REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre de 2013
Editorial
Bioética, sobrepoblación y ambiente
La restauración ecológica: ¿mito o realidad?
Las bacterias y sus interacciones con las plantas
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Las mujeres de El Conejo: un modelo exitoso
¡Frutas en la tinta!
La manufactura de los pectorales huastecos
¿Sabe alguien qué es eso de las emociones?

Olfatear es recordar

Las enfermedades del olfato
El camino poético de la ciencia
Florence Nightingale: la lámpara del humanismo científico
Tan letales como el hombre
Contenido
 

Las enfermedades del olfato

Lizbeth Donají Chi Castañeda,
Enrique Meza, Mario Caba
y Rossana Citlali Zepeda

 

Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella.

Patrick Süskind, El perfume

Los seres vivos estamos constantemente expuestos a una inmensa cantidad de sustancias que se encuentran en el ambiente y que percibimos gracias al sentido del olfato. A través de él podemos distinguir desde aromas de alimentos suculentos y fragancias de perfumes, hasta olores desagradables. Cuando hay humo en el ambiente percibimos un “olor a quemado”; aun cuando la fuente del fuego no se encuentre cerca de nosotros ni sea accesible a los demás sentidos, como la vista o el tacto, con el olfato podemos ubicar su origen y eliminarlo, o alejarnos del lugar rápidamente. En este sentido, el olfato es indispensable para la supervivencia, pero también para la comunicación interpersonal y el consumo de alimentos y líquidos, es decir, para relacionarnos de manera óptima con nuestro entorno.

El olfato es considerado como un sentido químico, ya que percibimos los olores como consecuencia de la interacción directa de los compuestos químicos con las células del epitelio olfatorio, ubicado dentro de nuestra cavidad nasal. La anatomía del sistema olfatorio es similar en la mayoría de los vertebrados. De manera general, está conformado en el exterior por las narinas, la cavidad nasal y los receptores olfatorios, los cuales comunican el interior del cerebro con el bulbo olfatorio, que a su vez lleva la señal olfativa a través del tracto olfatorio lateral hacia diversas partes del sistema nervioso central para su procesamiento.

La percepción de los olores comienza en las células receptoras olfativas, ubicadas en la parte profunda de la naríz. En los mamíferos se han identificado más de mil proteínas receptoras diferentes que se expresan únicamente en las células receptoras olfatorias, las cuales son las encargadas de recibir los estímulos odoríferos que provienen del medio ambiente. Sin embargo, cada célula receptora expresa individualmente una o algunas proteínas receptoras confiriéndoles una gran especificidad de recepción del estímulo. Las células que contienen los receptores olfatorios están en el epitelio olfatorio, por lo que se encuentran directamente expuestas a las condiciones ambientales, como temperatura, toxinas, daños físicos, entre otros. Ésta podría ser la razón por la que dichas células se regeneran constantemente, capacidad que disminuye con la edad, deteriorando la sensibilidad a los olores e incrementando la suceptibilidad del sitema olfatorio a las infecciones virales.

La sensibilidad olfativa, al menos en los humanos, depende de la edad y del género. Las mujeres tienen una capacidad olfativa superior a la de los hombres. La razón exacta se desconoce; sin embargo, se ha especulado que las diferencias hormonales entre ambos sexos podrían ser la causa, debido a que la capacidad olfativa en las mujeres fluctúa durante el ciclo menstrual y el embarazo. Otra explicación es que las mujeres tienen mayor conciencia social respecto del olfato, es decir, muestran más interés que los hombres por los olores como señales sociales; sin embargo, ambas teorías siguen en debate.

La predominancia del sentido del olfato sobre los demás sentidos varía dependiendo de la especie. En el humano, el olfato es el sentido más desarrollado en el momento de nacer y gracias a él somos capaces de reconocer a nuestra madre, de mantener una intercomunicación con ella y de establecer una gran cantidad de conductas sociales. Aunque con el paso del tiempo la visión adquiere mayor importancia, el olfato sigue siendo uno de los sentidos más importantes en la vida diaria. Aun cuando la capacidad humana de discriminar olores es limitada en relación con otras especies animales, podemos percibir miles de olores diferentes. Por otra parte, el olfato es un sentido que se puede entrenar, como se puede demostrar con los creadores de perfumes, quienes son capaces de diferenciar alrededor de cinco mil fragancias diferentes, mientras que los catadores de vinos pueden identificar alrededor de cien componentes del sabor de un vino con base en combinaciones de sabor y aroma.

