REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril de 2013
Editorial
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Entrevista: Angélica García Vega

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Los libros curiosos de la ciencia
Contenido
 

Entrevista

Angélica García Vega con Liliana Calatayud y Aída Pozos

Existen muchas mujeres innovadoras en México y en el mundo, hecho contrario a lo que se piensa…

Una mujer con estudios en física, académica fundadora de la licenciatura en Informática y la maestría en Inteligencia Artificial de la Universidad Veracruzana, ya es por sí misma una mujer sui generis, como excepcional es cumplir con la sociedad cabalmente tanto en el terreno científico como en el humanista; pero, ¿qué impulso se necesita para asumir la batuta en esos terrenos “complejos” que hasta hace poco tiempo eran considerados como reservados para los hombres?

Creo que el impulso se deriva de la curiosidad, de las ganas de aprender, de la necedad o de la tozudez. Encuentro que hay muchas mujeres con ganas de aprender, y que por situaciones económicas o personales no han tenido acceso a esos terrenos “complejos”; por lo tanto, considerar que son reservados para los hombres es más que nada por tradición cultural. Así que también puedo decir que el impulso se deriva de alguien que se “olvidó” de la tradición cultural; en cierta forma, un caso de “autismo funcional”.

Dedicada a la ciencia y metida en asuntos de sistemas inteligentes, robótica e inteligencia artificial, ¿consideras que la incursión de la mujer en estos campos ha sido factor importante en el desarrollo tecnológico?

Ya lo creo. Es más, a veces no se sabe que en otros países las mujeres han sido determinantes para el desarrollo científico y tecnológico en algunas áreas. Para ejemplificar, actualmente en la industria y en las universidades hay mujeres que son líderes en la robótica. Hay pocas personas que saben que en el campo de la computación –aunque se habla de los “padres” de la computación y de la inteligencia artificial– hay una mujer esencial. Se trata de Ada Lovelace, hija de Lord Byron, considerada pionera en lo que sería el equivalente a la programación de computadoras. Durante la época de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos hubo muchas mujeres que exploraron teóricamente y realizaron experimentos prácticos en el terreno de la computación, en tanto que los hombres eran llamados a tomar las armas; de ahí que había que llenar el hueco para desarrollar la investigación científica y tecnológica. Eran mujeres que se habían formado en Europa y emigrado hacia el nuevo continente huyendo de las guerras. No sé qué haya pasado en Rusia y en los países orientales, pero no hay duda de que son muchas las mujeres que han apoyado la ciencia y la tecnología en el transcurso de los años cuyo trabajo se desconoce. En 2007 participé en un acto sobre mujeres innovadoras, y ahí me encontré con que muchas de ellas estaban en las áreas de la ciencia y la tecnología, contrariamente a lo que se piensa. Recuerdo en particular a una de ellas, quien había encontrado un método para hacer accesible y más barato el procedimiento de extracción de petróleo en aguas profundas. Debido a su trabajo se había generado un gran debate sobre los métodos para caracterizar los componentes del petróleo, pues ella proponía uno que en menos de una hora caracterizaba asfaltenos de la muestra contra otro que tenía cien años y que requería mucho tiempo de computadora (una semana) para dar un resultado semejante. Luego me enteré que el Instituto Mexicano del Petróleo estaba patentando el procedimiento, pero en la patente ya había como diez personas más.

Sin duda, con el paso del tiempo cada vez han sido más las mujeres que participan en los avances científicos. ¿Consideras que ha cambiado la actitud de las instituciones hacia la mujer científica?, ¿hay más apoyo?, ¿se cree cada vez más en la capacidad y el sexo ya no es una limitante?

