REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Mayo•Agosto de 2013
Editorial
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Salud-ambiente. La resistencia a los garrapaticidas en México

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Curiosidades científicas
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Contenido
 

Salud-Ambiente

La resistencia a los garrapaticidas en México

Ingrid Catalina Schleske Morales,
Álvaro E. Peniche Cardeña, Lorena López de Buen
y Maricarmen Hilda Schleske Morales

Desde tiempos muy remotos el ser humano ha convivido con diferentes especies de animales que le han proporcionado alimento, vestido o compañía; sin embargo, entre las desventajas de esta coexistencia pueden señalarse los ataques inesperados y las enfermedades transmitidas por los animales al hombre, conocidas con el término de zoonosis. Entre estas, las parasitosis ocupan un importante lugar. Por ello, el ser humano se ha visto en la necesidad de combatir las diferentes especies de parásitos que afectan a los animales y que, en algunos casos, pueden representar un riesgo para la salud pública.

En el ganado, uno de los parásitos que mayores impactos sanitarios, económicos y productivos tiene es la garrapata, y para su control se han utilizado diferentes productos químicos denominados ixodicidas (de ixodide, que es una familia de las garrapatas). No obstante, su mal uso ha provocado que esos parásitos logren sobrevivir, y que con el paso del tiempo hayan adquirido resistencia debido a la selección genética. En efecto, cuando un ixodicida se utiliza intensivamente, ocasiona una fuerte selección que elimina a los individuos más débiles o menos resistentes, por lo que el ixodicida se convierte así en el agente de selección más importante.

Contrastando con la lenta evolución de la resistencia a las sustancias tóxicas producidas por plantas en el medio natural, el desarrollo de la resistencia a los garrapaticidas sintéticos ha sido extremadamente rápido, posiblemente porque los artrópodos pueden utilizar los mecanismos que emplean para su defensa contra diferentes compuestos químicos. La velocidad con que se desarrolla la resistencia en una población depende principalmente de la frecuencia inicial de los genes que la confieren, la intensidad de la selección, el grado de dominancia de esos genes y la relativa capacidad del genotipo, o sea, la totalidad de la información genética que posee un organismo en particular, en forma de ADN.

Desde 1893, la industria farmacéutica ha desarrollado numerosos productos químicos para el control de las garrapatas, habiendo comenzado este proceso con la introducción de los ixodicidas arsenicales. (En México, la aparición de resistencia al uso de los ixodicidas se presenta en un periodo entre cinco y siete años).

¿Cómo y cuándo comienza?

En Australia, en 1937, se observaron las primeras cepas de garrapatas resistentes a los arsénicos, la que se extendió en 1950 al aldrín, el dieldrín, el endrín y otros productos ciclodienos clorinados, al DDT en 1954 y a los ixodicidas organofosforados y carbamatos en 1964.

Entonces en México…

Desde 1981 se hallaron algunas poblaciones de garrapatas resistentes a los organofosforados, un grupo de pesticidas artificiales que se aplican para controlar las poblaciones o plagas de artrópodos como las garrapatas. Ya la Segunda Guerra Mundial había propiciado una gran revolución de la industria química, y fue entonces que aparecieron los organofosforados como un desarrollo exclusivamente militar en forma de gases neurotóxicos, los que después se aplicaron y tuvieron un uso concentrado en los campos agrícolas. Así, aparecieron en la década de 1950 el paratión y el malatión, organofosforados que se consolidaron como insecticidas agrícolas, cuyo uso se incrementó enormemente cuando se prohibieron los productos organoclorados.

Los organofosforados son sustancias cuyas características principales son su alta toxicidad, su baja estabilidad química y su nula acumulación en los tejidos; esta última es una característica que los posicionó en ventaja respecto a los organoclorados, que se degradan muy lentamente y se acumulan en los tejidos.

En 1993 apareció la resistencia a piretroides, que son productos sintéticos químicamente similares a las piretrinas naturales, los cuales se han considerado tradicionalmente de bajo riesgo para el ser humano debido a que los casos de intoxicación conocidos son muy escasos. Por ello, se llegó a decir que aunque ningún plaguicida es perfecto, los piretroides casi lo eran; no obstante, estudios recientes muestran que sus efectos sobre la salud pueden ser más graves de lo que se creía.

Hoy se sabe que las piretrinas pueden provocar alteraciones de la sensibilidad cutánea en los trabajadores que se han expuesto a ellas. Se conocen casos de intoxicación con síntomas tales como adormecimiento, picazón, hormigueo, sensación de quemazón de la piel y vértigo. Según las observaciones realizadas en animales de laboratorio, algunos piretroides pueden generar ciertas manifestaciones de neurotoxicidad, y por otra parte son sumamente tóxicos para los organismos acuáticos.

Para 1998, el fenómeno de resistencia se había constatado en trece estados del país, y cuatro años más tarde se halló resistencia a una nueva familia de ixodicidas: las amidinas, cuyo principio activo es el amitraz, un medicamento antiparasitario. Las amidinas (o formamidinas) son un tipo especial de sustancias parasiticidas al contacto, sobre todo contra garrapatas, ácaros y piojos. Su actividad contra insectos y ácaros se descubrió en la década de 1960, y hoy el amitraz se usa de manera recurrente en la ganadería como antiparasitario externo, sobre todo para el control de garrapatas, ácaros y piojos en bovinos, ovinos y porcinos.

