REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril de 2014
Editorial
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Contenido
 

Arqueología de Castillo de Teayo

Emmanuel Márquez Lorenzo

 

Castillo de Teayo es una localidad que se localiza en el norte del estado de Veracruz, específicamente en la zona de la Huasteca, en cuyas tierras se ha encontrado una gran cantidad de vestigios de una antigua cultura prehispánica.

En la actualidad, se conocen al menos cincuenta y tres esculturas procedentes de diversas partes del sitio, que en su mayoría representan a dioses que, por sus características, se identifican con los propios de la cultura mexica.

Esa cultura, al radicar en un antiquísimo camino que iba hacia la provincia de Tochpan, sufrió los estragos producidos por parte de la llamada Triple Alianza en su expansión hacia la costa del Golfo.

En realidad, estos efectos consistieron, a juzgar por los materiales arqueológicos y la documentación histórica existentes sobre la zona, en la imposición de cultos de orden religioso mediante los cuales se buscaba someter a la población al dominio de los mexicas.

Las investigaciones arqueológicas en Castillo de Teayo

Desde 1902, cuando el lingüista alemán Seler visitó el sitio, halló poco más de cuarenta esculturas, en su mayoría de roca arenisca, las cuales presentaban diversos dioses propios de los mexicas, entre los cuales identificó a Tláloc, dios de la lluvia, a Macuilxóchitl, diosa de las flores y la danza, a Xipe Tótec, dios de la renovación terrestre, y a Chicomecóatl, diosa del maíz. A partir de sus observaciones, algunos investigadores continuaron sus estudio, aunque, en algunos casos, contradiciendo los propios señalamientos hechos por su descubridor.

De esta manera, por ejemplo, autores como José García Payón, en los años cuarenta, le adjudican a Castillo de Teayo una mayor antigüedad, argumentando que el sitio pudo haber sido conquistado por los toltecas entre los años 815 y 1090 d. C., pero sin fundamentar sus propuestas de manera adecuada; según los prejuicios de esa época, se solía atribuir a este grupo muchos de los conocimientos desarrollados por otras culturas de Mesoamérica.

Si bien es cierto que pocos han sido los investigadores interesados en el estudio de Castillo de Teayo, son todavía menos tras el reciente fallecimiento de Felipe Solís Olguín, quien hizoun gran esfuerzo intelectual por comprenderlas manifestaciones culturales de los gruposantiguos que habitaron esta localidad. Quizá fue el único capaz de esbozar los inicios de una nueva vertiente de análisis acerca del comportamiento de los mexicas para con los pueblos que conquistaban, lo cual ha permitido, en años más recientes, un notable avance en el esclarecimiento de los aspectos culturales propios de los nativos del sitio.

Aunque Castillo de Teayo no figura en los documentos coloniales, se sabe por diversos trabajos que su antiguo nombre fue el de Tetzapotitlan, un pueblo al parecer sujeto a la provincia de Atlan, actualmente ubicado en la sierra norte de Puebla.

La denominación conocida por nosotros, sin embargo, tiene su origen hacia el año de 1872, cuando algunos vecinos de la localidad vecina de Tihuatlán decidieron poblar las tierras pertenecientes a la antigua hacienda de Teayo. Tras realizar la quema de los montes de la zona, descubrieron un basamento piramidal al que confundieron con un castillo, de lo cual le viene el nombre. Tras hacer recorridos sobre la tierra quemada, hallaron las esculturas y decidieron colocarlas alrededor de los vestigios y utilizarlas como el centro del nuevo poblado.

Por mucho tiempo, las piezas permanecieron expuestas a la intemperie, hasta que se construyó un museo de sitio en el que hasta hoy permanecen resguardadas. Sin embargo, y a pesar de su extrema importancia para el entendimiento de los fenómenos de colonización ocurridos en el México antiguo, pocas personas conocen sus materiales arqueológicos, algunos de los cuales se han llevado al Museo de Antropología de Xalapa o al Museo Nacional de Antropología.

La colonización de Castillo de Teayo por grupos mexicas

La razón por la cual algunas provincias de la Huasteca meridional fueron conquistadas por los mexicas fue la matanza de unos comerciantes llegados de la altiplanicie mexicana a manos de tochpanecas y tzicoacas durante la realización de un tianguis.