En estos días hay programas de gobiernos y fundaciones para que la mujer tenga una mayor representación en la ciencia y la ingeniería. No en balde los últimos números de la revista de la Academia Mexicana de Ciencia están dedicados a la presencia de la mujer en la ciencia. Hace unos días leí que en las ciencias duras es donde la mujer tiene menos presencia, a diferencia del área de la biología. Al frente del Instituto Politécnico Nacional está una mujer, por ejemplo; sin embargo, tiene a la vista diez enunciados en que se lee “Porque aspiro a ser todo un hombre”. Esa frase pareciera que excluye a las mujeres que quieren estudiar en el IPN. Por cierto, hace tiempo algunas egresadas de la Universidad Veracruzana decidieron estudiar robótica allá; me gustaría saber qué fue de ellas. Existe en México una falsa aceptación del trabajo “público” de la mujer, y se prefiere ubicarla solamente en el hogar. Ahora bien, la moda cambia y se busca el reconocimiento de su actividad con la pretendida “empoderación” (yo diría “potencialización”), de tal manera que encontramos mujeres con gran capacidad y reconocimiento en los campos de la ciencia, la tecnología y la economía. Al respecto, un compañero de trabajo me contó esta anécdota: «En una comunidad en la que se pretendía que la mujer tuviera representatividad electoral propusieron a una de ellas; luego, estando reunidos mujeres y hombres con el promotor –quien se encontraba “bajo la sombra”–, al salir el nombre de esa mujer como la ganadora, el promotor le gritó al marido:

Fulano, ¿le das permiso a tu esposa para que acepte el puesto?”». Creo que no hemos avanzado mucho en eso.

¿Cómo derivaron tus estudios en física hacia los microprocesadores, al diseño de sistemas digitales y luego a las ciencias de la computación concretadas en la inteligencia artificial?

Es una trayectoria accidentada. Inicialmente me orientaba a las matemáticas, y luego a la física. En el proceso me llamaron la atención dos aspectos: el trabajo en el laboratorio y la programación de computadoras. Insisto, llegué para estudiar matemáticas y en el camino me encontré con un reto: un profesor me hizo ver mi falta de capacidad para expresar matemáticamente algunos conceptos de física, aunque los comprendía y explicaba adecuadamente. Así que decidí licenciarme en la materia para superar esa deficiencia. Con el tiempo, me di cuenta de que podemos hablar de un pensamiento físico, otro matemático y uno más, el computacional, que coinciden en algunos aspectos, pero que son diferentes en su perspectiva sobre el mundo. En algunos lugares se acepta que estas modalidades de pensamiento son de hecho parte del pensamiento natural, y que todas ellas dan lugar a ciencias que se deben reconocer como naturales. Sin embargo, a veces pienso que es una manera de soslayar el término de ciencia dura o rígida para permitir su apertura.

El trabajo en los laboratorios durante mi época de estudiante me permitió vivir la oportunidad de ser responsable, autodidacta, autónoma, así como de experimentar con los elementos que había en ellos. Ahora los alumnos son para mí esos elementos de laboratorio, tierra fértil en el sentido de que se les puede transmitir, “sembrar”, compartir con ellos ideas que, a su vez, pueden usar para construir otras “ideas largas”.

En la carrera de Física se impartía un curso de programación lineal en el que usábamos una vieja computadora HP-2100 para “correr” nuestros programas. Asimismo, se utilizaban tarjetas perforadas, tan vulnerables que cuando se nos caían o mojaban las máquinas lectoras no las aceptaban. Ahí conocí a varias personas que operaban como “interfaces” entre los usuarios y las máquinas, quienes se encargaban de tener una “interacción cercana” con las máquinas, lejos entonces de nosotros, unos pobres usuarios.

Al término de la licenciatura en Física, en la misma facultad surgieron los primeros intentos por crear una maestría en Física a distancia. El proyecto contaba con el apoyo de la UNAM, y fue así como algunos maestros y alumnos nos vinculamos a él. Desafortunadamente, la maestría fue suspendida por algún motivo que desconozco, pero recuerdo que los maestros tenían que continuar impartiendo sus cursos al mismo tiempo que cursaban la maestría, lo que no era fácil.

