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Universidad Veracruzana
Números anteriores Número 26 Boletín de la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana
 
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Adelantos

Camarón
Jean-Joseph Julaud
Trad. de Adolfo Berea Núñez, col. Ficción, UV.

  Feria Internacional del Libro Universitario 2011  
  Alicia Garcáa Sánchez  

El 30 de abril de 1863 tuvo lugar una batalla entre el Ejército republicano de México y las tropas francesas. Se trata de un episodio que en la historia general pocas veces es recordado. Como sucedió en Puebla, los mexicanos sitiaron a un grupo de soldados en la hacienda del Camarón, cerca de Paso del Macho, en el estado de Veracruz. El escritor francés Jean-Joseph Julaud recrea ese acontecimiento de manera novelada. Ofrecemos aquí un breve adelanto.

I
Esa noche, Honorato Domínguez se detuvo frente a su espejo manchado de herrumbre, colgado de uno de los toscos pilares que sostenían su choza con techo de paja. No era su costumbre. Honorato Domínguez siempre andaba de prisa: tenía tres mujeres en tres pueblos distintos en el camino de Veracruz a Puebla, y veintidós hijos, catorce de ellos repartidos en sus tres hogares. A los otros los veía a lo largo de sus cabalgatas, y jugaba a identifcar en cada uno los rasgos más parecidos a su imponente persona: en uno eran los hombros cuadrados como la muralla del fuerte de Guadalupe, en Puebla; en otro, la mirada sombría, salvaje, de inquietante incandescencia; en otro más, no obstante haber dejado apenas los pañales, descubría la voz potente y grave que hacía temblar a los guerrilleros, justo antes de lanzar, o de que lanzase, los ataques. Y esa voz cavernosa que salía de un muchachito de paso aún inseguro lo sacudía con una risa tan entrecortada como el galope de su caballo.

Anudó a su cuello un paliacate rojo que terminaba en su espalda, en una punta situada exactamente entre sus dos omóplatos. Sus guerrilleros llevaban también ese accesorio de combate que, al girarlo media vuelta rápidamente y levantarlo hasta lo más alto de la arista de la nariz, podía servir para ocultar frente a las víctimas la última imagen de la humanidad, deformada, estirada sin elegancia por el violento esfuerzo muscular que requiere la acción de matar con puñal o espada tratando de lograrlo al primer intento.

Honorato Domínguez se acercó un poco más al espejo y vio su imagen: su camisa blanca, el paliacate rojo, su saco y su pantalón negros de tela ligera, realzados en todas las costuras por ribetes de plata u oro, tachonados con hileras de botones brillantes… “Soy guapo”, pensó, luego de haber rozado con su dedo medio al que le faltaba una falange la masa de azabache que le cubría la cabeza. Era imposible discernir en el pensamiento de este jefe de guerrilla si ese “Soy guapo” era sólo una trivial satisfacción de sí mismo, o si, por antífrasis, traducía el inicio o la confrmación de un hastío saludable hacia la actividad guerrera emprendida con furia ilimitada desde hacía una década.

Honorato Domínguez tenía veinticinco años. “No, veintidós hijos no es mucho para mi edad. Tan pronto como pude hacerlo, lo hice, eso es todo, gracias a mi corpulencia de adolescente vigoroso desde que cumplí diez años. Sí, era muy precoz. Y no tengo la intención de apartarme de tan buen camino. Estoy consciente de que a este paso serán más de cien hijos los que llevarán mis hombros, mi mirada o mi voz gruesa.

Deseo simplemente que el azar dote a muchachos y muchachas de esos tres elementos conforme a las leyes de la armonía ordinaria de los cuerpos.” Siempre es interesante penetrar en la mente de un guerrillero como Honorato Domínguez cuando está pensando. Primero que nada, porque la visita dura poco tiempo; enseguida, porque uno aprende, como si él los revelara a la Gaceta de Veracruz, detalles de su vida que la historia lamentablemente suele olvidar; y por último, porque su motivación fnal explica la sonrisa que ostenta cuando llega al umbral de su choza que da sobre un vasto patio rodeado de un murete donde lo esperan ya en el caballo, con el sombrero ligeramente inclinado hacia atrás, sus doscientos hombres.

Lanza una ojeada a la izquierda, hacia las caballerizas con tragaluz donde veinte caballos de reemplazo y cincuenta mulas flosofan a pequeños pasos, con interrupciones, y mueven la cabeza ante la incompetencia de los arrieros que les ofrecen un heno casi insípido.