Los comerciantes antiguos tenían una doble función: vender sus mercancías e informar a las autoridades sobre muchos aspectos sociales de los pueblos que visitaban. Si no hubiese ocurrido tal reacción por parte de los referidos grupos, esas provincias se habrían visto afectadas de todas formas, más aún por las intensas sequías sufridas por los mexicas entre los años 1450 y 1454 d. C. Tras conocer la riqueza que producían los cultivos en el Totonacapan y la Huaxtecapan, los mexicas no sólo deseaban abastecerse de alimento, sino apropiarse de las muy famosas mantas de algodón procedentes de la zona. Fue así como, alrededor del año 1458, algunas provincias regionales de importancia mayor se vieron sometidas por esa cultura, comenzando la expansión militarista en la zona norte del actual estado de Veracruz.

Sin embargo, las provincias huastecas se caracterizaron también por su destreza en las actividades bélicas, y aunque fueron sometidas en una guerra en la cual, según las fuentes documentales, hubo una gran mortandad de ancianos, mujeres y niños, se distinguieron de las otras regiones conquistadas por emprender constantes actos de rebelión en los años siguientes, lo que ocasionó el desarrollo de nuevas manifestaciones culturales en los dominadores. Es así como se produce un acto culminante en 1480: la colonización territorial de Tetzapotitlan, según lo atestigua uno de sus monumentos arqueológicos de mayor tamaño, el cual alcanza casi los tres metros.

Incluso tras la instauración de gobernantes y administradores encargados de canalizar los productos tributados hacia las provincias del Altiplano, hubo nuevos actos de conquista debidos a los grupos tetzapotecos rebeldes, que siempre intentaron mantenerse libres del yugo de otros grupos culturales; no obstante, hacia 1487 los cautivos de guerra fueron llevados a México-Tenochtitlan, donde fueron utilizados para erigir una nueva etapa constructiva del Templo Mayor, lugar donde, para estrenarlo, se dio muerte a quizá miles de guerreros (los documentos aseguran que fueron más de ochenta mil) procedentes de los pueblos rebeldes de la costa del Golfo.

Consecuencias de la ocupación territorial de Castillo de Teayo por los mexicas

Tras haberse instalado los mexicas en las tierras huastecas, hubo muchos cambios en la cultura material del sitio, lo que atestiguan las modificaciones al orden religioso de las comunidades. Así, por ejemplo, algunos dioses típicos de la región, como Mam, el dios del rayo, y Teem, la diosa de la tierra, fueron sustituidos por las divinidades traídas por los conquistadores y los colonos mexicas de estirpe noble.

Pero solamente así pudo aminorarse el clima de violencia de la zona a lo largo de más de treinta años de guerras. A partir de la ocupación territorial, los mexicas tuvieron un mejor control sobre la población, la cual se vio reducida de manera considerable hasta llegar a su colapso. Así, el pueblo quedó subordinado a los intereses expansionistas de la Triple Alianza, perdiendo sus propias manifestaciones culturales.

A pesar del interés que pueden suscitar los cambios producidos en la esfera política y religiosa de los tetzapotecas, pocos son los estudios enfocados en el análisis y comprensión de tales fenómenos. Por esta causa, hoy más que nunca es urgente que se lleven a cabo investigaciones arqueológicas en el sitio, sugeridas desde los años cuarenta por García Payón, las cuales aún no se han hecho. Sólo mediante ellas podrá contribuirse al conocimiento de las culturas prehispánicas del norte del estado y a la comprensión del comportamiento de los mexicas con respecto a sus provincias, actitud que contradice mucho de lo que se ha escrito hasta ahora por diversos especialistas en la materia.

Para el lector interesado:

  • García P., J. (1950). Castillo de Teayo. Noticias sobre su arqueología. UNIVER. Órgano de la Universidad Veracruzana, 16, 155-164.
  • Maclaren, W.J. (2002). The Smithsonian Water Goddess: An Aztec sculpture rediscovered. Anthropology and Aesthetics, 42, 142-158.
  • Seler, E. (1908). Die Altertumer von Castillo de Teayo. Gessamelte Abhandlungen zur Amerikanischen Sprach-und Alterthumskunde, 410-449.
  • Solís O., F. (1981). Escultura del castillo de Teayo, Veracruz, México (catálogo). México: Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Col. Cuadernos de Historia del Arte).
  • Umberger, E. (2007). Historia del arte e Imperio Azteca: La evidencia de las esculturas. Revista Española de Antropología Americana, 37(2), 165-202.