Más tarde se nos dio la oportunidad de cursar la especialidad en Microprocesadores, apoyados por el Departamento de Diseño de Sistemas Digitales del Instituto de Investigaciones en Matemáticas y Sistemas, en la que cuatro personas de la Universidad Veracruzana se apuntaron, incluida una servidora. Así pude conocer con más detalle los aspectos internos de estas máquinas. Al concluir la especialidad, dos de ellos se integraron al Instituto de Ciencias Básicas y los otros dos a la Facultad de Física. A mí me tocó participar en el instituto, donde empecé con el diseño y la construcción de una microcomputadora, teniendo como asistente a un estudiante de la Facultad de Física. Entre los dos llegamos a construirla físicamente, pero el proyecto se suspendió por falta de materiales. La estancia en la UNAM también me permitió formalizar el comienzo de la licenciatura en Informática, lo cual hice impartiendo cursos de cálculo diferencial e integral, cálculo de varias variables, ensambladores y robótica, entre otros. Teníamos un kit en desarrollo del procesador Intel 8080, un SDK con el que hacíamos pruebas para la construcción de la computadora basada en un microprocesador. Tuvimos un prototipo basado en el microprocesador Z80. También probamos una máquina que se desarrolló como prototipo para la Secretaría de Educación Pública, con la ventaja de que usaba dos sistemas operativos de aquel entonces: el CP/M y el MS-DOS. En el Instituto de Ciencias Básicas comenzó la maestría en Matemáticas Aplicadas, en la que participé impartiendo cursos de programación Pascal y Basic, que eran los lenguajes que entonces usábamos. Al tiempo que desarrollábamos programas para el análisis sintáctico de proteínas, trabajamos con unas computadoras personales NCR y las primeras computadoras Printaform; de esa experiencia recuerdo que pasamos de las pantallas ámbar a las de color, que permitían ver mejor la alineación que se hacía de las proteínas. Se adquirió una PDP-11 a través de un proyecto conjunto con el Instituto de Investigaciones Eléctricas.

En esas estaba cuando empecé a estudiar la maestría en Ciencias de la Computación en el IIMAS de la UNAM. Ahí tuve mi primera clase formal de robótica, denominada Robótica Perceptual, cuyo trabajo final fue la elaboración de algo relacionado con el cálculo de las ecuaciones cinemáticas inversas de varios tipos de manipuladores.

Durante mi paso por el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores de las Ciencias Administrativas participé en los primeros sistemas elaborados para llevar el registro de las investigaciones universitarias, así como en el sistema de bibliotecas; se relanzó el centro de cómputo que apoyaba a la maestría en Ciencias Administrativas. En aquella época usábamos las herramientas de oficina computacionales (lo que ahora es la “ofimática”) para apoyar los diferentes procesos de gestión de las especialidades de la maestría: agropecuaria, financiera y organizacional. En la licenciatura en Informática, se gestaba entre los profesores la maestría en Computación, de modo que viajábamos con todo e hijos para asistir a los congresos relacionados con esta. Se presentó entonces la oportunidad de participar en el diseño de la red metropolitana de cómputo que uniría al Instituto de Ecología, la Universidad Veracruzana y el Laboratorio Nacional de Informática Avanzada, la cual permitiría acceder a la Internet, al mismo tiempo que se diseñaba y organizaba la maestría en Inteligencia Artificial. Para tal efecto, se llamó a colaborar al personal de la Dirección de Informática y de la licenciatura en Informática, cuyos profesores con grado gozaban por esos días de año sabático, razón por la que no pudieron participar. Así que me vi sola en el proyecto educativo, no así en el de la red metropolitana en que participaba la Dirección General de Cómputo. Al rector se le convenció de que la maestría serviría para capacitar al personal de la Universidad, lo que no fue cierto pero que me permitió definir un tema para mi tesis, que inicialmente consistía en hacer una modelación de la conducta visomotora de la rana con agentes reactivos. De lo anterior se llevó a cabo la simulación y una implementación inicial en hardware, que quedó basada en una tarjeta de desarrollo que a su vez se basaba en un microcontrolador, el 68HC11. El resultado nos indicó que debíamos considerar que los sistemas híbridos son los más efectivos. En consecuencia, el título de la tesis tuvo que cambiar para considerar agentes cognitivos-reactivos, dando lugar a un conjunto de principios de construcción para arquitecturas de ese estilo. Se pensaba que los sistemas reactivos y distribuidos eran el camino para desarrollar y entender la cognición, pero en el ínterin nos dimos cuenta de que se requiere algo más que la reacción pura, es decir, memoria y otras propiedades que poseen los sistemas a los que asignamos inteligencia. En resumen, podría concluir que si bien en mi caso se han abierto las puertas para realizar estudios, me he encontrado enmedio de dos corrientes culturales contrapuestas: una que favorece la participación de la mujer inventora, innovadora, directora, y otra que ve a la mujer desprovista de capacidad suficiente para cumplir un rol en el desarrollo científico; esta última corriente la ve meramente como un ente para servir, para atender las necesidades de quienes crean, para hacerse cargo de los aspectos de la familia, de los sociales y demás.