Al igual que el resto de los órganos que integran nuestro cuerpo, el olfato también puede enfermar. Las alteraciones en el sentido del olfato son modificaciones en la capacidad de percepción de los estímulos odoríferos. Estas alteraciones pueden dividirse en cuantitativas y cualitativas. Las cuantitativas consisten en la pérdida total (anosmia) o parcial (hiposmia) del olfato y el aumento en la intensidad de la percepción de los olores (hiperosmia). Por su parte las modificaciones cualitativas se refieren a la percepción errónea de un olor generalmente desagradable (parosmia), la percepción equivocada de los olores (disosmia) y la percepción de un olor cuando no existe (fantosmia).

La anosmia y la hiposmia suelen ser los primeros síntomas en pacientes con enfermedades como alzheimer, parkinson y huntington.

 

El sistema olfatorio está conformado en el exterior por las narinas, la cavidad nasal y los receptores olfatorios, los cuales comunican al interior con el nervio y bulbo olfatorio. Las cálulas del bulbo olfatorio llevan la información odorífera hacia diversas áreas del cerebro especializadas en el procesamiento de los olores. Modificado de Eric R. Kandel, James Harris Schwartz, Thomas M. Jessell. (2001).
Principios de Neurociencia. 4ª Edición. McGraw-Hill Interamericana.

La hiposmia es la alteración del olfato más común, mientras que la hiperosmia es muy rara y se asocia principalemente a la exposición a vapores tóxicos y al padecimiento crónico de migrañas. Las mujeres embarazadas presentan por lo general la parosmia, que altera los caracteres de ciertos olores haciéndolos tipicamente desagradables y aversivos, lo cual ha sido interpretado como un mecanismo protector de las madres hacia algunos agentes del medio ambiente que podrían dañar a los bebés. La parosmia se asocia también a la reducción de la sensibilidad olfativa que ocurre comúnmente después de infecciones virales de las vías respiratorias altas o de golpes en la cabeza; en casos muy raros, la parosmia puede ser causada por sinusitis. La fantosmia, por otro lado, es típica en algunas enfermedades psiquiátricas, como la esquizofrenia.

Las alteraciones del olfato pueden tener orígenes muy diversos. Entre las causas más frecuentes de pérdida repentina del olfato se encuentran las infecciones virales o bacterianas, las cuales pueden ser producto del resfriado común; sinusitis paranasal, traumatismos cráneo-encefálicos, inhalación de tóxicos, administración de algunos medicamentos, enfermedades sistémicas como rinitis, hipertensión arterial, o problemas digestivos como la dispepsia. Existen otras causas menos frecuentes de desórdenes olfativos, como la anosmia congénita, epilepsia, sarcoidosis, lupus eritematoso, hipotiroidismo, diabetes, falla hepática o renal, formación de tumores, e incluso las cirugías estéticas pueden causar pérdida temporal del olfato.

En la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas hay cambios neuropatológicos en ciertas áreas del cerebro asociadas al procesamiento de los olores, por lo que la pérdida del olfato puede ser un importante síntoma temprano para la detección de este tipo de enfermedades. Otros factores asociados a la pérdida del olfato son la edad y el tabaquismo; al aumentar la edad es mayor la posibilidad de pérdida del olfato y menor la probabilidad de recuperación. Además, los fumadores tienen una menor capacidad olfativa –cerca de seis veces menos– en comparación con los no fumadores, dependiendo de la cantidad de cigarros fumados y el tiempo de consumo.


El diagnóstico de las alteraciones olfativas inicia con la reconstrucción detallada de la historia clínica de los pacientes, la cual deberá incluir preguntas acerca de sus hábitos sociales y alimenticios (como fumar o ingerir bebidas alcohólicas); también es importante determinar si han sufrido accidentes, se han sometido a cirugías, enfermedades que padecen o han padecido y qué tipo de medicamentos están tomando o han tomado con anterioridad. En el caso de los desórdenes cualitativos, es necesario conocer la periodicidad e intensidad con que se presentan los eventos de percepción de olores, además de las consecuencias de estos eventos en la vida diaria del paciente. Posteriomente se continúa con la exploración física, y de ser necesario pueden emplearse otras técnicas más completas, como endoscopías, tomografías y radiografías, las cuales permiten conocer el origen del problema olfatorio. En algunos casos, la disminución de la capacidad olfativa puede deberse a una obstrucción nasal que bloquea el acceso de las moléculas odorantes al epitelio olfativo. En casos severos, es conveniente acudir a una revisión neurológica, ya que, como se mencionó anteriomente, la anosmia y la hiposmia suelen ser un síntoma temprano de enfermedades neurodegenerativas.

