesidad de indagar a profundidad en la percepción ambiental con miras a reposicionar el vínculo que establecen los individuos con su entorno; es aquí donde tienen pertinencia las funciones de investigación y vinculación de instituciones como la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR).

Escuchamos algunos mensajes de alerta “Ciudad del Carmen, tenemos un problema”, pero aún no hay un eco lo suficientemente fuerte que provea una respuesta. Aunque no es un viaje al espacio que pone en riesgo la tripulación y la misión, la situación de la isla representa un desafío colectivo que le plantea responder hacia dónde nos lleva este viaje, quién dirige la nave y, más importante, cómo cambiamos el rumbo.
 

Playas de Ciudad del Carmen (Beatriz Solis).

 
 


a El valor de consenso tiende hacia 0 para los problemas menos mencionados y hacia 1 para los que hubo más consenso, es decir, los más mencionados.