¿Cuál es el debate propiamente dicho entre algunos filósofos y científicos sobre la inteligencia artificial?

El debate –para decirlo brevemente– es si las máquinas tendrán inteligencia por sí mismas y ya no serán simples simulaciones de la inteligencia humana; esto es, con propiedades mentales y procesos cerebrales. Surgen muchas preguntas al respecto: ¿Es posible que realicen tareas creativas, innovadoras, que no estén programadas por los usuarios? ¿Se necesita un cuerpo para ser inteligente? ¿Es necesaria la capacidad de movimiento para que haya inteligencia? ¿Estarán presentes en las máquinas la conciencia y la emoción, y si es así, cómo? ¿Son necesarios esos aspectos? ¿Y la intuición y el sentido común?

Además de investigar sobre la ciencia, tratas de divulgarla a través de tu trabajo; por ejemplo, jugando y llevando a los niños información sobre la robótica. ¿Consideras que ha sido una tarea fácil? ¿Cuál es para ti, como científica, la importancia de divulgar esos campos “duros”?

Creo que hay un mundo de conceptos en la ciencia y en la tecnología que deberíamos estar aprendiendo constantemente, y hacer que los niños los aprendan no es tarea fácil. A veces usamos analogías y metáforas que resultan perjudiciales para que comprendan otros conceptos. De hecho, creo que esa es una de las razones por la que los teóricos de la física no están de acuerdo con los divulgadores de la ciencia. Empero, los errores al usar metáforas y analogías también desembocan en vías alternas para la misma ciencia o para la tecnología, porque se generan retos, “callejones sin salida”, limitaciones en las herramientas teóricas o prácticas que se emplean. Podemos decir que son efectos colaterales inesperados, y el problemas es cómo contender con esos efectos colaterales. Si lo viéramos desde un punto de vista termodinámico, hallaríamos sistemas cerrados o abiertos, y para cualquiera de ellos tenemos maneras de anticipar y asegurar que no habrá tales efectos colaterales, o que al menos los podemos controlar. El efecto en un nivel macroscópico es observable y posibilita establecer analogías, pero en el microscópico las partículas de los gases no son como las personas. Creo que por eso se ha renovado el estudio de la conciencia y las emociones desde el punto de vista científico; es decir, se quieren leyes universales que de alguna manera reduzcan los errores en los resultados que se pronostican, tarea que veo semejante al pronóstico del clima y al control del cambio climático.

Por otro lado, en cuanto a la educación, los niños nacen siendo una suerte de esponjas capaces de absorber cuantas interacciones y experiencias vivan; es a la larga que se ve el impacto que estas causan. La escuela les horma el pensamiento, y está a discusión si los paraliza al secuenciar sus acciones. Creo que por eso hay tantas corrientes pedagógicas, pues los métodos se ajustan a grupos particulares. Y para mí sigue siendo cierto que tenemos diferentes formas de ver la vida y resolver problemas, y seguimos intentando saber cómo es que se resuelven los problemas; esto es, ya los clasificamos, ya tenemos principios generales, pero todavía nos falta saber cómo se ajustan los estilos de enseñanza a los estilos de aprendizaje según las individualidades, y cómo es posible acercarlos a los conceptos cada más vez más complejos de la física y las matemáticas.

