REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril de 2013
Editorial
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Contenido
 

Taxkat, la abeja nativa de Mesoamérica

Atzin García Flores, Silvia del Amo Rodríguez y María Reyna Hernández Colorado

Si las abejas desaparecieran del planeta, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida; sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres.

Albert Einstein

El Totonacapan es una región del estado de Veracruz ocupada desde tiempos prehispánicos por los totonacas (litutunakú). Su extensión geográfica abarca gran parte de esta entidad, de Puebla y una pequeña parte de Hidalgo. Tiene como límites el río Cazones al norte, el río Antigua al sur y hacia el oeste el parteaguas de la Sierra Madre Oriental.

La cultura totonaca tuvo su origen hacia el año 200 d.C., unos cuatrocientos años antes de lo que tradicionalmente se creía. Alrededor de 800-850 d.C., esta región mesoamericana vivió un cambio profundo en su gobierno con el ascenso de un nuevo linaje vinculado a la figura de Trece Conejo, cuando El Tajín vivió uno de sus últimos momentos de florecimiento cultural. En esta etapa, una de las actividades de gran importancia para la cultura totonaca fue la observación de los astros, reservada a la nobleza o a grupos selectos de la sociedad, lo que llevó al recuento calendárico sobre diversos sucesos, tales como las apariciones de Venus como estrella de la mañana.

El pensamiento totonaca está basado en el origen del mundo, de las cosas, del hombre y de su interacción con la naturaleza. Los dioses son los responsables de crear el cosmos. El universo está integrado por diferentes dioses, encabezados por una deidad suprema, que es el Sol.

La cosmovisión totonaca se integra con la noción de deidades que descienden desde un plano celeste para manifestarse en el universo de los hombres. Tal es el caso de Tlahuizcalpantecuhtli, deidad armada de saetas que se relaciona con la guerra, el sacrificio humano y Venus en su modalidad de estrella matutina. El mundo, de acuerdo a los totonacas, se integra por tres dimensiones donde todos los seres tienen un espacio y una misión: los dioses que habitan el cielo y tienen la misión de proteger y vigilar el universo; la tierra, donde al hombre le corresponde procurar a los dioses, cuidarlos y agradecerles la vida, y el hombre, que no posee nada, no es dueño, está de paso y su misión es constituirse una parte dependiente de la naturaleza y ser consciente de que vive y muere; primordialmente, debe encontrar el equilibrio y la armonía con el universo y la vida misma.

Vemos entonces que las deidades representan relaciones con los elementos necesarios para la vida: agua, aire, tierra. Entre los totonacas existe una estructura jerárquica conformada por dioses-dueños-hombre para explicar el comportamiento de los seres vivos y la forma en que los hombres comprenden el mundo. Los dioses supremos habitan el cielo. La tierra, los valles, los ríos y los mares están bajo la responsabilidad de los dueños, que constituyen junto con los dioses las trece deidades que viven en los montes, cerros, ríos, cuevas, arroyos y mar. Los vigilantes del universo, sea en el cielo (dioses) o en la tierra (dueños), tienen sus representantes físicos que se mantienen en correspondencia permanente. Por ejemplo, el Sol tiene como equivalente al águila, la Luna al conejo y la Tierra a la tortuga.

Es así como la cultura de los totonacas ofrece una condición única de expresiones, un continuum entre naturaleza y cultura. Es aquí donde surge la importancia que tiene la sabiduría de los pueblos indígenas para hacer uso de sus recursos naturales a partir del entendido de que la naturaleza es sagrada y que el futuro de la conservación descansa parcialmente en el pasado.

De ahí la importancia de las ceremonias que se ofrecen y que están dedicadas a todos los dioses. Entre los rituales que se llevan a cabo están los dedicados a las curaciones, la siembra, la agricultura y el nacimiento, entre otras. Cada acto, cada iniciación, es un encuentro ceremonial en los cuales se venera y se pide permiso a los dioses y dueños para hacer uso de la naturaleza.

Las comunidades totonacas viven el enlace entre el patrimonio cultural y natural; si bien su cosmovisión obedece a la jerarquía estructurada por deidades y dueños, su comprensión del mundo se manifiesta en una holarquía emergente, en la que no hay, como su nombre lo indica, concepto de superioridad sino de coexistencia y cooperación entre las diversas formas de vida. Este encuentro entre el mundo natural y el cultural entraña una estrategia de conservación e implica una interpretación eficaz de la realidad.