Las amidinas atacan el sistema nervioso de los parásitos y provocan en ellos hiperexcitabilidad, parálisis y muerte. La excitación también propicia que las garrapatas no logren fijarse al hospedero para alimentarse de su sangre; además, poseen cierto efecto repelente, lo que hace que muchas garrapatas se desprendan del hospedador antes de morir. Como se ha dicho antes, actúan sobre los parásitos sobre todo por contacto. No son eficaces contra moscas y mosquitos ni contra las gusaneras causadas por las larvas de estos dípteros. Esto hace que si hay un problema serio de moscas y garrapatas al mismo tiempo, el ganado tenga que ser tratado con un producto mosquicida, además de serlo con amidinas.

El amitraz se comenzó a utilizar en forma intensiva a principios de 1993 debido a la creciente resistencia a los piretroides. En ese entonces, el sistema de vigilancia implementado en México por las autoridades responsables de la salud animal para detectar tempranamente la resistencia a los ixodicidas hizo que se descubriera el primer caso de resistencia al amitraz en el país, así como una resistencia múltiple a los organofosforados, piretroides y amidinas.

Un dato interesante a resaltar es que se aprecia un patrón de desarrollo exponencial entre el descubrimiento de nuevos productos ixodicidas y el desarrollo de cepas de garrapatas resistentes a ellos; así, se ha observado que la resistencia a los productos garrapaticidas ocurre cada vez en menos tiempo. En el caso del DDT, la resistencia apareció seis años después de salir al mercado; con el lindano, después de cinco años; con los organofosforados, después de cuatro años; con los carbamatos, después de dos años y medio, y con los piretroides sintéticos, después de solo dos años. Con base en la investigación sobre la resistencia, se han dilucidado importantes aspectos sobre la bioquímica y evolución de los artrópodos en las poblaciones expuestas a la presión de la selección química.

Cómo se viene manejando la resistencia

Debido al problema de la resistencia de las garrapatas a los ixodicidas, los productores deben reducir la frecuencia de aplicaciones, sin restar importancia a su uso como herramienta básica en el control integral de estos ectoparásitos. Tal control conlleva un conjunto de estrategias cuyas metas consideran la conservación de químicos disponibles para la vigilancia y preservando su efectividad, pero al mismo tiempo reduciendo su impacto en el ecosistema. Para el control integral de parásitos, se sugieren estrategias tales como tratamientos específicos, el uso de pastos antigarrapatas, el descanso o rotación de potreros, el uso de ganado cebú (que tiene una resistencia natural contra las garrapatas), el control biológico mediante la introducción de aves garrapaticidas como las garzas, y la aplicación de vacunas.

Para comprobar que existe resistencia a los ixodicidas en un rancho, se requiere de una cuidadosa evaluación de las prácticas utilizadas para su aplicación, lo que permite asegurarse de que realmente se está ante el desarrollo de resistencia y no ante el problema de un uso inadecuado del producto ixodicida en el ganado o a errores en el método de aplicación.

No existe una característica que distinga a una cepa de garrapata resistente de otra que no lo es. Ante esto, es necesario realizar una vigilancia epidemiológica constante y diagnosticar mediante pruebas de laboratorio la detección temprana de resistencia a los diferentes ixodicidas que se emplean en nuestro país; además, es menester señalar que no se debe dejar de lado la asesoría adecuada y oportuna a los productores, encaminada hacia un mejor manejo de los métodos de control de garrapatas.

En el transcurso del tiempo se han elaborado diferentes productos para lograr el control eficaz y eficiente de las garrapatas; sin embargo, cada vez resulta más difícil su producción, tanto por el costo como por las variadas pruebas que se llevan a cabo para lograr la aceptación de estas nuevas sustancias químicas por el lado legislativo o por los ganaderos que tienen costumbres muy arraigadas en el manejo de sus ranchos.

Y es aquí precisamente, en el manejo y aplicación de estos productos, donde comienzan los problemas para controlar las garrapatas, pues es difícil convencer a los productores que cometen errores que tarde o temprano se reflejarán en la salud del hato. Por lo anterior, es necesario sugerir, promover y aplicar cambios sustanciales en las prácticas y en los métodos de combatir estos parásitos, pues los avances científicos y tecnológicos los hacen factibles de aplicarse en el campo. Por ejemplo, una costumbre muy arraigada en los ganaderos cuando bañan a los animales es que a la concentración y dosis comercial del producto recomendadas por el fabricante le agreguen “un chorrito” o “una tapita” de más, que bien puede ser el doble o el triple de la dosis normal, porque les parece que de esta manera el ixodicida será más efectivo y matará más rápidamente las garrapatas; sin embargo, sucede todo lo contrario porque el ganadero desconoce que las garrapatas presentes en su rancho empiezan a ser resistentes al producto utilizado, por lo que con este “chorrito de más” propician una resistencia aún mayor en su hato. Ante esto, la mejor recomendación que puede hacerse es consultar a un médico veterinario zootecnista para obtener la información y asesoría adecuadas.

Con la finalidad de contribuir al conocimiento de este problema en el estado, en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Veracruzana, región Veracruz, se realiza hoy día una investigación encaminada a identificar ranchos con cepas de garrapatas resistentes a los ixodicidas y a la especificación de los factores de riesgo asociados a su ocurrencia. Los resultados iniciales de este estudio han demostrado la presencia de poblaciones de garrapatas multirresistentes en la totalidad de los municipios de la muestra, lo que permite establecer que existe un riesgo para la sanidad animal y la salud pública.