Abordando el carácter lúdico de la ciencia, ¿son importantes los juegos?, ¿juegas ajedrez? ¿en qué forma es pertinente conocer a fondo el ajedrez para los diseños en la inteligencia artificial?

No juego ajedrez sino dominó, y de ambos puedo decir que son complementarios en el sentido de que ponen de manifiesto dos cuestiones relativas a la planeación. En la vida, se tienen que tomar decisiones rápida y continuamente, con incertidumbre, sin tiempo suficiente para planear a largo plazo; se necesitan estrategias reactivas que difieren cuando se elabora una planeación estratégica en ese largo plazo. Además, en estos juegos se presentan dos casos; uno, en los que el jugador está solo, como sucede con el ajedrez, y otro cuando se tiene que cooperar, como ocurre en el dominó. En este sentido, conocer a fondo el ajedrez servirá para elaborar diseños con ciertas características; sin embargo, creo que el aprendizaje del ajedrez como algo esencial en la formación de las personas es un mito; hay muchos otros juegos que motivan los procesos de la invención y la innovación. Mi cerebro funciona de manera diferente, o al menos eso me dijo una persona que vino a realizar una estancia de investigación aquí en Xalapa.

Sin duda, eres una “mujer de ideas largas”. De acuerdo con tus aportaciones, cuando se habla de la posibilidad de generar emociones en los robots inteligentes, se alude a la ayuda de complejos sensores que hagan posible que una máquina perciba sensaciones humanas, pero incapaz de generar “presentimientos” de aquellas sensaciones “que no tengan conexión directa con una experiencia acumulada en su memoria”, o bien para dotarla de instinto, es decir, de cerebro y psique, de donde proviene el instinto. ¿En qué etapa se halla la investigación en cuanto a que la intuición y el instinto serían imposibles de adaptar a un sistema operacional?

Casi diría: “¿Me repite la pregunta, profesor?”. Necesito más conocimientos para hablar de intuición e instinto. Lo que puedo decir es que, según la evidencia aportada por algunas investigaciones recientes, la intuición es conocer y aprender sin saber qué se está conociendo; le llaman el principio del Capitán Kirk porque se le ve como una capacidad de conocer que no se basa en el intelecto o el razonamiento. Es algo así como una derivación de la interacción con el entorno, en el que la conciencia pertenece al primer nivel que clasifica Damasio. A los presentimientos los veo como un cálculo ponderado de muy diversos aspectos, entre ellos las sensaciones, las creencias, las experiencias. Se ha creado todo un campo para estudiar la “inteligencia sentiente” o la “inteligencia perceptual”. A mí me cuesta trabajo no separar los aspectos de la percepción de los de la acción, pero cada vez que veo o leo alguna noticia reciente sobre el cerebro, me parece que es un artificio que hemos inventado para comprender el modo en que funciona el cerebro. Cuando nació la inteligencia artificial, el cerebro se veía como un mero procesador de información, lo cual está cambiando en varios sentidos. El cerebro tiene capacidades de percepción y acción paralelas, que son la base para el proceso de reconocimiento de patrones, formas, señales. Entonces, el cerebro no es un procesador de información sino un reconocedor de patrones. Y las señales del mundo real son analógicas, no digitales. Sin embargo, hay una diferencia semántica sustancial entre lo que es una señal y lo que es información. Considero que todas las personas somos intuitivas –algunas más que otras–, y parte de ello es el entorno en que hemos crecido, la forma en que hemos sido educados. Me parece que los entornos de enseñanza rígidos disminuyen la oportunidad de desarrollar la intuición y la capacidad de predicción, por lo que hay que compensarlas de alguna manera.

Aunque parece complejo, te pedimos proporcionar algunas luces a nuestros lectores más avezados sobre tus investigaciones actuales. Dada tus vasta experiencia en la investigación aplicada, por ejemplo, ¿cómo replicas el cuarto chino de Searle?, ¿le das tu aprobación a la prueba de Turing?