La cosmovisión del hombre totonaca se fundamenta en una interesante concepción del mundo construida desde la niñez. La estrecha relación de los miembros de la comunidad con su entorno se da en el reconocimiento de interacciones simbólicas que evitan la arrogancia de querer “independizarse” de la naturaleza o querer “controlarla”. La comunidad totonaca dimensiona al hombre en su justo sentido con todo aquello que lo liga al mundo y que a la vez lo constituye en favor de la vida. Conservan y respetan, de manera natural, la flora y fauna, precisamente porque forman parte del patrimonio autóctono que la naturaleza les ha brindado. Una expresión de este respeto se refleja en la estrecha relación que guardan con la abeja nativa.

Taxkat (t’áxkat)

Es en el ambiente que rodea al mundo totonaca donde encontramos a la abeja nativa o sin aguijón. El símbolo del Totonacapan es taxkat (t’áxkat), una abeja que vive en el interior de los árboles, en la tierra, en cavidades rocosas, y recientemente se ha encontrado que también viven en la parte externa de los encinos en los bosques templados que albergan plantas epífitas.

El nombre científico de esta abeja es Scaptotrigona mexicana. La nomenclatura vernácula varía dependiendo de la comunidad, que ha creado distintos nombres para identificarla. Tiene diferentes denominaciones; por ejemplo, “abeja puerca”, “taxkat”, “chinchín”, “abeja de tierra”, “avispa”, “abeja de monte”, “torito” o “tanchalita”. Si bien toda esta variedad de nombres las designa, los indígenas saben diferenciarlas muy bien.

Los especialistas de este grupo de abejas señalan como su área de distribución el estado de Veracruz; en el norte, Tantoyuca, Naranjos, Castillo de Teayo, Papantla, Coyutla (ubicado en la sierra del Totonacapan, casi colindando con el estado de Puebla) y en la zona serrana, Xalapa, Coatepec, Xico, Teocelo, Huatusco, Tlachinola, Misantla y Coacoatzintla.

Esta abeja tiene múltiples cualidades, pues contribuye a mejorar la salud del entorno y la alimentación y economía de las familias en las localidades indígenas, lo que la hace un insecto valioso, único y enigmático.

Las abejas nativas y su relación con los ecosistemas tropicales

La taxkat posee una gran importancia antropológica, agronómica, ecológica, médica y evolutiva, ya que es imprescindible para polinizar varios ecosistemas tropicales. Las especies de este género, denominado Meliponini, son también importantes para la polinización, conservación y propagación de ciertos árboles y plantas endémicas; por ejemplo, el zapote bobo, el zapote de agua, el palo mulato, la guácima y el capulín sabana, entre otros.

Esta abeja silvestre se encuentra en territorios ocupados por selvas húmedas y secas. Generalmente, anida en los huecos de árboles para reproducirse de modo natural, de tal manera que depende de ellos y es vulnerable a la deforestación y fragmentación del hábitat. Debido a los procesos antropogénicos de cambio de uso del suelo, han disminuido los sitios de anidamiento y sus floraciones. Esta abeja ha sido muy valorada por culturas como la maya y cumple varias funciones.

La estrecha relación abeja-hábitat

Históricamente se identifica a la abeja sin aguijón como el polinizador natural en la región del Totonacapan, sobre todo de la vainilla. Los abuelos totonacas mencionan que esta abeja contribuía a que la vaina de vainilla polinizada fuera de mayor tamaño, comparada con aquella que se polinizaba manualmente. Este hecho es un indicador de que la vainilla era producida de manera natural y bajo técnicas ancestrales desde mucho antes de la Colonia. Asimismo, se ha documentado que desde entonces los curanderos ya utilizaban su miel como medicina.

Desde el punto de vista cultural, la abeja sin aguijón tiene un significado relevante en la identidad e integración de las familias y la comunidad. Los totonacas han convivido con ellas por generaciones, brindándoles refugio, haciéndolas parte de la familia y utilizando su miel. La integración es tal, que un miembro de la comunidad asevera:

Estas abejas no toleran las envidias, las peleas familiares, la infidelidad, ya que de ser así, este integrante de la familia [la abeja] simplemente se va al monte en busca de calma y paz.

La preservación y conservación del manejo de la taxcat constituye una práctica que sobrevive en la época actual entre esa etnia. La miel que produce tiene varios usos y contribuye a la salud del entorno, la alimentación y la economía de las familias en las localidades indígenas.

