REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre de 2013
Editorial
Bioética, sobrepoblación y ambiente
La restauración ecológica: ¿mito o realidad?
Las bacterias y sus interacciones con las plantas
Un helecho de acuario en la penínsulta de Yucatán
Las mujeres de El Conejo: un modelo exitoso
¡Frutas en la tinta!
La manufactura de los pectorales huastecos
¿Sabe alguien qué es eso de las emociones?

Olfatear es recordar

Las enfermedades del olfato
El camino poético de la ciencia
Florence Nightingale: la lámpara del humanismo científico
Tan letales como el hombre
Contenido
 

Arte y ciencia

¡Frutas en la tinta!

Mariela Castilla Martínez
y Silvia del Amo Rodríguez

 

Es frecuente que al pensar en frutales generalmente nos vengan a la mente especies como manzanas, peras, fresas y uvas, frutas características de climas templados; pero en las tierras de climas tropicales crecen otras frutas, como los plátanos, los mangos, las piñas y las papayas, por citar solo las más comunes, que hacen la delicia de nuestro paladar y que son ricas en vitaminas y complementos alimenticios, como los famosos antioxidantes. Existen otras especies nativas del trópico americano,
como el chicozapote, la guanábana, el mamey y las anonas, que si bien son menos conocidas, poseen un sabor tan característico que una vez que se prueban son difíciles de olvidar.

Si bien es cierto que esta diversidad de frutales tropicales es amplia e incluye otrasespecies más locales, como ciruelas, guayabas, pitahayas, mamoncillos, caimitos o nanches, el impacto de la globalización en los mercadoslocales y la consecuente invasión de especies importadas de zonas templadas ha provocado que estas especies se dejen de consumir, que su producción haya disminuido y que el conocimiento tradicional de su manejo se esté perdiendo. Pero un efecto aún más negativoes la reducción de la base alimentaria de las comunidades alejadas de los grandes centros de consumo.

Por su belleza natural, los frutos han sido objeto de inspiración de artistas y narradores,pintores y músicos. El arte constituye un reflejo de los diferentes aspectos de la vida humana,por lo que dicha diversidad de frutos se puedever representada en varias de sus facetas. Estas expresiones culturales muestran la forma en que interactuamos con la naturaleza.

Numerosos artistas han plasmado en las artes visuales la diversidad de especies de frutales tropicales, particularmente en la pintura; los bodegones son clásicos de este tipo de representaciones, que se desarrollaron intensamenteen los siglos XIX y XX, principalmente en Europa. La explosión de color que es típico de las frutas tropicales implicó ir más allá de los bodegones y crear nuevas formas pictóricas para representarlas, fundamentalmente a fines del siglo pasado.

La corriente de pintura costumbrista en nuestro país y en Latinoamericana se ha caracterizado por retomar los aspectos culturales de los pueblos originarios, sus formas de vida y todo aquello que la naturaleza nos obsequia. Es así como se ha plasmado de manera muy realista una diversidad de frutales propios de estas tierras tropicales en representaciones realizadas con extraordinaria luminosidad y color, tal y como el paisaje del trópico se nos aparece.

Uno de los más antiguos representantes del costumbrismo mexicano y de la pintura popular mexicana del siglo XIX es el pintor guanajuatense Hermenegildo Bustos (1832-1907). Este autor se consideraba a sí mismo como un aficionado, y para sobrevivir vendía nieves de frutas y en sus ratos libres realizaba retratos de la gente del pueblo. Bustos también plasmó una detallada diversidad de frutales en una obra que denominó Gastromercado, y en 1877 pinta Bodegón con frutas (Figura 1) en el que representa numerosas especies típicas de nuestro país, como el mamey, la guanábana o la guayaba, combinadas con otras traídas del viejo continente, como la mandarina, la piña y la pera.

Figura 1. Bodegón con frutas, óleo pintado en 1877 (INBA).


La mundialmente conocida Frida Kahlo, cuyo trabajo en México representa un emblema de la tradición nacional y los pueblos indígenas, pintó varias naturalezas muertas a lo largo de su vida, y en ellas también plasmaba las frutas que tenía en su mesa de noche (Figura 2). En la mayor parte de su pintura podemos encontrar alusiones sexuales y al ciclo de la vida y la muerte, pero también en su obra los frutales reflejan su cuerpo flagelado y sus fijaciones.

Entre las representaciones de Frida es posible hallar una variedad de frutas tropicales comunes de nuestro país que representan una mezcla de especies nativas de América (pitahaya, guayaba, guanábana o mamey) con otras introducidas de otros continentes (naranja, sandia, limón o plátano).