Medicamentos que pueden generar alteraciones del olfato*

Tipo de medicamento Algunos ejemplos
Antibióticos Ampicilina, azitromicina, metronidazol, tetraciclina
Anticonvulsivos Carbamazepina, fenitoína
Antidepresivos Clomipramina, doxepina, imipramina
Antihistamínicos y descongestionantes Clorfeniramina, loratadina
Antihipertensivos y medicamentos cardiacos Amilorida, captopril, enalapril, propranolol
Agentes antitiroideos Metimazol, propiltiouracilo
Antiinflamatorios Colchicina, penicilina, hidrocortisona
Agentes reductores de lípidos Fluvastatina, lovastatina, pravastatina
Antineoplásicos Cisplatino, doxorrubicina, metotrexato, vincristina
Agentes contra la enfermedad de Parkinson Levodopa
Antipsicóticos Clozapina, trifluoperazina
Relajantes musculares Baclofén, dantroleno

*Se ha reportado que estos medicamentos alteran la percepción olfativa, sin embargo, cada persona responde de manera diferente a ellos; debido a esto, se recomienda consultar al médico en caso de molestias durante el tratamiento. Tomado de Hummel, Landis BN, Hüttenbrink KB (2011) “Smell and taste disorders”. GMS Current Topics in Otorhinolaryngology - Head and Neck Surgery” 10:Doc04

El tratamiento de la disfunción olfativa dependerá de la causa que ocasiona el trastorno. En aquellos pacientes cuyas causas de pérdida del olfato son las enfemedades respiratorias transitorias o el traumatismo, la recuperación ocurrir darse de manera espontánea, pero el tiempo de duración es diferente para cada paciente. Algunos pacientes se recuperan al realizar cambios en los medicamentos que afectan el sentido del olfato, y otros cuando se resuelve la enfermedad que genera el problema. La mayoría de las personas menores de 60 años se recupera rápidamente debido a la gran capacidad de regeneración de las células olfativas; sin embargo, las personas de edad más avanzada pueden tener una recuperación lenta e incluso parcial. En pacientes con disfunción olfativa causada por enfermedad renal crónica se observa mejoría desde la primera hemodiálisis. Existen además otras terapias que utilizan antiinflamatorios esteroidales e incluso, de ser necesario, tratamiento quirúrgico.

Cada año se reportan alrededor de 200 mil casos de alteraciones del olfato en todo el mundo, y aproximandamente en 25% de ellos disminuye la calidad de vida de quienes las padecen debido a que tienen problemas para cocinar, falta de apetito y bajo interés por la comida; además, demuestran problemas para socializar en su vida cotidiana y pueden llegar a deprimirse.

Aunque los problemas del olfato en la población tienen mayor prevalencia de lo que aparentan, no han sido estudiados en la clínica con igual profundidad que como se ha hecho con las alteraciones en otros órganos de los sentidos. Sin embargo, los estudios clínicos y epidemiológicos son suficientes para abordar el problema y tomar las medidas necesarias que permitan establecer métodos de diagnóstico, tratamiento y prevención de estas enfermedades.

Para el lector interesado:

  • Ackerman BH, Kasbekar N (1997) “Disturbances of taste and smell induced by drugs”. Pharmacotherapy, 17: 482.496.
  • Croy I, Negoias S, Novakova L, Landis BN, Hummel T (2012) “Learning about the functions of the olfactory system from people without a sense of smell”. PLoS One, 7(3):e33365.
  • Hummel, Landis BN, Hüttenbrink KB (2011) “Smell and taste disorders. GMS Current Topics in Otorhinolaryngology - Head and Neck Surgery”. 10:Doc04
  • Hüttenbrink KB, Hummel T, Berg D, Gasser T, Hähner A (2013) “Olfactory dysfunction: common in later life and early warning of neurodegenerative disease”. Deutsches Arztebliatt International, 110(1-2):1-7.