Luego, una ojeada a la derecha, hacia el charco en que los patos se preguntan el porqué de esa mirada que no sirve para nada antes de una partida tan importante. Una última ojeada a todos los paliacates de los jinetes a fn de castigar al que hubiera infringido el reglamento: el rojo era para Honorato, únicamente para él, porque en las reyertas sangrientas así se le reconoce. Se le obedece cuando da la orden de lanzar el asalto. Se le sigue cuando huye.

¡A caballo, Honorato Domínguez! ¡A caballo! Y un discurso a la tropa.
“¡Compañeros! ¡Compañeros! ¡Compañeros!”
Dos “compañeros” más, Honorato Domínguez, y
sonarías ridículo. El silencio es el primer lenguaje de un jefe.
“Compañeros…”
Sin embargo, no es un silencio demasiado sostenido, sino la vacuidad del instante lo que puede servir de crisol a todas las suposiciones, incluida la de la incompetencia.
“Compañeros, ¿machete?”
Doscientas hojas de doble filo, largas como un brazo, angostas cerca de la empuñadura y un poco más anchas en el extremo curvado en punta, salen de los cintos de los que colgaban fojamente, como muertas. Vuelven a su lugar con un silbido donde el ferro y el cuero rivalizan en discreción.

 
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Los libros publicados por la Editorial de la Universidad Veracruzana tienen cada vez mayor demanda: en la edición 2010 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las reuniones editoriales más importantes de Iberoamérica, las ventas de la dependencia universitaria sumaron 104 mil pesos. Esta es la primera ocasión, en los más de 10 años de participación, que se alcanza este volumen de ventas.

En la FIL de Guadalajara 2010, Laura Emilia Pacheco, titular de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), anunció que coeditará, junto con la Editorial de la UV, la colección Sergio Pitol traductor. Cinco de estos títulos comenzaron a circular en abril.

Los libros de la UV más buscados en la FIL de Guadalajara fueron las colecciones Biblioteca del Universitario y Sergio Pitol Traductor, con 35 y 17 títulos a la fecha, respectivamente. Asimismo, los volúmenes que conforman el programa editorial de la Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, entre

Los libros de la UV más buscados en la FIL de Guadalajara fueron las colecciones Biblioteca del Universitario y Sergio Pitol Traductor, con 35 y 17 títulos a la fecha, respectivamente. Asimismo, los volúmenes que conforman el programa editorial de la Comisión del Estado de Veracruz para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, entre los que se encuentran el Atlas de la Flora de Veracruz y el Atlas del Patrimonio Natural, Histórico y Cultural, elaborados por investigadores de la UV.

El libro Santa Anna, de Will Fowler, fue otra de las novedades de la UV que más se buscó en la FIL de Guadalajara. La primera edición de este título está por agotarse.

El libro Santa Anna, de Will Fowler, fue otra de las novedades de la UV que más se buscó en la FIL de Guadalajara. La primera edición de este título está por agotarse.

En este 2011 la FIL de Guadalajara cumplirá 25 años y tendrá como país invitado a Alemania. La Editorial de la UV prepara una antología de literatura alemana, cuya edición podría contar con el apoyo del Instituto Goethe.

Las presentaciones de la Editorial de la UV en la XXXII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que se llevó a cabo del 23 de febrero al 6 de marzo en la Ciudad de México, propiciaron amplias refexiones sobre ciencia, democracia, antropología y literatura. Entre los libros que se presentaron se encuentran Introducción a la comunicación escrita de la ciencia, de Ana María Sánchez Mora; Evolución para todos, de David Sloan Wilson, y Estrategias educativas e institucionales para sociedades sustentables, de Ernesto Rodríguez Luna, Evodia Silva Rivera y María del Carmen Vergara Tenorio, los tres de la Colección Quehacer Científco y Tecnológico.

Las presentaciones de la Editorial de la UV en la XXXII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que se llevó a cabo del 23 de febrero al 6 de marzo en la Ciudad de México, propiciaron amplias refexiones sobre ciencia, democracia, antropología y literatura. Entre los libros que se presentaron se encuentran Introducción a la comunicación escrita de la ciencia, de Ana María Sánchez Mora; Evolución para todos, de David Sloan Wilson, y Estrategias educativas e institucionales para sociedades sustentables, de Ernesto Rodríguez Luna, Evodia Silva Rivera y María del Carmen Vergara Tenorio, los tres de la Colección Quehacer Científco y Tecnológico.

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