Olga Costa es otra pintora mexicana, contemporánea de Frida Kahlo, que recrea la gran diversidad de frutas que caracterizan a nuestro país de una forma espléndida. Se le conoce como una de las coloristas más importantes de México, cuya producción artística comprende bodegones, paisajes, retratos, flores y naturalezas; sin duda, una de sus obras más importantes la efectúa en 1951 y la bautiza como Vendedora de frutas, que elabora en óleo sobre tela y que se encuentra en la colección del Instituto Nacional de Bellas Artes en la capital del país (Figura 3).

En ese cuadro, Olga Costa plasma un escenario de la vida real en donde una marchanta ofrece en su puesto del mercado una copiosa variedad de frutas tropicales, como guanábanas, guayabas, saramuyos, mameyes, cocos, sandias, piñas, plátanos y papayas, entre muchas otras. Dicha obra nos conduce al mercado de cualquier pueblo mexicano, del que inmediatamente percibimos sus colores y texturas y nos impregnamos de sus olores.

Figura 2. Naturaleza viva, de Frida Kahlo. Fuente.

No podemos dejar fuera de esta semblanza de los frutos tropicales a un pintor tan importante como Fernando Botero. Los pintores latinos han hecho suyos los frutales tropicales, y así este artista colombiano ha plasmado una gran diversidad de frutas en sus obras pictóricas y escultóricas. Desde finales de la década de 1950, este pintor se ha interesado por las frutas como elementos centrales de sus composiciones, y las pinta insistentemente con múltiples variaciones, explorando armonías geométricas y cromáticas. Como se aprecia en Canasta de frutas (1997) (Figura 4), Botero recrea los exuberantes frutos de la naturaleza con un especial énfasis en los volúmenes y en una variedad de colores y texturas; tal y como otros pintores suelen hacer, combina las frutas tropicales con las mediterráneas para obtener un escenario más diverso, semejante a la realidad. Pero el artista no pinta estas escenas basado en la observación directa, sino que se concentra totalmente en sus sentidos, como nos indica el siguiente párrafo del artista: “Si quiero pintar una naranja, no la pongo frente a mí. Prefiero comérmela y después la pinto”.

Figura 3. Vendedora de frutas, de Olga Costa (INBA).

Así como estos cuatro grandes exponentes de la pintura han plasmado las frutas tropicales en su obra, hay otros autores contemporáneos en México y Latinoamérica que han reflejado el folclor del trópico y sus frutas en sus pinturas. Por ejemplo Luis Germán Cajiga y Wichie Torres, de Puerto Rico; Egleé Manzo Travieso, de Venezuela; Guillermo Florido Martínez, de Cuba; Mauricio Rizo, de Nicaragua; Jorge Checo, de República Dominicana, y Eugenia Marcos y Lauraelena Rodríguez, de nuestro país.

Sin duda, estos autores disfrutan representando la diversidad de su tierra en sus obras; algunos pincelan con más color, otros resaltan la realidad y otros más prefieren disfrazarla un poco; sin embargo, todos ellos crean atractivas obras por su colorido y gran belleza. Es así como plasman la diversidad de su entorno y su cultura, pretenden enseñarla y presumirla al mundo, y están conscientes de la importancia de conservar las costumbres y tradiciones que caracterizan a sus pueblos. En las frutas tropicales han encontrado una manera de representar escenarios que reflejen un sentido de identidad y que le brinden al observador el sentimiento familiar de encontrarse en casa, o tal vez inducirle la añoranza o el deseo de visitar esas tierras tropicales en donde aquellas abundan.

Finalmente, estas expresiones artísticas constituyen una eficaz llamada de atención sobre la necesidad de conservar las tradiciones y costumbres relacionadas con los frutos, y con ello revalorar y retomar el conocimiento tradicional que nos permita preservar no solo las variadas frutas tropicales, sino también otras especies vegetales y animales que, al igual que muchos de nuestros frutales, están desapareciendo por el cambio de uso del suelo o por falta de demanda, y que en la actualidad son especies en peligro de extinción.

Figura 4. Canasta de frutas, de Fernando Botero (Museo Botero).

Para el lector interesado:

  • Cardoza y Aragón. L. (1964). México: Pintura de hoy. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (s/f). Mujeres artistas en el México de la modernidad. Las contemporáneas de Frida. Disponible en línea: http://www.conaculta.gob.mx/multimedia/salavirtual/mujeresartistas/biografias.html.
  • Cravioto, A. y Méndez, F. (2011). Hermenegildo Bustos. Gastromercado, miércoles, 24 de agosto. Disponible en línea: http://gastromercadomx.blogspot.mx/2011/08/hermenegildo-bustos.html.
  • Martínez, P., Martínez, C., Serviín, J., Dahlgren, B., Sodi, D., Hernández, J. y Moyssén, X. (1975). Arte popular mexicano. México: Herrero.