CORTEJO ANIMAL: Cómo se conquista una pareja en la naturaleza

 

 

Enrico Ceccarelli*

 

El cortejo romántico no es un invento de nosotros los hombres. De hecho no somos los únicos seres vivientes capaces de poner en práctica gestos románticos, o lo que consideramos como tales. Los animales, como los seres humanos, ponen en práctica actitudes y conductas instintivas para seducir a la pareja deseada. En este sentido, el cortejo se define como el conjunto de comportamientos que preceden y acompañan al acto sexual, permitiendo el reconocimiento entre machos y hembras de la misma especie sin desencadenar reacciones de defensa.

En la mayoría de las especies la elección de la pareja es llevada a cabo por las hembras, hecho que se vuelve de gran importancia evolutiva para los machos. Los caracteres que las hembras prefieren de los machos varían considerablemente de una especie a otra, pero en muchos casos son los desfiles de cortejo los que permiten a la hembra evaluar dichas características, así como la motivación y la calidad del macho, convirtiéndose de esta manera en un importante criterio de selección sexual.

Arquitectos

Los machos de los pájaros pergoleros atraen a las hembras a través de la construcción de bellas obras arquitectónicas con pasarelas, pérgolas y gran despliegue de decoraciones. Siguiendo un preciso criterio cromático, algunas especies prefieren embellecer sus edificios con conchas e insectos, otras con flores y frutas, entre muchas más posibilidades, pues emplean incluso basura metálica y de plástico. El macho, rodeado de todas estas decoraciones, prepara un escenario de elaborada arquitectura prospectiva. Los objetos más grandes se colocan cerca del final de la pasarela que conduce al patio y los objetos más pequeños en la parte exterior de la calzada.

Tal acomodo crea un elemento de ilusión perspectiva, desde el punto de vista de las hembras los objetos de mayor tamaño que están más lejos parecerán del mismo tamaño que los objetos más pequeños, que se encuentran en sus proximidades. Cuando la hembra se acerca juzgará las habilidades del macho como artista, arquitecto y decorador. Una vez que la hembra elija un macho, entonces construirá un nido cercano donde poner los huevos.

Bailarines

En algunos casos las preferencias de las hembras están basadas en consideraciones puramente utilitarias tales como la capacidad del macho para conseguir buena comida. Un ejemplo clásico está representado por las moscas escorpión. En estos insectos la aceptación depende de la naturaleza del regalo de boda: a los machos que entregan una presa comestible suficientemente grande se les permitirá copular hasta que las hembras hayan terminado la comida.
Los machos de otros animales, en lugar de un regalo de boda, proporcionan cuidado parental a la descendencia. Las hembras del pez espinoso, especie pequeña en la que los machos son los que custodian el nido, prefieren como pareja a los ejemplares que durante el cortejo (su famosa danza) mueven el cuerpo con mayor frecuencia, lo que da prueba de que serán más capaces de ventilar el nido después de que se hayan puesto ahí los huevos, favoreciendo así mayor oxigenación. Cuando una hembra de pez espinoso evalúa los movimientos masculinos, juzga al danzante con base en un comportamiento que está conectado directamente con su futura capacidad de ejercer cuidados parentales.

Cantores

A diferencia del pez espinoso, los machos de otras especies parentales sólo proporcionan indicaciones indirectas acerca de su potencial capacidad como padres útiles. Es el caso de algunos pájaros cantores, como el carricerín común, cuyas hembras eligen a los machos que en sus canciones revelan que tuvieron una infancia privilegiada y presentan buen estado de salud. Es de suponer que los machos que crecen en mejores condiciones probablemente también estarán en mejores condiciones en edad adulta, y por lo tanto serán capaces de mayor inversión en el cuidado parental de sus descendencias.
En otros casos las preferencias de las hembras se centran en las exhibiciones de adornos físicos más atractivos, los cuales sirven como indicadores de la salud de la potencial pareja sexual, quien demuestra así que se encuentra en buen estado y que, por ende, puede generar crías sanas. Es por eso que durante la temporada de reproducción muchas aves exhiben un plumaje más vistoso y coloreado: la llamada “librea nupcial”, hecha de plumas muy brillantes que atraen la atención de las hembras. Por ejemplo, el pavo real macho durante el cortejo forma la famosa rueda con la cola, gracias a que tiene las plumas traseras más alargadas que lo normal. Estas plumas, en su extremo, se ensanchan para formar paletas con vistosas manchas en forma de ojo.

Luchadores

El cortejo de los pavos reales –lo mismo que el del urogallo de las artemisas, la mosca de la fruta y el colibrí– gira en torno al lek, es decir, el área definida donde los machos se reúnen para atraer a las hembras, bailando, cantando y mostrando los colores del plumaje o del manto. Los pavos reales machos han evolucionado para exhibirse de mejor manera frente a las hembras de su especie, dado que ellas pueden ser muy difíciles de conquistar: en un lek normal sólo alrededor del cinco por ciento de los machos obtiene la mayor parte de las hembras, mientras que la mayoría no recibe nada.

Al interior del lek son las luchas las que establecen la jerarquía entre los machos, determinando sus posiciones dentro del área. El punto más concurrido es el centro del lek, donde es más probable atraer a las hembras y el riesgo de depredación es mínimo. La mayoría de las cópulas, por lo tanto, están garantizadas para los individuos dominantes que ocupan las posiciones centrales y a menudo se encuentran atareados en exhibiciones más agresivas con respecto a las llevadas a cabo por los machos más flojos.
La seducción y el cortejo en el mundo animal hablan también de nosotros los humanos. En nuestro comportamiento amoroso expresamos una profunda huella que, a pesar de que la evolución y las dinámicas socio-culturales nos han llevado más allá, tiene paralelismos con muchas otras especies animales.

 

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*Estudiante de doctorado en el Instituto de Neuroetología, UV.

Correo: enrico.ceccarelli85@gmail.com

 

Edición: Eliseo Hernández Gutiérrez

Ilustración: Francisco J. Cobos Prior

Dir. de Comunicación de la Ciencia, UV

Correo: dcc@uv.mx