Una especie en peligro por la transformación del ambiente

El proceso de extinción de la abeja como polinizador natural en la región indígena totonaca comenzó por la intervención de productores y acaparadores de vainilla no nativos; al ver en la vainilla la oportunidad de ganar dinero, pero careciendo del conocimiento de los aspectos sociales y culturales y de los saberes ancestrales, erróneamente identificaron a la abeja como una plaga y la combatieron con agroquímicos y pesticidas.

El manejo irresponsable de los recursos en general, así como la desmedida ambición por obtener beneficios de la abeja sin aguijón en particular, han puesto en peligro su existencia. La alteración provocada por el cambio en el uso del suelo en esa área ha provocado que la abeja migre o se adapte a nuevos entornos, que incluso pueden ser más agresivos para ella, siempre en busca de protección.

Kiwitaxkat en la vida de los totonacas

La taxkat era uno de los insectos que más beneficios proporcionaba a las comunidades totonacas. Para los totonacas antiguos, la miel desempeñaba un papel fundamental y su aprovechamiento a partir de los árboles del bosque tropical era muy respetado; por ello, antes de entrar al bosque a recolectarla, tenían que pedir permiso y mostrar su agradecimiento a Kiwíkgolo y a Kiwichat, los dueños del monte.

En los tiempos de la Conquista española, los totonacas ya eran productores de miel de monte conocida como kiwitaxkat, pues era el edulcorante principal para ellos antes de que se introdujera el cultivo de la caña de azúcar. Entre las bebidas que se elaboraban y que se siguen produciendo todavía se encuentra el cacao con agua, el cual se endulza con miel de abejas silvestres y un poco de vainilla; a esta bebida los totonacas la consideraban estimulante y sobre todo afrodisíaca.

El manejo de la miel por los totonacas se expresa en las descripciones de antiguos rituales y fiestas que confirman que la miel y las abejas ocupaban un lugar muy importante en su vida ceremonial y pensamiento religioso.

Un ejemplo de ello es el ritual seguido al nacimiento de un niño, en el que se solicitaba permiso al dueño del monte, Kiwíkgolo, para internarse en el bosque y extraer la miel de las colmenas de las abejas sin aguijón a fin de utilizarla en la mujer antes y después del parto; la miel era mezclada con jengibre y suministrada a la mujer, la que gracias a ello tendría la fuerza necesaria para reponerse y criar fuerte y sano a su hijo.

La miel en el México precolombino cobró gran importancia por sus cualidades como medicina. De aquí se deduce que la cría tradicional de la abeja sin aguijón en el Totonacapan guarda también relación en la dualidad vida-muerte, vínculo que aún aguarda a ser estudiado de forma multidisciplinaria. En el Totonacapan la miel representa un símbolo cultural, al igual que el maíz. Su uso como saborizante fue un elemento fundamental en la medicina tradicional indígena; de manera similar al cacao, uno de los tributos que exigían los aztecas a los pueblos conquistados fue precisamente la miel, como lo detalla el Códice Misantla.

Uso potencial

Actualmente existe un grupo de investigación con enfoque multi e interdisciplinario en el Centro de Investigaciones Tropicales, cuyo objetivo es la conservación de los recursos bioculturales, mediante estrategias participativas para la integración del conocimiento científico y el saber local y experimental; entre tales recursos se halla la taxkat. De esta articulación se elaboran técnicas de manejo y conservación, incluyendo la transferencia tecnológica que permite mejorar su manejo y producción.

Por su función como polinizadora, la abeja sin aguijón y otras especies tienen un enorme valor para la conservación, mantenimiento y manejo de los sistemas agroforestales, lo que permite el manejo natural de diferentes productos agrícolas, entre los que podemos mencionar la vainilla, el cacao, la pimienta, el zapote chico, el limón y el naranjo, entre muchos otros.

De acuerdo con lo expresado por los abuelos totonacas, es “una actividad que les pertenece desde el principio”.

Para el lector interesado:

  • Del Amo R., S. (2011). El cambio de modelo de desarrollo necesario en un país pluricultural. Algunos aspectos que se deben tomar en cuenta. Etnobiología, 9, 60-76.
  • García R., C. (2000). Vocabulario bilingüe totonaco-castellano. Xalapa: Ediciones Culturas de Veracruz.
  • Ichon, A. (1969). La religión de los totonacas de la sierra. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Instituto Nacional Indigenista.
  • Kothari, A. (2006). Community conserved areas: Towards ecological and livelihood’s security. Parks, 16(1), 313.
  • Pascual S., A. (2006). El Tajín: En busca de los orígenes de una civilización. México: Universidad Nacional Autónoma de México.