Considero que el llamado “cuarto chino” es un experimento al que también le falta especificación. En algún momento pensé en ir a Vietnam, país que desconozco por completo. ¿Qué se sentirá estar ahí, donde no me es posible reconocer los caracteres para comunicarme ni la cultura sin que tenga que usar una guía Michelín y otras herramientas? Ese viaje me plantea una situación en la que se desecha una parte importante de la comunicación humana, que es la comunicación gestual y corporal. En este sentido, no le doy mi total aprobación a la prueba de Turing, pero sí al trabajo que hizo Turing, porque le sirvió para pensar e intentar responder a diferentes objeciones que se hacen a la posibilidad de tener una máquina inteligente. Pero una cosa que poco se sabe es que exploró formalismos alternativos a la lógica e hizo el planteamiento de redes neuronales diferentes a las de McCullogh y Pitts. También exploró los aspectos relativos a cómo los seres vivos tienen las formas que tienen, lo que se denomina “morfogénesis”, que de alguna manera se liga a la ontogenia, epigenética y embriología; buscaba formas de crear máquinas mediante formalismos alternativos.

Por otra parte, no conozco del todo el trabajo de Searle, pero el cuarto chino, como experimento, tiene más huecos que el propio experimento de Turing. Y desde el punto de vista práctico, hay más tecnología y ciencia salidas del trabajo de Turing que del cuarto chino. La tecnología de materiales ha avanzado mucho, y la nanotecnología y la microtecnología están generando sensores y actuadores que cambian velozmente la forma en que percibimos el mundo. De hecho, debiéramos experimentar con robots y computadoras de materiales biosintéticos, aunque esto se aparte de la manera tradicional de hacer computación.

Después de más de cincuenta años de investigación teórica y aplicada en el campo de la inteligencia artificial, ¿crees que va a buen paso su evolución?

El avance no es tan considerable. En 2006 hubo una mirada “hacia atrás” para ver qué había ocurrido, qué tanto habíamos avanzado, cómo se había desviado el desarrollo de la inteligencia artificial de la agenda original. No obstante, puedo asegurar que se habían logrado resultados interesantes por el lado de las matemáticas, pero la interacción con el mundo real no había avanzado mucho; además, se reforzaba la importancia de esta y, por tanto, la necesidad de percibir el mundo de una manera más expedita. En definitiva, sigue faltando investigación acerca de cómo instrumentar la extraordinaria capacidad de reconocimiento que tienen las personas y los animales en general; por ejemplo, los llamados “neuros” reconocen ahora la importancia del cerebelo, pero desde los años setenta ya había ingenieros que proponían usar este órgano como modelo para crear sistemas inteligentes. Ahora nos sorprende que el cerebelo sea tan grande como el cerebro. Es posible apreciar que los neurocientíficos han abierto ya los ojos a una actividad científica sin igual porque desconocen mucho sobre sí mismos; han evolucionado los instrumentos, las herramientas formales y las teorías. Mountcastle criticaba la falta de una teoría científica en las neurociencias, pero me parece que las personas que trabajan en la frontera entre la inteligencia artificial y las neurociencias son las que impulsan esta búsqueda. En particular, hay personajes como Arbib, Edelman y algunos mexicanos que son investigadores muy connotados, pero los demás, ¿quiénes son?, ¿dónde están?

Finalmente, ¿cuál sería tu aportación ideal para la sociedad a través de la creación de un robot con la alta tecnología actual?

Supongo que sería la construcción de un robot que se pudiera usar –incluso para venderlo– en diversos entornos, con el fin de explorar tanto aspectos propios de robótica como de otras áreas, como la educativa, la neurocientífica, la psicológica y demás.

Esta es nuestra mujer de ciencia, aquella que apenas el año pasado se hizo merecedora de un homenaje por parte de la Secretaría Académica de la Universidad Veracruzana en el marco del programa “Mujeres de ideas largas”, un evento cuyo propósito es reconocer la calidad académica y humana de nuestras mujeres y claro ejemplo de que los tiempos han cambiado y seguirán cambiando para bien de nosotras y de la sociedad toda.